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Antes del último día, Edgardo Sanabria

Si bien es cierto que hay libros que se reciben con un gusto inmenso, algo en ellos precipita desde el inicio cierta melancolía que de alguna forma condiciona la manera como navegaremos por sus páginas. Esto sucede precisamente con Antes del último día (Isla Negra Editores), una selección de trece de los cuentos más emblemáticos del escritor puertorriqueño Edgardo Sanabria Santaliz —nacido en San Germán, en 1951—, reconocido miembro de la llamada “Generación del 70” cuya vida laica tuvo un punto de quiebre en 1996, cuando se ordenó como sacerdote dominico.

"... que quienes conocen mis cuentos, no los olviden, y que quienes no los conocen, los recuerden una vez leídos"

Las razones para abrazar con regocijo este libro con un destilado de lo mejor de la narrativa de Sanabria Santaliz—galardonado con el Premio Juan Rulfo de Poesía en el año 2005, por su obra El arte de dormir en una silla de hospital son más que obvias para quienes hemos seguido la trayectoria de este doctor en Estudios Hispánicos de Brown University que ha dejado huella no solo como cuentista y poeta, sino también como ensayista y profesor. Por una parte, en el vastísimo lado luminoso, está el incuestionable privilegio de tener la oportunidad del reencuentro con varios de estos cuentos, algunos de los cuales se remontan a la década de los 80 —como los memorables El día que el hombre pisó la luna y Cierta inevitable muerte— así como de leer por primera vez otros que pudieron haber pasado por debajo del radar a sus lectores habituales. El propio autor nos da la pauta en su nota introductoria al citar a Jorge Luis Borges para explicar que con esta antología personal busca lo contrario al célebre argentino, que alguna vez dijo que “uno publica un libro para dejarlo atrás, para olvidarlo”. Sanabria Santaliz busca —asevera— “lo contrario: que quienes conocen mis cuentos, no los olviden, y que quienes no los conocen, los recuerden una vez leídos”.

Por otra parte —desde la acera un tanto sombría— es el mismo autor quien a renglón seguido nos expone a una nostalgia que comienza a hacerse sustancia a medida que leemos las pocas palabras con las que comunica de manera oficial su renuncia irrevocable a la escritura —tal y como lo hizo a la vida mundana hace dos décadas— porque, a diferencia de Borges —reflexiona—, “no vislumbro más escritura en el futuro… ya he dicho todo lo que tenía que decir, o, más bien, ya lo ha dicho —en sus propios términos— lo escrito por mí”.

Este anunciado silencio de Sanabria Santaliz determina de algún modo -decía al inicio- nuestra aproximación a estos relatos que parecerían adquirir nuevas resonancias según son ahora otros los vecinos que en esta antología les preceden o les siguen, impregnando con sus ecos silenciosos la sonoridad propia de cada uno de ellos.

Lo mejor del talento evocativo de este escritor queda de manifiesto en pasajes como en el que Lucila, personaje de ‘Ni la blancura de las cosas’, intenta comenzar a procesar la inminente muerte de su esposo a manos de un rival por el amor de otra mujer. “Lucila —escribe Sanabria Santaliz— se acercó a los fardos y permaneció arrobada, recopilando los pesares que desde entonces habrían de arrimársele igual que mimes, a todas horas y en todas partes, pero en especial cuando colara café el resto de los amaneceres que aún quedaban enfilados, cancelados por un cantar de gallo irremediable, pregonero de tiempos consagrados al martirio de la recordación”.

La pasión apalabrada de Sanabria Santaliz, fraguada en el cauce de los días cuando el realismo mágico detonó torrentes de vocaciones literarias en el mundo hispanoamericano, queda elocuentemente de manifiesto en el mencionado El día que el hombre pisó la luna, relato que aterriza en algún lugar de la geografía urbana puertorriqueña la épica del histórico alunizaje del 20 de julio de 1969, con el recuento de las calamidades que ese día vive una familia, desde la inundación de su maltrecho hogar que daña severamente la vasta hemeroteca del hijo de la dueña de la casa, a la desaparición de la tatarabuela Lencha en el salón central de ese mismo inmueble poblado por el fruto de treinta años de la prensa del país, cuarto que, adentro, “adquiría proporciones comparables a las de la casa entera , algo que no podía explicarse cualquiera que pasara el trabajo de explorar los pasillos y demás dependencias a la redonda”.

En fin, el intento exitoso de vencer el olvido a través de esta antología, navega con banderas desplegadas a bordo de un estilo y una prosa que sus lectores no podemos menos que agradecer y admirar profundamente, una prosa y un estilo que sus lectores no podremos menos que añorar —a partir de ahora— de manera igualmente intensa.

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Título: Antes del últimos día. Autor: Edgardo Sanabria Santaliz. Editorial: Isla Negra Editores.

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