Zenda http://www.zendalibros.com Autores, libros & cía Sun, 30 Apr 2017 10:58:16 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.4 Juan Gómez-Jurado, Twitter y la aldea de Astérix, en Sigüenza http://www.zendalibros.com/juan-gomez-jurado-twitter-y-la-aldea-de-asterix-en-siguenza/ Sun, 30 Apr 2017 06:43:07 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23402 Cinco de la tarde. Tras aparcar el coche en la Plaza del Castillo de Sigüenza e intentar poner el pie en el empedrado, una bofetada de calor seco me da una silenciosa bienvenida a tierras arriacenses. El sol del atardecer brilla a media altura en el cielo mientras la sombra que proyectan las dos torres...

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Cinco de la tarde. Tras aparcar el coche en la Plaza del Castillo de Sigüenza e intentar poner el pie en el empedrado, una bofetada de calor seco me da una silenciosa bienvenida a tierras arriacenses. El sol del atardecer brilla a media altura en el cielo mientras la sombra que proyectan las dos torres que presiden la entrada de la fortaleza, nos anuncia que esa noche, aún con trescientos cuarenta kilómetros a las espaldas, va a ser una noche especial. Y es que el Parador de Sigüenza no es un lugar normal. Por suerte o por desgracia, no han sido pocas las veces que quien aporrea este teclado, ha tenido que hacerlo en un hotel. Lo he hecho en sitios muy diferentes, siempre seducido por la paz que da la soledad transitoria del huésped fugaz. Hoteles mejores y peores, más o menos lujosos que compartían (o quizá lo buscaba yo) una característica común: siempre hay una zona abierta y llena de luz que, paradójicamente, te convierte en invisible. Pero el Parador de Sigüenza tiene algo fuera de lo común, algo que hizo que no me sentase a escribir una línea por dejar pasar el tiempo recorriendo sus pasillos, sus salones y sus estancias como lo hace cada noche el fantasma de Doña Blanca de Borbón. No hace falta que digamos nada de la calidad de su hospedaje ni de la historia del edificio, pues si hay alguna construcción medieval sobre la que se han escrito ríos de tinta, esa es el Castillo de Sigüenza y sus virtudes de cocina y descanso pero, lo que ocurrió el pasado día 21, reconozco que no lo había vivido nunca.

La iniciativa es, cuando menos, arriesgada: Las noches literarias del Parador de Sigüenza. Mi primer error fue pensar en algún tipo de estrategia comercial. Nada más lejos de la realidad. Y es que en el Parador de Sigüenza se respira literatura. Libros en las habitaciones, libros en los salones y libros en la cafetería. Un paraíso para el huésped lector. Ese huésped que viaja siempre con su libro pero que disfruta mirando el lomo de los tomos que otros huéspedes dejaron por aquellas estancias. Yo hice mi pequeña contribución con un Carol Joyce Oates, aunque no les diré dónde, por si alguien quisiera entretenerse en buscar.

La noche literaria que a mí me tocó vivir la protagonizó un autor a quien admiro mucho. Son muchas páginas suyas (todas) leídas como para no reconocer su voz en un papel o un tuit y como para no detectar la sutil ironía que subyace en que se resguardara bajo el mismo techo que en su día protegió a casi todos los reyes de Castilla a su paso por el lugar o a los mismísimos Reyes Católicos, Cardenal Cisneros, Juana la Loca, Fernando VII, Cardenal Mendoza o la anteriormente citada Doña Blanca de Borbón. Pero no se preocupen, nada amedrenta a este joven y procaz escritor de pelo gris, sincera sonrisa e inagotable sentido del humor. Nada puede con el empuje del protagonista de nuestra velada literaria: Juan Gómez-Jurado.

"Allí no se hablaba de ventas, ni de huéspedes, ni de las reservas a la velada, solo de libros. Aquello que estaba viendo era la carta de naturaleza del Parador: una apuesta por la literatura."

Un café me esperaba en el patio de armas del castillo a mi llegada. En la mesa, Ramón Ongil, responsable de comunicación de Paradores, Rosa Martín, Community Manager de Paradores y Jose María Pérez, Director del Parador, acompañaban a Bárbara, pareja de un escritor que había encontrado a quien escribe estas líneas perdido por los pasillos de la segunda planta, buscando su habitación. Tras el rescate, una vez sentados en la mesa, pude comenzar a disfrutar de la experiencia literaria con una conversación sobre el estado actual de la novela española. Allí no se hablaba de ventas, ni de huéspedes, ni de las reservas a la velada, solo de libros. Aquello que estaba viendo era la carta de naturaleza del Parador: una apuesta por la literatura.

 

JGJ: Ramón, una pregunta, ¿Cómo vamos a hacer luego la entrevista? Eso me tiene preocupado.

RO: Tengo un montón de preguntas pero no te preocupes, lo mejor es que sea una conversación. Intentaremos que sea algo dinámico.

JGJ: Ah, vale vale. Es que no me gusta hablar en plan monólogo. Me pongo muy nervioso si tengo que hablar yo mucho. Si alternamos las voces, mejor.

 

En ese momento, aun con el parapeto de las gafas de sol, conecto la vista con Bárbara para preguntarle con la mirada si Juan habla en serio. Ella asiente.

–Pero eso no es verdad –digo yo con un gesto de la cabeza–. Juan miente; de hecho, si le dejas, no calla.

–Sí. Efectivamente, es mentira –concede ella con sutil sonrisa–. Pero ni él mismo lo sabe.

Yo no doy crédito a lo que escucho mientras me compadezco de Ramón por saber que su guion va a servir de poco y pienso que aun así no hay de qué preocuparse, Juan tiene la misma capacidad de enganchar a la audiencia que a los lectores.

"La iniciativa de Paradores es digna de elogio. Son pocas las oportunidades de conocer de cerca a un escritor de éxito. Este tipo de eventos no abundan y por desgracia, la exposición mediática de los escritores no es, digamos, de perfil alto."

Después de un rato largo de tertulia literaria, tras notar cómo nuestros hombros cambiaban su tono por uno un poco más rojizo por efecto del implacable sol que reinaba cobre nuestras testas, nos encaminamos al interior del castillo para ser guiados a través de sus pasillos y conocer de primera mano algunos datos relativos a la construcción. Por ejemplo, que se comenzó a construir en el año 1123 para servir de fortaleza y residencia de los obispos que fueron señores de la ciudad durante siete siglos. También que estuvo abandonado durante 30 años, durante los cuales los habitantes de la zona se dedicaron a robar las piedras del castillo para construir sus casas. Que en su conocido “Salón del Trono” se grabaron escenas de la película Cristóbal Colón. El descubrimiento, protagonizada por Marlon Brando así como escenas de la famosa serie de época Isabel. O que su capilla románica interior es una de las pocas construcciones del actual Parador de Turismo que aún conserva piezas auténticas, aunque reconstruidas, digno escenario de algún capítulo protagonizado por el inolvidable Padre Karowski, figura preeminente en la novela debut (y una de mis favoritas de la que algún día encontraré una primera edición) de Gómez-Jurado, Espía de Dios.

A las 8, el “Salón del Trono” del Parador de Sigüenza comenzaba a cobrar vida. No queda nada para que baje el autor y los asistentes al coloquio van ocupando las primeras filas del salón. Dos sillones sobre una tarima y una mesa de centro con las últimas obras de Gómez-Jurado presiden la estancia mientras poco a poco el salón va agotando las sillas libres. El acto está a punto de empezar y la encargada de presentar el evento es Sonsoles Arcones, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Sigüenza. Es el pistoletazo de salida.

La iniciativa de Paradores es digna de elogio. Son pocas las oportunidades de conocer de cerca a un escritor de éxito. Este tipo de eventos no abundan y por desgracia, la exposición mediática de los escritores no es, digamos, de perfil alto. No es el objeto de este artículo analizar porqué tienen más tiempo en “prime-time” cualquier hijo de cualquier tonadillera casada con cualquier torero, que el último Premio Cervantes pero si alguna ventaja podemos sacar de este hecho los lectores, es que de esta manera, los escritores son mucho más accesibles para nosotros.

" Aquello fue un puro delirio. Una maravilla de risas y anécdotas que hicieron que la hora y cuarto larga que duró el coloquio pasara en un abrir y cerrar de ojos."

No obstante, este no es el caso de Juan Gómez-Jurado porque la accesibilidad no es un parámetro que rija su universo. Este madrileño, con sus más de seis millones de libros vendidos, es el escritor español más accesible y atento con sus lectores de toda la primera división europea de la literatura. Siendo junto con Javier Sierra o Carlos Ruiz Zafón uno de los escritores más leídos y traducidos del panorama literario actual, una de sus máximas es la atención personalizada al lector. Os animo a que le mandéis un mail o un tuit. No deja uno sin responder. Es este rasgo hiperactivo o, más bien, “multitarea” de Juan Gómez-Jurado el que nos dificulta a sus lectores siquiera seguirle el ritmo. Con estos antecedentes, es obvio que, aunque lo he intentado, transcribir la entrevista que le hizo Ramón Ongil al autor es del todo imposible. Aquello fue un puro delirio. Una maravilla de risas y anécdotas que hicieron que la hora y cuarto larga que duró el coloquio pasara en un abrir y cerrar de ojos. Las carcajadas del público y los aprietos en que ponía el entrevistado al entrevistador eran constantes, pero aunque la labor de Ramón Ongil en la conducción del evento fue magistral, hay que reconocer que las horas de vuelo del madrileño delante de un micrófono pesan mucho más de lo que parece a simple vista. A modo de resumen, solo me he atrevido a transcribir estas tres “perlas”:

RO: ¿Cómo calificas el pensamiento en la era de internet y en las redes sociales?

JGJ: No existe. Creo que hemos dejado de lado algo fundamental.  Antes era posible pararse a discutir o a debatir con un amigo sin que nadie pensase que estabas en su contra. Era una manera de ponerse en el lugar del otro y de aprender. De un tiempo a esta parte, eso ha cambiado. Ahora cada uno tiene un color y una postura, sobretodo en redes sociales y todo el mundo está a bofetadas. Las redes sociales parecen la aldea de Astérix al final del libro y nadie quiere ceder ni moverse un ápice de su metro cuadrado de baldosa, como si estuviera bailando un chotis sobre su propio ego. Y eso me parece lamentable. ¿Dónde te queda el espacio para crecer como persona? A nadie le importa lo que piense en otro, por tanto, el pensamiento no existe.

RO: Hay uno de tus personajes que afirma que “cualquier tarea que dure más de tres minutos es una pérdida de tiempo”. ¿Qué hay del autor en las afirmaciones de sus personajes?

JGJ: Nadie puede escribir de nada que no sea de sí mismo. No se puede escribir de ningún tema que no sea de uno mismo. Antes los escritores basaban su trabajo en el mantra “Escribe sobre aquello que conozcas”. Esa frase ha hecho muchísimo daño a la literatura porque es esencialmente mentira. Tú debes conocer aquello sobre lo que escribes. Eso es lo que hay que hacer, pero en realidad todas las novelas hablan de alguna manera sobre el propio escritor.  No sobre la persona en sí, sino sobre lo que uno tiene dentro. Hay que poner tu propio ego al servicio de la historia. La literatura es así. Hay dos tipos de escritores: los que escriben para los demás porque se han enamorado de una historia tanto y quieren contarla por encima de todo y los que escriben para su mamá. Los segundos son tremendamente reconocibles porque ponen un enorme esfuerzo en poner de manifiesto que son autores tremendamente importantes. Luego estamos los que queremos contar una historia con tanta fuerza que nos damos cuenta que está por encima de nosotros. Esa es la parte dura porque, generalmente, hay partes del texto que nos encantan pero si no sirven a la historia hay que eliminarlas.

RO: ¿Qué nos puedes contar de un podcast llamado “Todopoderosos”?

JGJ: Pues que hago un podcast cultural y que está guay. Es un programa de radio que hacemos cuatro amigos y que lo hacemos bastante gratis. Es una pequeña iniciativa en la que tratamos que la gente se pare a reflexionar. En esta época en la que no existe pensamiento, dedicamos un pequeño hueco a que la gente se pare a charlar sobre libros o películas, en general a pensar. Y es muy bonito que aquí esté el alcalde y la concejala de cultura y que nos apoyen las instituciones, que quiten el IVA del cine… (Risas)

Tras la divertida charla, toca firmar ejemplares y Juan Gómez-Jurado tira de repertorio. Firmas, dedicatorias, charla con lectores, fotos sentado, fotos de pie, fotos subido a una silla, calcetines de Hulk, citas para visitar institutos y cualquier cosa que él pueda hacer para agradecer la fidelidad del lector hacen que la cena se retrase unos treinta minutos sobre lo previsto. Pero claro, si no hay comensales no hay retraso, y como estaban todos con el autor, problema solucionado. Cruzamos el patio de armas camino al comedor preparado para el ágape. Menú exquisito a la altura de la fama de la cocina del Parador que se detiene en el postre para seguir escuchando hablar al autor. Turno de preguntas y pequeño coloquio en el cual, sin que nadie (excepto él) se diera cuenta, al autor le niegan el postre. Jugada maestra de Ramon Ongil, quien a estas alturas de la cena se ha dado cuenta de que el autor, si come no habla y si habla no come. Y le toca hablar. “Hasta que no acabes las preguntas no hay postre, Juan”. Era el turno de lectores y estudiantes. Un montón de preguntas relativas a muchas de sus obras delatan que la obra de Gómez-Jurado no solo no envejece sino que abarca a un perfil de lector que barre todo el espectro de edades. Buena señal.

Es tarde y la velada se termina. Aplauso, agradecimientos, saludos y despedidas cierran una jornada en la que nos ha calado un mensaje por encima de todos los demás. Los escritores son personas normales. De carne y hueso. Gente que va a comprar el pan y que manda a sus hijos a recoger su cuarto. Gente como Juan Gómez-Jurado, que siendo probablemente el mejor escritor de thriller de Europa y que acaba de irrumpir con fuerza en el segmento juvenil con la saga de Alex Colt (tiembla, JK Rowling) sigue dándole el protagonismo a los lectores y la importancia a los detalles. Ese es Juan Gómez-Jurado, un tipo normal. Un gran tipo y una gran persona.

"Amanece en tierras arriacenses. Un desayuno entre amigos y un abrazo de despedida ponen fin al viaje y principio a la nostalgia."

Consumida la noche literaria, solo tengo palabras de agradecimiento para el personal del Parador de Sigüenza. A su Director, Jose María, y al personal del Parador de Sigüenza gracias por su impecable atención durante una estancia de auténtico lujo.  A Ramon Ongil felicitarle por la organización y conducción del evento y a Rosa Martín, CM de Paradores, agradecerle la ayuda con el material para estas líneas, el trato, la atención durante la velada y las facilidades para seguir el evento a este neófito en esto de darle a la tecla. Son las personas las que marcan la diferencia y el equipo de Paradores está formado por gente maravillosa. Gracias a todos.

Amanece en tierras arriacenses. Un desayuno entre amigos y un abrazo de despedida ponen fin al viaje y principio a la nostalgia. El mismo sol de ayer me recibe al dejar a mi espalda las dos torres que flanquean la entrada al Parador de Sigüenza. Subo al coche para deshacer el camino. Todo parece igual, pero hay algo diferente. Creo que soy yo. No sé si es el descanso en el Parador, la paz de espíritu que me dejó la velada literaria o la sensación de dejar atrás un castillo encantado, el caso es que hay algo diferente en mí. El espejo retrovisor me muestra la manera de resolver mis incógnitas: las dos torres. Creo que tendré que volver. Vosotros deberíais hacer lo mismo.

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La semana en Zenda, en 10 tuits http://www.zendalibros.com/la-semana-zenda-10-tuits-24/ Sun, 30 Apr 2017 06:23:16 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23392 Otro concurso más con una increíble participación. Ha sido muy difícil, pero, al final, ya tenemos ganadores. Es hermoso ver cómo participáis y compartís vuestros relatos en Twitter cada vez que lanzamos un nuevo certamen literario. Esa semana, nos ha dejado otros grandes momentos en la red social; a continuación, os los resumimos en nuestra selección....

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Otro concurso más con una increíble participación. Ha sido muy difícil, pero, al final, ya tenemos ganadores. Es hermoso ver cómo participáis y compartís vuestros relatos en Twitter cada vez que lanzamos un nuevo certamen literario. Esa semana, nos ha dejado otros grandes momentos en la red social; a continuación, os los resumimos en nuestra selección.

La semana en Zenda, en 10 tuits

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Las lentejas http://www.zendalibros.com/las-lentejas/ Sat, 29 Apr 2017 09:15:00 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23382 No se habían abstenido de coronar la pieza con una frase literalmente lapidaria, sacada entre comillas de una de mis canciones: sería hermoso volver a casa. Interpretada de manera opuesta a las razones por las que la escribí cuando la escribí. La última novela de David Trueba, ‘Tierra de campos’ (Anagrama, 2017), nos cuenta la...

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No se habían abstenido de coronar la pieza con una frase literalmente lapidaria, sacada entre comillas de una de mis canciones: sería hermoso volver a casa. Interpretada de manera opuesta a las razones por las que la escribí cuando la escribí.

La última novela de David Trueba, ‘Tierra de campos’ (Anagrama, 2017), nos cuenta la vida de un músico, Dani Mosca, que no sabe muy bien quién es, que trata de descubrirlo contándonos y cantándonos su vida. Como todos los de su especie. En un viaje a sus orígenes, el protagonista trata de entender su propia vida, si es que eso es posible.

En la creación siempre hay muchas verdades. Está la interpretación del autor, que en muchas ocasiones no tiene muy claro por qué hace lo que hace, simplemente necesita escribir, y están las visiones sobre la obra que perciben quienes escuchan o leen. Eso convierte al autor en un ser extraño, con una identidad divida entre lo que cree ser y lo que los demás creen que es. Hay que tener la cabeza muy bien amueblada para salir de esa tesitura indemne.

Al mismo tiempo, mientras el análisis de los detalles crea percepciones dispares, los temas de fondo, planteados con intencionalidad o de un modo inconsciente, tienden a movernos de una manera unívoca. Somos facilones:

Si la literatura y las canciones se dedicaran a glosar la grandeza inmortal de un buen plato de lentejas, todos iríamos a buscar las más sabrosas al final del mundo.

Quizá lo que debamos deducir público y autores de la historia tan bien contada de Dani Campos es que perderse en los detalles, en quiénes somos individualmente, es tan sólo un modo de aproximarse de un modo placentero a esos temas de fondo que sí que son relevantes y que se imponen a quien escribe y a quien interpreta: Las lentejas.

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Ganador y finalista del concurso de historias de libros http://www.zendalibros.com/ganador-finalista-del-concurso-historias-libros/ Sat, 29 Apr 2017 08:06:24 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23367 Reflexiones desde mi celda, de Chema de Aquino, ha ganado el concurso de historias de libros, patrocinado por Iberdrola y celebrado con motivo del Día del Libro y Sant Jordi. Su premio es de 2.000 euros. Y Allanamiento, de Rafa Castaño, ha quedado finalista y recibirá 1.000 euros.  El jurado, formado por los escritores Juan Eslava Galán, Juan...

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Reflexiones desde mi celda, de Chema de Aquino, ha ganado el concurso de historias de libros, patrocinado por Iberdrola y celebrado con motivo del Día del Libro y Sant Jordi. Su premio es de 2.000 euros. Y Allanamiento, de Rafa Castaño, ha quedado finalista y recibirá 1.000 euros. 

El jurado, formado por los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Lara Siscar y Paula Izquierdo, ha valorado la calidad literaria y la originalidad de las historias. Aquí puedes consultar las bases del concurso. Para participar, había que escribir un relato en internet en lengua española que incluyera la palabra LIBRO. El relato debía ser publicado en internet mediante una entrada en un blog, una anotación en Facebook o un tuit en Twitter. Una vez los usuarios hubieran publicado el texto, debían inscribirse en el Foro de Zenda en el apartado http://foro.zendalibros.com/forums/topic/historiasdelibros-en-zenda/. Se han presentado más de 500 relatos, y el miércoles pasado publicamos la selección de 20 historias que optaban a los premios.

A continuación reproducimos los relatos ganadores.

Reflexiones desde mi celda

Chema de Aquino

La mayor cicatriz no es vivir cien años de soledad, sino recordar el perfume de la mujer a la que amo encerrado en una oscura celda, donde cada día puedo leer la crónica de una muerte anunciada, la mía

Los ángeles y demonios de mi interior lucharon entre ellos durante un tiempo, pero ahora la metamorfosis ya está completada, nunca volveré a ser lo que fui. Las mil y una noches que llevo en esta celda son mi peor enemigo. Ya he olvidado el color, el olor y, casi, el nombre de la rosa. Crimen y castigo que ni cometí ni merezco… si al menos tuviera la oportunidad de matar a sangre fría a los que me hicieron esto… La conjura de los necios funcionó, y mientras ellos, los miserables, celebran mi falta de libertad, yo sólo pienso en el extranjero que un día me avisó de todo esto. Lo hizo en 1984, el día de los santos inocentes. Su voz adelantándome todo lo porvenir vuelve a mi mente una y otra vez. El gran Gatsby se hacía llamar… Vaticinó todo lo que me iba a suceder cuando yo sólo pensaba en un mundo feliz. ¿Acaso debería haberle creído? ¿Yo? ¿Un poeta en Nueva York en el mejor momento de su vida? No, la odisea por la que he pasado no entraba en mi mente. Quizás mi orgullo y prejuicio me obligaron a rechazarle, a llamarle idiota y renegar de sus narraciones extraordinarias… ojalá pudiera retroceder en busca del tiempo perdido.

El ruido y la furia que inundan mi interior son capaces de destruir hasta los pilares de la tierra, pero de nada sirven en este reducido espacio, entre mi propia sangre derramada y la oscuridad, entre rojo y negro. Aquí ni siquiera podría componer 20 poemas de amor y una canción desesperada. Quizás el secreto esté en resistir, pero me niego a comprobarlo. Mi final se acerca, y cuando me muera, nadie preguntará por quién doblan las campanas, pues estas no sonarán. Joder, ni siquiera tengo un maldito libro con el que poder escapar de aquí. Niebla, ven a mí, estoy preparado para sucumbir. Las tumbas de Saint Denis me esperan como a tantos hombres buenos que llegaron antes que yo. El club de los suicidas va a tener un nuevo miembro.

Adiós, muñeca.

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Allanamiento

Rafa Castaño

Me preocupo demasiado por todo. Por eso voy tanto a la biblioteca. Mi forma de desahogarme de la frustración es tomar un libro y desactivarlo. Ayudar a los demás, eso sí que me hace sentir bien. Si es una novela de misterio, siembro de breves anotaciones las hojas, apunto la identidad del asesino o los futuros giros que la trama reserva. En las novelas románticas trazo lazos con tintas de distintos colores: roja para los finales felices, negra para los trágicos. Siento debilidad por el negro. Disfruto especialmente escribiendo en las tapas de los libros aburridos NO PASA NADA. Sé que con ellas he ahorrado muchos disgustos y angustias, muchos arrepentimientos.

No hago todo esto por molestar. Más bien soy yo el que se toma la molestia. No creo que la decepción aleccione. Hay ya bastante dolor en el mundo, demasiados libros para el pedazo de tiempo que se nos ha dispensado. Por eso mismo ayer, al llegar a casa, no me sorprendí al ver cruzar mi puerta una raya de pintura blanca.

Quizás, pese a todos los prejuicios en mi contra, alguien me admire. Esta es su forma de agradecérmelo. Algunas gotas caían aún sobre el felpudo. Pasé la mano sobre la madera negra y cedió. Entré y vi más pintura en los cojines, bordados con bodoques apelmazados y frescos, y sobre las fotografías, el espejo del baño, los botes metálicos para la pasta, la cola del perro. ¿Habrían usado al perro como brocha?

Me divertía. Yo no tengo miedo. Alguien se habría enterado de lo que hago, alguien que ama tanto como yo la lectura. Quizás me dejé la puerta abierta o la forzaron, como en las malas novelas, con la radiografía de una cadera rota. Me pasé varias horas raspando con la espátula, tratando de descubrir el significado que ocultaban aquellos pegotes y líneas. Me acosté cansado y sereno, orgulloso de mis buenas acciones, satisfecho de haber captado la atención de un desconocido.

He dormido del tirón toda la noche. Me he levantado con unas ganas terribles de volver a la biblioteca. He soñado con el allanamiento. Estaba entusiasmado, notaba el corazón bajo la tenue piel del pecho, me picaba todo el cuerpo. Me ardía. Necesitaba una ducha de agua fría. He entrado a ciegas en el baño, frotándome aún los ojos, me he metido en la bañera y he abierto el mando para espabilarme. He creído seguir soñando: ríos rojos bajaban por mi cuerpo hasta el desagüe. He mirado hacia arriba. Agua. Me he palpado la cara y me he manchado los dedos. He corrido a mirarme en el espejo, he querido gritar pero no he sabido, he visto un mapa de heridas cruzarme la cara, profundas líneas rojas, moratones, parches lívidos. Bajo el ruido del agua cayendo he oído un portazo, he oído ladrar a mi perro. Alguien me conoce mejor que yo mismo.

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Diez libros sobre libros (IX) http://www.zendalibros.com/diez-libros-libros-ix/ Sat, 29 Apr 2017 06:00:19 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23348 Lecturas inevitables si usted es bibliófilo, bibliómano, bibliópata y/o un enfermo del libro Si nadie le ha robado el mes de abril, como le ocurrió a Joaquín Sabina, conviene recordar que éste es el mes del destape, del inicio de las alergias y de la celebración de los libros con ferias, Sant Jordi y Día...

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Lecturas inevitables si usted es bibliófilo, bibliómano, bibliópata y/o un enfermo del libro

Si nadie le ha robado el mes de abril, como le ocurrió a Joaquín Sabina, conviene recordar que éste es el mes del destape, del inicio de las alergias y de la celebración de los libros con ferias, Sant Jordi y Día del Libro (junto a su festiva Noche). Estos portadores de saberes salen a las calles para salvarnos de la desesperación, de la estupidez, de la cobardía, del tedio. E incluso de nosotros mismos ahora que la proliferación de distracciones es cada vez mayor. Me pasa como a la escritora polaca Wislawa Szymborska: “Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado”.

Los últimos meses han sido provechosos respecto a nuevos libros sobre libros, que es el tema de nuestro interés. Hay tal variedad de trabajos interesantes y son tan distintos entre sí que cualquiera que se deje guiar por este artículo y por su instinto bien adiestrado encontrará exactamente aquellos que le corresponden y que le gusten.

Recomendar un libro, como ha escrito el editor Javier Jiménez Fórcola, “es el acto de complicidad más radical entre dos personas: en la recomendación de un libro se ponen en juego la empatía, la cordialidad, la inteligencia, la capacidad de seducción, evocación y elocuencia, por parte de quien recomienda, y la capacidad de ensoñación, el deseo y la curiosidad, por parte de quien escucha. En definitiva, recomendar libros es uno de los actos antropológicos más sugerentes, más estimulantes y más conciliadores que conozco”. Pues eso. Déjense recomendar.

LIBROS SOBRE LIBROS I · LIBROS SOBRE LIBROS II · LIBROS SOBRE LIBROS III · LIBROS SOBRE LIBROS IV · LIBROS SOBRE LIBROS V · LIBROS SOBRE LIBROS VI · LIBROS SOBRE LIBROS VII · LIBROS SOBRE LIBROS VIII

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Proyecto escritorio. La escritura y sus espacios, edición de Jesús Ortega. Estimulante experimento en el que se nos muestra los lugares de trabajo donde setenta y siete autores pasan sentados muchas horas de sus (sedentarias) vidas. Los escritores han fotografiado sus espacios de escritura, físicos o simbólicos, con total libertad pero sin aparecer ellos en la imagen. Además aportan un texto entre el apunte y el microensayo en el que reflexionan sobre su relación con ese sitio tan personal. Un regalo para incondicionales de los escritores seleccionados y un antídoto posible para cotillas literarios. (Cuadernos del Vigía, 23 €)

Roba este libro. Introducción a la bibliocleptomanía, de Miguel Albero. Tengo una pasión inconfesable por Enfermos del libro, así que no puedo dejar de incluir aquí este nuevo ensayo de Albero, una escisión del libro citado. Este maravilloso ensayo convierte a los ladrones de libros en objeto de estudio pormenorizado y a sus lectores en depositarios de conocimiento y placer con apartados como razones para no prestar libros, el plagio o ladrones bibliotecarios. Sé que leeré este ensayo varias veces a lo largo de mi vida. La precariedad del oficio literario está afectando de manera grave a sus profesionales, pero de ahí a robar libros… (Abada, 18 €)

Una librería en Berlín, de Françoise Frenkel, con traducción de Adolfo García Ortega y prólogo de Patrick Modiano. Esta novela autobiográfica, escrita entre 1943 y 1944 a orillas del lago de los Cuatro Cantones, fue rescatada del olvido en un mercadillo de Niza en 2010, aupada por el Nobel de Literatura que firma el prólogo hasta ser publicada en 2015 por Gallimard y convertida en uno de los fenómenos literarios del país vecino. Una judía polaca formada en París decide montar una librería francesa en el Berlín de los años 20 del pasado siglo, donde los nazis hacen pronto su aparición. Una historia de supervivencia y un canto a las librerías de verdad. (Seix Barral, 22 €)

Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con libros, de Ella Berthoud y Susan Elderkin, con traducción de Clara Ministral Riaza. Este tratado de biblioterapia ofrece una guía de antídotos para solucionar cualquier malestar con literatura. Este “manual de medicina”, como reza en la introducción, presenta en orden alfabético distintos padecimientos con sus respectivos libros para combatirlos. Si tiene estrés, lea El hombre que plantaba árboles, de Jena Giono. Que sufre eyaculación precoz, Pamela, de Samuel Richardson. O si padece náuseas, Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh. Deslumbrante. (Siruela y Círculo de Lectores, 36 €)

Leer, de André Kertész, con prólogo de Alberto Manguel. Las únicas palabras de este libro de fotografías son las del autor de Una historia de la lectura y las de la nota a la edición. Sesenta y seis imágenes en blanco y negro, la primera de 1915 y las últimas de 1970, en Nueva York, un año antes de que este clásico saliese publicado en Estados Unidos con el título Sobre la lectura. Ha tenido que pasar casi medio siglo para que vea la luz una edición española. Uno tiene la sensación de penetrar en una atmósfera casi fantasmal, que habita en un espacio ambiguo que contiene, sobre todo, imágenes perturbadoras. Un acierto absoluto. (Periférica & Errata naturae, 22,50 €)

El libro de los libros. Historias sobre imágenes, de Quint Buchholz, con presentación de José María Guelbenzu. La primera edición en España de este libro misceláneo lo publicó Lumen en 1998. Ahora, casi veinte años después, Nórdica recupera este álbum donde cuarenta y seis escritores de diferentes países del ámbito occidental acompañan con un texto breve los dibujos del ilustrador alemán. Nueve son los autores españoles: Eduardo Mendoza, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Javier Tomeo, Gustavo Martín Garzo, Juan Marsé, Ana María Moix, José Agustín Goytisolo y Javier Marías.

Para bibliófilos curiosos. (Nórdica, 19,50 €)

Trazado. Un atlas literario, de Andrew DeGraff, con textos de Daniel Harmon y traducción de Arnoldo Langner. Este bellísimo cómic cartografía y somete a revisión las diecinueve obras seleccionadas por sus responsables, desde la Odisea de Homero hasta Los que abandonan Omelas, de Ursula K. Le Guin, en un compendio de itinerarios literarios de concienzuda sutileza. Me encantaría encontrar un volumen similar a éste en todos los sentidos sobre literatura española. Una edición cuidada con mimo y pensada para todos los amantes de los libros y la buena literatura de viajes. Una nueva delicia perpetrada por Enrique Redel. (Impedimenta, 23,95 €)

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos, con traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. El autor de La delicadeza vuelve con esta novela sobre un manuscrito rechazado que se convierte por azar en un éxito editorial, cambiando la vida de unas cuantas personas. Con ritmo de novela de intriga y con dosis bien administradas de romanticismo y humor, la historia es oportuna para una época en la que parece que hay más escritores que lectores. Una ficción que no deben leer esos astutos que atisban mejor que nadie la dirección del viento y siempre saben cómo y dónde colocarse. (Alfaguara, 18,90 €)

Citas sobre los libros, la escritura y la lectura, de Bart Van Aken y Gert Dooreman, con traducción de Julio Fajardo. Este hermoso volumen realizado por el bibliófilo Bart Van Aken y diseñado por el prestigioso tipógrafo Dooreman contiene una cuidada selección de cien citas acompañadas del texto en su idioma original y de una breve biografía del autor. Para cada una de las citas se utiliza una tipografía diferente. Como se afirma en el prólogo, este libro es una oda a la lectura. Me quedo con una cita de Marco Tulio Cicerón: “Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”. (Gustavo Gili, 19,90 €)

El síndrome del lector, de Elena Rius, con prólogo de Lorenzo Silva. Este libro tiene su origen en el blog Notas para lectores curiosos, concebido para los que sienten la lectura como un acto de creación permanente. Su autora, aunque firma como Elena Rius, es la editora María Antonia de Miquel, buena conocedora del tema sobre el que reflexiona. Y se nota, pues algunos de estos textitos están escritos con una sinceridad impúdica y liberadora. Aunque el libro se divide en varios capítulos, mi preferido es sin duda la galería de bibliómanos, un puro goce. Un curioso trabajo repleto de anécdotas y consideraciones de inusual hondura. (Trama, 19 €)

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Ricoletti, el patituerto http://www.zendalibros.com/ricoletti-el-patituerto/ Fri, 28 Apr 2017 04:11:53 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23289 Como el atento lector se puede imaginar, Ricoletti y su esposa eran los porteros oficiales del 221b de Baker Street, y si no se lo imagina es porque está en la más completa ignorancia de que esa famosa calle, como ya hemos dicho en algún otro sitio, fue diseñada para que vivieran familias de clase...

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Como el atento lector se puede imaginar, Ricoletti y su esposa eran los porteros oficiales del 221b de Baker Street, y si no se lo imagina es porque está en la más completa ignorancia de que esa famosa calle, como ya hemos dicho en algún otro sitio, fue diseñada para que vivieran familias de clase media alta. Pero a nadie se le ha ocurrido nunca hablar de los porteros de las fincas y quizá sea éste el momento oportuno.

Holmes y Watson rara vez tenían contacto con tan estrambóticos personajes porque las relaciones vecinales las llevaba directamente la señora Hudson y lo que no quería, bajo ningún concepto, la patrona era que molestase a sus inquilinos preferidos.

"También vio por su mirada baja, cautiva de un reproche hacia sí mismo, que denotaba cierta mansedumbre fruto de un serio complejo de inferioridad."

Un día que Holmes estaba solo en casa llamaron insistentemente a la puerta y al detective no le quedó más remedio que acudir a la entrada y abrirla. De improviso se encontró ante un sujeto bastante singular. Con la velocidad con la que funcionaba su cerebro supo que aquella persona o bien llevaba un aparato ortopédico, o había padecido en su juventud algún tipo de parálisis que había juntado excesivamente sus piernas por la parte de las rodillas, extremo que pudo confirmar cuando, una vez que se identificó como el portero, el detective le invitó a que entrara y vio que las perneras de su pantalón estaban excesivamente desgastadas en la zona interior donde  tropezaban sus rodillas al caminar. También vio por su mirada baja, cautiva de un reproche hacia sí mismo, que denotaba cierta mansedumbre fruto de un serio complejo de inferioridad.

De inmediato los ojos de Holmes se dirigieron a las coderas de su irregular chaqueta de punto de «ochos» y también observó que los codos estaban muy desgastados. Sin duda alguna se trataba de una prenda confeccionada por su mujer con unas agujas inadecuadas. El desgaste de los codos podía deberse a la lectura de novelas baratas, casi todos los porteros leían novelas de baja calidad literaria. Miró su cinturón y vio que recientemente se habían hecho en él agujeros suplementarios por lo que es de suponer que aquel hombre había adelgazado últimamente. Si a esto le añadimos sus marcadas ojeras, un corte en el cogote, sin duda producido por un botellazo y el color de la nariz, el detective ya sabía más de la vida de aquel hombre que su propia esposa.

"Cuando incisivamente puso su cerebro en marcha sintió unas ganas enormes de ayudar a Ricoletti a consumar su delito."

Holmes le invitó a que entrara y se sentase. Y una vez que el visitante dijo llamarse Ricoletti no le cupo al detective la menor duda de que se trataba del portero y adivinó por el temblor de sus manos que tenía que exponerle un serio problema. El asunto es que el pobre hombre sabía que en la casa vivía un famoso detective quien quizá podría informarle de la mejor manera posible de eliminar a su abominable mujer sin dejar excesivos rastros de su delito. Holmes le dijo que lo sentía mucho pero que su profesión consistía en todo lo contrario, pero que en atención a los circunstanciales motivos de buena vecindad estaba dispuesto a olvidar el objeto de su visita.

En medio de la conversación volvieron a llamar de nuevo a la puerta y el detective se vio obligado, con suma desgana, a acudir de nuevo para atender la llamada. Esta vez se trataba de una mujer que parecía un hombre o de un hombre que se parecía ligeramente a una mujer. Holmes, al fin, lo adivinó por los ropajes. Pero cuando incisivamente puso su cerebro en marcha sintió unas ganas enormes de ayudar a Ricoletti a consumar su delito. Menos mal que en aquel preciso momento llegó la señora Hudson y puso orden en la casa sin mucho esfuerzo, pues cuando la pareja la vio aparecer huyó escaleras arriba con dirección a su madriguera.

Inspector Lestrade

"Al cabo de seis meses Ricoletti se volvió a casar y, aunque parezca mentira, lo hizo con una muchacha joven y encantadora."

Transcurrido un mes, la abominable mujer apareció ahorcada pendiendo de una viga de su buhardilla. El inspector Lestrade fue el encargado  de esclarecer los hechos y lo primero que hizo fue consultarle a Holmes, pero ante el amigable recibimiento le dijo que tenía muy claro lo que había ocurrido, que lo único que quería conocer era la opinión de un vecino, no la de un detective, ya que en Baker Street no había casos de suicidio desde hacía varios años.

Holmes, conociendo la capacidad de Lestrade, le dijo que en su opinión no había sido un suicidio sino un asesinato cometido por el marido. Con esta confesión Holmes supo por anticipado que Ricoletti se encontraba a salvo de toda duda o sospecha. Y así fue, el caso se cerró con un veredicto de suicidio y Ricoletti se encargó de hacerle a Holmes la vida mucho más sencilla en todos los aspectos que le concernían a un portero servicial.

Al cabo de seis meses Ricoletti se volvió a casar y, aunque parezca mentira, lo hizo con una muchacha joven y encantadora que hizo que la escalera del 221b palpitara de alegría.

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Escribir es vivir en cierto modo http://www.zendalibros.com/entrevuelos-enrique-serrano/ Fri, 28 Apr 2017 03:58:48 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23281 No parece que exista ninguna discusión acerca de la importancia del paso del tiempo en la poesía. Eternizar la experiencia cotidiana se ha constituido en una bóveda clave para los poetas, más allá de que cada cual se haya colocado de manera distinta en torno a ese río que es el tiempo, en el que...

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No parece que exista ninguna discusión acerca de la importancia del paso del tiempo en la poesía. Eternizar la experiencia cotidiana se ha constituido en una bóveda clave para los poetas, más allá de que cada cual se haya colocado de manera distinta en torno a ese río que es el tiempo, en el que algunos sienten que se pierden entre sus aguas, mientras que otros las aprovechan para darse un baño purificador.

"Parece, por la lectura de estos versos, que Enrique Serrano no es muy dado a los grandes enigmas, y que prefiere que esa jubilosa epifanía se muestre del modo que estime más conveniente."

En todo caso, y tras hurgar entre los pliegues de Entrevuelos, podríamos atisbar que su autor se encuentre cercano a la filosofía que impregnan los versos de Octavio Paz:  “Yo no escribo para matar el tiempo/  ni para revivirlo/  escribo para que me viva y me reviva”. Un poeta, pues, Enrique Serrano, al que cabe adjudicarle un sentido vitalista, y que, por lo mismo, sin obviar del todo cierto material filosófico que acompaña a la celebración de la palabra, puede incluirse en el listado de quienes prefieren gozar de la “poética del instante”, de esa revelación profana que sirve para alimentar la emoción y la belleza del mundo. Nunca sabremos en verdad si es la poesía quien viene a buscarnos  (…No sé, no sé de dónde salió/ de invierno o río/….pero desde una calle me llamaba/ desde las ramas de la noche”. José Luis Borges) o si, por el contrario, somos nosotros quienes estamos siempre prestos a su captura. Pero tal parece, por la lectura de estos versos, que Enrique Serrano no es muy dado a los grandes enigmas, y que prefiere que esa jubilosa epifanía se muestre del modo que estime más conveniente. Entrevuelos viene avalado por su condición de finalista en un concurso prestigioso como el Leonor, de Soria. El poemario cumple en todo momento con las expectativas que acompañan a una cita introductoria del autor: su apoyo incondicional y cariño a mares y océanos, así como también al resto de las aguas,  en especial, a ese río tan cercano que es Teresa, a quien dedica un hermoso poema, “Ángel”: …“Cuando añoro el silencio/ o me sobran palabras/ apaciguas con besos/ el viento de mis manos/. Cariño… Eso es ángel”. Exento de retóricas y de ornamentaciones de ningún tipo, busca llegar al lector a través de la limpieza y de la sencillez del lenguaje, aderezado por una conjunción de rima y ritmo que en ocasiones producen el efecto de una perfecta sinfonía: “”El cielo llega tarde/ la casa abre ventanas de tiempo transcurrido”.

Enrique Serrano

Como su nombre indica, los zarandeos, surcos y deflagraciones que van conformando las páginas de Entrevuelos son parte de un largo recorrido en el que lo mismo nos encontramos con  el peso de la derrota: “O acaso, ¿no sabes lo que cuesta una derrota/ cuando el ojo responde al estallido”?, como sentimos el frío del desencanto: “Tan solo es desencanto/ la vigilia del hombre cuando el sueño”. Otras veces, ese descubrimiento gozoso de un mundo nuevo, esa súbita clarificación de la palabra se trasmuta en un “pájaro blanco enamorado”, en un  “clamor de aguas que sale a recibirnos”. Sin que falten alusiones a la herrumbre producida por el paso del tiempo, como en el poema, “Algún tiempo después antes del ocaso”, a mi juicio uno de los mejores del libro, pespunteado con una exacta cadencia métrica (versos de siete, nueve y catorce sílabas), y cuyo final da perfecta cuenta de esa inevitable mudanza: “Ahora todo es distinto./ Las ciudades se inquietan y el amor/ como el resto del  mundo/ se confunde de espaldas al ocaso”.

"Quizás, a fin de cuentas, la vida no sea más que un vuelo, en el que cada cual va escribiendo su destino, o lo que lo mismo: interrogándose sobre su propio arte."

La extraordinaria figura del poeta japonés Makoto Ooka,  adorna con sus citas algunas de las páginas del poemario. En una de ellas— la que prologa “Imagen”— Makoto Ooka nos dice, en una suerte de fatalismo, que, a su vez, constituye un aserto real  (“fatum” y destino fueron alumbrados a un mismo tiempo), que “el hombre tiene la desgracia de ser líquido”. Y esa misma fluidez, esas mismas aguas tan queridas por Enrique Serrano son las que van  deslizándose de un lugar a otro, planeando por el aire  (agua y aire arden como un fuego inextinguible a lo largo del libro), lo mismo internándose en el territorio sagrado de las Musas como intentando alcanzar el Paraíso perdido: “Más allá de las hojas/ cuando el camino es aire/ y se cruza con el vuelo de los pájaros/ hay un lugar tranquilo donde seguir soñando/ donde agarrarse de nuevo, como un niño/ a los pechos del mundo”.

“Después de tantos años quisiera recordar”, dice el autor en el poema “He cogido un pájaro para recordar”. Conjurar el transcurrir del tiempo, el paso de nuestra conciencia por la eternidad ha sido siempre un tema recurrente entre los mejores poetas, de modo que Enrique Serrano no podía faltar a esa cita.

Uno de los más importantes poetas mexicanos, José Emilio Pacheco, lo dejó escrito en Garabato: “Escribir es vivir en cierto modo”. Y también Enrique Serrano en el título de uno de sus versos: Volar es importante. Pues quizás, a fin de cuentas, la vida no sea más que un vuelo, en el que cada cual va escribiendo su destino, o lo que lo mismo: interrogándose sobre su propio arte.

Poemario para degustar y para festejar la vida. Disfrútenlo.

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Autor: Enrique Serrano. Título: Entrevuelos. Editorial: Titanium. Torrelavega. Venta: Amazon

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‘Thirteen Reasons Why’: Esto tiene que mejorar http://www.zendalibros.com/thirteen-reasons-why-esto-tiene-que-mejorar/ Thu, 27 Apr 2017 11:58:25 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23334 En 2007, el escritor californiano Jay Asher debutó en la novela con Thirteen Reasons Why, un libro de los que en Estados Unidos califican como de género “young adult”, y que cuenta la historia de Hannah Baker, una chica de diecisiete años que se suicida tras más de un año de malas experiencias en su...

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En 2007, el escritor californiano Jay Asher debutó en la novela con Thirteen Reasons Why, un libro de los que en Estados Unidos califican como de género “young adult”, y que cuenta la historia de Hannah Baker, una chica de diecisiete años que se suicida tras más de un año de malas experiencias en su nuevo instituto de secundaria. Antes de hacerlo, graba siete cintas de audio, de las de cassette, y se las deja a uno de sus compañeros con estrictas instrucciones para que cada una de las personas que ella considera relacionadas con su decisión las escuche y luego se las pase a la siguiente. Así, trece de las catorce caras de esas cintas contienen las “trece razones por las que” Hannah se suicidó. El libro entró en la lista de best sellers del New York Times, recibió casi una decena de premios en los tres años siguientes, y empezó a aparecer con frecuencia entre los libros sugeridos para los profesores de secundaria en el país. En 2011, Universal Pictures se hizo con los derechos para cine, en 2015 Netflix y Paramount anunciaron que lo adaptarían a miniserie, en 2016 apareció una edición especial del libro por el décimo aniversario, ampliada con final alternativo, introducción y guía de lectura, y en marzo de 2017 se estrenó la serie, con la estrella del pop y exchica Disney Selena Gómez como productora ejecutiva. Desde entonces, se ha convertido en un fenómeno de cierto calado, debido al boca a oreja y a la cantidad de “think pieces” a las que ha dado lugar en internet, tanto a favor como en contra. Para unos, como por ejemplo Kate Walsh, la actriz que interpreta a la madre de Hannah, debería convertirse en obligatoria en los colegios, mientras que otros la ven como una romantización peligrosa del sufrimiento, el autoaislamiento y el suicidio, que a pesar de poner sobre la mesa elementos importantes en la moderna experiencia vital de los adolescentes, pasa otros detalles muy necesarios por alto. En Nueva Zelanda, por ejemplo, se le ha puesto el calificativo de R18, lo cual significa que los menores de edad deberían verla solo con supervisión adulta, debido a que, a su juicio, “el suicidio no debe presentarse como una opción resultado de pensamientos con la mente despejada”.

Hannah es nueva en la ciudad (una cualquiera, sin nombre, representando a una población media de Estados Unidos), y es hija de un matrimonio que vive de una droguería amenazada por una gran cadena de hipermercados. En el verano antes de empezar el curso, conoce a uno de sus futuros compañeros, Clay, trabajando en un cine local. Clay es de los típicos tímidos buenos estudiantes, ni extremadamente aburridos ni extremadamente interesantes, que a menudo no acaban llevándose a la chica que les mola. Al principio Hannah parece a ratos demasiado guay y un tanto listilla, pinchando a Clay más o menos burlonamente, a la vez que lo mantiene interesado, pero cuando empieza el curso la fachada segura y con aplomo de la chica va derrumbándose ante la jungla que se encuentra en el instituto. Una foto sexualizada por aquí, un beso con un chico por allá, un rumor exagerado por acullá, una lista de mejores culos y mejores tetas por el otro lado, una discusión con su en principio mejor amiga, una venganza por un rechazo, todo va componiendo poco a poco una tortura de los cien cortes que va minando la confianza de Hannah en todos los que la rodean: amigos, amigas, chicos que le gustan o podrían gustarle, profesores, etc. La fama que entre todos le van creando a Hannah empieza a influir en el comportamiento hacia ella de futuros conocidos, y la bola de nieve no se detiene, llegando incluso a cosas mucho más serias. La serie, en este sentido, toca acertadamente temas como los de la falta de privacidad en el mundo digital, la peligrosa inmadurez de quienes ya desde jóvenes tienen en su manos poderosos medios de hacer daño, y el exagerado papel que en algunos institutos del país se da a los logros deportivos de algunos de sus alumnos, que a veces resultan ser al mismo tiempo los menos académicamente distinguidos y los más proclives a creerse con abusivos derechos añadidos sobre los demás.

Esta es la parte más valiosa didácticamente, y la que merecería atención si se quiere convertir esta serie en material educativo, pero habría que tener mucho cuidado con otras cosas, como por ejemplo el tema de la total falta de comunicación con los adultos. Durante todo lo que le va ocurriendo, Hannah nunca cuenta nada de todo esto a sus padres, que sí, están preocupados por su futuro laboral, pero que son personas perfectamente razonables con las cuales ella podría haber hablado, aunque solo fuera como último recurso antes de tomar una decisión tan drástica. En ningún momento sus padres dan la sensación de que tratarían los problemas de Hannah como una desgracia causada por ella misma, y desde luego la madre da una sensación de luchadora en la vida que debería haber sido un gran refuerzo para su hija. Lo mismo ocurre con los padres de Clay, y en general con todos los de los demás jóvenes implicados que llegamos a conocer, entre ellos una pareja gay y la que parece ser una estricta madre de origen coreano (solo hay una excepción con la madre de Justin, el autor de la primera herida en este “Orient Express” particular de Hannah, que es drogadicta y tiene viviendo con ella a un padrastro camello). En el tema de los profesores y personal directivo del centro, también las culpas podrían repartirse: por un lado parecen ignorar las insultantes pintadas que hay en los baños desde hace meses, pero por otro Hannah es la primera en cachondearse de la personalidad un tanto torpe y buenista, pero claramente bienintencionada de su primera orientadora en el centro, quitándose así un posible punto de apoyo futuro. Y desde luego que el rol de Mr Porter, el último “guidance counselor” del instituto, merece disección cuidadosa, ya que su intento de hacer que Hannah se lo cuente todo para poder ayudarla, llegando a decirle que si no lo hace lo único que le queda es tirar para adelante y olvidar lo que le haya pasado, resulta muy polémico. De hecho, si algún mensaje hay que sacar de toda la serie, este debería ser la importancia del no callarse ante la injusticia, de no ceder ante la humillación del verse convertido en víctima, y de buscar ayuda sin dudar y sin considerarlo como una demostración de debilidad o de ser un chivato o un cobardica. Hoy en día estos temas se tratan muy seriamente, al menos en el mundo occidental, y si alguna campaña debe ir en algún sentido es en este: habla, dilo, cuéntalo, busca ayuda, no te lo guardes ni te lo calles, o un día será demasiado tarde. Hannah, en sus cintas, menciona a la famosa mariposa de la teoría del caos, cuyas alas pueden desencadenar un tornado en la otra punta del mundo, y si es cierto que en su propia historia hay trece razones para hacer lo que hizo, también hay trece momentos en los que ella misma podría haber sido una de esas mariposas que alejara los vendavales de sí misma.

La adaptación de la trama, hecha por el dramaturgo Brian Yorkey, ganador de un Pulitzer, es bastante fiel a la novela original, lo cual es lógico, porque su estructura es de las que si la retocas mucho se puede caer como una torre de jenga, pero uno de los cambios más importantes es que el chico al que seguimos en su experiencia auditiva, Clay Jensen, no escucha las cintas enseguida y una detrás de otra, en el menor tiempo posible, como haría cualquiera, dada la importancia del asunto, sino que con la excusa de guionista de que el tema le resulta emocionalmente duro, pasan varios días hasta que las termina, reaccionando a cada cara sin tener aún toda la información. Esto se supone que debería hacer aumentar la tensión del relato, pero lo único que consigue es que se perciba rápidamente como un truco estiracliches para retrasar las respuestas, al estilo Perdidos, y elevar el nivel de intriga y sembrar pistas falsas. Además, lo de las trece caras y trece razones cuadra perfectamente (quizá demasiado) con el esquema televisivo de trece episodios de muchas series de la “midseason” norteamericana (trece semanas son tres meses justos), justo en el momento en el que por fin la ficción serializada se está liberando del yugo del número fijo de episodios, la duración rígida y dominada por la publicidad, y otros varios condicionantes externos. La misma Netflix, que no está atada a nada de todo eso, ya que cada suscriptor puede ver cuanto quiera cuando quiera, aún se debate con este problema, y es de esperar que esta sea una de sus últimas series con esta tara, antes de poder llegar al punto en el que siempre estuvo el cine, donde la duración de cada película (ciertas interferencias aparte) responde a lo que cada una necesita (90 minutos, 120, tres horas), no al hueco que haya entre un concurso y unas noticias.

Unánimemente elogiosas han sido las opiniones sobre las actuaciones. Katherine Langford y Dylan Minnette están formidables a sus 19 y 20 años respectivamente, y cada secundario cumple estupendamente, desde las “amigas” Jessica y Courtney hasta el cabrón de Bryce, pasando por diversos grados de machotes con más o menos alma como Zach o Marcus. De hecho, este aspecto es tan sobresaliente que ayuda a sobreponerse a los trucos de guionista o a las partes menos convincentes de una historia que quizá no necesitaba ser tan enrevesada, pero que seguramente por eso va a atraer a más espectadores. Mutatis mutandis, es el mismo gancho que usó por ejemplo Umberto Eco en El nombre de la rosa: se entra al relato por los asesinatos de monjes medievales y al mismo tiempo se aprende algo de teología y filosofía. En este caso, valgan los giros de autor de thrillers si a cambio se aprende algo que si se presentara en modo meramente documental no se le prestaría atención.

La problemática central de la novela se mantiene no solo relevante diez años después, sino que su alcance incluso ha aumentado desde 2007, con cada vez más casos reales de imágenes compartidas en redes sociales o comportamientos rayanos en lo delictivo, o sobrepasándolo, siendo publicadas sin ningún recato y hasta con regodeo en internet. Si por un lado lo de las cintas de cassette, que alguien nacido en 1990 podría todavía tener noción de ver por casa, se ha quedado muy viejuno una década más tarde para adolescentes que no han vivido un solo día de su vida en el siglo XX, no puede decirse lo mismo que las preocupaciones centrales, que cada vez están yendo a más. En este sentido, Th1rteen R3asons Why, por usar su estilización más moderna, merece ser vista, recordada y debatida. Un riesgo latente, sin embargo, es que Netflix va a alargar la historia con una segunda temporada, ya más allá del libro original, que aunque deja un final satisfactorio, no deja todos los cabos firmemente atados. Mientras tanto, y como resume Clay, “esto tiene que mejorar. La manera en que nos tratamos mutuamente y nos protegemos mutuamente tiene que mejorar de algún modo”.

Este artículo y esta serie pueden comentarse aquí.

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La heroica ciudad dormía la siesta http://www.zendalibros.com/la-heroica-ciudad-dormia-la-siesta/ Thu, 27 Apr 2017 09:06:48 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23297 Leopoldo Alas “Clarín” publicó la primera parte de La Regenta en 1884 con solo 33 años, y el segundo volumen en los primeros meses del año siguiente. Entonces, el autor supo que había “escrito una obra maestra”, aunque ese pensamiento estaba muy lejos de lo que dijeron sus críticos, cuyas reseñas en los periódicos fueron...

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Leopoldo Alas “Clarín” publicó la primera parte de La Regenta en 1884 con solo 33 años, y el segundo volumen en los primeros meses del año siguiente. Entonces, el autor supo que había “escrito una obra maestra”, aunque ese pensamiento estaba muy lejos de lo que dijeron sus críticos, cuyas reseñas en los periódicos fueron escasas, breves y nada edificantes. Una de las más sangrantes fue la de un semanario ovetense llamado Tambor y Gaita, que con ese nombre no me extraña que publicara una crítica anónima con el siguiente encabezamiento: “Contra el insomnio”. Claro que eso de la mal leche lo tuvo que imaginar  de sobra Leopoldo Alas, que conocía bien la ciudad de la que habla en su novela, como lo sabemos quienes hemos vivido en ella. Lo que sí alcanzó a ver el escritor “nacido en Zamora” antes de morir en 1901, y que le dio más satisfacción, fue una segunda edición prologada por su amigo Benito Pérez Galdós. A nadie le extrañó que el entonces Obispo de Oviedo condenara la novela en una Pastoral.

"Mira tú que si una de esas tías de tu madre fue una de las amantes de Leopoldo Alas…"

La novela tuvo una vida aciaga durante buena parte del franquismo porque no se publicó hasta el año 1962, aunque anteriormente el profesor de la universidad de Oviedo, José Mª Martínez Cachero había hecho una edición, además de otra de Juan Antonio Cabezas, pero ambas pasaron con más pena que gloria hasta que Alianza editorial la sacó del olvido. Yo vi esa edición en 1969 en el escaparate de una librería y fui inmediatamente a pedir a mi madre las cien pesetas que costaba el libro. Lo compré y al regresar a casa mi madre miró la portada y dijo: ¡Ah!, Polín Alas, este escritor fue amigo de mis tías, Teresa y Amparo. Venía siempre por casa, según contaban ellas”. Mi madre había nacido en 1922 y “Clarín” había muerto 21 años antes, por lo tanto estas tías, pertenecientes a la burguesía ovetense y algo menores que él, podrían haber sido dos señoritas interesantes para el maestro. De hecho, cuando hace años le conté este episodio a Caroline Richmond, especialista en “Clarín”, me dijo con su divertido gracejo norteamericano: “Mira tú que si una de esas tías de tu madre fue una de las amantes de Leopoldo Alas…”.

Hoy recuerdo la figura de este insigne escritor y polemista para quien la literatura significaba mucho más que publicar una novela o un ensayo. Lo hacía también como escribía en los periódicos o discutía de política en el Casino o en el Ateneo, como un arma ideológica contra los poderes de la Iglesia o los conservadores de la época. Durante sus años en Madrid escribió artículos periodísticos de pensamiento filosófico, político y también literario. No hay que olvidar que el joven Alas había estudiado en una universidad en donde los maestros más estimulantes eran krausistas, sobre todo Francisco Giner de los Ríos. Una  influencia que avivó en él su vena idealista, y como Larra, uno de sus maestros, un sentido racional a la vida. Los dos mantuvieron una preocupación en sus obras por las formas y el culto a la belleza.

Esta es una lectura de La Regenta con visos de guía turísticocultural. Propongo pasear con estos datos por las vetustas calles de la “bien novelada” y ver con los ojos de “Clarín” aquella heroica ciudad que dormía la siesta, reconocible hoy con nombres muy parecidos.

"Propongo pasear con estos datos por las vetustas calles de la “bien novelada” y ver con los ojos de “Clarín” aquella heroica ciudad que dormía la siesta."

VETUSTA Y OVIEDO
Empezamos con el capítulo 1:  La catedral– “La torre de la catedral, poema romántico de piedra…”.

De la Rúa– “Aquel don Fermín que allá abajo en la calle de la Rúa parecía un escarabajo”. (Esta calle va desde Cimadevilla, al lado del ayuntamiento, hasta la calle San Juan).

La Encimada. Actual Cimadevilla.
La Encimada- “Alrededor de la catedral se extendía, en estrecha zona, el primitivo recinto de Vetusta. Comprendía lo que se llamaba el barrio de La Encimada y dominaba todo el pueblo…” (La Encimada es hoy la calle Cimadevilla, entonces la más importante de la ciudad, con comercios y cafés famosos y actualmente una de las más distinguidas del Oviedo antiguo).
El Espolón– “…y ya las Hermanitas de los Pobres tenían coronado el edificio de su propiedad, tacita de plata que brillaba cerca de El Espolón, o sea el barrio nuevo de los americanos y comerciantes del reino”(…), y en capítulo 14: “Era el Espolón un paseo estrecho…”. (Es el tramo del campo de San Francisco, al pie del kiosko de la música, donde estuvo hace años la sala de fiestas La Herradura en la que la Sociedad Ovetense de Festejos organizaba los bailes por San Mateo).
Calle del Rosario– “Quién era un embozado que de noche, a la hora de las criadas (…) salía muy recatadamente por la calle del Rosario… (Es la calle de El Rosal).

La Plaza Nueva. De frente está San Isidoro; a la dcha. el Ayuntamiento. Esta es la actual plaza del ayuntamiento, ahora plaza de la Constitución. Hay autores que aseguran que era donde vivía Ana Ozores.

Calle Quintana– “…torcía entre las sombras por la de Quintana…”. (Es la calle de Quintana actual).

Capítulo 6:
El Casino– “El casino de Vetusta ocupaba un caserón solitario, de piedra ennegrecida por los ultrajes de la humedad…”. (El casino lo sitúa “Clarín” en el Palacio de Valdecarzana-Heredia. Es la sede de la Audiencia provincial, en la misma plaza de la catedral).

Capítulo 9:

Calle del Águila, parte desde la Plaza de la Catedral: “La calle del Águila era una pendiente rápida…”. La calle se llama igual y va desde el jardín de los Reyes caudillos, pegado a la catedral, hasta la calle Jovellanos. Autores como Ernesto Conde la sitúan en la actual calle de Jesús. A mí me parece que la descripción que hace “Clarín” se parece más a la actual del Águila, aunque en los capítulos 9 y 12 menciona el caserón de los Ozores en la Plaza Nueva, la que hemos mencionada ya, del ayuntamiento, muy cercana a la calle de Jesús, que sale a la calle Fruela, continuación de la céntrica calle de Uría.

La calle Cimadeviila, hacia 1901 (calle La Encimada en la novela)

Capítulo 10:
Tras la cerca– “Ana, lánguida, (…) por la calle de Tras-la-cerca”. (Es la calle de Jovellanos, cerca del Teatro Campoamor).

Capítulo 12:
La Corralada– “Se dirigió a Palacio. Así se llamaba por antonomasia el del Obispo. Sumido en la sombra de la catedral (…) y estrecha que se llamaba “la Corralada”. (Se conoce ahora como la Corrada del Obispo; uno de los laterales es la fachada del claustro de la catedral, otro es el palacio del arzobispado y enfrente la casa del deán Payarinos, hoy Conservatorio de música).

Parroquia de san Isidro– “Era en la parroquia de San Isidro, un templo severo, grande. (Es la Iglesia de San Isidoro, en la plaza del ayuntamiento, al lado de la famosa plaza del Fontán,en la que situó Pérez de Ayala, otro asturiano insigne, su novela Tigre Juan).

Capítulo 14:

Lateral del Paseo del BombéEl Paseo grande– “…los pollos advirtieron que el paseo de los curas (El Espolón) era más corto y más estrecho que el Paseo grande…”. (Es el llamado Paseo del Bombé, en el Campo de San Francisco, y va de lado a lado del parque, desde la Fuentona hasta la fuente de les ranes).

Universidad– “El reloj de la Universidad dio tres campanadas…” (Es la universidad, en la calle de San Francisco, frente al hotel Principado, y la fundó el Gran Inquisidor Valdés y Salas en 1608).

Capítulo 16:
Coliseo de la Plaza del Pan– “El teatro de Vetusta, o sea nuestro coliseo de la plaza del Pan se le llamaba…” (Antigua Casa de las Comedias en la Plaza Daoiz y Velarde, al lado de la plaza del Fontán. Fue después Teatro y hoy es la Biblioteca Pública Ramón Pérez de Ayala).

(Existe información en la Ruta clariniana del Ayuntamiento de Oviedo: http://www.rutaclariniana.es/)

La Regenta da para mucho más pero por esta vez, y para que el lector se sienta con ganas de emprender la ruta literaria propuesta, nos tomamos un respiro. Si se anima, debe saber que aunque la sidra le salpique la ropa, no mancha, lo digo porque en Asturias hay que comer y beber, y porque el pixín con patatines también es literatura. O un buen bonito, si se va en pleno verano. En definitiva, alimentos para el cuerpo y para el alma.

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El masturbatorio hábito de leer http://www.zendalibros.com/masturbatorio-habito-leer/ Thu, 27 Apr 2017 04:36:14 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=23271 El viejo tío Miguel dejó escrito en alguna parte de su opera magna que su gusto por la lectura era tanto que se metía entre pecho y espalda hasta los volanderos “papeles rotos” que encontraba tirados por la calle. Esta afición debe ser lo que hoy llaman “hábito de leer”. Hábito de leer desde la...

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El viejo tío Miguel dejó escrito en alguna parte de su opera magna que su gusto por la lectura era tanto que se metía entre pecho y espalda hasta los volanderos “papeles rotos” que encontraba tirados por la calle. Esta afición debe ser lo que hoy llaman “hábito de leer”. Hábito de leer desde la octavilla de un puticlub hasta un prospecto de los Testigos de Jehová y desde La Razón de Maruenda al As de Relaño, pasando por libros, librillos y libracos de toda especie: la Gramática Generativa, La agonía del cristianismo o los relatos de don Carlos de Santander, con títulos tan llamativos como Me asustan los hombres o Los complejos de mi marido.

Cuento todo esto del “hábito de leer” porque el pasado 21 de abril Europa Press dio la noticia de que un 60% de españoles “cree” que el “hábito de leer” se debe “iniciar” en el cole. Si hay quien cree en la Resurrección de la Carne, en los platillos volantes o en Justin Bieber, ¿por qué un sesenta por ciento de españoles no puede creer en el “hábito de leer”? Aún más: que el tal “hábito”, como lo llaman, “debe iniciarse” en el colegio.

"La verdad es que mis padres fueron unos cuentistas bastante notables. Aparte las habituales historias de Grimm, Perrault y Andersen, padre, por ejemplo, recurría a la tragedia de Scott y sus compañeros, a la del Titanic y la del pobre de Ulises."

Será un “hábito”, pero en lo que a mí respecta no sé cuándo me habitué. Tampoco sé cuándo me habituaría a andar, respirar y jugar a la pelota. Me recuerdo jugando a la pelota, así como a policías y ladrones y a médicos y enfermeras, desde siempre. Después me deshabitué y me entregué a notables tonterías, pero nunca dejé de leer,  andar ni respirar. En mi casa se andaba, se respiraba y hasta se leía con razonable naturalidad. Hasta los prospectos de las medicinas se leían. Y, cómo no, el puñetero Quijote, personaje del que uno sabía por extenso desde mucho antes de descubrir que era un librote, y bastante gordo, por cierto, porque cuando se ponía roncha lo entretenían contándole, entre otros chascarrillos, los desencuentros del pavo aquel de La Mancha con los galeotes, los molinos, los carneros, los pellejos de vino y los polichinelas de Maese Pedro. Y, cómo no, con el infame Caballero de los Espejos, mi favorito, detrás del cual se ocultaba el bueno de Sansón Carrasco, que era también el Caballero de la Blanca Luna, un lío que ya antes de saber leer me fascinaba.

La verdad es que mis padres fueron unos cuentistas bastante notables. Aparte las habituales historias de Grimm, Perrault y Andersen, padre, por ejemplo, recurría a la tragedia de Scott y sus compañeros, a la del Titanic y la del pobre de Ulises condenado a vagar por los Siete Mares después de haber concebido la habilidosa estratagema del Caballo de Troya. Madre, por su parte, inventaba unas aventuras muy plausibles de Mortadelo y Filemón, Agencia de Información, y no veas la alucinación el día, cuando yo ya leía, que me entregó un ejemplar del Pulgarcito, un cómic español que había entonces, con una historieta de Mortadelo y Filemón, Agencia de Información, en la portada. Con los años descubrí que en la portada del Pulgarcito podían salir también las hermanas Gilda, Rigoberto Picaporte (solterón de mucho porte) o el Gordito Relleno, que era un pánfilo de buen corazón que a veces cobraba, pero que muchas otras salía adelante gracias precisamente a su buen corazón mientras dejaba con un palmo de narices a los listos que pretendían tocarle los perendengues.

En fin, perendengues es lo que tiene que el 60% de los españoles crea que la lectura es “un hábito” y que debe “iniciarse” en el colegio. Yo con las creencias no me meto, pero me escandalizo, qué le voy a hacer. Un sesenta por ciento de españoles son muchos españoles. Unos veintiséis millones de almas convencidas de que leer es un hábito y no una habilidad. Y de que se adquiere, o no, en la escuela.

"Sin ir más lejos, todos mis compañeros se pajeaban en la intimidad, lo mismo que otros hablan catalán, un hábito, como todo el mundo sabe, masturbatorio."

En la escuela, como mucho, se aprende a leer. A leer mal, si esa habilidad no forma parte del día a día fuera de la escuela, que es lo que parece que pasa hoy. Porque si hay un sesenta por ciento de españoles convencido de que la lectura es un hábito, así como de que “se inicia”, o se debe iniciar, en la escuela, hay otro cuarenta, según la noticia, convencido también de que es un hábito, pero de que “se inicia” en casa.

En casa “se inicia” todo, desde el gusto por la lectura hasta por los picatostes, pero leer no es ningún “hábito”, a ver si nos aclaramos, sino una habilidad que forma parte del día a día, o no, tampoco es obligatoria, y que los cuellicortos usan en la medida que en su entorno se use. En todo caso no “se inician” en la lectura como se iniciarían en los misterios de Eleusis. Leer todas las tonterías que caen en manos de uno, desde los rótulos de los autobuses hasta el Código Civil, pasando por las desventuras de Robinson Crusoe, es vivir. Nada más. Como respirar, andar, comer sopas de ajo o meneársela cuando toca, habilidad que aprendí en un momento de esplendor (yo solito, que nadie piense mal) y a la que me habitué sin gran esfuerzo, convencido de haber hecho un descubrimiento. Después descubrí que aquella actividad manual no era nada original, y que la Humanidad se la viene pelando con alegre desparpajo desde que el mundo es mundo. Sin ir más lejos, todos mis compañeros se pajeaban en la intimidad, lo mismo que otros hablan catalán, un hábito, como todo el mundo sabe, masturbatorio, pecaminoso y poco elegante para practicar en sociedad.

Total, que así nos luce el pelo.

El de la dehesa, mayormente.

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