Zenda http://www.zendalibros.com Autores, libros & cía Fri, 24 Mar 2017 08:03:37 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.3 Primeras páginas de Clítoris, de Germán Sánchez Espeso http://www.zendalibros.com/primeras-paginas-clitoris-german-sanchez-espeso/ Fri, 24 Mar 2017 06:12:46 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21890 Primeras páginas de Clítoris. Juegos para dar placer a la mujer amada, de Germán Sánchez Espeso, premio Nadal en 1979. Un libro provocador, además de un ensayo que es tanto una declaración a la(s) mujer(es) amada(s) como un repertorio sui generis de técnicas sexuales.   Prefacio Cuando mi amiga Alicia me preguntó de qué trataba...

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Primeras páginas de Clítoris. Juegos para dar placer a la mujer amada, de Germán Sánchez Espeso, premio Nadal en 1979. Un libro provocador, además de un ensayo que es tanto una declaración a la(s) mujer(es) amada(s) como un repertorio sui generis de técnicas sexuales.

 

Prefacio

Cuando mi amiga Alicia me preguntó de qué trataba el libro que estaba escribiendo, le respondí que de prácticas sexuales. Siguiendo adelante en la conversación, tuve que aclararle que se trataba de unas prácticas que intentaban plantear una de esas turbias cuestiones al modo como lo hacen los espiritistas y los ufólogos cuando se preguntan si hay vida después de la vida, o si hay vida más allá de nuestro sistema planetario. Mi pregunta, respecto al sexo, sería si hay sexo más allá del sexo, es decir, más allá del sexo tal como lo entendemos en nuestra temblorosa y apocada sociedad.

No suelo dejar leer los manuscritos de mis libros. Pero ante la insistencia de Alicia, sucumbí a la debilidad de entregárselo, en la creencia de que ella habría pisado alguna vez el otro lado del espejo y que, por lo tanto, sería capaz de entender mis propuestas. Cuál no sería mi asombro cuando, al concluir su lectura, me confesó que no había leído nada parecido en su vida, esto dicho en sentido peyorativo. Y añadió que no le cabía en la cabeza cómo era posible que alguien hubiera escrito algo tan irresponsable que incitara a los lectores a la práctica de tan extravagantes ritos.

Sí, Alicia había pisado el otro lado del espejo después de hacerlo añicos. Y ahora no me queda más remedio que llenar esta especie de pliego de descargos, o de declaración de principios, para salvar mi honor o simplemente para desahogarme. ¿Hay algo más íntimo y generoso que dar a probar la propia sangre y recibirla en el acto supremo del amor? Dijo Alicia que no había leído nada semejante en su vida. ¿Se le ha pasado por alto que se han levantado religiones sobre ritos en los que los dioses reclaman la sangre de sus devotos o son los mismos dioses los que les dan a beber la suya propia?

Los donantes de sangre suministran en cada extracción alrededor de medio litro por amor al prójimo. ¿Por qué me ha de criticar Alicia por proponer dar alrededor de medio mililitro a nuestra amada con ese mismo propósito? ¿Soy un irresponsable por eso? ¿Por qué no piensa ella que el irresponsable es su amante? ¿Acaso cree él que su amada no es capaz de recibir más de lo que él le proporciona? ¿Por qué no es ella la que se siente irresponsable? ¿No se cree capaz de recibir más de lo que él le da?

Además, ¿acaso está obligado alguien a practicar lo que aquí se propone? Astra inclinant, non necessitant. Si las estrellas inclinan pero no obligan, cuánto menos un sencillo epítome sin otra pretensión que ampliar el horizonte de los que se sientan atraídos por unas nuevas expectativas que, en último término, estarán siempre supeditadas al apetito sexual de cada uno. Aquellos a los que su apetito no les lleve tan lejos, pueden leerlo simplemente como un relato de aventuras o una novela de amor.

Primera parte

Preparativos

1

La mesa y la cama

Frenesí copulador

Hasta un colegial sabe que los dos principales mecanismos que han empujado hacia delante la evolución de las especies hasta alcanzar el estado en el que las conocemos, es decir, en el que podemos conocernos a nosotros mismos, son el acto de comer (instinto de la propia conservación) y el de copular (instinto de la conservación de la especie). Y hasta un colegial puede constatar que ambos han mantenido con el tiempo un ritmo de progreso radicalmente distinto.

De una parte, la imaginativa elaboración de los alimentos ha alcanzado cotas tan sublimes como las de convertir una castaña en marron glacé, un puñado de uvas en champán, o el hígado de una oca, a la que hemos provocado una esteatosis severa, en micuit. No llegaré tan lejos a la hora de reivindicar una mayor elaboración del acto del amor en este libro, pero no seré remiso al proponer el uso, en favor de la amada, de algunas especiales atenciones.

Ciñéndome a lo que se llama “relación de pareja”, y dejando a un lado el asunto de la prostitución caprichosa, me atreveré a afirmar que, en la práctica del sexo, apenas hemos abandonado, por así decir, la carne cruda. Expresado de una forma antropológica, apenas hemos abandonado las cavernas. Y, en algunos casos, en la pareja de larga duración, hemos retrocedido incluso hasta el lugar que ocupan en la escala evolutiva los platelmintos. Hay quien puntualizará que los platelmintos no practican el sexo. A eso precisamente me estoy refiriendo.

Lo cual resulta mucho más insólito si advertimos que estamos hablando de una especie en la que el instinto sexual es tan acuciante que la ha convertido en la única del reino animal que no reduce sus apetencias a un periodo determinado de celo, sino que es apremiada por el ardor durante toda su vida sin interrupción. De modo que el ser humano ha sacado permanentemente fuera de la cavidad bucal las mucosas, mostrándolas en forma de dos repliegues carnosos que son los labios y que sirven de poderoso reclamo sexual.

No somos inocentes respecto al modo de afrontar la sexualidad. Al menos, la existencia nos tratará como si no lo fuéramos. Muchas veces, ese modo es un reflejo del modo de afrontar la vida y, en consecuencia, de recibir de ella una u otra retribución. Por eso, no me limitaré a mostrar la pura mecánica de una serie de actividades más o menos novedosas, sino que dedicaré algunas reflexiones a la forma de entender ciertas facetas de la vida que, por fuerza, han de condicionar la manera de entender la sexualidad de un modo libre e imaginativo.

Considero un error despreciar esta extraordinaria fuente de placer que no se agota en el universo físico, sino que incluye también una admirable dosis de placer psíquico, que otros llaman “espiritual” o “místico”. En correspondencia, tampoco los místicos excluyen, en sus consolaciones de altos vuelos, el placer sexual, aunque lo exresen a su modo con su peculiar nomenclatura, pues los placeres, físicos y psíquicos, no ocupan departamentos estancos.

No debemos restar importancia a la impresionante pulsión genital que nos ofrece la perentoria e inquebrantable sexualidad, en especial la masculina. Para darle una cabal trascendencia no es necesario que nos hagamos feligreses de la religión del psicoanálisis, en la que se enseña que la represión sexual es causa de complejos y neurosis; nos bastaría con admitir que la prostitución no sólo es el oficio, y por lo tanto el negocio, más viejo del mundo, sino el único valor que, si hubiera cotizado en bolsa, jamás habría sufrido un desplome.

De hecho, esta incansable y poderosa máquina de gozar, autodenominada, acaso exageradamente, Homo sapiens, está llevando su enloquecido frenesí copulador-reproductor a tal extremo que, en un brevísimo periodo de tiempo evolutivo, ha multiplicado su número de individuos en una escalofriante progresión que está acabando con el resto de las demás especies.

 

La responsabilidad del útero

Intentaré esbozar uno de los motivos, acaso el principal, que ha originado semejantes diferencias entre la elaboración del placer de la mesa y el de la cama. No resulta difícil entrever que el placer de la cama está relacionado, en primer lugar, con las consecuencias que acarrea. Podemos vislumbrarlo en las especies animales. Todos hemos tenido oportunidad de contemplar el comportamiento de algunas hembras de los mamíferos superiores; pongamos por caso, el de una joven cierva que ha presenciado atentamente cómo dos machos peleaban entre sí hasta la extenuación, e incluso la muerte, con la intención de poder poseerla en exclusiva. (Amplío este comentario en el anexo 2, titulado “Del macho dominante”).

Pero cuando el vencedor se ha acercado por fin a la hembra para cobrar su trofeo, ella ha dado media vuelta y ha huido. ¿Para eso ha prestado tanta atención a las sonoras embestidas de sus pretendientes? ¿No parecía aguardar a que el vencedor terminara su faena para entregarse a él? ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ha salido corriendo? No se me ocurre sino insinuar que ella, en cierto modo, sabía lo que iba a acarrearle el hecho de que el macho la poseyera; mejor dicho, ella no lo sabía, pero algo dentro de ella sí lo sabía.

Me atrevo a suponer que todas las hembras llevan en su interior lo que yo llamaría la responsabilidad del útero. No olvidemos que el macho es el que monta alegremente, y la hembra la que carga con las consecuencias de esa monta. En la especie humana, esta reticencia de la hembra suele ser una constante con raras excepciones. Pero, una vez liberada de esa rémora, ella es capaz de desarrollar unas posibilidades que exceden con creces las de él, pues la fuente de su placer es continua, creciente y casi ilimitada. En cambio, el macho se vacía en cada embate y es preciso aguardar a que se reponga, con el agravante de que esta operación conlleva, con el paso de los años, cada vez más demoras y menos alcances.

 

Sometimiento y uniformidad

En las sociedades humanas, a esa responsabilidad “particular” de la hembra hay que añadir una hábil maniobra “social”. Los poderes materiales y espirituales se han aliado para mantener una eterna campaña de desprestigio del placer sexual y del acto que lo proporciona, amparándose tanto en su “sacralidad” como en su “responsabilidad social”.

El remilgo de las religiones bíblicas respecto al acto sexual no ha servido ni siquiera para invitarnos a ahondar en su “sacralidad”. Simplemente ha logrado que sus fieles lo ignoren. Por el contrario, algunos cultos orientales, como los tántricos o los hindúes, lo han elevado efectivamente a la categoría de sagrado. Acaso por eso han podido tratarlo con naturalidad en sus escritos, lo han incorporado sin paliativos a su filosofía e incluso lo han representado en los bajorrelieves de sus templos con lo que a nosotros nos puede parecer una impúdica profusión.

No cabe duda de que ambos poderes, los materiales y los espirituales, cuando se han aliado para silenciarlo o sencillamente para vetarlo por donde más gozan y por donde más les duele: por sus órganos genitales, de modo que placer, generación y prole han quedado hábilmente sometidos a sus intereses.

Esa especie de castración colectiva resulta mucho más paradójica si tenemos en cuenta el ansia infatigable de superación que alienta al ser humano en el resto de sus actividades. Lo cual nos da derecho a suponer que los poderes políticos y religiosos no han sido la única causa de esa capitulación o, si lo han sido, se han apoyado en dos factores que residen en nuestro propio interior y que conforman dos tendencias innatas e irresistibles que nos han configurado psicológicamente como especie social. Estas dos tendencias son el sometimiento y la uniformidad.

Por lo tanto, es muy entendible que nos resistamos a cultivar unas prácticas sociales (en el caso de este libro, unas prácticas sexuales) que tengan un carácter novedoso, y que tendamos a evitar, e incluso a denostar, todo aquello que nos saque fuera del refugio protector de lo establecido y nos aleje de los cauces, más bien férreos, marcados por la sociedad. Oscar Wilde se quejaba de que vivir dentro de la sociedad era un fastidio, pero vivir fuera de ella era una tragedia. Él tuvo sobrados motivos para afirmarlo. (Amplío estos conceptos en el anexo 3, titulado “Del sometimiento y la uniformidad”).

La represión se ha cebado sobre todo en el género físicamente más débil: la mujer. Entre los muchos ejemplos de la barbarie ejercida contra ella a la largo de la historia, citaré algunos de los más populares, como el cinturón de castidad cristiano, el burka musulmán, los pies vendados chinos y la infibulación africana.

Cabría afirmar que estas crueldades han sido posibles por el simple hecho de que el macho es físicamente más fuerte que la hembra, aunque mentalmente (como macho, no como ser humano) es más elemental. Además, en nuestro caso, pertenecemos a una especie de animales carniceros, hechos para la pelea y la caza y poco inclinados a la tolerancia y la piedad. De veras que me gustaría contemplar al orgulloso macho humano si la hembra de nuestra especie le superara en pujanza y crueldad. Más de uno llevaría bozal y permanecería atado a la pata de la cama.

Prueba de que lo que estoy insinuando no va muy descaminado es que, en algunas especies animales en las que el macho es más débil que la hembra, suele salir bastante malparado de sus encuentros con esta. Es conocido el comportamiento de la viuda negra y la mantis religiosa, que una vez terminado el coito, y puesto que la recién fecundada necesita un aporte extra de proteínas, lo primero que hace es comerse al novio.

 

2

Puntualizaciones previas

Confidencias

Quizás haya algunos lectores que piensen que hallarán aquí profundos conocimientos. Les diré que están equivocados. No encontrarán erudición alguna sobre los sorprendentes dispositivos que ponen en movimiento el alado carro del placer. Tampoco los anexos les proporcionarán visiones panorámicas de los temas enunciados, sino simples aclaraciones, o reflexiones, y, en la mayoría de los casos, sencillas excursiones con puntos de vista personales, puestos exclusivamente al servicio de la práctica.

Es cierto que en ocasiones me demoraré en los significados secretos de algunos de los mecanismos que vamos a activar o en el espíritu con el que debemos emprender su activación, pero sólo las necesarias para poder ahondar en la materialidad y el significado de nuestro elenco de ejercicios y con el único designio de extraer de ellos el máximo partido. Esto supondrá que acometeré consideraciones que podrán parecer caprichosas o superfluas, pero que de ninguna manera lo son. Digo “nuestro elenco” en plural, puesto que, desde este momento, pasan de mi jurisdicción a la vuestra con todas sus consecuencias. Y digo “consideraciones que podrán parecer superfluas”, ya que el hecho de que muestre aquí unas experiencias poco convencionales me obliga a intentar comunicarlas con extrema exactitud, y, por supuesto, también obliga a los lectores a ponerlas en práctica del mismo modo.

Espero que, cuando terminéis la lectura de este vademécum, si antes no lo habéis arrojado lejos de vosotros, lo hayáis encontrado tan llano como pueden serlo unas confidencias de sobremesa; y podáis convenir en que su propósito es, o quiere ser, algo parecido a un amigable intercambio de experiencias, como el que podrían mantener dos ingenieros de la NASA acerca de las bondades de ciertas mezclas propulsoras para atmósferas enrarecidas.

Lo cual no significa que, a pesar de todo lo dicho, vaya a quedar excluido ningún lector aficionado a los sólidos pensamientos, pues tanto para exponer debidamente estos ejercicios como para practicarlos apelaremos a un no pequeño grado de excelencia tanto mental como sexual. Es preciso saber desde el principio que nos incumbe un trabajo que no se atiene a ese género de manuales de técnicas sicalípticas que pueblan los anaqueles de las librerías, puesto que aquí se proponen algunas recetas exclusivas que se alejan de todas las minutas. Dicho de otra forma, el lector debe estar dispuesto a emprender un viaje en solitario, con el clítoris de nuestra amante como única aguja de bitácora.

 

El itinerario

En este trayecto descubriremos terrenos que están mucho más allá de los masajes, dejaremos atrás los artilugios al uso y los unguëntos, y en los únicos perfumes en los que nos sumergiremos serán los que exhalan los últimos rincones del cuerpo de nuestra amada, por no decir que, traspasando todas las barreras, encararemos aquello a lo que los místicos se referían cuando hablaban del suave olor del misterio de lo inalcanzable. Con eso será precisamente, con lo inalcanzable, con lo que competiremos.

Tampoco apelaré a respiraciones yóguicas ni a mantras tántricos ni a estrambóticas posturas. No es que me incline por evitarlos. Pero no es un área que ataña a este libro. Dejaremos también a un lado los mediocres fantasmas del pudor y del miedo, huéspedes innecesarios que han terminado por parecernos compañeros afables, e incluso honestos, tras habernos habituado a compartir con ellos techo y almohada.

Tampoco habrá sartas de bolas, ridículas mordazas o intrincadas anillas de castigo. Sólo contaremos con los sencillos instrumentos que nos proporciona nuestro organismo, y con media docena de los más puros elementos primarios de la naturaleza. Tampoco habrá inhalaciones psicotrópicas ni bolsas asfixiantes ni ceras derretidas, y cuando hagamos referencia al fuego, utilizaremos la palabra en su sentido místico, tal como la emplean los santos.

 

Aquí y ahora

Para ser completamente sincero confesaré que no me gustaría que, en un tema como este, los adeptos a los juegos que propongo se lanzasen a dar puntadas sin hilo, como se dice, y fuera a mí al que se le pidieran luego cuentas por culpa de su torpeza. Quiero dejar también claro que tales juegos están pensados fundamentalmente para dar placer a la mujer. Lo siento, amigos, pero esto es lo que hay. Respecto al hombre, obtendrá su cupo de placer en la medida en la que él, si le es posible desembarazarse de su tosquedad, goce administrándoselo a ella.

En esto consistirá nuestro primer acercamiento: en venerar ese recóndito recipiente tras el que van nuestros suspiros (pues de él hemos salido) y, por extensión, venerar la totalidad del templo vivo que lo contiene y protege. Y lo proclamo con entera llaneza. Soy de los que opinan que, puesto que nací entre las piernas de una mujer, me gustaría entregar la vida en el lugar donde la recibí.

Añadiré que no pretendo ser ambicioso ni erigirme en gurú de nada ni de nadie. Mis propuestas parecerán peregrinas a algunos, cuando no escandalosas; unos las juzgarán demasiado primitivas y otros demasiado evolucionadas. Quizá sólo sirvan de puntos de referencia para intentar intuir qué es en lo que estamos metidos cuando hacemos el amor, o qué es lo que puede haber detrás de algo de lo que realmente no entendemos o no nos hemos propuesto nunca entender; o quizá sólo sirvan para mostrarnos cuál debe ser nuestra disposición respecto a las atenciones que debemos dispensar a nuestra amada y reflexionar sobre este extremo.

Pero de lo que sí estoy completamente seguro es de que estas recetas no van a dejar a nadie indiferente, y de que todos, a lo largo de su lectura, se sentirán seriamente interpelados. Tanto los mecanismos que contienen, como los registros que tocan, hacen que sus significados profundos entronquen con las raíces de nuestro inconsciente colectivo, del que surgieron, hace decenas de milenios, los temores universales, los mitos, los ritos, los cultos y toda esa generosa parafernalia de supersticiones institucionalizadas que nos envuelven y aletargan.

De todos modos, me conformaría con que este libro no tuviera otro sentido que el de hacernos entrever lo que nuestros oscuros augures no nos han permitido admitir: la bondad de todos los gozos, incluidos los denostados placeres del sexo; de manera que pueda obrarse en nuestra mente la ruptura de la falsa línea divisoria establecida entre lo decente y lo indecente, lo bueno y lo malo, el alma y el cuerpo, el cielo y la tierra. (Especulo sobre algunas de estas vicisitudes en el anexo 7, titulado “De las terapias ocupacionales”).

Cualquiera que sea el grado de aprovechamiento, daré por bien empleado mi empeño. Porque entonces podrá suceder que destronemos de las profundidades de nuestra mente a algunos falsos dioses revestidos de una lejana e ilusoria luz de la verdad. (Sobre este concepto trata el anexo 8, titulado “De los falsos dioses”). De este modo, volveremos el rostro hacia la vida tal como es, con su gozosa abundancia, cuya aceptación estoy seguro de que complacerá a algunos otros dioses que se prestarán también a colmarnos de la única dicha constatable: la delos bienes que la vida nos ofrece aquí y ahora, y que aún estamos a tiempo de que no sigan escapándosenos entre los dedos, y de la que es lógico que nuestro maltrecho espíritu esté ávido.

Bienvenidos sean esos lectores a este reino.

 

3

El recipiente de los deseos

 

El infatigable ciclo

Puede parecer que estoy inclinando demasiado mi admiración por la hembra en disfavor del macho. Y así es. Los mecanismos fisiológicos del macho, y por lo tanto los psicológicos, comparados con los de la hembra, resultan de una elementalidad que asombra. Es posible que ellas tengan “envidia del pene”, en opinión de un médico vienés de principios del siglo pasado, pero de poco más. (Reflexiono acerca de la teorización sobre el sexo en el anexo 9, titulado “De la teoría y la práctica”).

El principal cometido que la genética ha asignado al macho, como ya he apuntado, es el de salir victorioso de la pelea con otros machos para poder surtir de un semen de campeón al mayor número posible de hembras. Para ello sólo ha requerido fuerza bruta y una adecuada cánula de inyección. Por eso, la pasión masculina no ofrece demasiadas garantías. Los hombres, la mayoría de las veces, no son sino prostitutas que trabajan gratis.

El cometido de la hembra, en cambio, es otro. Su admirable vientre elabora un óvulo, lo madura y lo adorna con una compleja dote de nutrimentos. Luego, el ufano óvulo aguarda a la puerta de su palacio un par de días. De no recibir en ese tiempo la esperada visita, el desdichado se precipitará marchito para venir a convertirse en una triste mancha de sangre en un paño sucio. Y el útero volverá a iniciar pacientemente el infatigable ciclo.

Esos recursos femeninos están provocados por una serie ininterrumpida de diferentes clases de descargas (¿sería exagerado llamarlas choques?) hormonales, lo cual supone que su útero está sometido a esa procelosa actividad de los diversos elementos que gobiernan nuestros destinos fisiológicos. Y puesto que la psicología está, lógica y naturalmente, al servicio de la fisiología, podemos inferir la inagotable riqueza de anhelos, sensaciones, novedades, proyectos, inquietudes y vivencias que visitan su ánimo durante todo el sofisticado proceso.

 

El aroma sexual

No terminan aquí los motivos de mi pleitesía. ¿No es la hembra la portadora del “aroma sexual” que orienta los deseos y, por tanto, los movimientos del macho, y que, en consecuencia, rige el curso de la evolución de las especies? ¿No es la hembra la reina de la vida, puesto que ella la gestiona y la gobierna? ¿No está todo sometido a la vida, y la vida sometida a ella? ¿No es la hembra el recipiente de los deseos y el nido de los logros? ¿Y qué es el macho, en ese juego de fuerzas, sino una limadura de hierro en presencia de un potente imán? ¿Qué es toda esa riqueza de matices que ella posee, en comparación con la chata fisiología asignada a ese ser que no es más que un sembrador de espermatozoides? ¿O acaso estoy demasiado influido por mi débito a la madre? ¿O por mi propia dependencia de ese “aroma sexual”?

 

4

El místico promontorio

 

Cautelas

Antes de abordar las prácticas de las que trata este vademécum, me parece oportuno insistir en las cautelas con las que debemos actuar. Resulta innecesario advertir que no todas las mujeres tienen la misma sensibilidad para estas cosas, o puede que su sensibilidad varíe en el tiempo. Tratándose de ellas, o, mejor dicho, de sus hormonas, las cosas pueden cambiar de signo con relativa facilidad. Por exceso o por defecto, ellas a veces cabalgan desnudas sobre sus pasiones como lo hizo Lady Godiva sobre su corcel. Hablaremos de esto con más detenimiento cuando nos apliquemos al excelente uso de los bombones en el capítulo 8, titulado precisamente “El galope de Lady Godiva”.

Por eso, si nos atreviéramos a llevar a cabo algunos de los ejercicios que vienen a continuación, deberíamos regirnos no por nuestra intuición masculina para estas cosas, de la que a menudo carecemos, sino por la observación directa del comportamiento de nuestra compañera. Incluso podríamos sonsacarle sus preferencias mediante un hábil y discreto diálogo que no destruyera la mágica intimidad del momento. Digo muy conscientemente “discreto” porque la sutileza erótica tampoco es una habilidad frecuente en el macho.

Para que nadie se lleve a engaño, insistiré en que voy a circunscribirme fundamentalmente a juegos relacionados con el clítoris, dejando a un lado el estudio de ejercicios no poco provechosos relacionados con otras zonas, como son la oreja, el cuello o el perineo.

Conocer el verdadero sentido de la palabra clítoris, de origen griego, que significa “montículo”, nos ayudará a entender la intención con la que utilizo en ocasiones algunas palabras y conceptos. La raíz cli hace referencia a la idea de ascenso o subida. De ahí los términos inclinación y clímax. Este último significa “llegar a la cumbre”, y se utiliza, agotando el símil, para designar el hecho de alcanzar el orgasmo.

Los seres humanos hemos otorgado un carácter extraordinario a los montes y altozanos. Quizá se deba a que desde su altura podemos otear un horizonte que resulta, al mismo tiempo, placentero y amenazador, pues a veces se carga de huestes enemigas. Por otra parte, hemos conferido con asiduidad a sus cumbres un valor sagrado, en la creencia de que están más cerca del ansiado cielo. El caso es que las cumbres nos han parecido unos lugares excelentes para albergar sucesos espirituales, o las hemos elegido para desarrollar experiencias místicas, o incluso les hemos asignado el inalcanzable cometido de ser la morada de los mismos dioses.

¿Qué grupo filosófico, ritualista u ocultista no ha concedido un carácter espiritual a una o varias de sus cumbres preferidas? ¿Qué región, qué pueblo, que horda no tienen una protuberancia en la que habitan algunos de sus anhelos invisibles? El Sinaí judío, el Olimpo griego, el Ararat musulmán, el Kailas budista, el Huashan taoísta, el Calvario cristiano, el Carmelo místico, encabezarían una inacabable lista de montes sagrados.

 

Hacia la cumbre

Lo cual me autoriza a declarar sagrado, desde este instante, el promontorio que nos ocupa, y mística nuestra ascensión a su cumbre. Por cierto, que es una cumbre muy particular. Al contrario de las otras cimas, no opone dificultad a quien la escala, sino que sale al encuentro del visitante y goza al ser hollada y sometida. Sólo conozco otro pináculo, el pene, parejo a esa pequeña cumbre, excelso también y más arrogante aún, que te busca cuando le buscas, y está pronto, en todo momento, a entregarse hasta la total extenuación, al que no puedo menos de rendir un homenaje, que será el primero y el último en este libro.

En nuestro camino ascendente nos guiarán unas reflexiones y prácticas situadas más allá de la experiencia cotidiana de nuestros sentidos. Traspasando los lindes del mero actuar, contemplaremos el interior de nuestra carne con ojos que no son de la carne, y miraremos directamente a la divinidad prohibida. En nuestras nuevas experiencias se sumará el abismo del conocimiento inmediato al del gozo deseado largamente, fecundándolo y dilatándolo según nuestra propia habilidad y la medida de nuestra compañera.

Este camino, como todo camino místico, es ascendente. Para recorrerlo con provecho, utilizaremos los conceptos contrapuestos de fuego y hielo, dolor y placer, húmedo y seco, suave y áspero, duro y blando, y practicaremos con los materiales primarios con los que ha contado el ser humano desde los comienzos para sus ritos: el agua, la madera, la seda, el licor y la sangre. Como ya habréis intuido, es una senda que se origina en la tierra y se va purificando en su progresión. Comenzaremos el viaje con el hielo, ascenderemos con el gusano de seda por el tallo, alcanzaremos el fruto que nos proporciona licor y, a través de la sangre, ingresaremos en lo más profundo del ser humano, que es su corazón, que son sus sueños.

Recomendaría efectuar este peregrinaje con la misma compañera. Sin embargo, es posible que ella no reúna las condiciones necesarias para completar el recorrido tal como lo propongo. Pero estoy seguro de que, si ponemos un mínimo de atención a sus apetencias, se dará el momento oportuno en el que podamos obsequiarla al menos con alguno de los ejercicios. Habrá también quien sienta cierto rechazo no sólo de ponerlos en práctica, sino incluso de que los pongan en práctica los demás. Esto sería una muestra de que no estoy demasiado equivocado respecto al desprestigio en el que ha caído la sofisticación de los placeres de la cama respecto a los de la mesa.

De todos modos, concedo que es necesario que tengamos conciencia en cada momento de los aventurados juegos que vamos a iniciar y de las delicadas zonas a las que van dirigidos, que van a ser objeto de nuestras devotas atenciones, y de los peligros que puede entrañar cualquier imprudencia al respecto. Lo advierto de una forma categórica. El que no esté completamente seguro de lo que se trae entre manos es preferible que se una al ejército de los pusilánimes, sonría ante lo que va a descubrir en este libro y no emprenda otra aventura que la de leerlo.

Cada uno debe saber también que, a partir de este momento, queda abandonado a su suerte. Pero antes quiero dejar apuntado que hay dos experiencias que ensanchan los caminos de la felicidad: una es dar plena satisfacción a nuestro instinto de curiosidad; la otra, derivada de esta, es entender que todas las cosas, hasta las que parecen más intrincadas, tienen su lado afable, que no debemos desperdiciar. Nada existe en este mundo que no sea poliédrico, es decir, que no posea distintas facetas que mostrarnos. Es precisamente el giro de la joya lo que la hace brillar y, por tanto, ser joya.

Autor: Germán Sánchez Espeso. Título: Clítoris. Editorial: Laetoli. Venta: Amazon y Casa del libro

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El tren ya llega, el tren ya llega, el tren ya llega http://www.zendalibros.com/tren-ya-llega-tren-ya-llega-tren-ya-llega/ Fri, 24 Mar 2017 05:47:01 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=22012 Aquello no sonaba: ¡Se derramaba! Algo así como un océano de violines que crece dentro de un túnel. Yo tenía 15 años. Entonces —como hoy— todo me parecía desgarrador, decisivo, sublime. La diferencia, claro, es que en aquellos días no tenía mucho repertorio de dónde escoger. Así que mis cuatro cachivaches —las novelas de Oscar...

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Aquello no sonaba: ¡Se derramaba! Algo así como un océano de violines que crece dentro de un túnel. Yo tenía 15 años. Entonces —como hoy— todo me parecía desgarrador, decisivo, sublime. La diferencia, claro, es que en aquellos días no tenía mucho repertorio de dónde escoger. Así que mis cuatro cachivaches —las novelas de Oscar Wilde y Stendhal que memorizaba, y los dibujos de la Quinta del Sordo de Goya que recortaba de los laminarios del instituto— retumbaban en mi cabeza con más intensidad de lo normal. Por eso, cuando escuché Home, aquella canción del álbum Ultra de Depeche Mode, un mundo se abrió ante mí y más nunca se volvió a cerrar. Algo así como partirse la cabeza para toda la vida.

Corría el año 1997 y aunque sé que esa fue la fecha en la que compré el single —aquel objeto de colores vivos, con un dibujo de Emma Corbijn en la portada— que aun conservo entre mis cosas, mi hermana me ha hecho saber —veinte años más tarde— que quien realmente lo compró fue ella. Yo, que pensé que me había hecho con el disco en aquella tienda en Londres, caí en cuenta de que no fue del todo así. Me sentí como una impostora; alguien que falsea sus recuerdos y sus pertenencias. Con aquel single de Depeche Mode hice lo que con las obras completas de Borges: robarlo de la habitación de mi hermana, llevarlo a la mía y atribuirme su hallazgo.

"Todavía hoy soy capaz de reconstruir el hechizo que produjo en mí aquel comienzo potente de batería y sintetizador que iba avanzando, misterioso, hacia un arreglo orquestal."

Sin embargo tengo la certeza de no mentir. Realmente puedo reconstruir el momento en que escuché Home. Me recuerdo, de pie en una tienda monumental, aislada gracias a unos audífonos unidos por un cable cortísimo al mostrador de los discos más escuchados. Todavía hoy soy capaz de reconstruir el hechizo que produjo en mí aquel comienzo potente de  batería y sintetizador que iba avanzando, misterioso, hacia un arreglo orquestal. “Here is a song from the wrong side of town/ Where I’m bound to the ground by the loneliest sound/ And it pounds from within and is pinning me down …”. Aquella canción que hablaba de volver a casa. De estar a salvo.

Algo me obliga a pensar que si lo evoco de esa forma es porque así ocurrió, aunque en el fondo se trate de un robo. Quizá el recuerdo de haberlo comprado se trate de una forma de falsear la verdad, de esconder un hecho: las cosas realmente buenas —los poetas, los libros, las libretas, los bolis, los discos—, los había visto mi hermana primero y yo me limitaba a cogerlos sin permiso de su habitación: ese reino al cual acudía puntualmente para expoliar sus tesoros.

"Entonces yo creía que el mundo era aquella ciudad inmensa en la que gente viajaba en trenes modernísimos y todo el mundo se parecía a los hermanos Gallagher."

El single de Depeche Mode le costó a mi hermana dos libras con noventa y nueve, que es el precio que todavía marca la caja de cartón del disco. Corría el año 1997. Yo tenía 15 años y viajaba por primera vez a Europa. Entonces Tony Blair estaba en el número 10 de Downing Street, los Clinton ocupaban la Casa Blanca, nadie hablaba del Brexit, ni nosotras vivíamos en un país gobernado por simios. Yo —claro— ya no vivo en ese país, pero ella sí, lo cual hace mis recuerdos aun más salobres. Entonces yo creía en el progreso. En la fe lineal de las revoluciones industriales: que las cosas irían siempre a mejor. Que el mundo era aquella ciudad inmensa en la que gente viajaba en trenes modernísimos y todo el mundo se parecía a los hermanos Gallagher. Descubrir que aquello no era así me tomó su tiempo.

Todo esto viene a mi mente, se me junta en el cielo de la boca y me aprieta como un nudo en la garganta mientras escucho Where’s The Revolution, el sencillo del nuevo disco de la banda británica: Spirit, el álbum número catorce de Depeche Mode. Escuchándola, he descubierto una de las canciones más lúcidas, desencantadas, irónicas e inteligentes que sobre nuestra actualidad alguien haya conseguido escribir. Es un retrato del mundo roto donde gobiernan Trump y Erdogan, aunque no se les mencione jamás. En ella están los pañales sin cambiar de los indignados, las piernas pesadas de quienes siempre votan al gobernante equivocado, el ritmo industrial de una marcha triunfal para perdedores… El soniquete de nuestros desaciertos.

En el vídeo de Where’s the revolution?, una joya de Anton Corbijn —el genio que me dejó de piedra con aquel Heart-Shaped Box, de Nirvana— se puede ver a David Gahan, Martin Gore y Andrew Fletcher disfrazados con barbas a lo Karl Marx y moviendo los brazos como las ruedas de una locomotora. “The train is coming, the train is coming, the train is coming… So get on board”. (El tren ya llega, el tre ya llega, el tren ya llega… Así que súbete”. Dan risa y ganas de llorar. “The train is coming, the train is coming, the train is coming… So get on board”.

"Pensé en mis falsos recuerdos, en la época lejana de los hallazgos y las emociones, aquella donde la música de verdad importaba, porque se te quedaba metida en el corazón como un verso de Hamlet."

Al escuchar ese estribillo, me di cuenta de que todo había cambiado y que, al mismo tiempo, seguía siendo igual. Que quienes ya reventaban a pedradas mi corazón con letras que me parecían verdades reveladas volvían a hacerlo, casi 20 años después. Que en todo ese tiempo no ha surgido nadie capaz de interpretar su tiempo como ellos lo han hecho con éste. ¿Tenían que ser unos veteranos como los Depeche los únicos capaces de contar en el espectro de la cultura de masas la tragedia de vivir en un mundo que no progresa?

Pensé en mis falsos recuerdos, en la época lejana de los hallazgos y las emociones, aquella donde la música de verdad importaba, porque se te quedaba metida en el corazón como un verso de Hamlet. “The train is coming, the train is coming, the train is coming… So get on board”. Nacer en los ochenta, sobrevivir a los noventa –su Perestroika, sus Balcanes, su FMI en América Latina- y llegar al nuevo siglo exhaustos de un fin de ciclo muy largo. Nada de cuanto pensé en la época de Home era cierto. Probablemente ni siquiera el recuerdo que pueda llegar a tener de aquel tiempo. “The train is coming, the train is coming, the train is coming… So get on board”. El tren ya llega. Así que súbete, o arrójate.

Vídeo: Where's the Revolution, de Depeche Mode

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Boabdil, el príncipe del día y de la noche http://www.zendalibros.com/boabdil-el-principe-del-dia-y-de-la-noche/ Fri, 24 Mar 2017 05:45:17 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21973 “Sólo tú has sabido verme”, dice Vera, protagonista del film La puta y la ballena (Luis Puenzo, 2004), al ciego Solá. A Boabdil le pasa algo parecido: muchos novelistas han recorrido la figura histórica —mitificada hasta el exceso, con frecuencia—, del último sultán de Granada, pero muy pocos han sabido encontrarlo en esa maraña de estereotipos...

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“Sólo tú has sabido verme”, dice Vera, protagonista del film La puta y la ballena (Luis Puenzo, 2004), al ciego Solá. A Boabdil le pasa algo parecido: muchos novelistas han recorrido la figura histórica —mitificada hasta el exceso, con frecuencia—, del último sultán de Granada, pero muy pocos han sabido encontrarlo en esa maraña de estereotipos que convirtieron al Zogoibi (El Desventurado) en un personaje mestizo entre historia y leyenda. No diré que Antonio Enrique (Granada, 1953) sea el único, pero sí uno de los pocos autores de los que cabía esperar una visión inexorable en lo que concierne a la recreación histórica y una poderosa voz literaria, conductora de esta narración sobre los últimos tiempos y aflicciones del rey nazarí.

Decía —y mantengo—, que de Antonio Enrique y su novela, Boabdil, el príncipe del día y de la noche, podía esperarse este resultado, porque si algo ha demostrado en su extensa trayectoria ha sido una rotunda impermeabilidad a modas y romances, su caballerosa firmeza en la senda de una literatura dulce como sabia, minuciosamente trabajada en sus hechuras y exquisitamente ofrecida a los lectores. No cabe en este autor otra concepción de lo literario: o generosa entrega al conocimiento y arte de escribir, o nada. Da cuenta de ello, nuevamente, en esta novela soberana entre las de su género y tema; una narración que comienza con las imágenes apocalípticas de Boabdil mientras contempla la exhumación de sus antepasados, en el cementerio real de Granada, para trasladar los restos sepulcrales de la dinastía nazarí a la ciudad de Mondújar, donde quedarán a salvo de la temida profanación a manos de los nuevos dueños de Granada, los ejércitos de Castilla y Aragón.

"Contada por Boaddil, es la dramática historia de una civilización desesperada, obsesionada por sobrevivir, enfrentada a un final que todos intuyen inevitable."

Conforme aparecen los despojos de reyes, esposas, hijos, concubinas y otros familiares, traza la voz narradora —la del mismo Bobadil— una estremecida memoria de la estirpe que ejerció su poder en el antiguo reino durante dos siglos y medio, por mano de veinticuatro monarcas, entre los cuales hubo reyes prudentes y perfectos insensatos, vencidos por la melancolía y rapaces en su ambición conquistadora, absortos en la contemplación ascética y lujuriosos por naturaleza, apasionados de la ciencia y traidores homicidas. La historia de los nazaríes es una relación vertiginosa, a menudo sangrienta, de luchas palaciegas, guerras civiles, intrigas, asesinatos… Contada por Boaddil, es la dramática historia de una civilización desesperada, obsesionada por sobrevivir, enfrentada a un final que todos intuyen inevitable. Por ese motivo la exhumación de los reyes difuntos posee tal fuerza narrativa, esa capacidad de impacto en el lector; representa el epílogo de una terrible resistencia y, al mismo tiempo, anuncia el amargo albor de nuevos tiempos: el exilio, la pérdida, la nostalgia por la grandeza pasada y la gloria del ayer.

Podía haber fijado Antonio Enrique en este punto, entre épico y melancólico —tan al uso—, el peso mayor de su novela. Pero ya se dijo antes que nuestro autor nunca va a conformarse con una literatura al uso. Lo mejor está por venir. Surge entonces caudalosa, sobrecogedora, la voz del viejo eunuco Ibrahim Eleazar, nacido cristiano, cautivo en su localidad natal de Cieza y convertido al Islam. “De Cieza eran tantos los aquí traídos que se hizo acreedora a que la llamaran Cieza de los Esclavos”, dice de su lugar de origen. Personaje dúctil, de voz sonora y tranquila, Eleazar habla con la autoridad y la sabiduría de los muchos años, como un trasunto novelístico del poso formal, “objetivo” de la historia. Con esa misma voz amable, de acogedora potestad, relata los últimos tiempos de la dinastía a la que sirvió, la conquista de Granada por los Reyes Católicos, el pacto por el que se nombra a Boabdil “Señor de las Alpujarras” y se le envía al exilio dorado. Los recuerdos y la narración del anciano eunuco alcanzan indudable tono fundacional, magistralmente logrado por el autor, como impulso germinal de las muchas leyendas y prodigiosos mitos que conformarán, con el transcurso de los siglos, el imaginario fabulístico de Granada y la Alhambra. En la voz de Eleazar sobreviven la belleza y la sangre, el amor, el poder y la intriga, el heroísmo y la traición, aquella tempestad de ambiciones desatadas sobre el último reino musulmán en la península ibérica. Al final, como siempre, queda el recuerdo, a veces el lamento por lo que fue y lo que pudo haber sido.

"Yo agradezco mucho a Antonio Enrique que haya tenido la generosidad, una vez más, de brindar a sus lectores este maravilloso engarzado literario, donde la historia no está desfigurada por la leyenda."

Hay en esta novela un subrayado también muy de esperar en Antonio Enrique: la inmisericorde resignación ante el designio supremo de la historia. Pasan los reyes, los guerreros, los nobles, la grandeza y la opulencia, la lozanía de las concubinas, el rencor y las intrigas, la ambición y las pasiones amorosas. Nada queda, salvo la leyenda. Nada es perpetuo, salvo la historia. Yo agradezco mucho a Antonio Enrique que haya tenido la generosidad, una vez más, de brindar a sus lectores este maravilloso engarzado literario, donde la historia no está desfigurada por la leyenda; donde la leyenda irrumpe imbatible justo en el momento en que nace la historia.

Autor: Antonio Enrique. Título: Boabdil, el príncipe del día y de la noche. Editorial: Dauro. Venta: Amazon

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Buenos días, Wander http://www.zendalibros.com/buenos-dias-wander/ Fri, 24 Mar 2017 05:25:43 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21966 Maxie Wander tenía una vida para ser contada, pero ella prefirió dedicarla a contar las vidas ajenas. Alegre, sociable, elegantísima, bella, risueña. Cuando Maxie nació, un gélido 3 de enero vienés de 1933, Europa aún se lamía las cicatrices de la Gran Guerra, preparando intuitivamente su piel y su alma para el horror del la...

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Maxie Wander tenía una vida para ser contada, pero ella prefirió dedicarla a contar las vidas ajenas. Alegre, sociable, elegantísima, bella, risueña. Cuando Maxie nació, un gélido 3 de enero vienés de 1933, Europa aún se lamía las cicatrices de la Gran Guerra, preparando intuitivamente su piel y su alma para el horror del la Segunda Guerra Mundial que no tardaría en llegar.

El decadente Imperio Austrohúngaro de elegantes palacios que conocimos emborrachándonos con Joseph Roth a ritmo de Vals, o paseando por las elegantes calles de Salzburgo con Zweig, se había transformado en la dura Viena Roja obrera del Karl Marx Hof.

"Escribían, anotaban, fotografiaban, escuchaban, investigaban. Querían dejar constancia del horror para que no pudiera olvidarse."

Con cinco años, Maxie Wander pudo asistir al famoso  gran discurso de Hitler a los vieneses desde el balcón central del palacio de Hofburg. Comenzaba así la Anschluss; la unión de Austria al Tercer Imperio Germano y todo lo que vino después que de sobra conocemos. También comenzó en aquel momento a escribirse el destino de esta niña que 20 años más tarde, en un acto del partido comunista, conocería al reportero y fotógrafo Fred Wander, judío vienés superviviente de los campos de concentración creados por la locura y la sinrazón de esos monstruos desquiciados.

Ella se enamoró de aquel periodista y juntos llegaron a formar un tándem profesional perfecto, pues él le contagió el deseo de contar y ella lo perfeccionó con su don natural de saber escuchar. Juntos viajaron por todo el país con la intención de recopilar de primera mano los recuerdos; los hechos; las historias. Escribían, anotaban, fotografiaban, escuchaban, investigaban. Querían dejar constancia del horror para que no pudiera olvidarse y nunca más volviera a repetirse.

Por eso, cuando a mediados de los años 70 Fred acordó con la editorial Der Morgen un reportaje sobre las mujeres en la RDA, tuvo la certeza de que Maxie, y no él, era la persona apropiada para hacerlo. El resultado fue el libro que ahora nos presenta la editorial Errata Naturae, Buenos días, guapa. Un libro exitoso desde su publicación que su autora, enferma de cáncer, apenas logró atisbar. Un libro que hoy más que nunca sigue siendo importantísimo para poder comprender la historia reciente de Europa, pero también para ser capaces de definir la herida antigua de las que  casi siempre han sido invisibles; casi siempre acalladas.

"Maxi Wander nos dejó este valioso legado, añadiendo como pegamento lúcido entre todas las historias su propia voz desgarrada de mujer."

Ellas, las 19 mujeres entrevistadas por Maxie Wander en Buenos días, guapa son las voces que necesitamos escuchar todos, hombres y mujeres perdidos, angustiados, cansados, que habitamos esta compleja bisagra entre siglos: las voces que cuentan  lo que nunca se dice:  las dudas silenciosas sobre la maternidad; el amor insaciable por un hombre que no es el marido legítimo, el deseo acuciante de la carne y el sexo en la mujer; el sentimiento de culpa; el orgullo silencioso de saberse más  dura que el varón ante los azotes inexplicables de la Naturaleza;  la ambición de querer aprender, de querer escapar; de querer ser.

Maxi Wander nos dejó este valioso legado, añadiendo como pegamento lúcido entre todas las historias su propia voz desgarrada de mujer que ha vivido para leer y que ha leído comprendiendo.

Sumar a todas ellas nuestra propia  vida es ahora posible gracias a la editorial Errata Naturae. No dejemos pasar esta esperanzadora oportunidad.

Autor: Maxie Wander. Título: Buenos días, guapa. Editorial: Errata Naturae. Venta: Amazon y Fnac 

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Gloria Fuertes, sola y de guardia http://www.zendalibros.com/gloria-fuertes-sola-guardia/ Fri, 24 Mar 2017 05:21:40 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21883 Este año 2017 se conmemora el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes. La editorial Nórdica ha publicado con este motivo una antología de su obra, “como una modesta contribución al mejor conocimiento de su labor poética, que es la obra de toda una vida”. Este libro se abre con el siguiente prólogo de Luis Antonio...

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Este año 2017 se conmemora el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes. La editorial Nórdica ha publicado con este motivo una antología de su obra, “como una modesta contribución al mejor conocimiento de su labor poética, que es la obra de toda una vida”. Este libro se abre con el siguiente prólogo de Luis Antonio de Villena y se cierra con un poema que su amigo José Hierro escribió para ella: Hablo con Gloria Fuertes frente al Washington Bridge.

 

Era una mujer que había sufrido, que había visto muchas veces que la vida es cuesta arriba; pero un ancho espíritu inocente que había en ella, no poca autoironía, y ese sabor castizo de haber nacido en un barrio madrileño como Lavapiés, en 1917 y en una familia humilde, le daban un coraje de fondo que acaso otros no tendrían… Si la Gloria Fuertes que conocí en los mediados años setenta y en rituales literarios, me daba un poco igual (aunque indudablemente llamaba la atención), a la que conocí, traté y visité desde los muy primeros años noventa, la quise y la tuve por un ser cordial y tierno. Comprendí a Pepe Hierro, que siempre la quiso, y entendí también a Jaime Gil de Biedma, quien sostuvo siempre que una antología bien hecha de Gloria mostraba a una poeta admirable… (Él mismo en los años sesenta —1964— y en la muy prestigiosa y pequeña colección Colliure de Barcelona, hizo, pero no la firmó, una pequeña y buena antología de Gloria Fuertes, titulada Que estás en la tierra.)

Gloria Fuertes —que por su sabia ingenuidad— tenía una innata capacidad para entenderse con los niños había hecho de todo o de casi todo en su vida para salir adelante, entre otras cosas, escribir mucho para niños (versos también), lo que si casi nunca ha dado prestigio, casi siempre da dinero. Conoció a una hispanista norteamericana llamada Gladys —no sé el apellido— que la llevó a EE.UU. como profesora de español —Gloria apenas había concluido el bachillerato— y allá la protegió y la cuidó y se hicieron amantes. A mediados de los sesenta tornó definitivamente a España y Gladys vino con ella, y acá murió la norteamericana protectora, que está enterrada (ignoro el porqué) en el pueblo serrano de Miraflores de la Sierra, donde muchos años veraneó Vicente Aleixandre.

Como mucha gente sabía —aunque ella jamás lo dijera en público, cosas evidentes de la época— Gloria era lesbiana, y su aire y su voz singular, tabaquera o cazallera no lo desmentía.Y eso era bastante evidente en los setenta (cuando la conocí), porque Gloria siempre iba rodeada de mujeres, y a menudo más jóvenes. Gloria no llevaba nada mal —dentro de lo posible— el tema de su lesbianismo, que a mi saber sólo le preocupó un tanto cuando el éxito de su escritura infantil y su muy popular participa- ción en programas televisivos para niños, como Un globo, dos globos, tres globos —cancioncilla de la que era autora—, le hicieron temer, no siendo ya joven del todo, la conexión fácilmente criticable desde la mala intención entre «autora célebre de literatura infantil» con «notoria lesbiana». No debió de recordar (tampoco ha sido público hasta hace muy poco) que otra célebre autora de literatura para niñas, en los años cuarenta —la creadora de la famosa Celia, Elena Fortún— también fue lesbiana. Es el caso que el éxito infantil de Gloria Fuertes si le proporcionó mucha notoriedad y hasta dinero (pero ella vivía sin lujos, y casi todo lo que ganó con los niños se lo devolvió testamentariamente a ellos, a fundaciones para desvalidos), le alejó asimismo, y no poco, de su obvio talento y de su voz propia, sencilla pero inconfundible, de su tarea poética adulta, que creo en verdad es la que literariamente más importa. Terminada o pospuesta su etapa televisiva (es entonces cuando más la traté, la visitaba en su casa no pocos domingos por la tarde) la propia Gloria se daba cuenta de que debía recuperar su sitio, suyo sin duda, pero evidentemente preterido. Eso intentó con su último libro, Mujer de verso en pecho (1996), que presentó un Camilo José Cela, ya premio Nobel. Estuve en ese acto, con mucha gente. Gloria me hablaba sin tapujos de su intimidad (eso sí, sin nombres) y una tarde me recitó un poemita con el que decía abrir muchas de sus lecturas para sorpresa de los oyentes, que, según ella, debían pensar: «Mira, ya lo dice…». El poemita se titula «Tenta» y dice (creo saberlo de memoria): «Tengo una amiga… / Y se llama Tenta. / Por eso quiero estar/ siempre con Tenta…». Hay mucho de Gloria en tan cortas líneas.

Se puede decir que Gloria Fuertes murió (en 1998, fue una contumaz fumadora) cuando estaba intentando recuperar el camino de su mejor poesía —esta antología muestra buenos ejemplos de ella— que si, evidentemente, nunca perdió por entero, sí quedó unos años, los más aparentemente infantiles, un poco al margen. Gloria había empezado como poeta y ocasional autora de cuentos y novelitas populares en los años cuarenta, después de la brutal experiencia de la guerra civil y con una evidente conciencia de pérdida, que ella juzgó que —hasta cierto punto— debía asumir. El ser lesbiana, hija de familia humilde y con un padre que había sido republicano, marcó mucho como es natural a nuestra autora: nunca dejó de sentirse en lo hondo sola (uno de sus mejores libros, Sola en la sala) y siempre del lado de los humillados y ofendidos y de los per-dedores de la clase que fueran. Pero que ella tuviera y cultivara esos sentimientos, no dejó de hacerla (como ya dije) una notable luchadora, que procuraba poner humor a la tristeza. Su primer libro se publica en 1950 y es Isla ignorada. En ese momento Gloria ya ha entrado en contacto con el «postismo» y sus poetas, Chicharro Hijo y especialmente Carlos Edmundo de Ory, esa «vanguardia después de las vanguardias» (que también influyó en Paco Nieva, por ejemplo), que es el difícil intento, pero que al menos consiguió un clima, y un afán transgresor y lúdico, en una España aún muy cerrada donde todo eso parecía casi imposible.Algunos aluden más bien al postismo cuando hablan en Gloria de «toques surrealistas», pues el postismo tampoco ignoraba la herencia surreal. Acaso Gloria Fuertes —amiga de los postistas— no llegara a serlo del todo, pero se aproximó enormemente, porque aquel mundo estaba también en su propio talante.Y por ello durante toda su vida y en casi toda su obra el talante postista es muy visible siempre a la muy singular manera de la propia Gloria. Del mismo modo que sus (digamos) greguerías se titularán Glorierías… El primer gran libro de Gloria —donde están ya su voz y su manera plenamente— es Aconsejo beber hilo (1954), título que no hubiera desdeñado postista ninguno. Se trata, creo, de un libro espléndido que aunque haya sido reeditado no ha sido aún situado cabalmente, en su ironía, su decir a medias, su disparatar ocurrente, y por supuesto su natural tono coloquial, cercano, pero en modo alguno prosaico: coloquialismo no es prosaísmo. No en balde el libro se subtitula —también tiene algo de defensa— Diario de una loca. Poemas esenciales de Gloria están ahí, como: «Era pastor de gatos», «A veces me sucede», «Niño con ganglios» u «Hoy no me atrevo», entre tantos… Versos como «Ya pronto vendrá, / el Juicio Final. / La vida está mala, y va a reventar (…)» o «Es que hay un niño siempre muy triste en mi tabaco», no sólo tienen una inconfundible dicción —acaso lo más difícil para un buen escritor—, sino que poseen mundo y manera. Pues si en Gloria se hilvanaron bien dos modos que parecían asimétricos, fueron aquel postismo irónico y el drama crudo de la poesía social, ella es de los dos y de ninguno porque resulta llamativamente de sí misma: «Soy tan pobre tan pobre, / que no tengo ni labios / que llevarme a la boca. (…) Aunque sólo sea una mirada, / soy tan pobre, tan pobre, / que no tengo una sábana blanca…». Pregunto: ¿Cuántos poetas llegan a tener una voz tan clara e inconfundible? «Desde siempre mi alma cabalgando al revés».

La obra de Gloria siguió suya y adelante: Ni tiro ni veneno ni navaja (1965), Poeta de guardia (1968), Cómo atar los bigotes del tigre (1969) o el ya mentado Sola en la sala (1973). Además muchas antologías y poesías reunidas —muchísimas ediciones— con el título de Obras incompletas (1980), entre otras razones porque, de edición en edición, crecían… Sí, luego empezó la aludida mayor dedicación —o publicidad— de y con lo infantil… Pocos poetas modernos han sido tan leídos y populares como Gloria Fuertes —que llegó a ser hasta personaje de sketches cómicos—, pero pocos poetas también tan incomprendidos, en un afán malo y torpe de que la sabia facilidad le restara prestigio. Es cierto que Gloria no iba de intelectual ni de exquisita (nada más lejos de ella), pero era poeta de verdad, como la copa de un pino. Me contó alguna tarde que ella no había hecho ascos —en los primeros setenta— a ir a leer versos en un pub, mientras los novios hacían manitas y se tomaban un cubata. Yo leía sola, claro y a la luz de un flexo chiquito —me seguía narrando— pero a mí me servían un whisky…». A Gloria parecía no haberle importado el escalafón, sino la vida, y ello la volvía a menudo muy distinta a la mayoría del gremio. En su casa, encima de una mesa baja, Gloria tenía varios cuadernos de tipo escolar, y parece que en ellos escribía a mano casi todo lo que se le ocurría y era muy fértil… Quizás yo llegué a compartir una muy extendida opinión entre poetas que admiraban a Gloria o la respetaban mucho (el mismo Gil de Biedma, por ejemplo) y era que Gloria podía ser personalísima y excelente, pero escribía mucho, demasiado, y a veces los poemas se le quedaban cortos, o eran un mero apunte o se reiteraban. No diría que ello sea mentira. Pero afirmo que lo mejor de Gloria («La Huéspeda» y tantos otros poemas más) es magnífico, personal e inconfundible, cosas que pueden decirse de muy pocos poetas. Muy pocos. Entre sus inéditos —publicados póstumos por su derechohabiente, Luzmaría Jiménez Faro— pocas cosas superan lo conocido, pero siempre merecen la pena aunque sea para hallar un título tan de Gloria como «Ataco con pluma, no con plomo».Y por lo demás si todos los poetas —todos— estamos venturosamente condenados a una antología, podemos estar muy ciertos de que la de Gloria Fuertes no será pequeña… Y lo merece. Este poema, «Post-guerra» fue inédito mientras ella vivió de un libro —editado en 2008— con el título de Se beben la luz. Copio el poema porque de nuevo está entera, como en otros sale su sexualidad —asoma— o su derrota o su muy honda tristeza: «Sobrevivo al horror de ser vendida, / y de ver sangre fuera de las venas. / La casa de mis padres se ha caído, / el amor que tenía se ha inundado, / la juventud que tuve se ha podrido. / Me río y pisoteo las pastillas… / ¿Lo veis? ¡No me he matado! / La Muerte se columpia en una higuera / y esconde su veneno en el colmillo». Tengo la sensación de que el lector estará de acuerdo conmigo: tan sabida Gloria Fuertes y tan nueva… Todo está por decir sobre ella, casi todo o tal parece.

Gloria tenía sobrinos. A uno lo conocí en su casa una tarde, venía del fútbol y pasaba un ratito a ver a su tía. Pero me pareció que sus cosas —acertadamente— no iban por ahí. A su muerte, Gloria dejó parte de su dinero a los niños necesitados y sus derechos de autor y sus archivos, a una amiga casada que los cuidaría, la editora de Torremozas, Luzmaría Jiménez Faro. Una mujer muy cordial que cumplió su cometido. Murió en 2015. Pero una hija sigue su labor y Gloria se lo agradecerá. Esa estupenda Gloria a la que aún debemos seguir descubriendo. Pensemos que cuando falleció Gloria —27 de noviembre de 1998— la TV estatal, que tanto la había querido, espetó muy seria esta vulgaridad: «Ha muerto la autora de Un globo, dos globos, tres globos». Lo dicho.

Autora: Gloria Fuertes. Título: Geografía humana y otros poemas. Editorial: Nórdica. Prólogo: Luis Antonio de Villena. Ilustraciones: Noemí Vilamuza. Venta: Amazon, fnac y Casa del libro

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Pensar a lo grande http://www.zendalibros.com/pensar-lo-grande/ Thu, 23 Mar 2017 07:28:40 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21915 “Ofrecer un panorama preciso de la aforística española en los últimos treinta años no es una tarea sencilla”, dice el autor de este libro. “El aforismo, aún en mayor medida que la poesía, es un género minoritario y secreto que circula por cauces editoriales de difusión restringida (pequeñas editoriales locales o regionales, revistas literarias de...

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“Ofrecer un panorama preciso de la aforística española en los últimos treinta años no es una tarea sencilla”, dice el autor de este libro. “El aforismo, aún en mayor medida que la poesía, es un género minoritario y secreto que circula por cauces editoriales de difusión restringida (pequeñas editoriales locales o regionales, revistas literarias de consumo especializado, plaquettes y libros de autoedición, blogs y páginas de internet) y solamente en casos excepcionales alcanza visibilidad y reconocimiento mayoritario, proyectándose más allá del reducido círculo de lectores en el que parece consistir su público natural. (…). Aforismo viene del latín aphorismus, y este del griego aphorismo, que significa delimitar, definir (…). La RAE lo define como “sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte”.

De la Introducción del libro, Pensar a lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología (1980-2012), de José Ramón González. Editorial Trea Poesía.

Esta es una muestra de los aforismos de seis autores entre los 50 de esta antología

 

Carlos Castilla del Pino (1922-2009):

Con la cara se nace; el rostro se hace.

Saber qué no leer: la forma superior del leer.

El morir hace mejor al muerto, de momento.

***

Carlos Edmundo de Ory (1923-2010)

Todo suicida es existicida.

El silencio es políglota.

Un poema s la autobiografía del sueño.

***
Rafael Sánchez Ferlosio (1927)

Lo más sospechoso de las soluciones es que se las encuentra siempre que se quiere.

Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes.

(Españoleces) “A rajatabla”, “a machamartillo”, “verdades como puños”.

***
Carlos Pujol (1936-2012)

Se escribe para uñir la música de dentro

Decir lo máximo con recursos mínimos. O que lo parezca.

El horror a la página en blanco no es nada comparándolo con el que ha de inspirar la página escrita y llena de sandeces.

***

Fernando Aramburu (1959)

La gramática civiliza.

¿Existe crítica más demoledora que el elogio de un imbécil?

El dinero gobierna gobiernos.

***
Fernando Menéndez (1953)

La demagogia de hoy es hacer público lo privado y privado lo público.

Los sofistas de ayer son los asesores de hoy.

En la vejez, tardes de infancia.

Los libros de aforismos de la editorial Trea continúa creciendo y formando una importante colección. Su editor, Álvaro Díaz Huici, es ya un veterano editor que desde el año 1978 ha contribuido a formar uno de los mejores catálogos culturales ya que no solo publica poesía sino que su labor abarca literatura, arte, libros técnicos, gastronomía, biblioteconomía… Lleva, pues, 40 años de labor editorial que empezó con Noega/Aeda, GH editores y desde hace unos 25 años, con Trea ediciones. Más de 1.200 títulos, además de otras iniciativas como son los 80 números de la revista Cuaderno, el diario Asturias24/La Voz de Asturias y la revista Hora de Asturias. Aunque la colección de aforismos que está lanzando la constituyen libros de sentencias, lo que el autor José Ramón González ha titulado como Pensar a lo breve, lo que ha hecho Díaz Huici ha sido pensar a lo grande y no desfallecer en los momentos en los que las circunstancias adversas le invitaran a dejarlo. Ha sido premio a la mejor labor editorial en 2014 y como autor ha publicado, Caracteres del Agua (Aeda, 1980) e Introducción al Norte (KRK, 2002).

Fernando Menéndez es uno de los autores que más libros de aforismos ha publicado, más de una década, señala el antólogo José Ramón González, pero Menéndez tiene una trayectoria mucho más extensa que comienza en los años 80 con libros de haikus caligrafiados que más de una vez han sido objeto de exposiciones.

Entre los muchos “aforísticos” de la colección Trea destacaré cuatro: Javier Bozalongo (1961), Karlos Linazasoro (1962), Miguel Catalán (1958) y Ricardo Labra (1958), este último ya se dio a conocer no solo como poeta en 1984 con La danza rota sino también como antólogo de poesía en varias entregas.

De El poeta calvo, de Ricardo Labra:

Los versos de juventud, el acné de los recuerdos.

Se declaraba bilingüe, tenía dos conciencias.

Nacer de nuevo; no del vientre de una Venus, sino de la propia experiencia.

 

De La ventana invertida, de Miguel Catalán:

La corona de espinas es una corona de rosas dejado pasar el tiempo.

El artista solo hace algo cuando aspira a lo imposible.

Celos: envidia del amor.

 

De Nunca mejor dicho, de Karlos Linzasoro:

El reino de los Cielos no sino la postrera Casa de la Misericordia.

Para gusto,s los pecados.

Un buen aforismo es para pensárselo dos veces.

 

De Prismáticos, de Javier Bozalongo:

La siesta son restos de sueño. Amo restar.

Perderse del todo es un buen punto de partida. Creerse perdido, no.

 

Los poetas de hoy han venido para desmentir esta greguería de Ramón Gómez de la Serna:

La luna es un banco de metáforas arruinado

 

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Kirmen Uribe: “Los escritores vascos no queremos echar más leña al fuego” http://www.zendalibros.com/kirmen-uribe-los-escritores-vascos-no-queremos-echar-mas-lena-al-fuego/ Thu, 23 Mar 2017 06:01:36 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21896 Las novelas surgen con frecuencia de intuiciones, y el escritor vasco Kirmen Uribe sabía desde que era muy joven que detrás de la extraordinaria vida de Karmele Urresti había una buena historia, y no solo la de una familia que, como le sucedió a tantas otras tras la guerra civil, se vio obligada a exiliarse....

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Las novelas surgen con frecuencia de intuiciones, y el escritor vasco Kirmen Uribe sabía desde que era muy joven que detrás de la extraordinaria vida de Karmele Urresti había una buena historia, y no solo la de una familia que, como le sucedió a tantas otras tras la guerra civil, se vio obligada a exiliarse. Sus vivencias podían servir también para ilustrar una parte de la historia reciente del País Vasco, desde los cosmopolitas años veinte hasta finales de los setenta, cuando la violencia de ETA parecía ya imparable.

La enfermera Karmele Urresti y su marido, el músico Txomin Letamendi, al que la lucha contra el franquismo le costó la vida, son dos de los protagonistas de la nueva novela de Uribe (Ondarroa, Vizcaya, 1970), La hora de despertarnos juntos, publicada por Seix Barral, y quizá la obra más ambiciosa de este autor que en 2009 ganó el Premio Nacional de Narrativa con Bilbao-New York-Bilbao, traducida a quince idiomas y merecedora de varios galardones más, entre ellos el Nacional de la Crítica en euskera.

Tras el éxito de esa novela “tan personal” en la que el autor recreaba el mundo de su padre, un marino que murió “poco después de dejar de trabajar en el mar”, Uribe publicó su segunda novela, Lo que mueve el mundo, la historia de un escritor y traductor belga que acogió en 1939 a una niña de la guerra española. Esta obra ha sido la primera novela escrita en euskera que se ha publicado en China.

Basada en hechos reales y documentada a fondo, la tercera novela de Uribe, La hora de despertarnos juntos,  apenas se adentra  en los años más violentos de ETA porque su autor, como él mismo afirma en una entrevista con Zenda, ha preferido quedarse “al borde del abismo, cuando uno empieza ya a vislumbrar la espiral de violencia y muerte” en que caería la banda terrorista. Sin embargo, el libro invita a reflexionar sobre lo ocurrido en el País Vasco en las últimas décadas, como sucede también con otros publicados recientemente, entre ellos “Patria”, de Fernando Aramburu; El eco de los disparos, de Edurne Portela, y la obra de teatro Los Gondra (Una historia vasca), de Borja Ortiz de Gondra.

"Yo quisiera que, entre todos, pudiéramos construir un relato compartido de lo que ha pasado en el País Vasco."

Han pasado cinco años desde que ETA abandonó la lucha armada y la época parece propicia para este tipo de obras, para romper el silencio y hablar sin miedo:  “Lo importante —dice Kirmen Uribe—, es que se está creando como una especie de puzle con diferentes narraciones, pero todas ellas complementarias. Yo quisiera que, entre todos, pudiéramos construir un relato compartido de lo que ha pasado en el País Vasco, en el que todos nos pudiéramos mirar, más o menos. Tenemos que ser autocríticos, por supuesto, y empezar poco a poco a conversar, algo muy importante después de muchísimos años de silencio”.

Los escritores vascos no queremos echar más leña al fuego, queremos poner nuestro grano de arena para que la sociedad vaya en la dirección adecuada. Y estoy convencido de que lo primero es reconocer a las víctimas y denunciar cualquier vulneración de los derechos humanos, y, en segundo lugar, ir hacia un estadio de convivencia y entendimiento”, asegura este poeta y novelista, que siempre ha escrito en euskera.

La entrevista tiene lugar en la librería La Central de Callao, y Kirmen Uribe, al que parece no importarle dejar la tranquilidad de Ondarroa para sumergirse en el bullicio de Madrid, acude al encuentro acompañado por su traductor del euskera, José María Isasi, buen amigo suyo desde hace años y que en algún momento tercia en la conversación, aunque, como es lógico, el peso recae en el escritor, un hombre de mirada risueña y con aspecto de buena persona, que está más que satisfecho con la marcha de su nueva novela: “va por la cuarta edición y ha aparecido ya en siete lenguas”.

Uribe conocía “casi desde la niñez” la historia de Karmele Urresti porque Ikerne, la hija mayor de la enfermera, era amiga de la madre del escritor. La guerra civil obligó a Karmele a exiliarse a Francia, y fue en París donde conoció al que luego se convertiría en su marido, el trompetista Txomin Letamendi, miembro también de la embajada cultural vasca. La Segunda Guerra Mundial cambia los planes de la joven pareja, que huye a Venezuela, donde vivieron medianamente bien durante un tiempo. Pero Letamendi decidió sumarse a los servicios secretos vascos y ambos volvieron a Europa en plena guerra. Apresado en Barcelona, los años de cárcel y las torturas acabarían con la vida del músico, mientras que su mujer tuvo que dejar en España a sus tres hijos y emprender un nuevo exilio.

El tercer protagonista de La hora de despertarnos juntos (el título es un verso de Ezra Pound) es Manu Sota, perteneciente a una de las familias de industriales más poderosas de Neguri y cuyos bienes fueron requisados por el régimen franquista. “Manu es un hombre libre, culto, un personaje maravilloso”, que ayudó al lendakari José Antonio Agirre en sus años de exilio y contribuyó a montar la primera delegación del gobierno vasco en Estados Unidos, comenta el autor, quien no oculta su admiración por aquella generación: “era gente con mucho ímpetu, mucha fuerza. Eran abiertos, cosmopolitas, europeos y creían realmente en las libertades, en la ética. Y creían en un País Vasco siempre ligado al mundo, no tenían una visión cerrada”.

¿Hasta qué punto la ficción está presente en esta novela?

– Los personajes son reales y muchos de los episodios que se cuentan están documentados. Podía haber escrito una novela de ficción convencional, basándome en esta historia, pero me daba cuenta de que no funcionaba, le faltaba verosimilitud. Entonces opté por lo que ahora hacen muchos autores, entre ellos Emmanuel Carrère, en Francia, o Javier Cercas, en España, que se basan en vidas reales para luego hacer novelas.

"Hay una sensación muy extendida de que todo en el País Vasco empieza como en los setenta, como si antes no hubiera ocurrido nada. "

En La hora de despertarnos juntos narras aspectos poco conocidos del exilio vasco, y eso puede resultar interesante para muchos lectores.

– Creo que hay una sensación muy extendida de que todo en el País Vasco empieza como en los setenta, como si antes no hubiera ocurrido nada. Nos habíamos olvidado de los exiliados, de toda la gente que luchó en los servicios secretos contra el franquismo y contra otros totalitarismos, y nos habíamos olvidado de todo eso incluso los propios vascos. Entonces, a mí me interesaba retroceder hasta los años veinte, porque fueron años casi como de El Gran Gatsby, como refleja el cuadro de Noche de artistas en Ibaigane, de  Antonio Gezala.  En ese cuadro, que atraviesa toda la novela, aparece el ambiente cosmopolita y de efervescencia cultural que hubo en Bilbao en esa época”.

Eso era en 1927, y yo me pregunto: ¿cómo iba a pensar toda aquella gente que disfrutaba de la fiesta con total despreocupación lo que le iba a deparar la historia?

– Los vencedores de la guerra civil fueron muy crueles con los vencidos en toda España, pero en el País Vasco parece que se ensañaron de una forma especial en algunos casos.  E incluso a la poderosa familia Sota le requisaron decenas de barcos y otros bienes. 

– La represión fue muy dura en toda España, pero de lo que no se había hablado tanto, al menos en la literatura, era de las incautaciones, de cómo mucha gente se quedó sin bienes.

En Neguri —añade José María Isasi—,  estaba concentrada toda la riqueza, que era una de las mayores de Europa, en seis o siete familias, y la de Sota era prácticamente la más poderosa. Y, entonces, mientras que el resto de familias se vuelve franquista para mantener su poder, la de Manu Sota prefiere continuar fiel a sus ideas democráticas, y eso no se les perdonó.

Uribe cita un ejemplo “muy ilustrativo” de lo que ocurrió con las incautaciones, “el de esa mujer de Mondragón a la que le quitaron el carrito nuevo de su bebé, y tenía que ver cada día cómo la joven pareja adepta al régimen a la que se lo habían adjudicado se paseaba por el pueblo como si aquel cochecito le perteneciese”.

– El hecho de que el franquismo castigara a los nacionalistas y a los militantes de izquierdas en general, ¿pudo favorecer el nacimiento de ETA? El personaje de Txomin, hijo del trompetista y de Karmele, permite ver cómo surge ETA.

En la novela se cuenta —y esto lo han dicho historiadores, no lo digo yoù que ETA surge de una generación nueva, que no es la de José Antonio Agirre, que había confiado tanto en los aliados y en las democracias occidentales. Y esa nueva generación, que es la que comenzó a tener vida política a finales de los años cincuenta, ya no cree en el apoyo de los aliados. Se inspira más en cuestiones como la revolución cubana, primero, y más tarde en la  revuelta argelina, e interioriza también el miedo a la pérdida de una cultura. Eso lo decía Juan Pablo Fusi: el miedo a que el desarrollismo haga perder una lengua, una cultura, un modo de vida. Eso también está en el caldo de cultivo.

Isasi: “En muchos casos hubo conflictos generacionales entre padres e hijos. Eso lo hemos vivido en muchas familias. Los padres defendían un nacionalismo moderado con raíces cristianas, que, al final, como se ve muy bien en la novela, se quedan casi aislados, sin posibilidad de prosperar, y los hijos, con la rebeldía igual propia de la juventud y con nuevos horizonte, y viendo, además, que sus padres habían sido masacrados, defendían otra forma de proceder. Sí parece que en todo eso hay un caldo de cultivo para el nacimiento de ETA”.

-Los personajes centrales de la novela son valientes y luchadores hasta el final.

– Yo creo —dice Uribe— que la novela es muy plural. Habla de la mujer, de cómo  Karmele, la protagonista, siempre trata de decidir ella misma su vida. Vive dos exilios y es muy valiente porque, en la posguerra, deja a sus hijos en España y se va de nuevo a Venezuela. Y eso me recuerda a lo que hacen ahora tantísimas mujeres que vienen a España a trabajar desde países latinoamericanos o europeos y se tienen que separar de sus hijos.

También se habla en la novela del miedo a la pérdida de la lengua y de cómo los exiliados tratan de aguantar esa velita que era la lengua vasca.

Mientras en España se hablaba el euskera en un ámbito estrictamente privado, los que se exiliaron cultivaron la lengua, la enseñaron y trataron de mantenerla viva. Ahí el papel del exilio fue fundamental.

Y el músico Txomin Letamendi nunca dejó de defender sus ideas. Su decisión de dejar Venezuela y regresar a España para unirse a la lucha antifranquista, le salió muy cara.

– Ese momento es fundamental. Al final, esta novela también es sobre eso, sobre cómo una decisión que tomas en un momento dado puede marcar toda tu vida posterior y la de tus hijos. El lendakari Agirre ficha a Txomin Letamendi para los servicios secretos y él acepta. Podían haberse quedado en Venezuela. Yo creo que, en cierta manera, Letamendi se equivocó.

"El lendakari Agirre es un personaje muy interesante, un político de los de antes, de casta"

– En la novela transmites admiración por el lendakari Agirre.

– “Era una persona con mucho sentido común y con mucho carisma, una persona moderada, que medía bien los pasos a dar; creía en la democracia, en la República y ahí estuvo hasta la muerte, nunca buscó una salida particular. Siempre luchó por el restablecimiento de las libertades y por volver como lendakari. Luego, al final, se murió, algunos dicen que por pena y otros porque fumaba mucho”, comenta Uribe con humor. “Pero es un personaje muy interesante, un político de los de antes, de casta”.

El independentismo ha crecido de manera significativa en Cataluña en los últimos años y, sin embargo, en el País Vasco parece estar más contenido que en otras épocas, ¿a qué lo atribuyes?

Uribe: Yo creo que el momento es otro. Venimos de unos años muy duros, y creo que la sociedad vasca lo que quiere es cerrar bien ese episodio de violencia. Hay una ponencia en el Parlamento vasco exclusivamente para eso, para tratar de cerrar bien las heridas de los años  de violencia.

Ahora estamos en ese momento, y luego ya se verá.

Isasi: En mi opinión, la lección fundamental para la sociedad vasca, con todo lo que ha sufrido en los últimos años, es que ha entendido que el independentismo en sí mismo no puede ser una prioridad. Ni el nacionalismo siquiera como ideología, sino que hay otros elementos que son prioritarios y que tienen que ver con los derechos fundamentales, con la democracia, con la propia convivencia. Todo se tiene que construir desde esa base.

Uribe: Estamos reconstruyendo el suelo para que nos podamos entender todos. Es una vuelta al lendakari Agirre, dice con una amplia sonrisa este escritor que ha traducido a Raymond Carver, Sylvia Plath, Anne Sexton, y Wislawa Szymborska, entre otros. Y un escritor que hacia el final de su novela deja en el aire preguntas de difícil respuesta, como él mismo reconoce:

“¿Por qué no reaccionamos ante la espiral de violencia y muerte? ¿Por qué no detuvimos a tiempo aquella inercia sin sentido?  ¿Por qué nos callamos? ¿Por qué negamos el sufrimiento ajeno?” 

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Prólogo para una guerra, de Iván Repila http://www.zendalibros.com/prologo-una-guerra-ivan-repila/ Thu, 23 Mar 2017 05:39:07 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21818 Hace tres años escribí un reportaje sobre diez escritores con prometedoras carreras de largo recorrido que merecían llegar a un público mayor. En este elenco se encontraba Iván Repila (Bilbao, 1978), autor hasta ese momento de dos novelas muy diferentes entre sí: Una comedia canalla (2012), que supuso un debut desternillante porque contaba una historia...

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Hace tres años escribí un reportaje sobre diez escritores con prometedoras carreras de largo recorrido que merecían llegar a un público mayor. En este elenco se encontraba Iván Repila (Bilbao, 1978), autor hasta ese momento de dos novelas muy diferentes entre sí: Una comedia canalla (2012), que supuso un debut desternillante porque contaba una historia muy divertida, y El niño que robó el caballo de Atila (2013), una ficción seria, angustiosa, claustrofóbica. Ambas ficciones, publicadas en la desaparecida Libros del Silencio, mostraban una lección de buena literatura en la que cada palabra merecía ser leída con mimo porque su prosa era, como escribí en su momento, una pirotecnia perpetua de satisfacciones.

"Iván Repila se supera una vez más con esta novela donde se cuida con esmero lo formal, quizás incluso demasiado, lo que supone una cierta rémora para la historia debido a su barroquismo."

Pues bien, Repila ha publicado el pasado mes de enero su tercera novela con Seix Barral, Prólogo para una guerra, que solicité a la editorial para leerla con mucho interés porque la lectura de sus dos primeros trabajos me permitía establecer en perspectiva si su nueva creación suponía un progreso o no. La empecé y ya no he podido dejarla, postergando otros libros y otras tareas que tenía entre manos.

Iván Repila se supera una vez más con esta novela donde se cuida con esmero lo formal, quizás incluso demasiado, lo que supone una cierta rémora para la historia debido a su barroquismo. Valoro, sin embargo, su riesgo. No es para despachársela de una sentada, sino para ir degustándola con lentitud y adentrarse sin miedo en los recovecos que se abren con cada nuevo capítulo, con cada nuevo párrafo, muy contaminados de poesía. Me maravilla esta capacidad del escritor bilbaíno de crear poesía en sus novelas.

Prólogo para una guerra es una obra con pocos elementos, repleta de vida, donde no se indaga en las apariencias, sino en las esencias del alma humana. Una historia sutil sobre dos hombres heridos y sobre dos formas de respuesta ante el dolor y la privación: uno por la pérdida de un hijo y el otro por la imposibilidad de tenerlo, que se enfrentan contra sus propios demonios y por la misma mujer. Nada deja tanta huella como el aprendizaje del horror. Otra cuestión es cómo lo encaramos.

"La novela de Iván Repila —ya lo escribí hace tres años y lo ratifico ahora— es una aventura de primer orden que rezuma calidad y que constituye una de las apuestas más valiosas de nuestra prosa actual."

No me cabe la menor duda de que hay que ser sensible y perspicaz en la observación del comportamiento humano para expresar todo lo que Repila consigue en estas páginas. Porque no es sólo un narrador de extraordinaria calidad que escribe con precisión de miniaturista para hacernos reflexionar y disfrutar con registros muy variados, sino que además profundiza sobre cuestiones que no parecen las más asequibles para el lector medio. No creo que veamos esta novela en las listas de los libros más vendidos: estamos ante una construcción que colmará las expectativas sobre todo de los lectores de paladar exigente.

Si la crítica literaria debe actuar como instancia mediadora entre el escritor y el lector, cumpliendo a su vez una función orientadora y selectiva, quisiera dejar constancia con esta reseña de Prólogo para una guerra que estamos ante alta literatura. Exquisita, valiente, áspera, arriesgada, magníficamente escrita, como no suele encontrarse en las librerías. La novela de Iván Repila —ya lo escribí hace tres años y lo ratifico ahora— es una aventura de primer orden que rezuma calidad y que constituye una de las apuestas más valiosas de nuestra prosa actual.

Autor: Iván Repila. Título: Prólogo para una guerra. Editorial: Seix Barral. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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Palabras al sol http://www.zendalibros.com/palabras-al-sol/ Wed, 22 Mar 2017 06:50:45 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21962 Escribo mientras ando, o nado, y luego dejo que las palabras se sequen en la memoria como una sábana tendida sobre al hierba al sol. Podría ocurrir que estallara una tormenta y empapara la sábana (y la hierba, y el aire, y a mí), que me olvidara (de la hierba, del aire, de mí), que...

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Escribo mientras ando, o nado, y luego dejo que las palabras se sequen en la memoria como una sábana tendida sobre al hierba al sol. Podría ocurrir que estallara una tormenta y empapara la sábana (y la hierba, y el aire, y a mí), que me olvidara (de la hierba, del aire, de mí), que me durmiera (y que todo fuera un sueño). Puede.

Pero la molestia, la preocupación sigue ahí. El hombro, su indolencia, el dolor está aquí para recordarme que no vivo en una nube sino en medio de una pesadilla. Sí, he vuelto a nadar cinco o seis meses después de que un miércoles me levantara con el brazo, el antebrazo y la mano medio paralizados. Tras la ducha supe que yo no era una invención de Kafka y me vestí con la vergüenza del acusado al que todos le encuentran culpable y no puede demostrar nada a su favor.

"Alcé la vista hasta el mirador por si desde allí alguien seguía con sorna mis esfuerzos pero no me llegué a quitar las gafas para comprobarlo y para evitar que si fuera así la humillación me anulara del todo."

Demasiadas semanas después hoy he vuelto a la piscina donde fui moderadamente feliz sin que, claro, entonces lo supiera. Encontré el agua espesa, gruesa. Me sentí lento, pesado, extraño. Se debatía en mí un gozo esperado de bienestar y la constatación de ser ya otro. Incapaz de recuperar la frescura de entonces, la alegría de un braceo sostenido, de ganar metros con una constancia débil, de inercia.

Aun así llegué al final de la calle, mérito más que aceptable cuando apenas tres meses atrás no pude ni dar dos brazadas y tuve que salir de la piscina con la humillación de un hombre vencido, descuadernado. Probé nadar a espaldas tal y como una chica tan tierna como una adolescente que me estira los nervios me había recomendado; imposible. Volví a intentarlo diez calles después; tampoco. Recurrí a la braza, que tanto he rechazado, y apenas podía avanzar. Alcé la vista hasta el mirador por si desde allí alguien seguía con sorna mis esfuerzos pero no me llegué a quitar las gafas para comprobarlo y para evitar que si fuera así la humillación me anulara del todo.

"El dolor ha regresado. Y temo que si el cansancio y el sueño me vencen puedo levantarme otra vez con el brazo, el antebrazo y la mano paralizados."

No sé si he de sentirme orgulloso de haber completado veinte largos a crol y diez a braza en mucho más tiempo de lo que invertía en otoño. Para entonces la luz que entraba como una lanza en el abdomen de unas aguas espejeantes y en calma en una tarde semivacía y festiva se había diluido y una sombra iba apaciguándolo todo. Ahora, ya en casa, no puedo dormir. El dolor ha regresado. Y temo que si el cansancio y el sueño me vencen puedo levantarme otra vez con el brazo, el antebrazo y la mano paralizados. O que acabe siendo una invención de Franz Kafka.

Así que velo mi dolor en la noche en que el invierno deja de ser invierno, en que marzo está a punto de ser cruel. Espero soñar que todo ha sido un sueño.

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Todos los colores de Berlín http://www.zendalibros.com/todos-los-colores-berlin/ Wed, 22 Mar 2017 05:41:18 +0000 http://www.zendalibros.com/?p=21800 En el título de este libro está implícito lo que David Wagner se plantea paseando por la ciudad alemana un día de nieve, uno de esos días en los que todo parece estar en blanco y negro. A través de esta colección de textos escritos durante una década, descubriremos que Berlín es verde parque, rojo...

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En el título de este libro está implícito lo que David Wagner se plantea paseando por la ciudad alemana un día de nieve, uno de esos días en los que todo parece estar en blanco y negro. A través de esta colección de textos escritos durante una década, descubriremos que Berlín es verde parque, rojo ladrillo, blanco marfil, gris lignito, salmón centro médico, azul Prusia, violeta empedrado, y por las noches, en algunas zonas residenciales del Oeste, es dorada como la luz de gas.

Acompañarle en este paseo nos invita a pensar que la ausencia de interrogante en el título esconde en el fondo una colorida aserción. Y es que reparamos en la existencia de la ciudad cuando algo nos la niega o la transforma, cuando su constante cambio nos estimula. “Berlín es fea”, escucha Wagner, y este comentario, alentado por un impulso afectivo hacia la ciudad, alimenta la necesidad de hacer su propio juicio de valor. Para ello recorre a pie sus calles, plazas, parques, estaciones, barrios, y suburbios, mostrándonos, a cada uno de sus pasos, un particular y paradójico concepto de belleza, tantas veces bonita como fea.

El propio autor reconoce que le hubiera gustado titular el libro Declaración de amor a una ciudad fea, si Bodo Morshäuser no se hubiese anticipado. En sus textos descubriremos ese amor a la ciudad, a la que en algunas ocasiones trata como un hijo a una madre, en otras como un huésped eternamente agradecido, y siempre como un turista seducido.

LA CIUDAD

Wagner nos presenta la ciudad como un hecho colectivo en permanente construcción, del que somos albaceas para las siguientes generaciones. Como esa vieja alfombra que nos dio la abuela, llena de retales de descuidos y aciertos, con los que remendamos los agujeros que deja nuestro desgaste. Un legado insustituible sobre el que hacemos vida; mullida por un lado y áspera en el contrario; que manchamos, y bajo la que a veces se esconde la porquería; que no entonaría en la mayoría de los salones; pero que es la nuestra.

El ojo atento de Wagner descubre los trazos de color que, zurcido sobre zurcido, capa sobre capa, se han dado a este gran palimpsesto que es Berlín. Arquitecturas y agujeros de bala que le han conferido la presencia de un denso libro de historia; graffitis y esculturas que la visten de galería de arte urbano; rótulos y carteles que la maquillan como un frívolo anuncio publicitario. Todos ellos son los rasgos y las cicatrices de la piel de la ciudad, que resaltamos o disimulamos con nuestra cosmética.

"Las tentativas frustradas de grandes utopías, los desastres, las hazañas heroicas, los partidos de fútbol, o las performance artísticas, quedan marcados en las piedras de la ciudad como testigo."

Pero lo que verdaderamente nos asombra es ver cómo tanto los más trascendentales relatos históricos como los más insignificantes gestos cotidianos conviven justo en el mismo espacio. Es aquí donde el autor se muestra extraordinariamente amplio, enseñándonos que la gran escenografía de la ciudad se construye con afamados protagonistas, pero también con silenciosos actores secundarios, los del fondo de la escena. Todos ellos equilibrados en un guión tal que cada ciudad es una obra diferente.

David Wagner plantea una visión arqueológica de Berlín, un paisaje de grandes bloques ciclópeos y de partículas de polvo. Todos los cambios que en ella se producen van dejando restos, no sólo gloriosos o significativos, como los monumentos en los que todos se reconocen, sino también vergonzosos, insolentes o banales. Y por supuesto, las ruinas, de tiempos pasados o  contemporáneas, que la propia ciudad derribará o dejará cubrir con el musgo de la no aceptación y el olvido.

Las tentativas frustradas de grandes utopías, los desastres, las hazañas heroicas, los partidos de fútbol, o las performance artísticas, quedan marcados en las piedras de la ciudad como testigo, como una pátina más o menos duradera. El autor encuentra e inventaría la magia de los actos simples y cotidianos  frente a las hazañas históricas, en ese conflicto de velocidades, de adelantamientos y frenazos, en este aparente desequilibro de pervivencias que es donde reside el urbanita.

EL PASEANTE

Pero el sentido dinámico de este libro no sólo queda plasmado en el registro del paso del tiempo en la ciudad, sino también en el paso del propio autor por ella.  Es aquí donde se produce el salto del frío libro de historia al diario personal del viajero caminante, cargado de anotaciones, observaciones y críticas.

Como asume el autor, hay algo de terapia en el hecho de caminar, que tiene que ver con hallar un poco de humildad en el reconocimiento de la ciudad. Nos ayuda a comprender el valor de la escala, la posición relativa del hombre como “un glóbulo rojo en el cuerpo de la ciudad”, como una “miniatura animada frente a las maquetas arquitectónicas”, a la escena que han soñado los programadores de diseño, los arquitectos, los káiser, o las grandes marcas publicitarias.

"David Wagner construye su propio mapa de llenos y vacíos de Berlín con la tecnología del XXI, registrando sus paseos en móvil o desvelando mentiras gracias a Google Earth."

El hecho evolutivo de erguirse y caminar —con la vista puesta a la altura de miras a la que cada cual tenga los ojos— nos permite tener una visión absolutamente personal del medio, que podemos compartir con los demás como experiencia. Sin olvidar que las primeras noticias que tenemos de nuestros antepasados, son precisamente las de sus paseos sobre el barro volcánico de Tanzania hace casi 4 millones de años, caminar como hecho estético es una experiencia que se acentuó en la ciudad desde fines del siglo XIX y especialmente en el XX. La flânerie de Fontane, Baudelaire, Benjamin, o Hessel; las visitas excursiones Dadá por los espacios banales; las inmersiones surrealistas por la ciudad inconsciente y onírica; las derivas por la ciudad nómada y lúdica de los situacionistas; o el descubrimiento de la ciudad entrópica de los artistas de los años setenta. Todas estas trayectorias bípedas han aportado una infinidad de mapas urbanos personales, cartografiados en todas las ramas del arte.

David Wagner construye su propio mapa de llenos y vacíos de Berlín con la tecnología del XXI, registrando sus paseos en móvil o desvelando mentiras gracias a Google Earth. Recorre la ciudad dejándose sorprender con sus hallazgos, perdiéndose sin agobios, y recibiendo como personales los múltiples mensajes con los que ésta se comunica.

Desde su visión de paseante, ciudadano, o incluso como urbanista, marca en su devenir los puntos de referencia estables, al menos duraderos, asociados a grandes lugares y edificios públicos, a las infraestructuras, a iconos o símbolos. Pero también nos presenta una fotografía instantánea de las acciones menudas que llenan el espacio que queda entre ellos, de los hechos cotidianos que todos reconocemos, de los accidentes que se transforman continuamente. Y ahí es donde nos muestra una Berlín colorida, efímera y suculenta, que se ve, se oye, se toca, se huele, se come y se bebe, que se siente distinta en cada momento. Y esto es lo que hace verdaderamente maravillosa a esta guía de viaje en continuo cambio,  que es que, en el fondo, es imposible de seguir.

Autor: David Wagner. Título: De qué color es Berlín. Editorial: Errata naturae, 2017. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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