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Jeosm: “La mujer sigue siendo el sexo fuerte”

Jeosm: “La mujer sigue siendo el sexo fuerte”

Mujer, el último fotolibro de Jeosm, fotógrafo en Zenda y autor de obras como Guerreros urbanos, Sacrificios y Realidad, ofrece un tributo a la mujer de su generación y de su propio entorno mediante un centenar de retratos en blanco y negro de peluqueras, dependientas, maquilladoras, camareras, periodistas, estudiantes, bailarinas, cantantes, artistas del tatuaje, diseñadoras gráficas… Y a este retrato generacional le acompañan las definiciones de la palabra «mujer», gracias a los textos de varias mujeres.

¿Cómo nace la idea del fotolibro Mujer?

Por la necesidad de enseñar un punto de vista diferente de la mujer en el mundo de la fotografía. Hay una tendencia en la fotografía convencional de presentar un modelo de mujer muy concreto en el que su papel es, en el peor de los casos, el de maniquí y en el mejor, el de mujer que usa su personalidad insinuante más como arma erótica manipulada para un fin comercial que como un arma real de carácter o  de fortaleza femenina. Por eso me pareció interesante sacar adelante este proyecto pero sin perder la mirada mía, que por muchas razones es una mirada dura, con contraste.

En realidad, la idea de la que arranca este trabajo es muy sencilla: hacer fotos a mujeres de mi entorno, de mi generación y con mi mirada, experimentando con un punto de vista diferente; trabajando con un gran angular, que es una lente que me permite un punto de vista diferente para lo que quiero contar.

"En Guerreros Urbanos, mi catálogo sobre grafiteros, apenas aparecen mujeres y en mi álbum de boxeo, Sacrificio, no aparece ninguna."

¿Y por qué mujeres?

Yo quería trabajar con mujeres porque apenas lo había hecho, siempre había fotografiado a tíos. En Guerreros Urbanos, mi catálogo sobre grafiteros, apenas aparecen mujeres y en mi álbum de boxeo, Sacrificio, no aparece ninguna. Quería trabajar con ellas; quitarme esa espina y cumplir un deseo profesional.

¿Crees que con este cuarto álbum publicado de fotografías se está definiendo una “estética Jeosm”?

Bueno, creo que cada creador busca marcar su estilo; su “algo”, su “rollo”. Yo en el grafiti tengo mi estilo y en la fotografía también. Mujer no es más que  otro proyecto en el que he podido hacer palpable esa mirada.

Todas las mujeres seleccionadas para el álbum presentan elementos comunes y eso crea una coherencia en la estética Jeosm. ¿Es fría, preconcebida, elegida por ti previamente?

El catálogo Mujer comienza con un prólogo en el que intento presentar el proyecto y sus razones. En él comienzo diciendo que estas mujeres pertenecen a mi entorno y mi generación. En realidad lo que estoy diciendo es que no es un proyecto generalizado; no intento hacer un catálogo de la mujer del momento sino de algo más cercano a lo que soy y que encaja con mi mirada y mi forma de fotografiar.

De hecho, frente al resultado, creo que estas mujeres, con su estética, definen más  una generación que una forma de vida.

¿Una generación que has querido definir con tu cámara?

No, no. Yo no he hecho este libro para definir; lo he hecho para mostrar. Eso es. Me limito a mostrar que estas mujeres existen; que están y se muestran tal y como son. Como en mis otros trabajos, me limito a ser el espectador; una especie de autor ventana o autor espejo. Muestro lo que veo. Sin retoques.

"En Mujer, ellas son las que han decidido su propia estética; la ropa, calzado; el peinado; si querían venir acompañadas o no a las sesiones fotográficas…"

Mujer es el resultado de una mirada personalísima, pero también de un trabajo enorme. Cuéntanos cómo ha sido la experiencia de montar este proyecto.

Mi primera preocupación era la convocatoria, para lo cual recurrí a mi círculo cercano en primer lugar y después, inevitablemente, a las redes sociales. En el catálogo aparecen 100 mujeres aunque participaron algunas más, pero por tema de maquetación o bien porque había fotos muy parecidas, no han podido entrar. También ha habido algunos casos de mujeres que finalmente no llegaron a aparecer, pues me pidieron eliminar su foto por razones diversas (no se sentían cómodas ellas o sus parejas con el resultado final…). Son cosas con las que hay que contar y que no sólo me ha ocurrido en este catálogo de mujeres; también cuando hice el catálogo de luchadores de boxeo. Entiendes que al final cada persona quiere proyectar una imagen en la que no sólo se reconozca, sino que también se guste y se sienta cómoda.

En Mujer, ellas son las que han decidido su propia estética; la ropa, calzado; el peinado; si querían venir acompañadas o no a las sesiones fotográficas… Luego elegíamos las fotos entre los dos; ellas se quedaban con diez fotos y yo con una para el catálogo. Así ha sido. En este trabajo yo pongo la mirada, pero el que posa, decide. En realidad, en todos mis trabajos procuro ser sólo una mirada porque eso es más que nada lo que me define.

Quizás me vaya por los cerros de Úbeda al decirte esto pero creo que es importante: los dos pilares de mi trabajo fotográfico (y en realidad de todo lo que hago), son  la realidad y la sinceridad, por eso no intervengo ni modifico al modelo, me limito a contar lo que éste me ofrece.

Cuando cerramos un libro, miramos un cuadro o una fotografía, asistimos a una ópera o vivimos experiencias estéticas sabemos, al terminar, que no volveremos a ser los mismos de antes. ¿Qué ha cambiado en ti después de este proyecto? ¿Qué has aprendido de esta experiencia?

He aprendido muchísimo, pero es que yo concibo el trabajo como aprendizaje. Ahora bien, trabajar con mujeres era algo nuevo para mí y ha sido muy interesante. Me ha ayudado a conocer mejor, por ejemplo, el cuerpo de la mujer; a mirarlo de forma casi científica. Sin pasión; con objetividad. Técnicamente, me ha servido también  para perfeccionar el uso de un 20mm, que es un objetivo gran angular. Yo ya lo había usado en el  trabajo con futbolistas o en encargos comerciales, pero con los retratos de mujer he encontrado un tipo nuevo de uso, más subjetivo.

¿En qué sentido?

El gran angular me ha facilitado el trabajo, pues en el momento en que yo hacía un contrapicado, ya daba a la persona un valor de grandeza. Esta lente me ha permitido mostrar por un lado un gesto de carácter, de altivez, y por otro un rasgo estético de anatomía estilizada.

Ya sabemos lo que has aprendido de la lente, pero ¿y de la mujer?

Pues que sigue siendo (como ha sido siempre) el sexo fuerte. Que aunque socialmente se quieran mostrar ciertas inseguridades en el mundo femenino, creo que es todo lo contrario.

En el momento en el que están cómodas, las mujeres muestran una seguridad brutal que ya querría mucha gente a la que he tratado; gente famosa o gente incluso con “más tablas” a la hora de ponerse delante de una cámara. Y por otro lado, el relacionarme con ellas, el aprender de lo que me cuentan, ha sido muy importante para mí, pues antes de hacer las fotos solíamos charlar un poco. Les preguntaba a qué se dedicaban, qué hacían en su día a día; qué aspiraciones tenían o por qué querían participar en este proyecto. Y gracias a estas conversaciones pude ver el cansancio de las mujeres por la imagen que en general se da de ellas en los medios, en el cine, en la literatura.

Les gustaba verse en mis fotos por la fuerza que eran capaces de transmitir en ellas, como una declaración de intenciones. Y me sorprendió que la mayoría de estas mujeres coincidiesen en considerar  la palabra “fuerza” unida a la palabra “mujer” casi como una novedad; una visión “diferente”. Increíble, porque para mí ambas palabras siempre estuvieron unidas.

"Igual con 50 años me apetece fotografiar paisajes, no sé. Pero hoy creo que la magia de la fotografía es la mirada, el gesto del momento."

¿Por qué el retrato en fotografía?

En realidad mi trabajo siempre se centró en el retrato. Guerreros Urbanos, podríamos decir, es la excepción; en aquella ocasión elegí el reportaje porque el tema del grafiti me pedía eso; contar lo que la gente no puede ver normalmente. De hecho quizás hubiese sido más cómodo hacer un libro de retratos de escritores de grafiti, pero mi vinculación personal con ese mundo me pedía más la acción; el movimiento; la crónica visual del testigo.

Sin embargo en el retrato es donde me siento más cómodo; yo no concibo una fotografía profesional sin que haya alguien ahí. Igual con 50 años me apetece fotografiar paisajes, no sé. Pero hoy  creo que la magia de la fotografía es la mirada, el gesto del momento. Y que luego pasen los años y puedas mirar aquel instante fijado en el tiempo. Me parece misterioso y mágico. Y también el retrato es para el fotógrafo una manera de mirar dentro de la persona y conocerla más. Yo creo que un buen retrato sale cuando miras a esa persona a través del objetivo y eres capaz de atrapar justo el momento en el que se siente desnuda.

¿Qué es para ti la fotografía: trabajo, estética,  necesidad, ocio?

La fotografía es mi medio de expresión; es como veo yo el mundo y a la gente y desde luego es pura necesidad. Necesito fotografiar por dos cosas: primero por sentirme vivo; sentir que hago algo valioso. Y en segundo lugar porque me parece que el tener una cámara en las manos, conocimientos de usarla e inquietud por  contar cosas, en parte me obliga a hacer una especie de acto de agradecimiento o justicia; puedo contar el mundo en el que vivo y cómo lo veo. Por eso siempre hago hincapié en que mi trabajo es mi mirada fotográfica;  y asumo las consecuencias, porque a veces me salen proyectos precisamente por tener esta mirada y otras veces no he podido aceptar un encargo porque me obligaban a renunciar a ella. Pero yo soy como soy.

¿Entonces en las fotos cuentas más lo que eres o lo que ves?

Las dos cosas. Cuento cómo soy en cuanto a encuadre y luz y cuento lo que veo en cuanto al personaje.

 

(Piensa, oscuro, duro, concentrado, Jeosm en aclararme esa explicación tal vez extrañado por mi silencio, que no es más que pura admiración, aunque claro, sin cámara en mano, el fotógrafo no puede adivinar esas cosas.)

 

Mira, yo tengo un arma, que es la luz. Ya está. No tengo nada más. Y depende de cómo coloque el objetivo más cerca o más lejos de una ventana, le ponga flash o haga lo que sea, ya estoy contando cosas. Consigo, sólo con la luz, que una foto sea más melancólica, más dura; más altiva… .Pero a la persona no la puedo cambiar, entonces lo que hago es fotografiarla como la veo; como creo que es según ande, se comporte…

 

(Me mira un poco preocupado mientras enciende otro cigarrillo: “No sé si me explico”.)

 

Los retratos son como una conversación entre dos partes, aunque reflejes al modelo de manera hiperrealista, no puedes hacerlo sin poner algo de ti; de tu trabajo personal. Yo me he dado  cuenta de que el 90 por ciento de mi trabajo se basa en retratar a gente fuerte. Fortaleza y valentía son dos valores que intento defender en mi vida, por eso, de manera instintiva, los busco en todo aquel que se sitúa al otro lado de mi cámara.

"Estas mujeres de mi libro Mujer son también mujeres valientes, porque han posado para mi sin ningún tipo de tapujos ni de miedos; diciendo aquí estoy yo."

En mi primer libro, que se llamaba Realidad, retraté a gente urbana que decía “este soy yo, estoy aquí”, ese era el lema. En 2014 salió Sacrificio, donde fotografiaba tíos que salían a partirse la cara, a veces por dos duros, a veces por nada. Todo ese tiempo que dedican entrenando para pelear es un sacrificio increíble ¿no? De ahí el título del libro. Guerreros Urbanos está lleno de fotos de tíos que se la juegan por nada; escritores de grafiti que sólo buscan el respeto de sus iguales. Ya está. Y ojo, no entiendo un ejercicio de valentía el ir por la calle y partirle la cara  a un tío, sino que los ejercicios de valentía son los que te acabo de comentar, comparables a ser una mujer y salir adelante y criar a un hijo luchando; defendiendo sus valores a pesar de todo y su independencia por encima de todo.

Estas mujeres de mi libro Mujer son también mujeres valientes, porque han posado para mi sin ningún tipo de tapujos ni de miedos; diciendo “aquí estoy yo”.

Al final, sin pretenderlo, mi mirada busca eso. Incluso en Zenda retrato a gente valiente también. De otra manera, pero con esa mirada. Mi trabajo personal; mi nombre, va acompañado de esos valores. De esa verdad.

¿Cuál es la foto de la que te sientes más orgulloso?

Técnicamente he intentado que todas sigan el mismo patrón, luego para mí son todas iguales. De hecho son fáciles de resolver; cualquier persona con un mínimo de conocimientos técnicos las haría sin problemas. Como fotógrafo, la técnica para mí no es vital. Hay que conocerla; dominarla, pero ya está.

Ahora, de lo  que verdaderamente me siento orgulloso es de que muchas chicas que en un primer momento llegaban inseguras o con complejos, delante de la cámara han sido capaces de relajarse llegando a olvidarlos. Para mí eso ha sido lo más importante de este proyecto. Estrías, cicatrices, cuerpos que no se adaptan a los cánones mostrados como un acto de reconocimiento, de rebeldía o de verdad. Y lo han hecho delante de mí; confiando en mí.

¿Te ha costado más retratar a las mujeres conocidas o a las desconocidas?

Me cuesta más con desconocidas precisamente por eso; porque no las conozco y en mi mirada de fotógrafo es muy importante ese paso. De ahí lo que antes te comentaba de charlar previamente con ellas; romper un poco el hielo; saber sobre su vida; que me cuenten sobre lo que quieran contarme para que se relajen y poder retratarlas tal y como son. Claro, porque todas ellas (todos nosotros, en realidad) estamos acostumbrados a mostrarnos en redes sociales pero lo solemos hacer como queremos que nos vean, no como somos. En este trabajo he querido romper esa barrera y no ha sido fácil, desde luego, pero creo que lo he conseguido.

"Por economía intento, al fotografiar, que el trabajo tenga un toque analógico para que el resultado no se altere al pasarlo al blanco y negro que es mi fuerza y es mi lenguaje."

Es curioso cómo la fotografía, que siempre ha sido un recurso muy útil para construir mentiras, tú la utilices como herramienta para contar una verdad

Sí. Por eso recurro al retrato. Y también por eso siempre trabajo en blanco y negro,  para darle a la foto ese matiz clásico; que no haya cosas que distraigan y centrar toda la fuerza en la mirada. Además creo que con el blanco y negro consigo todo ese ejercicio de veracidad de la fotografía clásica. De hecho los autores que me gustan, clásicos, trabajan en blanco y negro. Creo que me siento más fotógrafo si lo hago de esa manera. Aunque utilizo cámaras digitales en color por creatividad y por economía intento, al fotografiar, que el trabajo tenga un “toque analógico” para que el resultado no se altere al pasarlo al blanco y negro que es mi fuerza y es mi lenguaje. En el fondo me siento muy clásico haciendo fotografía.

Una cosa que me ha llamado la atención de este trabajo es que todas las mujeres son chicas jóvenes; tan jovencísimas que  biológicamente, en principio, no tienen historias que contar, sin embargo tú las has fotografiado como si llevaran encima una carga biográfica increíble.

Sí. ¡Y esto me interesa mucho! Bueno, como hablábamos antes, son mujeres de mi generación; todas han nacido entre los 80 y los 90. Muchas de las que están ahí son madres y es que nunca he entendido por qué alguien que tiene una biografía debe ser alguien “mayor”. Este proyecto me ha permitido conocer a chicas a las que he retratado que a lo mejor tienen 22 años pero tienen una vivencia tremenda en muchos aspectos de la vida. Precisamente al saber de ellas; de sus vidas llenas de historias tan valientes como desconocidas, me parecía de derecho reconocerles con mi cámara y a través de su actitud; de sus gestos, de su mirada, esa biografía  sin voz.

Además de las fotos, has querido incluir en este libro algunos textos escritos por mujeres definiendo la palabra “mujer”.

Bueno, más que incluir yo quería completar mi mirada con las miradas de otras mujeres. Al fin y al cabo, soy sólo un hombre que hace fotografías y me parecía un ejercicio de honestidad y justicia dar voz a la mujer. Por eso contacté con mujeres que me parecía que encajaban con el proyecto pues tenían cosas que contar y puntos de vista diferentes; por eso hay periodistas, escritoras, documentalistas historiadoras del arte…,  de distintas edades, diferentes nacionalidades y entornos sociales, para que quedase lo más amplio posible.

En el mundo tan descaradamente injusto en el que vivimos, ¿de dónde te sale esa necesidad tan pura de justicia?

Pues yo creo que de cómo me ha tratado la vida; que no me ha tratado de manera justa muchas veces. Yo vengo de un hogar de padres separados y me he criado en Villaverde Bajo, un barrio de Madrid que en los 90 estaba lleno de yonquis, delincuencia, jeringuillas en el suelo y cosas así;  con unos estudios que para mí terminaron en E.G.B. Me puse a currar por necesidad familiar muy jovencito y llevo currando hasta ahora. Pero en medio de todo eso, sentía con fuerza una especie de hambre creativa que ni la escuela ni ninguna institución era capaz de entender y mucho menos, canalizar. Cuando empecé con amigos en el mundo del grafiti, terminé aislándome de lo “socialmente correcto”, y nadie supo ver las carencias. Era más fácil apartarnos  que ayudarnos. Pero tienes que tirar para adelante y por suerte he sabido ser un chico independiente desde muy jovencito; no depender de mi familia económicamente para nada; no depender sentimentalmente de ninguna mujer a mi lado y eso me ha dejado un espacio lo suficientemente personal para tener claro lo que quiero hacer y cómo quiero hacerlo. Un camino que no era fácil y en el que sobre todo, lo que más me dolía era la injusticia: no dar voz a la gente que lo necesita; no valorar las cosas que están fuera del sistema o “socialmente bien vistas”; no querer comprender por qué hay tanto dolor y tanta rabia en los márgenes; en la periferia.

Ahora que la vida me ha puesto una herramienta tan potente en las manos; que puedo contar cosas con la fotografía; mostrar a la gente esa realidad que tan bien conozco, pues lo hago. Y a quien no le guste esa realidad, que no mire, pero ésto existe y por eso yo lo cuento. Pero ¡ojo! que yo no vengo aquí a “hacer el Robin Hood” ni nada de eso, sólo aprovecho el poder de mi mirada para contar fríamente  y ya está.

Todo esto de la justicia tiene mucho que ver con la verdad. Vivimos un momento en el que se toma mejor una mentira piadosa que una verdad sincera; no estamos acostumbrados a digerir la verdad. Y es que hemos construido un mundo en el que no nos atrevemos a hacer nada que pueda ocasionar un daño y claro, la verdad siempre es dolorosa. Parece que nos hemos ablandado haciéndonos quizás más comprensivos, pero desde luego mucho menos tolerantes al dolor, sobre todo al emocional. Tenemos que aprender a convivir con el sufrimiento; a comprender que las cosas vienen como vienen; sin algodones, porque la vida no está hecha de algodones…, la vida es desgarro; es discusión; es carácter y todo eso se aprende. Yo lo aprendí, por eso no concibo una vida llena de mentiras enmascaradas. Y por eso fotografío así.

"No soy un tío fácilmente influenciable por el trabajo de otros; vengo muy marcado por la necesidad de tener un estilo propio."

Para terminar, ¿qué libros de fotografías o de otro tipo han influido en tu obra, en tu mirada?

Para mí el referente máximo de la fotografía es Richard Avedon. Después, Mapplethorpe, por lo que arriesgó en la época en la que le tocó vivir. También Eliott Erwitt, que me parece  ¡ufff!, un genio; era único jugando con el entorno; con la calle, con esa frescura; esa creatividad.

Pero, quizás condicionado por el mundo del grafiti, no soy un tío fácilmente influenciable por el trabajo de otros; vengo muy marcado por la necesidad de tener un estilo propio. Cada vez que cojo un libro de fotografías es para ver qué puedo aprender de las enseñanzas de los buenos más que para  averiguar qué puedo copiar de ellos.

En cuanto a literatura, no soy un superlector”, pero claro, leo. Y hay algunos libros que me han marcado mucho. Uno de ellos es El rey de la Habana, de Pedro Juan Gutiérrez, buenísimo; un ejercicio de realidad y de vivencia brutal. Evidentemente de Pérez-Reverte, La reina del Sur, que es un librazo. Y luego hay otro, un libro duro titulado Pimp, memorias de un chulo, de Iceberg Slim. Necesario para comprender un poco mejor la vida sin algodones (reímos).

En cierta manera me interesan los libros que transcurren “al otro lado de la colina”, que es donde se forjó la mirada que uso para hacer fotografías.

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Autor: Jeosm. Título: Mujer. Editorial: Libro autoeditado. 104 páginas. Venta: Se puede adquirir a través del correo jeosmphotography@gmail.com o de la web http://www.ciudadanogrant.com/libro/mujer_6326

El libro se presenta el viernes, 19 de mayo, a las 8 de la tarde en la librería Swinton & Grant (Miguel Servet, 21, Madrid)

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