—Algún día iré a Zenda —dije.
—Está usted loco.
Anthony Hope
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La infantería del capitán: Vida y tiempos de los extras de ‘Alatriste’

La infantería del capitán: Vida y tiempos de los extras de ‘Alatriste’

[El texto que sigue se escribió a finales de 2005, varios meses antes del estreno de la película Alatriste. En él se resumen las aventuras de cuatro veinteañeros que participaron como extras en el rodaje y contaron sus experiencias en el foro capitan-alatriste.com]

“Vuelvo yo de llevar mi coche a la ITV, con un cabreo tremendo porque me lo han echado para atrás por culpa de los gases, cuando me llama una señora muy amable al móvil: “Que te han cogido para extra de Alatriste y mañana tienes que estar en la prueba de vestuario”. El cabreo se me pasa del tirón, llamo corriendo a mi novia para contárselo, y sin quererlo se me viene a la cabeza una escena de El guateque, en la que Peter Sellers vuelve loco al director de cine de la peli para la que trabaja de extra.”

Esta es una cita de una página del blog de Juanrahig, un gaditano de 29 años que el 19 de abril de 2005 se sintió, si no rey por un día, al menos sí súbdito de Felipe IV en aquellos días del siglo XVII cuando el sol no se ponía en el imperio español.

La adaptación cinematográfica de la serie de novelas Las aventuras del capitán Alatriste está introduciendo a lo grande en la cultura popular española el fenómeno cada vez más extendido en Hollywood de seguir a través de foros de internet el crecimiento de todos los aspectos de los nuevos proyectos fílmicos casi minuto a minuto, desde el rodaje hasta el estreno, pasando en el caso de Alatriste por la aparición de nuevos libros en la serie, juegos de rol, divulgación cultural, discusiones históricas, quedadas, fabricación de su propio merchandising de fans, todo tipo de noticias relacionadas con el tema, y más allá incluso.

En principio, puede parecer que un grupo de unas 600 personas reunidas en un foro cien por cien no oficial fundado por un señor de Murcia no puede compararse con los multitudinarios fenómenos provocados a escala mundial por acontecimientos como El Señor de los Anillos, Star Trek y La Guerra de las Galaxias, pero el hecho es que en una España donde muchos se confiesan modernamente frikis quizá porque el palabro está de moda, nunca antes había pasado algo similar con ningún otro film autóctono. Además, a esto hay que añadir el hecho de que a día de hoy [noviembre de 2005] sigue sin haber una página web oficial de ningún tipo para la película más allá de la que tiene el propio autor de las novelas, Arturo Pérez-Reverte. Es aquí donde probablemente esté una de las grandes diferencias entre nuestro cine y el estadounidense, más que en los medios económicos, ya que Alatriste es la película más cara de la historia del cine español y está basada en una serie de novelas conocida, apreciada y de gran seguimiento.

El mencionado señor de Murcia no es el propio Pérez-Reverte, sino Ramón ‘Elfstone’, el fundador de capitan-alatriste.com, un fenómeno completamente de base y desinteresado, construido cada día con gran dedicación por sus miembros. Se desviven por rastrear la red para comunicar a los demás el último cotilleo sobre cualquiera de los actores que salen en la película (incluso aquellos que no tienen ascendencia danesa), la última noticia con mínimo vínculo al estreno aparecida en la esquina inferior izquierda de la página 37 del Diario de León o las vicisitudes de un duro día de rodaje, escritas aún presa de la emoción a las tres y veinte de la madrugada por alguien que condujo toda la noche para estar allí a riesgo de perder el empleo.

Es precisamente sobre estas últimas personas de lo que trata este artículo. En espera de que la gran promoción comience en serio, con entrevistas a las grandes estrellas en todos los medios, y el tráiler y los posters presentes en todas las esquinas, nos vamos al otro extremo del fenómeno: este es el relato de la historia y las anécdotas de cuatro personas anónimas para el gran público que fueron tocadas por la magia del cine a lo grande y participaron como extras durante unos pocos días. Ahora esperan ansiosamente ver el resultado en el verano de 2006, año y medio después de aquellas jornadas. Y quién sabe si la repercusión, que para algunos ya ha sido importante en sus vidas, irá más allá. Son sólo cuatro historias en representación de otras muchas, que pueden leerse más en profundidad en el foro capitan-alatriste.com.

Juanrahig: El veterano de La Caleta

“Luis, el ayudante de producción, nos soltó un discurso sobre nuestra labor: seré veterano de guerra, en una escena en la que estará de cuerpo presente el Tío Viggo, Unax Ugalde, y el sustituto de Antonio Resines. Pregunta si sabemos nadar (¿?) y nos aconseja no volver a contarnos el pelo ni afeitarnos hasta que pase el rodaje. Cuando llego a casa me afeito por última vez en un mes. Los días antes me paso un par de veces por la playa de La Caleta, en Cádiz, para ver cómo van los decorados. Cada vez que paso por allí me pongo nervioso. En esos días empiezo a engancharme a la página web y me hago bastante pesado a base de dejar mensajes en el foro. Un poco obsesionado, me dedico a buscar en internet información sobre los tercios de Flandes, y me empollo la página entera de un auténtico experto en el tema [Targul, uno de los moderadores del foro]. La noche antes del rodaje no podía dormir y me leí el capítulo primero de El oro del rey [la cuarta novela de la serie] para imaginarme cómo sería el día siguiente. Esa noche soñé que volvía de la guerra. Cuando en mi radio-despertador sonó la voz de Iñaki Gabilondo, por primera vez en mi vida no me costó trabajo levantarme.”

Juanra tiene 29 años, es arqueólogo de título, pero profesor de FP en realidad, y se las pinta solo para hablar de sus doce horas de gloria:

“Apareció Tatiana, la chica de producción. Fuimos entrando y desayunando zumo y croissants. Yo hice lo posible por tardar en entrar, previendo que el día sería largo y que acabaría harto del traje. No sabía que al final del día me daría pena quitármelo: camisola blanca, bombachos, botas altas, una chaquetilla verde, y un jubón de cuero que finalmente me quitaron. Luego me mandaron a una estilista que me vendó una rodilla con un trapo rojo que al final del día me llevé a hurtadillas. Una vez vestido se encargaron de ensuciarnos la ropa y el pelo con toda clase de potingues. De repente, uno de los asistentes vino a buscarnos para llevarnos al autobús. En La Caleta la gente nos miraba y se quedaba flipada: parecíamos auténticos veteranos. “¡Qué pedazo de coro!”, nos gritó uno. Nos dieron un bocata de chorizo y una botella de agua, y tras un rato de espera, nos mandaron al otro lado del balneario bajo la cámara de Canal Sur y de la gente que nos hacía fotos con sus móviles.”

“A diez de nosotros nos mandaron a una de las barcas con aparejo. El problema es que era vieja y hacía aguas. Encima, nos fuimos dando cuenta de que la cámara no nos iba a coger en la vida, ya que nos daba la espalda casi todo el tiempo. Así que bauticé la barca como La Fracasada por esto mismo: se hundía y encima no iba salir en la peli. Me consolé pensando que al menos vería el rodaje mejor que nadie. Poco a poco fueron saliendo todos los actores conocidos y el director. El más espectacular era Viggo Mortensen. El tío no sé qué es lo que tiene, pero se le ve desde lejos. Cuando lo veo, no puedo evitar pensar: “Tío, eres el maldito capitán Alatriste”.”

“La comida nos la pusieron en una carpa en el colegio Valcárcel. Plato único: garbanzos. Yo pasé de ellos y cogí yogur y fruta, llenándome el zurrón para aguantar el día. En una carpa al lado, mucho más elegante, comía el equipo de la peli y los actores. Fui a una especie de ventanita que daba a ella, y de repente, Viggo sacó una bolsa llena de caramelos y la vació sobre una bandeja. “Toma, reparte esto entre los extras”, me dice el rey de Gondor. Momento surrealista. La voz de Viggo suena ligeramente nasal, con un acento entre argentino y gringo. Luego, cuando lo escuchamos ensayar de cerca, vimos que para Alatriste camuflaba el acento y le daba una profundidad a su voz que no tiene cuando habla “de paisano”. Llama la atención la manera en que te mira directamente a los ojos sin ningún asomo de superioridad. Más bien al contrario, como si le fastidiara tremendamente, o le diera corte, ser una estrella. Los ojos glaucos como los del capitán están circundados por unas marcadas arrugas de expresión que le dan un aire venerable. Aunque de cerca parece mayor, es difícil calcular qué edad tendrá.”

“Luego llegó otro momento surrealista cuando llega Luis y dice: “Venid vosotros, que os vamos a dar armas”. A mí me tocó un arcabuz, cosa que al principio era divertido pero que poco a poco empezaba a pesar. Me hubiera gustado más una espada, pero la verdad es que el arcabuz era espectacular: olía a grasa como si fuera de verdad, se abría para cargarlo y se desmontaba.”

“Entonces llega el momento de suerte. La Fracasada estaba encallada, así que Luis nos repartió por toda la playa. Yo me fui haciendo el tonto un poco, acercándome a la barca del centro, la principal de la escena, y le digo a Luis: “Bueno, yo me quedo aquí” (por si colaba). Luis estaba distraído con otra cosa y me dice que vale. ¡Total! He pasado de estar fuera de escena a estar en primera fila.”

Juanra en La Fracasada

“El resto es historia: doce tomas a lo largo de toda la tarde. Cada vez que el tío del megáfono decía: “¡Acción playa!” teníamos que tirar de la maroma como si tuviéramos que acercar el barco a la orilla. Después, del barco de al lado se bajaban otros actores (incluido el capitán) y pasaban por mi lado con la steadycam. Después descargábamos unos fardos del barco y mientras la secuencia terminaba paseábamos por la playa esforzándonos por no mirar al objetivo, pero haciendo todo lo posible por quedar dentro del tiro de cámara. Al principio era divertidísimo, pero poco a poco los fardos mojados pesaban más, los pies metidos en agua estaban más fríos, el casco se hacía más pesado, y cada vez hacía más frío. Pero el momento impagable era cuando el tío del megáfono decía: “Ensayo de actores”, y los cuatro principales de la toma ensayaban el diálogo a dos metros de nosotros.”

“Luego alguien dijo: “Última toma”, coincidiendo con la puesta de sol, y nos fuimos a devolver las armas. Me acerqué al tío Viggo, y le apreté la mano con un “encantado de haberle conocido” en la boca. “Muy amable, gracias a todos por la paciencia”, dijo él, recuperando su acento argentino y caminando playa arriba saludando y parándose con quien hizo falta. Y así terminó todo, devolvimos las armas y la ropa (menos una de las cargas de pólvora y la venda de mi rodilla, que me quedé) y dejé de ser un veterano de guerra. En parte me dio pena. Cuando solté el casco y el cinturón pensé que tal vez no vuelva a verme en una parecida en mi vida. Hay gente que dice que por treinta euros no habría pasado un día entero liado. Pero bueno, el dinero es sólo dinero. Pasar un día así es invertir en batallitas. Tal vez soy un poco simple, pero yo me contento con cosas sencillas.”

Carlos-Z e Inés: El soldado y la dama de la corte

Tras Cádiz, la acción pasó a otras partes de la península. Carlos tiene 22 años, es programador, diseñador y técnico informático con su propia página web, interesado en “las cosas extrañas y todo lo que sea una frikada, en especial la cultura japonesa”. Lo suyo fue de película desde el principio: descubierto por un cazatalentos mientras paseaba por la calle, como en Hollywood. “Todo empezó con un par de chicas de la agencia 2001, que me preguntaron a mí y a unos amigos en la plaza del Dos de Mayo en Madrid que si queríamos participar en la película. Así por las buenas. Que buscaban muchos extras y que por lo visto les gustaban nuestras pintas. Dijeron que éramos idóneos para la caracterización. Era un miércoles, y el sábado teníamos que presentarnos sin afeitar para hacernos unas fotos con un número debajo, como los presidiarios. En todo momento nos dieron a entender que ya estábamos dentro del rodaje, con tan solo haber asistido. Nos informaron de la dureza de las jornadas de trabajo, que podrían llegar a las doce horas, a lo que le habría que sumar dos horas de maquillaje y clases de caracterización para ser auténticos personajes del siglo XVII. Como contrapunto (y excusa para perdonar la insuficiente remuneración económica), nos aseguraron que esta sería una experiencia irrepetible y apasionante que no podíamos dejar pasar. Nos pidieron que estuviéramos disponibles para prácticamente cualquier día a cualquier hora por si hubiera algún cambio. Hicieron hincapié en que teníamos que estar dispuestos a correr, gritar, saltar, ensuciarnos con barro e incluso rodar a las cuatro de la madrugada. Se notaba que en este casting habían escarmentado con lo sucedido en el de Cádiz, en el que se presentaron unas tres mil personas y solo pudieron seleccionar a mil trescientas, bajo las disconformes miradas de los rechazados.”

Dos días después, el martes, le llamaron para estar al día siguiente en una nave en las afueras de Madrid para hacerse pruebas con los trajes que iban a usar ya en la película. “Había miles de trajes de época y algunas personas con monos de trabajo se estaban ocupando de ensuciarlos y envejecerlos.” Finalmente le llamaron para rodar, no en una sino en dos escenas, primero en la corte madrileña y luego como arcabucero en la batalla de Rocroi, el punto culminante de la película.

Carlos en Uclés

“En las escenas en las que marchábamos todo el ejercito éramos unos cuatrocientos soldados, y nos filmaron con cámaras terrestres y aéreas. Soportábamos temperaturas de 38 o 40 grados, con el añadido de estar cinco horas seguidas al sol en cada tanda de rodaje envueltos en ropas que bien nos resguardarían de un duro invierno, y con una armadura sobre la que podría freír una tortilla. Para paliar el terrible calor, todos los poseedores de casco se metían hielos en él y los demás nos mojábamos el cuerpo con agua y bebíamos abundantemente. Cada cierto tiempo se oían gritos de angustia que suplicaban por un poco de agua, pero por la dificultad de estas escenas en masa se tenía que esperar hasta después de grabar la toma, por la complicación de continuidad que supone volver a formar perfectamente a tal cantidad de soldados. Los realizadores no daban abasto, y los de la agencia de figuración se portaron estupendamente con nosotros, ofreciéndonos agua siempre que se podía. Había un par de ambulancias para atender a los desmayados o deshidratados. Tengo que destacar que había una importante cantidad de “soldados” que se excedieron en su particular consumo de porros; no sé si rindieron demasiado bien, pero sin duda pasaron una jornada de lo más entretenida.”

Viggo camiseta foro

Carlos trabajó en total cuatro días, pero aprovechó bien el tiempo. Cuando los primeros mensajes sobre la participación de los extras empezaron a llegar al foro, el entusiasmo hizo que los miembros prepararan una carta con el ánimo de entregársela personalmente al mismísimo Viggo Mortensen (Tito Viggo para los foreros). Carlos fue quien le puso el cascabel al gato: “Pude ver pasar a Tito Viggo, y tras seguirle, esperé en la puerta de su camerino a que diferentes curiosos le asaltaran mientras se cambiaba de ropa (es increíble la cara que tiene la gente: él cambiándose medio desnudo en su camerino y los curiosos abrían la puerta y violaban su intimidad sin ningún remordimiento). Yo, más solidario que el resto, decidí esperar a que se cambiara. Tras cinco minutos, salió mientras se ponía la famosa camiseta de su equipo de fútbol argentino, el San Lorenzo de Almagro. Me acerqué con precaución y aires amables porque intuía por su cara que su paciencia estaba llegando a su fin. Afortunadamente pude entregarle la carta y explicarle de qué se trataba, y que nos gustaría mucho a los foreros de la web que la leyera. Él escuchó atentamente y me dio las gracias antes de salir corriendo para evitar a una multitud que se acercaba. Se le veía intrigado, creo principalmente que porque no le pedí hacerse una foto conmigo ni firmarme un autógrafo.”

Además, si el título de esta sección puede dar que pensar que no es casual el hablar de un soldado y una dama juntos, es porque así es. Tras el éxito de sus mensajes, Carlos escribió en el foro: “He leído que hay bellas mujeres en el foro, así que si alguna quiere conocer a un apuesto noble, solo tiene que pedirlo.” Carlos ya se había ganado la atención de los foreros con sus reportajes al pie del cañón (nunca mejor dicho), pero la historia de su relación con otra extra del rodaje les ha hecho casi tan famosos como a las estrellas protagonistas. Inés es vizcaína, tiene 25 años, vive en Coslada y está intentando terminar biología en Alcalá de Henares. Empezó como simple fan de base, mandando sus datos por e-mail a la agencia (sin respuesta) y andando mientras a la caza de un autobús que le pudiera llevar a ver a Viggo por Talamanca del Jarama o El Álamo. El 15 de marzo, tras un infructuoso día de espera, escribió este poema:

Lalaith Viggo

A la puerta del rodaje,
sentadas en un bordillo,
gritamos: ¡Pardiez! ¡Ultraje!
¿Por qué Viggo no ha salido?

Vuestro mostacho añoramos,
vuestra espada y porte altivo.
Con paciencia os aguardamos.
¡Voto a tal! ¡Salid ya, Viggo!

Dos meses después, Carlos, ya metido en el tema del rodaje, escribió un mensaje intentando ayudar a otros extras potenciales: “En cuanto a las mujeres, se necesitan de tres tipos: 1º Bellas, altas y morenas para el papel de nobles. 2º Rubias guapas para el papel de meretrices holandesas. 3º Delgadas y pálidas para hacer de enfermas de sífilis (no es coña).” Ella respondió con mucha modestia: “¡Maldición! Tan solo cumplo los dos últimos requisitos del tipo 1º. Pero si aún se puede intentar me acerco a la agencia. ¿Se podrá aún? Por intentarlo que no quede.” Al rescate acudió Paco el Berraco, que “posteó” los móviles personales de los encargados del casting. Así fue como Inés se tuvo que currar durante meses lo que a Carlos le cayó en el regazo. Tras ir, dijo: “¡Necesitan hombres como el llover, chicos! Pasaos por allí porque es que a JC ha sido verle y decirle: “A la saca”. Increíble. Para nosotras, poquísimas esperanzas. Necesitaban quince mujeres y habían pasado por allí más de doscientas setenta. Pero bueno, pase lo que pase ha sido un día histórico e histérico genial. A riesgo de parecer masoquista, confesaré que ese nudo en el estómago me encanta.”

Tres días después, el 21 de mayo de 2005, sin Inés aún saber de los del casting, hubo una “quedada” de foreros en Madrid: “Nos lo pasamos estupendamente, hicimos una mini-ruta que nos llevó a la plaza Mayor, el convento de las Descalzas, la casa de las Siete Chimeneas… y que también nos llevó de cañita en cañita.” Allí fue donde Carlos e Inés se conocieron. Finalmente, otros tres días después, la llamaron para decirle que la escogían y le hicieron la prueba de vestuario con un pesado y recargado vestido del que se deshizo en elogios. Le tocaba rodar dos días más tarde en Uclés, y Juanra, el veterano de la Caleta, que ya había pasado por ello tres meses antes, le tocaba la moral: “¿Qué, cómo van esos nervios? ¿Esta noche no dormís? Tictactictactictac. ¿Ya tenéis un plan para la carta de Viggo y esas cosas? Tictactictactictac. ¿Ya habéis preparado una cinta de vídeo para que os graben el telediario local por si salís? Tictactictactictac.”

2005 05 27 Lalaith de dama 127 de mayo. Inés no podía con su alma. “Apagué el despertador antes de que sonara. Obviamente, no había pegado ojo en toda la noche. Paseé por el salón hasta la hora de despertar a mi pobre progenitor para que me llevara. A las 6 fui a despertarle. Él se levantó con cara de ganas de matarme, y yo venga a meterle prisa. Luego, harto del viajecito que le había dado, me dejó allí y se fue. Yo con náuseas, hasta ganas de ponerme a llorar y de los nervios porque Carlos y JC no daban señales de vida. Por fin apareció Carlos. Menos mal. Subimos al bus y partimos rumbo a Uclés. Eso fue a las 8. El viaje fue un no parar de hablar, aunque la gente incluso se dormía. No me lo explico. Carlos y yo parecíamos cotorras.”

“Entramos al monasterio a eso de las 9. Y entonces empezaron a llamarnos para vestirnos. Madre mía, qué odisea. Dos horas estuve ahí dentro, entre corsé, miriñaque, vestido, abrigo, zapatos y maquillaje. Pobre Fermín, no sabía a la cantidad de pelo que se enfrentaba. Estuvo peinándome una hora entera. Estaba ya desesperado: “Pero chiquilla, qué cantidad de pelo”. Me hicieron un moño que por detrás debía de ser precioso (aunque jamás lo vi, cualquiera se giraba con esa ropa). Lo que me dejó impresionada fue el grado de detalle, todo cuidadísimo. Fue flipante oír decir a Fermín a otra peluquera: “¡No! ¡Esos rizos son del Renacimiento!” Oír para creer.”

“Bueno, pues cuando por fin creía que ya estaba lista, no, vuelta a vestuario. Allí empezaron a ponerme collares, una cruz preciosa, la gola, y luego llegó el momento de la tiara y el velo. Así que con todos mis abalorios aproximadamente a las once y cuarto salí de allí a pleno sol. Intenté comerme una manzana (lo primero que iba a ingerir en el día) y a los dos bocados decidí dejarlo antes de que el corsé terminara rompiéndome las costillas. El temido momento de visitar a Lord WC me lo salto, pero no os imagináis la odisea.”

Lalaith y Ariadna Gil

“Luego, en el lugar de rodaje, después de dos horas con cerca de noventa personas allí metidas, aquello empezó a parecer más bien un zulo. Por mi parte, estaba deseando rodar de una vez y que me quitaran el traje. Hubo momentos que fueron realmente horribles. Menos mal que la gente era encantadora y nos traían agua todo el rato. Incluso nos dejaron salir de la habitación (estábamos recluidos porque estaban rodando en otras habitaciones y no podíamos hacer ruido) para tomar un poco el fresco. Y por fin, a eso de las cuatro nos bajaron de nuevo al claustro, y empezaron a explicarnos dónde colocarnos, y tal. Los nervios afloraron de nuevo.”

Allí empezó la procesión de actores estrella: “Alcé la vista hacia uno de los balcones que daban al patio, y allí estaba Fray Emilio Bocanegra. Impresionante. Debo decir que Blanca Portillo está increíble. Uf, qué miedo daba. Parecía que me iba a mandar a la hoguera con un solo gesto. Impresiona un montón, está perfecta. Guapísimo nuestro conde de Guadalmedina [Eduardo Noriega]. Lanzó una sonrisita y se fue, porque le estaban haciendo unas fotos según caminaba por la arcada. Íñigo [Unax Ugalde] cruzó varias veces la plaza. Entonces apareció el Conde-Duque de Olivares, un impresionante Javier Cámara.”

“Y ahora sí que sí, a primera posición. Yo lo que tenía que hacer era caminar bajo los arcos, seguida de mi dueña. Hicimos tres ensayos, y luego otras tres tomas, si recuerdo bien, porque yo no tenía sentido ni del espacio ni del tiempo. Eso sí, en esa escena no se me verá ni de lejos, porque todo el mundo atravesaba la plaza: nobles, Olivares, el cuadro de Las lanzas, un coche de caballos, y mis intermitentes apariciones bajo los arcos quedan cubiertas por ellos, pero bueno, una pena, porque me metí un montón en el papel, poniendo una mirada superaltiva. Me lo pasé genial. Aún no he bajado de la nube, y dudo que algún día lo haga.”

Ese fue el único día que Inés rodó. No esperaba más, pero tampoco hubiera podido, ya que tuvo un esguince de tobillo, y tuvo que dejar incluso de acudir a los rodajes como fan, así que continuó siguiendo la suerte de los demás a través del foro, con los reportajes, quedadas y demás. Finalmente, el 15 de julio ella misma abrió un nuevo hilo: “Bueno, pues finalmente he decidido no demorar más el momento de dar la noticia, vista la expectación que ha creado cierta foto de El Escorial. La idea no era contarlo así, pero no se me dan bien estas cosas. Algún día espero que hagamos lo que habíamos pensado, que era muy chulo. Pues sí, algo pasa conmigo y Carlos. Hala, ya está. Rumor confirmado.” Obviamente, aquello se llenó de mensajes de terceros diciendo que qué bonito y que ya se lo olían, a lo que Carlos respondió: “Tanto olfato agudo me parece sospechoso. Al final va a ser que os lo olíais todos menos yo. ¡Si en la feria del libro no pasó nada! La verdad es que conocer a Lalaith [nick de Inés] de esta manera ha sido lo mejor que me podía pasar. Totalmente de película.”

Picas

Carlos aún tuvo tiempo de que le pasara algo más en Uclés. “Son muy celosos guardando la información sobre la película. Nos cacheaban y confiscaban cámaras, móviles (aun sin cámara), radios y todos aquellos objetos que supongan una amenaza tanto para mantener el control de la información de la película como para la ambientación de la misma. También nos quitaban las gafas a aquellos que las usamos, al menos en los momentos de grabación. Un día entré a la carpa donde comemos los extras y una de las coordinadoras de la agencia me reconoció y le dijo a un compañero suyo, gritando, que yo había sido el que estaba colgando fotos en internet. Acto seguido este compañero se dirigió hacia mí, y me comunicó (de buen rollo, eso sí) que por mi culpa se estaba comiendo un buen marrón y que todos los días entraban en la página para averiguar qué imágenes filtrábamos. Por lo visto, la gente de la película estaba culpando a los de la agencia de figuración por la filtración de todas esas fotos, porque se supone que son ellos los encargados de controlarnos. Es descabellado pensar que tres o cuatro personas puedan controlar a cuatrocientas que campan a sus anchas por una enorme extensión de campo en Uclés. A pesar de eso y de no haber firmado nada que me comprometa a no revelar fotos del rodaje, decidí no colgar ninguna foto en la web, como muestra de respeto a los miembros de la Agencia 2001, que se merecen un premio por la paciencia que tienen y por lo bien que se portaron con nosotros. Lo que sí estoy dispuesto es a intercambiar fotos con aquellos que se comprometan a no publicarlas, sólo para su uso personal.” En 2007, uno de los productores de la película, Íñigo Marco, llegó a decir que las filtraciones de fotos eran una puñeta, sí, pero que a veces él se enteraba más de los que pasaba en los rodajes por el foro que de otra manera.

“No soy un verdadero fan de Alatriste, aunque me considero un fanático del cine (muy crítico por cierto). Seguramente es por eso por lo que me siento un tanto culpable de estar ocupando este lugar, pero no cambiaría mi suerte por nada. Creo que muchos son demasiado optimistas respecto a verse en la pantalla. Sinceramente, no creo que se vea casi mi cara, porque soldados es lo que más va a haber en la película.”

Paco Berraco: Mil kilómetros no son nada

Francisco Gil es un licenciado en psicología de 26 años, ávido lector de revistas de cine, cuya localidad de residencia, Almería, no queda cerca de ninguna de las localizaciones del rodaje. Sin embargo, eso no le arredró. Se apuntó en la agencia de castings 2001, desplazándose a Cádiz por su cuenta y luego dos veces se hizo viajes de mil kilómetros ida y vuelta el mismo día hasta Uclés (Cuenca) en un Mercedes E-190 de 200.000 kilómetros para estar en los rodajes. Una vez allí, espíritu no le faltaba para intentar asegurarse lo que todos quieren, que se le reconozca en pantalla. En Cádiz, “después de comprobar en la jornada anterior en el castillo de San Sebastián que no se me vería en la escena ni por casualidad, comencé a dar saltos como si fuera el asno de Shrek (“¡A mí, elígeme a mí!”), pensando que era la ocasión de chupar aunque fueran dos segundos de cámara. Tenía que justificar ante mis padres la locura de viaje que me habían pagado, y eso pasaba por verme aunque sea en las escenas eliminadas del DVD con ayuda del pause y la cámara lenta. Así, uno de los remeros de Tarifa nos acercó a unos compañeros y a mí para dicha misión.”

Berraco en la duna

Sin embargo, a veces querer no significa poder. “Una ayudante de dirección buscaba a dos bravos bajitos, y me dije: “¡Esta es la mía!” Con la ilusión de un niño en Reyes, subí la duna junto a un compañero como si fuera el Correcaminos, no fueran a arrepentirse. Nos colocaron y nos dijeron que hiciéramos como si hablábamos. Y mientras, lo típico: “Colocaos más a la derecha, a la izquierda, gírate un poco…” ¡Y la cámara cerquísima! ¡Ole, ole y ole! “En esta salgo fijo”, pensé. Pero comenzamos a ver que el que hacía de Copons y un cura se acercaban peligrosamente, y casualmente también eran bajitos. ¡Maldita sea mi estampa! ¡Lo que estaban haciendo con nosotros eran pruebas de enfoque e iluminación para una escena que luego iban a protagonizar otros! Quise que me tragara la duna entero. Menos mal que me llevé una conversación graciosa con el compañero y tomándonoslo con filosofía nos echamos unas risas.”

“El trabajo de extra es eso, 99% del tiempo esperando, 1% rodando. Primero nos repartieron armas y lo que siguió después básicamente fue una escena en la que los bravos vamos cobrando antes de asaltar el galeón. Me llevé el picotazo de una avispa en la oreja, lo que me obligó a cubrírmela en todo momento con el pelo temiendo que saliera en la película tamaño Dumbo.”

Cuando el rodaje se fue de Andalucía parecía que la experiencia se había acabado para él. Pero no. “¡Dios, que me trague la tierra! Intenté que me llamaran para la batalla de Uclés sin muchas esperanzas porque ya había estado en Cádiz, y viendo que no me llamaban acepté un trabajito de verano, y adivinen desde dónde me han llamado esta tarde… De la Agencia 2001. ¡Creo que me voy a morir! ¿Y ahora qué hago? ¿Dejo el curro? ¿Simulo una enfermedad grave y me pido la baja?”

Y para allí se fue. “El pasado miércoles fui y volví de Uclés en el mismo día (poco más de mil kilómetros en un día, no os lo recomiendo. Para mi anterior experiencia en el rodaje de Cádiz y Tarifa hice más o menos los mismos kilómetros). Ahora sufro las consecuencias físicas y laborales (estoy todavía hecho polvo y con trabajo acumulado, aunque por lo menos no me han despedido). Me sirvió para tostarme sobremanera brazos y piernas (que ahora parecen helados de fresa-nata). Lo primero que tuvimos que hacer fue ensayar antes de probarnos la ropa con las picas, enormes lanzas poco cómodas de manejar. Nos enseñaron a colocarnos en formación y a hacer unos cuantos movimientos con tales picas. Poco más tarde, y justo antes de llamarnos para comernos un bocadillo me llevé la segunda sorpresa: conocí entre los de mi grupo a otro forero, Carlos-Z. Me hizo mucha ilusión, ya que seguí las fotos de la quedada en Madrid, la cual me daba bastante envidia porque se veía un grupo muy majo. Por la tarde preguntaron si algunos de nosotros estábamos familiarizados con las armas de caza y similares, porque buscaban arcabuceros. Lo más parecido que yo había tenido en mis manos era la pistola de la Nintendo, pero aún así me metieron en el mismo saco (qué peligro, espero no salir en llamas con la mecha encendida que tenemos que llevar). Lo del arcabuz me pareció más complicado que las picas (los movimientos incluían el arcabuz, el pie en el que había que apoyarlo para apuntar, la mecha, la pólvora, los apóstoles… Un disparate). Eso sí, de salir bien será un plano resultón. El traje poco tenía que ver con el que me endosaron en Cádiz (más ropa, más calor, más dificultad para ir al aseo…), sin corazas, pero eso sí, con un sombrero que me entraba hasta la nariz.”

¿Y lo del apodo de “Berraco” a qué viene? “Cuando lo de Cádiz, a los que representaban el papel de bravos, como yo, nos preguntaban constantemente que si éramos bravos “berracos” o algo así, como decía uno de los compañeros allí, el forero malagueño ALopez, padre del concepto. Más tarde conocimos que se referían a bravos “de raccord”, es decir, personajes que ya habían salido en otras escenas y a los que tenían que controlar su aspecto para que éste tuviera continuidad en las escenas (es decir, no salir en una escena con barba, en otra afeitado, y en la siguiente otra vez con barba, por poner un ejemplo). Pero a mí me resulta más potente ser bravo berraco.”

2006 08 31 02 Cine estreno

2006 09 01 1000

Madrid, diez años después…

El resto, como se dice, es historia. En agosto de 2006 se estrenó la película en el Palacio de la Música en Madrid y al día siguiente en el Teatro Emperador de León, con presencia en este último de Viggo Mortensen, Agustín Díaz Yanes y Elena Anaya (ambos locales, curiosa maldición, cerraron como sala de cine poco después). Las reacciones al film fueron de lo más variado, y ahora, diez años después de aquel estreno y once y medio desde sus experiencias ante las cámaras, Juanra, con los 40 ya cumplidos, dice sobre ella: “Sigo viendo el vaso medio lleno. Me gustan algunas cosas y me disgustan otras, pero como salgo yo, me esfuerzo en ver lo positivo. En cualquier caso, fue una oportunidad perdida de haber hecho algo que necesitaba (necesita) el cine español: una superproducción al estilo europeo que nos reconciliara a los amantes de los blockbusters con el cine español”. Paco tiene “ganas de verla de nuevo, porque hace ya algún tiempo de la última vez, pero la sensación sigue siendo agridulce”. Ambos esperan con interés la nueva colaboración entre Pérez-Reverte y Díaz Yanes, Oro, sobre españoles en la conquista de América, cuyo estreno se espera para febrero de 2017. Inés opina “lo mismo que cuando la vi la primera vez. Tiene cosas magníficas (fotografía, vestuario, reparto…) pero un montaje que deja muchísimo que desear”. Carlos sigue “opinando que fue una oportunidad terriblemente desaprovechada. Lo tenían todo para hacer ruido, “del bueno”, pero el montaje final convirtió el film en un rompecabezas sin ritmo. Diez años después, aún no he vuelto a verla por miedo a terminar odiándola”.

lalaith juana maliciosa

¿Y qué ha sido de nuestros cuatro protagonistas por un día desde entonces? Pues representan un poco a toda la gente de su edad en esta década de declive casi aureosecular: Juanra, después de varios “minijobs”, como los llamaba él, “trabajando sobre todo en la formación, con todo tipo de colectivos, desde niños superdotados a expresidiarios”, ahora compagina “la explotación de un taller de alfabetización informática para personas mayores con un taller de integración social para personas en riesgo de exclusión social”. Inés ha trabajado “en lo que he podido. Bióloga de vocación y fotógrafa de pasión” (incluyendo en la BBC: bodas, bautizos y comuniones), “parece que no estoy destinada al éxito profesional. He pasado por varias empresas, casi siempre en trabajo de oficina, y mientras tanto sigo intentado hacerme un hueco en el mundo fotográfico”. De hecho, Inés colabora para esta web, Zenda Libros, ilustrando entradas de otros autores, en especial los cuentos góticos de Lenka Dángel y ganó un premio por una foto de promoción de la novela Juana la Maliciosa. En cuanto a Carlos, “después de pasar unos años en el sector de la programación de aplicaciones y bases de datos orientadas al marketing y gestión de grandes empresas, di un salto al vacío para dedicarme a lo que más me gusta, desarrollar videojuegos. Desde hace siete años me dedico a diseñar y co-escribir los últimos juegos de la saga Castlevania y el futuro Raiders of the Broken Planet“.

En cuanto a vínculos subsiguientes con el mundo fílmico, la cosa no fue más allá casi nunca para la mayoría: a Juanra lo llamaron para extra de Manolete, “pero pasé, porque había que cortarse el pelo”, a Inés para salir en Volver, de Pedro Almodóvar (compartiendo doblete con Blanca Portillo) y a Carlos para “un anuncio de agua mineral que resultó ser una especie de sketch musical de los Monty Python. Fueron dos días durísimos (y divertidos) a 35 grados, con gruesos trajes medievales y agitándonos absurdamente”. De entre todos ellos, el único que ha avanzado un poco más por esa senda ha sido Paco. “He seguido más o menos intentando figurar en todo lo que he podido: tele, cine e incluso algún papelito en cortometrajes cuando me han dejado. Triage, La fría luz del día, La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia, donde fui coordinador de figuración, hasta en la serie Cuéntame, donde me dejaron hacer de preso e insultar desde mi celda a otro. En Almería sólo en la película Risen y en la serie Penny dreadful, que me costó lucir bigote mexicano durante semanas y sufrir las miradas de vecinos y conocidos en las que se podía leer “pobre, ya sí que ha perdido la cabeza”. Todas experiencias geniales. Ver trabajar a Bruce Willis, Colin Farrell, al nuevo Supermán cuando aún no lo era… ¡y hasta a José Mota!, no tiene precio. Indirectamente relacionado con el cine, he sido ayudante de producción en el festival Almería en Corto. Y digo “indirectamente” porque no es trabajar en cine, pero me tocaba recoger en el aeropuerto a Fernando León, Macarena Gómez, Fele Martínez… Un lujo tenerlos encerrados en mi coche, teniendo que contestarme las preguntas sin poder huir. Pero como realizador audiovisual llevo unos meses trabajando de autónomo en la creación de vídeos, corporativos sobre todo. A nivel aficionado sí que me he involucrado en todo lo que me han ofrecido: cortometrajes, documentales, etc, para lo que tocara, como operador de cámara, ayudante de sonido, animador de stop-motion… ¡Lo que sea! Un par de trofeos a dos cortos de animación y que me escogieran un guion para rodar un largo amateur de terror son unos buenos recuerdos, aunque no estén vinculados a lo profesional. La mayor parte de mi experiencia laboral ha sido con colectivos en riesgo de exclusión social, pero he hecho un poco de todo: repartidor de horchata y limón granizado (sí, tal cual), monitor, orientador y educador de niños en zonas de transformación social, de colectivos en riesgo de exclusión, extutelados, menores infractores… Como psicólogo, sólo un breve periodo con drogodependientes y algunos pacientes que visité a domicilio. Hasta hoy, que intento buscarme la vida como realizador. Autónomo me he tenido que hacer para ver si tiraba haciendo unos encargos de vídeos, y sustituyendo un mes estoy, de fines de semana, de educador en un centro de reforma… Está la cosa mu malita, de ahí que cuando cobre esos trabajos de autónomo esté pensando en jugármela buscando algo de curro en los Madriles”.

Carlos en el tercio

Y en fin, todos recuerdan la experiencia en sí como muy divertida y que volverían a repetirla con otros proyectos, pero la última pregunta para ellos es: después de todo esto, ¿habéis conseguido veros en la película de Alatriste? Juanra e Inés sí. Él dice que “lo más gracioso fue una vez una alumna que me dijo que me había reconocido en la película sin yo haberle dicho ni que salía, ¡por mi forma de andar!”. Carlos dice que “en la película no. Eliminaron todas las escenas de acción y los planos del monasterio en las que participé. Sin embargo, si que me encontré en el póster gigante que pusieron en la Plaza Mayor de Madrid, donde posábamos un gran grupo de lanceros. Fue toda una sorpresa”. Y Paco dice que “pude verme sólo un par de segundos, de espaldas, así que mi estreno en cine no fue lo que se dice triunfal. Eso en las escenas de Tarifa, porque en lo rodado en Cádiz capital y Uclés, ni se me intuye.” Gloria anónima pues. Es el sino de la fiel infantería.Berraco en Alatriste

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