Fragmento de Una historia natural de la curiosidad, Alberto Manguel

En la vida errante del erudito Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948), el nombre de Borges ha sido un destino. Intelectual reconocido en el mundo, ardiente aficionado al placer de la lectura y de sus santuarios, las bibliotecas (a ambos dedicó ensayos como Guía de lugares imaginarios, Una historia de la lectura, La biblioteca de noche), vuelve a la Argentina después de más de cuarenta años acaso imantado por la única oferta que no podía rechazar: el puesto de director de la Biblioteca Nacional, que Borges ocupó durante casi dos décadas y que ahora le ofrece el flamante gobierno del presidente Mauricio Macri.

Alberto ManguelEl autor de Ficciones gravitó siempre y de modos diversos en la trayectoria de Manguel, a partir de un encuentro decisivo. Alberto era un lector voraz desde que a los 4 años armó su primera biblioteca. Hijo del primer embajador argentino en Israel, allí se crió, hablando con su niñera en inglés y alemán, hasta que en 1955 la familia volvió al país y el pequeño comenzó a relacionarse fluidamente con el castellano. A los 16 años, mientras cursaba la secundaria en una de las instituciones educativas de mayor excelencia y acceso gratuito de la Argentina, el Colegio Nacional de Buenos Aires, empezó a trabajar en la ya desaparecida librería Pigmalion de la calle Corrientes, que Borges frecuentaba en busca de libros y de inteligencias despiertas que quisieran leérselos (“Lo que pasa es que madre está rondando sus 90 años y se cansa mucho”, recuerda Manguel que se excusaba Borges).

"Pronto Manguel comenzó a ir a la casa de Borges tres veces por semana para leerle. Ese intercambio duró años"

El poeta ciego invitó al joven a sumarse a las lecciones de anglosajón que impartía  en su despacho de la Biblioteca Nacional, y pronto Manguel comenzó a ir a la casa de Borges tres veces por semana para leerle. Ese intercambio duró años. De aquellas horas compartidas, Manguel recuerda las ricas interrupciones de Borges, que le contaba anécdotas de los autores que estaban leyendo y compartía el recuerdo de su propia experiencia de lectura de esas obras que ahora releía a través de ojos ajenos. “Él me dio la confianza que yo necesitaba para entender que una biblioteca tiene como rol ser la memoria de sus lectores. Y para decidir vivir entre libros”, agradece Manguel.

Después escribiría el libro Con Borges y enseñaría a otros la pasión por la obra del maestro, mientras el tiempo y el azar lo llevaban de país en país. En Conversaciones con un amigo, delicioso librito de diálogos con su editor francés, Claude Rouquet, da Manguel la clave de su espíritu cosmopolita: “Siempre me costó entender la noción de nacionalidad política, limitada por un pasaporte; vale decir, por la exigencia de ser identificado según el lugar en que uno vino al mundo. Lo entiendo en el caso de personas que han vivido toda una vida en su pueblo, que nacieron y murieron en la misma cama, como podía llegar a ser frecuente en otros tiempos, pero ese nunca fue mi caso: yo siempre estuve de viaje…”.

Una historia natural de la curiosidad, de Alberto ManguelAhora vuelve a Buenos Aires y no trae la frente marchita: al nombramiento en el cargo que lo enorgullece se suma su participación como orador principal en el acto de apertura de la Feria Internacional del Libro y la presentación de su ensayo Una historia natural de la curiosidad, aparecido originariamente en inglés, ya publicado en España y Colombia, y próximamente distribuido en otros países hispanoamericanos. Deberá, sin embargo, afrontar un dolor de cabeza: la complicada situación que se abrió por estos días en la Biblioteca a raíz de anuncios de despidos y consecuentes reclamos gremiales.

Cumplidos sus compromisos literarios, Manguel retomará la actividad académica en Estados Unidos, Turquía y Canadá. Tiene previsto instalarse en la Argentina para asumir como director de la Biblioteca Nacional el 20 de junio próximo. El mismo mes en que se cumplen treinta años de la muerte de Borges.       

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