—Algún día iré a Zenda —dije.
—Está usted loco.
Anthony Hope
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Navidades literarias en la TV británica (2016)

Navidades literarias en la TV británica (2016)

Uno de los primeros textos de este blog tras abrirse el año pasado estaba dedicado a la tradicional cosecha navideña que en la televisión británica se recoge cada invierno. También es tradicional que varias de las series, películas para televisión y Christmas specials que se emiten en esos días estén basados en libros, así que con ese motivo vamos ahora a abrir los regalos que nos ha traído 2016.

Empezando cronológicamente, el primer paquete vino, obviamente, de “Auntie Beeb”. La Tita BBC estrenó la quinta temporada de Father Brown el 23 de diciembre, con el episodio número 46 de esta serie basada en el personaje creado por GK Chesterton (en el personaje solo, no en las historias, que son nuevas para esta adaptación). El padre Brown es un sacerdote católico, regordete, bonachón y con gafitas, que desface entuertos no tanto por su talento policial como por un aspecto inofensivo que le permite observar sin ser observado y un buen olfato para juzgar el carácter de la gente. Es un detective de andar por casa que funciona más por intuición que por deducción, y este caso en concreto, The star of Jacob, es una buena muestra del tono: es Navidad en el ficticio y apacible pueblecito de Kembleford, y en unos atareados días hay que ocuparse de que no se constipen los cantores del coro de la iglesia, de la visita del duque de Frome, de la aparición de un misterioso mendigo y de la inoportuna desaparición de un bebé. El inspector local es un irritable metepatas con gota que no sabe por dónde se anda (ni podría si quisiera), así que será el páter quien deba ocuparse. Fiable y tradicional cual tacita de té a las 5.

Lo siguiente no vino de las más acostumbradas BBC o ITV, sino de Channel Four. Fue el 24 de diciembre, y se trataba de una adaptación animada de 25 minutos de duración del cuento We’re going on a bear hunt, uno de esos libros infantiles de pocas páginas y grandes dibujos que se acaba en unos pocos minutos, siempre y cuando el renacuajo que esté al mando de la casa ese día no te mande releerlo una y otra vez. La historia trata de una familia que sale de paseo con los hijos por el campo, a buscar un oso, como hacen todas las familias, y se van encontrando diversos obstáculos que hay que atravesar: un río, un bosque, una incómoda maleza demasiado alta, etcétera, siempre al estribillo de “we can’t go over it, we can’t go under it, oh no, we’ve got to get through it”. Es una aventurilla para ir pasando las hojas junto al retoño poniendo voces graciosas y leyendo con soniquete… hasta que aparece el oso y la cosa se vuelve peliaguda. El propio autor de la historia, Michael Rosen, interpreta aquí la voz del oso, y se incluye una canción añadida para amenizarla. Es un libro publicado en 1989 que se ha convertido en un clásico moderno en el Reino Unido e incluso hay varios vídeos en YouTube de gente leyéndolo a sus hijos o alumnos.

Al día siguiente, 25 de diciembre, la ITV emitió el segundo episodio de Maigret, una nueva adaptación de las investigaciones del comisario francés creado por Georges Simenon en 1931, e interpretado esta vez por Rowan Atkinson, conocido internacionalmente sobre todo por su personaje de Mister Bean. El primer episodio, Maigret sets a trap, se había estrenado en marzo, y no estaba claro si el proyecto se iba a convertir en una serie de largos de 90 minutos al estilo del Sherlock de la BBC, pero finalmente sí que se han firmado nuevos episodios, y habrá al menos cuatro en total. De esta propuesta hay que decir que resulta menos exitosa y satisfactoria que la de Sherlock Holmes. Maigret ya de por sí ha criado fama de ser un detective “normal”, de infantería, sin excentricidades ni peculiaridades notables. No hace deducciones casi extraterrestres, no es un cura metomentodo, ni una apacible viejecita ni tampoco un héroe de acción: es un commissaire de la police judiciaire haciendo de commissaire de la police judiciaire, tomándose su tiempo y deduciendo lo fácilmente deducible, sin tener que saberse 50 tipos diferentes de residuos de cenizas o ser un maestro del disfraz. Y siguiendo esa normalidad gris, esta adaptación también continúa por ahí, resultando correcta, pero quizá un tanto monótona, sobre todo a lo largo de hora y media por entrega. A esta impresión también ayuda el que Atkinson, a quien por otra parte le faltan varios kilos de peso para quedar como en los libros, se tome muy en serio que no se le note su muy conocida vena cómica (si no han visto Blackadder, ya están tardando), y además está el hecho de que el fuerte de la televisión británica no son las adaptaciones de obras extranjeras. Las respetan, las miman, les hacen un gran diseño de producción, pero su Wallander con Kenneth Branagh no queda sueco, sus mosqueteros no suenan gabachos, sus Tolstoi no parecen rusos e incluso un inspector Falcón hecho por Sky TV en 2012 no resultaba sevillano en absoluto, por mucho que sí se filmara en la capital andaluza. Y en este Maigret hay demasiada trompeta de noir americano rodado en Budapest en la banda sonora como para dar el pego. Eso por no hablar de la tradicional y absoluta incapacidad británica para pronunciar siquiera pasablemente un apellido francés, que aquí suena “Méigrei”. En resumen, queda digna, pero burocráticamente eficiente.

El día 26, Boxing Day, como lo llaman en la Pérfida, volvimos a la literatura infantil, esta vez de la mano de uno de los grandes de todos los tiempos, Roald Dahl y sus Revolting Rhymes, o Cuentos en verso para niños perversos, como se los conoce en español, en una traducción tan poco literal como inspirada. Publicado en 1982, el libro es una reinterpretación paródica de seis cuentos de toda la vida (Cenicienta, Blancanieves, Ricitos de Oro, Caperucita, Los tres cerditos y Jack y las habichuelas) en los que se cambian varios detalles importantes, incluidos los edulcorados finales originales. Una de las taimadas hermanastras de Cenicienta cambia el zapato de esta por el suyo, por ejemplo. Jack se baja de la guarida del gigante sin el oro. Etcétera. La adaptación de la BBC, dos episodios de animación por ordenador, de media hora cada uno, sigue cinco de estos seis relatos, con voces de cómicos conocidos en la isla como Rob Brydon, Tamsin Greig o David Walliams, junto a actores internacionalmente conocidos como Dominic West (McNulty en The Wire) en el papel del lobo, Rose Leslie (Ygritte en Juego de tronos) como Caperucita, o Isaac Hempstead Wright (Bran Stark también en Juego de tronos) como Jack. Muy recomendable tanto en libro como en televisión.

27 de diciembre. Tras el padre Brown y Maigret, vuelve Agatha Christie, también en la BBC. Las navidades anteriores ya habían traído una excelente adaptación de Diez negritos, y esta vez le tocaba el turno a The witness for the prosecution (Testigo de cargo). Publicada en 1925, y adaptada ya por Billy Wilder en 1957 con un final diferente, el asesinato que desentrañar esta vez es el de una mujer rica, interpretada por Kim Cattrall (la famosa Samantha de Sexo en Nueva York, con los 60 años recién cumplidos). Los sospechosos son su criada, su amante (un camarero mantenido), la esposa de su amante, y la compañera de esta en un sórdido espectáculo nocturno. ¿Será quien parece que es o no? La atmósfera de los años 20, tanto el glamour como los bajos fondos, es extraordinaria, y el personaje del bienhechor, el abogado John Mayhew, bajito, fofo, cincuentón y aquejado de neumonía, interpretado por Toby Jones, brilla con oscuridad propia.

Dos días después, el 29, cambiamos la adaptación literaria por la biopic con una TV movie de dos horas en la BBC titulada To walk invisible, con la que nos vamos al siglo XIX a seguir la historia de la familia Brontë, no solo la de las famosas hermanas escritoras Anne, Charlotte y Emily, sino también la de Branwell, el hermano alcohólico que arruinó sus vidas (e indirectamente causó la muerte de Emily) y la del padre de los cuatro, Patrick. De nuevo el diseño de producción es sobresaliente, filmado en las mismas moorlands de Yorkshire donde vivió la familia de verdad y que tanto ambiente daban a sus creaciones literarias, fueran poemas, relatos o novelas largas. Aunque Jonathan Pryce hace un Patrick Brontë más calmado y paciente del que se cree que fue, los hijos están todos brillantes en sus interpretaciones. La película cubre los años en los que las hermanas, bajo los apodos de painting_of_bronte_sistersActon, Ellis y Currer Bell, intentan que sus obras sean publicadas sin saberse que han sido escritas por mujeres, mientras que Branwell, de natural apocado y pesimista, se refugia en el alcohol cuando se va dando cuenta de que su talento como pintor, adecuado para provincias, es demasiado mediocre como para florecer en la capital entre nombres como Gainsborough o Turner. Entre el cabreo de la hermana mayor, la preocupación de las otras dos y la incapacidad del padre para resistir las continuas amenazas de suicidio del hijo, los años van pasando, y justo cuando Jane Eyre se convierte en un rotundo éxito y las hermanas pueden “salir del armario”, los acontecimientos se precipitan. Las cosas llegaron a tal punto que Branwell decidió borrarse a sí mismo del famoso cuadro en el que se había pintado junto a sus hermanas. Qué gran pena que quien tenía talento no tenía el sexo adecuado (para la época, no se me sulfuren), y viceversa, o si no la historia podría haber sido muy diferente.

Y por último, ya el 1 de enero, el retorno más esperado, el del Sherlock de la BBC, en su cuarta temporada, por así llamarla, con los acostumbrados tres episodios de hora y media. Tras un primer episodio un tanto tentativo, sugió un segundo mucho mejor, y el tercero ha dividido un tanto al respetable, elogiándose la inventiva, la emotividad y los fuegos artificiales, pero torciendo un tanto el morro ante varios fallos de lógica muy poco holmesianos. Aprovéchenlo bien, porque se rumorea que el éxito internacional de Benedict Cumberbatch, incluyendo su Doctor Extraño en Hollywood, puede hacer que cada vez haya menos de este Holmes y con menos frecuencia.

Lo dicho: serán pérfidos y brexiteros, pero conocen a sus clásicos. Feliz 2017.

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