Paloma Sánchez-Garnica

Aunque Paloma Sánchez-Garnica nació en Madrid, su apellido le confiere una categoría de vasca de armas tomar, así que un buen día lo deja (casi) todo para dedicarse a lo que, como ella misma dice, “le venía pidiendo el cuerpo”. Licenciada en Derecho y en Historia, utiliza todo ese bagaje teórico y lo traslada a la novela, no sin antes crearse un mundo paralelo, absorbente y pertinaz, porque en su interior algo le dice que tiene que recuperar el tiempo perdido. Sánchez-Garnica escribe entonces –y publica, el detalle no es baladí– El gran arcano, título nada fácil de digerir para los que hurgan entre las mesas de novedades de las librerías (las estanterías se quedan para los que ya se pueden ir considerando clásicos), una novela que según El Periódico de Cataluña, es “una reflexión sobre las verdades absolutas”, ahí es nada la afirmación. Con La brisa de Oriente, que publica tres años después, también en Planeta, como el resto de sus libros, se embarca en el viaje a Constantinopla que en 1204 emprende el joven monje Umberto de Quéribus, como compañía del abad del monasterio de donde parten, y ese periplo lo convierte la autora en un viaje iniciático para el poco avezado monje que habrá aprendido todo, lo bueno y lo malo, a su regreso. Un homenaje a Umberto Eco, que de haber leído La brisa de Oriente la habría recomendado sin pudor y con entusiasmo.

La sonata del silencioAl año siguiente publica El alma de las piedras y dos años más tarde Las tres heridas, novela con la que alcanza ya un nivel de consideración importante que no hace más que crecer desde que su hasta ahora última novela, La sonata del silencio –un reflejo de la España de los años 40–, es rodada para la pequeña pantalla y que RTVE empezará a emitir en prime time en septiembre. Una serie de nueve capítulos, dirigida por Iñaki Peñafiel y Peris Romano, con la participación de Javier Olivares en el guión, y con actores y actrices de la talla de Marta Etura, Eduardo Noriega, Daniel Grao, Lucía Jiménez, Fran Perea y Claudia Traisac, entre otros.

Con la novela ganadora del premio Fernando Lara, Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido, Paloma Sánchez-Garnica cumple, como ella ha dicho, un sueño, el que emprendió un día hace diez años, y que ahora disfruta con la perspectiva que da el tiempo, con la satisfacción de ver que miles y miles de lectores leen con entusiasmo todas sus historias cargadas de personajes. Y con el título de esta novela, que estará en librerías el 7 de junio, Sánchez-Garnica brinda también un guiño a la poesía, que tanto alimento le proporciona (Las tres heridas es también un tributo a Miguel Hernández), y toma prestado un verso de un poema de Carlos Augusto Salaverry, poeta y dramaturgo peruano, destacado vate del Romanticismo de mediados del XIX: “Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido/ mi nombre está en la atmósfera, en la brisa/ y ocultos a través de tu sonrisa/ lágrimas de dolor”.

Y como lo que quiero es que hable la autora, le pido a Paloma Sánchez-Garnica que cuente su experiencia en el mundo novelístico. Como no le especifico sobre si debe hacerlo desde el lado del lector o del autor, Paloma me dice que pasará de uno a otro, “porque no se entiende el segundo sin el primero; uno puede ser un buen lector pero no ser escritor, y es imposible ser un buen escritor si no se es un gran lector”.

De acuerdo, le digo, escribe sobre tu experiencia lectora y también sobre cómo te “pasaste” al bando de los contadores de historias. Es una oportunidad para que te conozcamos mejor, ahora que acabas de ganar un premio de la categoría del Fernando Lara y que en septiembre (en principio) TVE emitirá en nueve capítulos tu novela La sonata del silencio.

Y Paloma Sánchez-Garnica escribe:

Un sueño trabajado y paciente

“Mi relación con los libros y la lectura la considero innata, ya que no recuerdo mi mundo sin ellos. Mi primer libro evocado (que aún conservo como oro en paño) fue un ejemplar, más grande que yo en aquellos tiempo, de Las aventuras de Pinocho, de Collodi. La lectura, el hecho de leer aquellos primeros cuentos clásicos, y pasar luego a las aventuras de los Cinco o de los Siete Secretos durante mi temprana adolescencia, me fue introduciendo en un mundo mágico que me envolvía y me atrapaba de una manera tan intensa que devoraba libros, uno tras otro. Aquellas aventuras provocaron en mí un punto de rebeldía, que he mantenido siempre, para sublevarme contra lo que no me convence, no quedarme quieta, avanzar aunque sea cayendo, levantarme y volver a empezar.

"... un mundo mágico que me envolvía y me atrapaba de una manera tan intensa que devoraba libros, uno tras otro"

Todo lo que conlleva el libro y la literatura me atrae desde siempre. Las bibliotecas, hasta las más sencillas, me parecen un mundo fascinante en el que perderse por un buen rato. Las librerías me absorben como si el mundo exterior quedase detenido; podría pasarme horas navegando por los anaqueles, mesas y estantes repletos de libros a los que asomarme aunque sea por unos segundos, saber que existen, que están ahí para ser leídos…

Puedo decir que hasta el verano de 2003 nunca pensé en pasarme al otro lado de la literatura, es decir, escribir historias para que fueran leídas por otros, o al menos no fui consciente de que quisiera hacerlo; lo cierto es que siempre tuve una inquietud sin saber identificar qué era lo que me ‘pedía el cuerpo’, porque algo me pedía, eso lo tenía muy claro, y por eso hice un camino largo, algo tortuoso, pero muy efectivo como un aprendizaje vital que luego me ha servido para asimilar y gestionar este oficio tan solitario y tan incierto que es la escritura.

Y resulta que echando la vista atrás, con esa perspectiva que sólo te dan los años, me doy cuenta de que siempre anduve buscando una ‘habitación propia’ en la que encerrarme y escribir. Y ahí, en esa habitación propia, es en la que he encontrado mi lugar en el mundo, mi forma de vivir, de avanzar, de respirar el aire de la existencia que me ha tocado y en la que me hallo.

Inicié entonces un camino que entendí desde un principio iba a ser lento, pesado, solitario, inseguro, sinuoso, con luces y sombras por las que transitar. Pero sabía que no podía dejar de soñar y mi sueño comenzó el pasado 26 de febrero cuando envié mi novela, Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido para participar en la convocatoria del Premio Fernando Lara.

La noche del seis de mayo, al filo de la media noche, en los Reales Alcázares de Sevilla, Fernando Delgado proclamó mi nombre y el título de mi última novela que había acabado a principios de este año. Lo que sentí en ese momento fue que había alcanzado un sueño, un sueño trabajado, paciente. Al caminar hacia el escenario, envuelta en aplausos que hacían estallar tantas horas de aislamiento, de esfuerzo, tantas incertidumbres, tantos desasosiegos, tuve esa extraña sensación de levitación que percibimos como felicidad.

"... es necesario continuar viviendo, construir otro sueño que perseguir"
Pero en la vida uno no puede detenerse a regodearse demasiado en lo ya alcanzado. Una vez asimilado, gestionada la inevitable vanidad (porque si no la hubiera, si los que nos dedicamos a este oficio no alcanzásemos un punto de envanecimiento necesario, llegaríamos a pensar –de hecho a menudo lo pensamos– que no merece la pena el trabajo), es necesario continuar viviendo, construir otro sueño que perseguir, gracias al cual podremos avanzar y hacer camino.

Por eso sueñen, sueñen, y no duden en que lo mejor de perseguir un sueño es el trayecto, el vuelo que lleva hasta la cima, sin perder nunca la perspectiva que el mismo nos brinda porque puede llegar a ser espectacular y única”.

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