—Algún día iré a Zenda —dije.
—Está usted loco.
Anthony Hope
Inicio > Blogs > La paradoja de Verne > Tanta paz lleves, como descanso dejas

Tanta paz lleves, como descanso dejas

Cuchillo de palo, de César Pérez Gellida

¡Buenos días! Antes de nada, quería agradeceros a todos que sigáis leyendo las líneas que se escriben desde esta celda. Me alegra mucho veros de nuevo por aquí y para celebrarlo, vamos a salirnos un poco del guión. Estamos acostumbrados a hablar en este blog de libros más o menos consagrados pero hoy nos vamos a desviar un poco de nuestro trayecto para hablar de una novedad editorial. Una novela recién salida de la imprenta.  Un libro que muchos estábamos esperando y al que el título de la entrada le viene al pelo. Ojo, que no va con segundas lo del pelo porque nuestro autor de hoy sea uno de los calvos más sanguinarios (literariamente hablando) que habitan las baldas de las estanterías de todas las librerías de este país, sino porque la frase refleja fielmente el estado de ánimo que le deseas al autor después de leer su última novela. Sí, sí, efectivamente. Hoy vamos a hablar del calvo de Valladolid. Hoy vamos a hablar del último libro de César Pérez Gellida: Cuchillo de palo.

Ante la publicación del sexto libro de César, ya tenemos que hablar del “Universo Gellida”. Y es que el nivel de detalle, lo extenso del marco temporal y el nivel de las relaciones entre los diferentes personajes hacen que nos enfrentemos a una especie de “Tierra Media” de la novela negra. Pérez Gellida, nuestro particular “Tolkien noir” nos ha conducido  a través de este mundo haciendo un montón de paradas por el camino. Valladolid, Trieste, Plentzia, Venecia, San Petersburgo, Nueva York, Novi Grad,  y un largo etcétera, son las ciudades recorridas dentro de un marco temporal que es definido por Khïmera y que creo que no termina ahí. Nuestro viaje se detiene ahora en Galicia, Nigeria y Budapest para conocer a nuestro particular Sauron.

"Un altísimo nivel literario secundado con un lenguaje exquisito y brillantísimos diálogos, en los que cada palabra es escogida para significar algo"

Creo que le hago un favor al respetable si me salto la habitual disección que les hacemos a los libros que pasan por esta mazmorra. Como con un cuchillo de palo es imposible cortar nada, voy a intentar contaros lo que ha sido para mí leer este pedazo de libro.

Todos estamos ansiosos por saber cómo va a terminar esta historia. Intuyo que falta poco para que César cierre la puerta a este mundo porque de lo contrario corremos el severo riesgo de quedarnos atrapados en él. Un mundo tan terrorífico como magnético. Yo tengo claro que si me tienen que matar, que lo haga Augusto; si me tienen que detener que lo haga Sancho; si me tienen que psicoanalizar, que lo haga Erika.

Con un libro como éste es fácil justificar nuestra paradoja. Como diría nuestro pelirrojo inspector, a ver quién tiene los santos cojones de decir que en este bestseller no hay literatura. Literatura de la buena. Una obra que ahonda en lo más bajo de la condición humana donde se ve el influjo de Joyce o la dimensión psicológica de Faulkner. Una novela plagada de dilemas morales esencialmente kafkianos y de decisiones que nadie desearíamos nunca tener que tomar. Un altísimo nivel  literario secundado con un lenguaje exquisito y brillantísimos diálogos, en los que cada palabra es escogida para significar algo y no utilizada de manera aleatoria. Una obra que sigue los cánones del vanguardismo, y que nos brinda una lectura diferente a lo que está establecido en la novela negra e incluso en la propia obra del autor.

gellida

Como muestra de lo anterior, valga un fragmento de un diálogo que soy incapaz de dejar pasar. La cita es obligada:

—La realidad que nos rodea es solo una, cierto, pero cada uno la interpreta libremente en función de su experiencia. Si aceptamos esto como un hecho incuestionable, llegamos a la conclusión de que no existe nada que desconozcamos —expuso Keergaard.

—Ya, no obstante existen a pesar de la ignorancia de las personas, a pesar de tu razonamiento mariano, a pesar de todo. Te lo ilustro con un ejemplo: ¿has estado alguna vez en el Polo Norte?

—No.

—Ya. Pero eres consciente de que está allí arriba y que hace un frío de cojones; y de que un  noruego con poco apego a la vida y con muchos perros clavó su banderita en el hielo. ¿Eso lo sabes o no lo sabes? —preguntó Ólafur mesándose el mostacho.

Amundsen conquistó el Polo Sur.

—Me sirve igual. El Polo Sur existe a pesar de que tal verdad no ha sido compulsada debidamente por tus ojos, que es lo mismo que decir que la desconoces.

—Existe porque viene en los libros, la conozco a través del papel y doy veracidad al hecho sin necesidad de haber pisado el hielo de la Antártida en mi vida. No es necesario.

—Es decir, que todo lo que te cuenten existe.

—No. Solo existe el conocimiento.

—Ese argumento tiene tanta base científica como la explicación de la divina concepción de la Virgen María —fue la primera frase que escuchó Erika. Se armó de paciencia. Al danés se le endureció la expresión.

—Disculpa, no quería ofenderte, pero siempre que llegamos a ese punto recurres a  argumentos pasajeros que solo se sujetan en falsas creencias populares.

—Santa Claus.

—Jaap, no me jodas…

—Santa Claus es un buen ejemplo, porque existe en la mente de los niños sin haberlo visto jamás. Es muy real hasta que descubren que es una invención de los padres, en ese momento deja de existir para ellos —expuso Keergaard.

—El puto gordo de barba existe porque lo ven en la  televisión y eso es más real que cualquier argumento que puedan exponer sus progenitores y mucho más tangible que cualquiera de estas vagas disertaciones que no llegan a ningún sitio.

Lo que os decía… elocuencia máxima. Y así todo el tiempo.

En esta segunda entrega de la trilogía, tenemos a Ramiro Sancho siguiendo los movimientos celestes. Esta frase, COELESTES SEQUITUR MOTUS (sigue los movimientos celestes), que preside el emblema de la Congregación de los Hombres Puros representa el carácter masón y ocultista del nudo argumental central de esta trilogía. Su historia con Augusto Ledesma junto con el desenlace del secuestro de Margarita terminaron por quebrar la férrea voluntad del pelirrojo.  Inhabilitado para ejercer sus funciones y con una severa crisis en lo personal,  decide poner tierra de por medio para intentar aclarar sus ideas. El problema es que a Ramiro Sancho, ya le queda poco que perder y por tanto no existen muchas cosas que le distraigan la meninge. Con estos ingredientes, agitar la coctelera es, cuando menos, arriesgado así que el combinado que nos prepara César tiene mucho alcohol, mucha droga y mucha sangre. Muy negro todo. Muy bueno, en definitiva.

Cuchillo de palo es la novela de Ramiro Sancho. Hemos asistido desde el principio a la evolución del personaje del inspector pelirrojo. Lo conocimos como un policía tenaz y plegado a lo que marca la ley. Es cierto que ya era un personaje poco arquetípico y algo atormentado pero tenemos que reconocer que el personaje de Ramiro Sancho ha “roto el molde” con esta novela. No es que hayamos asistido a su evolución sino que hemos evolucionado todos juntos.

"Cuchillo de palo es la segunda parte de la trilogía, “Refranes, canciones y rastros de sangre” y como obra central, no representa un final absoluto."

Pero ojo, no nos confundamos. Una cosa es evolucionar sentados cómodamente en nuestro sofá y otra recibir la manada de hostias que se lleva Sancho en el zurrón. Porque si hablábamos de que Cuchillo de palo ahonda en las bajezas del ser humano, en uno de los sótanos de esa humanidad debe de estar el tráfico de personas. Ahí es donde nos lleva esta vez el autor. Nuestro barbudo pelirrojo baja hasta ese sótano para hacernos una descripción precisa y perfectamente documentada de cómo las mafias nigerianas comercian con mujeres que son vendidas en el resto del mundo cual mercancía desprovista de cualquier derecho. Actividades en las que la vida no vale nada y que se dan en un país de estructura prácticamente “cleptocrática”  como el africano, conforman una mezcla explosiva que el autor nos deja en negro sobre blanco. César Pérez Gellida nos conduce a través de un mundo sórdido y repugnante que nunca debió existir, pero que aunque no queramos verlo, existe.

César nos ha sorprendido esta vez, además, con cambios en la técnica narrativa. Una estructura diferente a la que suele utilizar nos brinda la oportunidad de ver lo que ocurre  a través de los ojos de diferentes personajes. Se nota que en esta entrega César está cómodo hablando a través del inspector  vallisoletano ya que se permite, cosa que no ha hecho hasta ahora, jugar con el lector. Al autor le ha rentado el riesgo y el libro gana muchísimos enteros con esta perspectiva. El lector interactúa mucho más, se deja llevar, y para cuando quiere darse cuenta se encuentra en lo alto de una montaña rusa que ha construido el autor, para después darle una patada al vagón dejando que la fuerza de la gravedad haga su trabajo.

Una obra tremendamente adictiva, ganando ese punto de generación de ansiedad en el lector que hace que las más de quinientas páginas se te hagan muy cortas.

Tan solo te diré querido lector, que debes leer este libro. Es imperativo. No me equivoco si digo que es lo mejor que he leído este año. Si tuviese que destacar algo de él, sería el final. Y llegados a este punto, voy a definir una paradoja dentro de nuestra paradoja. Cuchillo de palo es la segunda parte de la trilogía, “Refranes, canciones y rastros de sangre” y como obra central, no representa un final absoluto. Pero sí que tiene un final. Habrá gente que dirá que tiene dos finales y yo os digo que tiene tres. Introduce un cuarto final que ya está definido y todo esto, sin incumplir ninguna de las leyes de la lógica.  ¿Cómo lo hace el autor? Pues no tengo ni idea, solo puedo deciros que el calvo es un puto genio.

Va llegando la hora de que César empiece a cerrar la puerta de este mundo para poder abrir la puerta de otros y para ello lo que tiene que hacer es no parar de aporrear el maldito teclado. Cada día somos más los que vigilamos que no pare de hacerlo. César, dale sin conocimiento hasta que se le borren las letras y cuando lo cambies, no lo tires. Me lo quedo yo a ver si se me pega algo.

Voy a terminar estas líneas permitiéndome una pequeña licencia. Poca gente es consciente de la importancia de lo que se llama en el mundo editorial el “lector beta”. Gente que lee el manuscrito y da su opinión para intentar mejorar partes de la historia. Gente de confianza que puede decirte si un capítulo es bueno o si parece que lo ha escrito Belén Esteban. Yo tuve la suerte de leer Cuchillo de palo  antes de la fecha de publicación. El libro ya estaba acabado y me consta que fui de los primeros en leerlo aparte de la gente de la editorial. Esto significa que la única “lectora beta” que leyó los manuscritos de Cuchillo de palo fue Olga, su chica. Este mensaje es para ella: gracias. No sé qué es lo que le dices a César acerca de lo que escribe, pero no dejes de decírselo.

En definitiva, Cuchillo de palo es la mejor novela que he leído en 2016. No os voy a recomendar su lectura sino que ya os anuncio de antemano que si no la leéis cometeréis un error.  César Pérez Gellida ya se ha hecho con mi dinero, yo ya estoy dentro de ese mundo. Ahora tendré que ver qué hace con mi tiempo a partir de aquí porque el listón, amigos míos, está tan alto como los cuerpos celestes que debéis seguir. No os despistéis, leed al calvo y en cuanto acabéis, venid a contármelo.

Un abrazo a todos.

Autor: César Pérez Gellida. Título: Cuchillo de palo. Editorial: Suma. Edición: Papel y kindle

Accede al foro de Zenda