—Algún día iré a Zenda —dije.
—Está usted loco.
Anthony Hope
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Una bala para el presidente

Recuerdo que había en casa de mis padres varias copias de esta novela repartidas por las habitaciones. Aún recuerdo la frase en la portada:

“Nadie está a salvo de la bala de un asesino”

Mi padre solía comprar otro ejemplar cuando se desgastaba el anterior. Siempre le ha gustado mucho y suele releerla. Yo, por alguna razón desconocida, tardé bastante en echarle el guante. Me parecía antigua, ¡la habían publicado mucho antes de que yo naciera! y además nunca han sido la política y el espionaje temas que me hayan llamado especialmente la atención, pero leer  hace unas semanas una entrevista con el autor, me hizo volver a tener ganas de leerla. Obviamente, yo compré mi propio ejemplar así que, de haber muchas familias como la mía, es normal que esta obra sea un bestseller…

Debo reconocer que este tipo de novelas me atrapan antes de empezar. Novelas repletas de datos históricos que hacen que conozca qué pasó en determinadas épocas y lugares, mientras me mantienen en vilo. Es cierto que hay que realizar un pequeño trabajo para diferenciar entre ficción y realidad pero el esfuerzo merece la pena. En este caso, el autor ha reconocido hace poco que trabajó durante veinte años para el MI6, el servicio de inteligencia exterior de Reino Unido. Esto no viene sino a confirmar las sospechas de muchos de los que leíamos sus obras, ya que si algo caracteriza las obras de este autor, es su absoluto realismo. Supongo que ya os hacéis una idea de quién estamos hablando… ¿No? Pues ahí va otra pista: el bestseller al que nos vamos a referir hoy está ambientado en la Francia de 1963, en pleno revuelo debido a la independencia de Argelia. ¿Tampoco? A ver ahora: hablamos de uno de los asesinos más despiadados de la literatura y de una historia que aún hoy dudamos si es ficción o verdad. Ahora sí. Efectivamente, estamos hablando de Chacal de Frederick Forsyth.

Como decía, siempre nos quedará la duda de si los hechos que relata el autor en la novela llegaron a producirse. Creo que esta duda es uno de los factores clave para que Chacal haya envejecido tan bien (se publicó hace más de cuarenta años) siendo aún hoy una obra de cabecera y un estándar del thriller policiaco.

“Así es como funciona la mente de un hombre que examina documentos de identidad. Primero mira la cara, la de verdad, y luego pide documentos. Después mira la fotografía. Ya tiene la imagen mental del hombre que está frente a él. Y eso influye en su decisión. Busca los parecidos, no las discrepancias.”

Chacal se enmarca en Francia, en 1963, en una época en la que el país vecino tiene el ambiente un poco crispado debido al conflicto de la independencia de Argelia, antigua colonia francesa. Esta independencia, fue propiciada en parte por el General Charles de Gaulle, por aquel entonces Presidente de Francia, además de héroe de la IIGM por ser adalid de la resistencia francesa contra la invasión nazi (eso sí, estando él bien a salvo al otro lado del Canal de la Mancha). En aquella época hubo unos atentados contra la vida de De Gaulle por parte de una organización paramilitar llamada la OAS. Esta organización estaba formada en gran parte por antiguos militares franceses provenientes de la colonia argelina defraudados por un De Gaulle que había “vendido” a Francia al dar la independencia a Argelia y haber dejado que el orgullo patrio cayera por los suelos.

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La historia de Chacal parte de un suceso verídico: el atentado frustrado de Petit-Clamart. En medio de una carretera, el vehículo de De Gaulle fue rociado con fuego de ametralladora pero el presidente y su mujer lograron escapar. Tras este atentado, los servicios secretos franceses dieron con los cabecillas de las OAS y con el principal instigador del atentado: Jean Bastien-Thiry. Este terminó condenado a muerte y ejecutado. Tras la muerte de Thiry, tres de los máximos responsables de la OAS escapan, pero no cejan en su empeño de acabar con el presidente llegando a la conclusión de que la mejor opción es contratar a un mercenario. El Chacal, un pistolero del que no se sabe su identidad, es el elegido para asesinar a De Gaulle.

"Personajes, ambientación, contexto histórico, verosimilitud, lenguaje exquisito, documentación perfecta y una radiografía precisa de la política internacional de la época hicieron que Chacal fuera galardonada en 1972 con el Premio Edgar."

A partir de este momento la novela se mete en un auténtico torbellino y empieza la narración de una persecución increíblemente descrita por Forsyth. El ritmo narrativo es tan intenso y extenuante que es el mismo lector quien siente la presión que le imponen al inspector de policía encargado de dar captura al Chacal.

La construcción del personaje de Chacal es absolutamente perfecta. Una descripción física y psicológica tan precisa que hace que te adelantes a los movimientos que va a dar o los comportamientos que va a tener. Un personaje tan bien perfilado que caemos en la tentación de empatizar con él lo que él no empatiza con los demás. Este personaje además se eleva de alguna manera del resto de asesinos que conocemos por la acción y el comportamiento de su antagonista: el inspector Lebel, la templanza en estado puro. Lebel es una persona inteligente y metódica. Concienzudo hasta el extremo, odia la publicidad y no concede las típicas ruedas de prensa sobre las cuales algunos de sus colegas han levantado su reputación. Un hombre perfeccionista de tal manera que vemos cierto paralelismo entre él y el Chacal e incluso, cierta dosis de admiración mutua. Personajes sólidos y perfectamente definidos, como Viktor Kowalski, que es quien se torna triste protagonista de buena parte de la historia debido a una escapada que planea para ver a su hija enferma.

Un lector avezado podría entrever en las descripciones de los cuerpos de policía de diferentes países, una representación de las relaciones internacionales entre Francia e Inglaterra en una época en la que se deniega a los ingleses la entrada en la Comunidad Europea, por el mero hecho de que el general De Gaulle no está de acuerdo con su adhesión.

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Pero si nos vamos a aspectos más técnicos, sin duda uno de los elementos más originales de la novela es el final, y que este desenlace es así por un motivo muy concreto. Esa duda que sobrevuela nuestras cabezas acerca de si los hechos ocurrieron realmente o no, tiene su origen en el final del libro. Si el final de la historia hubiera sido de otra manera, seguramente el libro no habría seguido tan vivo durante tantos años. Ese sacrificio de parte de la trama para hacerla compatible con la realidad histórica de la época hace que el público aún se pregunte si “Chacal” realmente existió.

Personajes, ambientación, contexto histórico, verosimilitud, lenguaje exquisito, documentación perfecta y una radiografía precisa de la política internacional de la época hicieron que Chacal fuera galardonada en 1972 con el Premio Edgar a la  mejor novela, otorgado por la Mystery Writers of América. Podemos llamarla como queramos: novela policiaca, thriller histórico, novela de espías, novela histórica… en definitiva, un bestseller. Uno de los buenos, de los que enganchan, de los que cortan la respiración. De esos libros que envejecen y cada vez lo miras con más respeto. De esos que te vienen a la cabeza cuando piensas en buenas novelas policiacas. De esos que tu padre ha releído un montón de veces. Así que no tardes y haz caso a tu padre. Él sabe más que tú y que yo. Léelo, y cuando lo hagas, ven a contármelo.

Un abrazo a tod@s.

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