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Por las tierras del Leopardo: una guía lampedusiana

Por las tierras del Leopardo: una guía lampedusiana

El 8 de marzo de 1956 Giuseppe Tomasi di Lampedusa apuntaba en su diario: “Mi Histoire sans nom está terminada”.

Esa “historia sin título” pasaría a la Historia con el título de El Gatopardo. Lampedusa no vivió lo suficiente para ver su obra publicada y ya no podrá saber que aquel día ponía la palabra fin a  una de las grandes novelas de su siglo y tal vez de todos los tiempos.

Este 2016 se cumplen 60 años de aquella frase garabateada con tinta azul en un cuaderno. Yo lo he celebrado viajando a la patria del Leopardo para compartirlo ahora en mi patria literaria, Zenda:

Palermo es la ciudad natal de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. En ella transcurre la mayor parte de su vida; una ciudad estrechamente ligada a la historia secular de su familia.

Muchos de los lugares que fueron testigos de su vida han desaparecido o se han visto alterados por la guerra, los terremotos o la desmemoria. Algunos se mantienen milagrosamente en pie esperando al viajero que, libro en mano, complete con su imaginación y su amor por la literatura lo que ya no está:

Cafe Mazzara

Bar Pasticceria Mazzara (cerrado recientemente), donde el escritor, durante los últimos años, se refugiaba cada mañana a escribir en una libreta, con tinta azul, su novela.

Cafe Cafflish

El Caffè Caflisch y la Pasticceria Del Massimo (ya no existen), frecuentados también por escritores y amigos de Lampedusa.

La casa del crítico musical y periodista siciliano Bebbuzzo Sgadari di Lo Monaco, ubicada en Corso Scinà 109, esquina con la plaza Edoardo Alfano (un edificio de época que ya no existe), donde Tomasi di Lampedusa solía acudir alguna tarde a cenar junto con otros miembros de la intelectualidad palermitana como Francesco Orlando, Francesco Agnello, Antonio Pascuallino y el que sería su futuro hijo adoptivo, Gioacchino Lanza Tomasi.

PAlazzo Lampedusa– El Palazzo Lampedusa. En Via Lampedusa 17, a espaldas de la prefettura y frente al Palazzo Branciforte se ubica el palacio donde el escritor nació un 23 de diciembre de 1896 y al que se sentía unido por un amor casi carnal, como nos cuenta él mismo en sus Ricordi di infancia (1955):

“Anzitutto la nostra casa. La amavo con abbandono assoluto. E la amo adesso quando essa da dodici anni non è più che un ricordo”.

En los años de la Segunda Guerra Mundial, exactamente el 22 de marzo de 1943, los barcos del cercano puerto palermitano fueron víctimas de un bombardeo y los fragmentos de la explosión cayeron sobre el palacio de los Lampedusa, destruyendo la biblioteca. Pocos días después, el 5 de abril, vuelve a ser objetivo de nuevos bombardeos, esta vez directamente, produciéndose tan irreparables daños que el escritor, su mujer y su madre se vieron obligados a buscar un nuevo lugar para vivir hasta el final de la guerra. El armisticio hizo regresar a Palermo a los Lampedusa; la princesa Beatrice Mastrogiovanni Tasca di Cutò, madre del escritor, regresó a los restos que aún quedaban del Palazzo mientras que Giuseppe y su mujer lo hicieron al Palazzo, recientemente adquirido por la pareja, de Via Butera.

"La biblioteca del escritor y la sala de baile son, en gran medida, testigos de su memoria doméstica, pues los muebles que aún se conservan en ellas proceden del destruido Palazzo Lampedusa. "

Durante muchos años, el Palazzo Lampedusa no fue más que ruinas. En el 2014 se realizó una restauración por iniciativa privada, para la que se recurrió a la búsqueda de documentación sobre la arquitectura original, tanto en fotografías antiguas como en los recuerdos literarios del escritor. Hoy son apartamentos privados que conservan parte de la memoria de éste.

– El Palacio Lanza Tomasi. En el Barrio de Kalta, en Via Butera número 28, se alza esta mansión un tiempo conocida como Palazzo Lampedusa alla Marina. Fue edificado en el siglo XVI por los Branciforte y posteriormente adquirido por el Principe Giulio Tomasi di Lampedusa, abuelo del escritor y modelo para la recreación del protagonista del Gatopardo.

Con la indemnización obtenida de la Corona por la expropiación de la isla de Lampedusa, Giuseppe adquirió el palacio que un día fuese de su abuelo y que en aquellos años tristes que siguieron a la Segunda Guerra Mundial pertenecía a la familia De Pace. Aquí el escritor vivirá hasta su muerte, sobrevenida en 1957, aunque nunca lo consideró del todo “su casa”, como nos confiesa en Recuerdos de infancia:

Tutte le altre case (poche del resto, a parte gli alberghi) sono state dei tetti che hanno servito a ripararmi dalla pioggia e dal sole, ma non delle CASE nel senso arcaico e venerabile della parola. Ed in ispecie quella che ho adesso, che non mi piace affatto, che ho comperato per far piacere a mia Moglie e che sono stato lieto di far intestare a lei, perché veramente essa non è la mia casa.

Gioachino Lanza Tomasi, hijo adoptivo de Giuseppe, se encargará de la completa reestructuración y habilitación del edificio a la muerte de su padre. La biblioteca del escritor y la sala de baile son, en gran medida, testigos de su memoria doméstica,  pues los muebles que aún se conservan en ellas proceden del destruido Palazzo Lampedusa. El resto de las salas se completaron con aquellos objetos y recuerdos que pudieron recuperarse de las otras propiedades de la familia procedentes del Palazzo Lanza y el Mazzarino.

Gioachino y Nicoletta, su mujer, siguen siendo hoy los encargados de dar vida a este Palazzo, en el que se conserva, intacta, la biblioteca de Tomasi di Lampedusa.

– Tumba en el cementerio de los Capuchinos. La tumba del escritor se encuentra junto a la de su mujer, en la sección XXV del cementerio de los Capuchinos, en Via de los Capuchinos, 1, a las afueras de Palermo. Sobre una sencilla tapa de mármol aún se puede leer:

“Giuseppe Tomasi, Principe di Lampedusa. Morto a Roma il 26 luglio 1957.

Alexandra Wolf Stommersee, Principessa di Lampedusa. Morta a Palermo il 22 giugno 1982.”

– Palazzo Filangeri di Cutò. A unos 75 kilómetros de Palermo dirección suroeste, por la Strata Provinciale 44, llegamos al pueblo de Santa Margherita di Belice, en la provincia de Agrigento que, casi enteramente destruido tras el terremoto de 1968, aún conserva la fascinación del lugar, la extensa plaza Matteoti, además de algunos restos de la capilla y una razonable reconstrucción del Palazzo Filangeri di Cutò, lugar de los largos estíos del escritor y su familia, que para los lampedusianos siempre estará ligado a la literaria, enigmática y sensual Villa di Donnafugata.

"Giuseppe, el último Duque de Palma, era aún el “patrón” de aquellos lugares, y la acogida por parte de las autoridades eclesiásticas así lo demostraba."

Actualmente el reconstruido palacio es la sede del Parco Literario, así como del Museo del Gatopardo, centrados ambos enteramente en la figura de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: cartas, fotos de la época y otros objetos pertenecientes al escritor se distribuyen por entre sus reconstruidos salones, completados con las copias del manuscrito y el dactiloescrito cuyos originales se conservan en el Palazzo Lanza Tomasi de Palermo. La muestra ha sido ampliada también con recuerdos de la famosa película que lleva al cine la historia del libro, ingente obra maestra en su registro, dirigida por Visconti en 1963.

Pero quizás lo más emocionante sea la reproducción de un audio de Lighea, uno de los cuentos predilectos del escritor, recitado por él mismo. Su voz, suave, tímida, un poco deformada por la grabación y por el tiempo, retumbando entre aquellos torpes muros que nada conservan ya del esplendor de otra época, viene a calmar la melancolía del lector que se acerca hasta allí buscando algo de lo que, me temo, sólo existe ya entre las páginas de un libro.

Al sureste de la isla y sin salirnos de la provincia de Agrigento, aunque bastante más alejado de Palermo que Santa Margherita, se encuentra el pueblo de Palma de Montechiaro. Si viajamos desde Palermo, tendremos que recorrer casi 200 kilómetros hacia el Sur, dirección Caltanisetta/Agrigento, aunque el viaje es cómodo, pues se puede realizar (lo recomiendo) casi enteramente por autopista (A19).

Palma de Montechiaro

Sin embargo, si la visita a Santa Margherita nos ha sabido a poco y queremos ir desde ahí a Palma es sencillo y hermoso, pues el recorrido, de apenas 100 kilómetros, permite ir en paralelo a la costa, atravesando pueblos de nombres tan evocadores y significativos como Sciacca, Ribera, Eraclea Minoa o Siculana.

"Seguir las huellas de Lampedusa es algo más que un acto de amor a la literatura."

La fundación de Palma de Montechiaro se remonta al 3 de mayo de 1637, después de que el barón Carlo Tomasi e Caro hubiese obtenido la licencia populandi del rey Felipe IV de España. De esta manera, la emergente familia Tomasi di Lampedusa intentaba legitimar su posición dentro de la aristocracia siciliana

A la muerte de Carlo, el título fue heredado por su hermano Giulio, conocido como “El Duque Santo”, debido a su dedicación a la vida ascética y a la asistencia de los más pobres.

Curiosamente, y aunque durante años el título nobiliario de Giuseppe había sido el de  Duque de Palma, nunca había estado allí. Viajó a Palma por primera vez en 1955 junto a su hijo, visitando la catedral construida por el Duque Santo y el convento Benedictino, un antiguo palazzo que el duque había convertido en mansión religiosa.

Giuseppe, el último Duque de Palma, era aún el “patrón” de aquellos lugares, y la acogida por parte de las autoridades eclesiásticas así lo demostraba. Y aunque la Donnafugata de la novela es una transposición literaria de la villa de verano de Santa Margherita, el reencuentro tardío en Palma con su memoria, su pasado aristocrático, su grandeza de estirpe, le sirvieron para recrear en su libro la hermosa escena de la llegada de los Salina a Donnafugata.

último gatopardo

Seguir las huellas de Lampedusa es algo más que un acto de amor a la literatura. Goethe, quien por cierto durante su estancia en Sicilia se alojó (paralelismos y azares de la vida) en el mismo Palazzo que luego fuera residencia del escritor hasta el final de sus días, decía que “haber visto Italia sin haber visto Sicilia es no haber visto Italia en absoluto, porque Sicilia es la clave de todo”

Dos siglos después, el último Príncipe de Lampedusa, símbolo de una estirpe y un mundo tan admirado por Goethe y ya a punto de desaparecer, le explica al alemán, frente al mismo mar y bajo la misma luz, poniendo las palabras en boca del lampedusiano Príncipe de Salina, en qué consiste esa clave, vieja y cansada de 3000 años de historia:

“Nosotros fuimos los gatopardos, los leones; quienes nos sustituirán serán los pequeños chacales; las hienas; y todos, gatopardos, chacales y hienas, seguiremos creyéndonos la sal de la tierra”.

 Il Gatopardo