Han hecho falta veintiséis años para que la poesía de Aleister Crowley vuelva a editarse en español. Por fin el lector puede acercarse a la tenebrosa mente de constelaciones prohibidas de un hombre perdido en su tiempo y en el nuestro, bestia y santo, profeta y mendigo, maestro y esclavo: la poesía más blasfema del siglo XX.
En Zenda reproducimos cinco piezas de la edición bilingüe de estos Poemas blasfemos (Visor), de Aleister Crowley.
***
EL POETA
¡Entiérrenme en una tumba sin nombre!
Vine de Dios para salvar el mundo,
les traje la sabiduría de las alturas:
la adoración, la libertad y el amor.
Me mataron por denigrar
la Religión, la Ley y el Matrimonio.
Que mi tumba quede sin nombre
para que la tierra se trague mis vergüenzas.
***
EN KIEL
Oh, llama blanca de tu silueta en el aire crepuscular,
la fogata de tus ojos grises e inmensos se vuelve
sobre mí hasta hacerme temblar. La oscuridad se hace en
el mar,
y por doquier parpadean pálidas luces fantasmales
creando un mundo espantoso. ¡Pero ahí dentro,
tú y yo nos fundimos, y los besos ardientes
vagan por los desiertos
de los cabellos negros y rizados! A mi juicio es un dulce
pecado,
tan dulce que los fuegos del infierno ya no tienen poder
sobre el cuerpo y el alma para apagar la llama brillante
del deseo que arde entre nosotros.
¿Qué es la Eternidad, si consideramos esta hora
como todas las lujurias y placeres de la vergüenza?
Bien dado por perdido está el Cielo a cambio de esta
ganancia sin par.
***
A MI PRIMOGÉNITO
¡Al fin padre! En el vientre de Matilde
el veneno fermenta y brotan las semillas de la cizaña;
en mi viejo árbol de upas se ha injertado un fruto bastardo.
La perdición de una generación más
clava sus colmillos. La llama del crimen, la sombra de la
enfermedad
son tu dote de nacimiento. ¡Otra prostituta
predestinada, nacida hombre, condenada a criarse como
una bestia!
¡Otro que espurio viaja hacia la tumba!
Mi pecado, mi locura, en tu sangre están,
una corona vil e imperecedera
que hasta el infierno te perseguirá. Dios te escupe
la maldición que ganaron tus padres. ¡Que la venganza
sea tuya!
Besa la Lujuria, mata la Verdad y póstrate en el altar del
Pecado.
¡Y embadurna Su rostro con estiércol, tu infamia!
***
LA ROSA Y LA CRUZ
De la caldera hirviente de mis penas,
donde arrojé dulzuras, sal y amargura;
donde la música encantada brotaba de mi lengua,
y donde encadené extraños archipiélagos
de caídas estrellas; donde la ardiente pasión fluye
como un extraordinario betún; donde entre
la brillante mezcla circulaba la melodía no cantada
del amor perfecto: de ahí brotó la Rosa Mística.
Sus innumerables pétalos de luz dividida;
sus hojas del esmeralda más radiante;
su corazón como rubíes de fuego. Al verla
alcé mi corazón a Dios y clamé:
«¿Cómo extirparé este sueño de mi deseo?».
¡Y hete aquí! ¡Se formó la Cruz de Fuego!
***
ÍCARO
Ícaro grita: «Mi amor se viste de la luz
y el esplendoroso apogeo del sol.
¡Vuela, oh alma mía, con tu caparazón emplumado
por los noventa millones de millas cósmicas perdidas
a la vista!
¡El aguileño vuelo de la mayor fantasía
planea a lo lejos!», pero él, destruido por su propia fuerza,
con sus alas de pavo real derretidas una tras otra,
cae en la oscura tierra, en medio de la noche sosegada.
¡Mirad! De la vigorosa tierra surge el amor
ardiente y secreto, perfumado con la noche,
presto y amoroso. ¡Cantad el despertar del éxtasis
que lo subyuga, desde las absurdas alturas
caído, no, fracasado! ¡Qué deleite supremo
se vislumbra en esa muerte! El beso de Ícaro y Gaia.
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Autor: Aleister Crowley. Título: Poemas blasfemos. Traducción: Jesús Isaías Gómez López. Venta: Todos tus libros.
BIO
La poesía de Aleister Crowley (1875-1947) —la Gran Bestia 666 o Frater Perdurabo— es una fusión de misticismo, ocultismo, erotismo, decadencia romántica e individualismo nietzscheano. Sus versos filtran tanto encantamientos mágicos como los principios de la filosofía teúrgica recogida en su «Ley de Thelema».
La producción poética de Aleister Crowley es ingente. Si bien Crowley recurre a la poesía como arquetipo romántico de una sui generis concepción de lo mundano y lo divino, siempre interpreta la poesía como un instrumento mágico. Crowley se siente un «poeta-profeta» y un místico moderno, heredero de la tradición romántica y simbolista de anteriores poetas-videntes como Percy Bysshe Shelley, Coleridge, Blake, Rimbaud o Baudelaire. Pero a diferencia de estos maestros, Crowley no se limita a describir emociones, sino más bien a canalizar sus «verdades divinas» a través de la poesía. Crowley llega aún más lejos, practica la magia a través del lenguaje. La poesía se convierte en una fórmula mágica para arrojar hechizos.


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