La periodista y docente Ana Bernal-Triviño ha advertido de que “aún tiene que venir lo peor de la reacción antifeminista” aupada en redes por la extrema derecha, una ola reaccionaria contra los derechos de las mujeres que augura todavía tardará “al menos diez años” en quedar atrás.
Bernal-Triviño, activa en la divulgación contra el machismo en alza y la desinformación, explica la mayor influencia del machismo en los nuevos y viejos medios, entre otros elementos, porque “el feminismo no tiene tantas herramientas para posicionarse, no tiene tanto espacio en los medios de comunicación”. Así, lamenta, el feminismo sigue siendo “de nicho, al margen de los medios principales” pues sigue considerándose fuera de la cuestión política. “Tampoco las mujeres comunicadoras están en sitios de poder tan relevante como para darnos espacios de mensaje ni posicionamiento. Y los algoritmos y las redes sociales van en contra de este tipo de mensaje, porque lo que al final incentiva no es el pensamiento, es lo emotivo, y ahí ellos consiguen mucha más multiplicación”.
Más allá, denuncia que además detrás de los youtubers y comunicadores negacionistas de la violencia machista hay una financiación organizada que no existe con la divulgación feminista. “Dicen que vivimos de chiringuitos pero realmente no conozco a ninguna mujer que viva de esto. Pero sí veo a hombres que viven solo y exclusivamente, sobre todo en redes sociales, de canales de YouTube, de sus cuentas de TikTok, de su cuenta de Instagram, que tienen detrás una financiación de lobbies que quieren influir políticamente”.
La comunicadora urge a no pensar que ese negacionismo de la violencia y ensalzamiento de la mujer tradicional en las redes y promovido por la extrema derecha es “una simple moda” y llama a mirar lo que ya ocurre en EEUU con derechos como el aborto o incluso el derecho al voto puestos en duda. Como ejemplo de ese contrapeso antifeminista y su gran capacidad de financiación señala a la organización Turning Point USA, de la viuda de Charlie Kirk, Erika Kirk, “que ya ha recibido donaciones multimillonarias de empresas” y que “lanzan mensajes en las universidades diciéndole a las chicas que no se preocupen por su título porque el mayor título que pueden conseguir es ser ama de casa”. Igualmente, ha recordado la campaña de Donald Trump en las últimas presidenciales en las que se devaluó a la candidata demócrata, Kamala Harris, por no tener hijos, “con comentarios jocosos y deshumanizadores sobre las mujeres solteras que acaban solas y con gatos, apartadas de la sociedad”. Todo ese mensaje de “desautorización” sobre las mujeres que no siguen el camino marcado por el patriarcado “vuelve a situar el mensaje feminista como algo ridículo” como a finales del siglo XX y antes de la última ola feminista.
Sobre la necesidad de que los hombres se involucren en los derechos humanos de las mujeres sin miedo a perder privilegios, señala que en la última ola feminista se vio a hombres que se mostraban acompañantes de esta lucha en el plano público, de los derechos civiles, pero no tan claramente “dentro de casa, de puertas para dentro”. Así, si existe mayor consenso sobre los derechos civiles de las mujeres “todo se ve, parece, de otra manera cuando estamos hablando de la violencia que ocurre dentro de la casa, la violencia sexual, cuando hay que señalar al compañero, cuando es señalar al amigo o al jefe. Al fin y al cabo nadie quiere abandonar su posición cómoda. El cambio implica esfuerzo”, añade la comunicadora, quien apunta que el machismo “es una zona de confort” para los hombres.
El libro se adentra en el uso de la violencia para ejercer poder patriarcal, pero también en la clasificación de mujer buena, mujer mala, y el papel central de desigualdad y sometimiento que ha derivado de la función reproductora de la mujer. Preguntada sobre cómo puede ser que la maternidad se haya considerado una debilidad más que una fortaleza para las mujeres en la comunidad, Bernal-Triviño señala que los hombres sintieron un “complejo” por no poder parir y le dieron la vuelta al asumir “el poder de decirle a una mujer cuándo y cómo debía reproducirse”.




La extrema derecha nunca apoyó el feminismo, pero en este momento, en España, la izquierda (por llamarla de alguna forma) tampoco es precisamente su mejor aliada…
La discriminación contra las mujeres (la mejor mitad de la Humanidad) es una expresión de salvajismo y a mayor discriminación contra las mujeres más salvaje es la sociedad. Debería bastar la educación con valores democráticos, de justicia, de igualdad, de libertad, para que una sociedad no acepte el salvajismo de la discriminación contra las mujeres, pero ante los atavismos y la contumacia en la gran injusticia que constituye éste mal, la discriminación contra las mujeres, se hace necesario el activismo, la militancia, la acción política. Y en éste camino es importante precisar que luchar contra la discriminación contra las mujeres es luchar por la plena vigencia de los Derechos Humanos, porque no se respetan los Derechos Humanos cuando se violentan los Derechos de la mitad de la Humanidad y éstos no pueden estar condicionados, limitados o abolidos por supuestos libros sagrados de cualquier religión del mundo, escritos hace siglos para supeditar a las niñas y mujeres al control arbitrario de hombres de mentalidad arcaica, primitiva, antidemocrática. El avance de la Humanidad es el avance por una sociedad democrática, y solo se avanza en democracia cuando se reconocen, garantizan y son plenamente vigentes los Derechos de las Mujeres, en todos los aspectos (políticos, laborales, educativos, sexuales y reproductivos, sociales, económicos, etc.) y esta larga lucha por lograr la plenitud de los Derechos de las Mujeres debe estar unida a la lucha por los Derechos Humanos y por el avance de la Democracia, solo así superaremos la barbarie, el salvajismo, las injusticias, las desigualdades, las discriminaciones, que aún sufre la Humanidad y en mayor medida, las mujeres, su mejor mitad. Es cierto que nada está determinado en la Historia, que se pueden sufrir retrocesos, involuciones, pero no podemos sucumbir ante las fuerzas reaccionarias de la injusticia, de la ignorancia, del oscurantismo, de los fanáticos religiosos, de los intereses de los explotadores y privilegiados. Ya es hora que los tribunales internacionales y demás instancias judiciales que deben garantizar los Derechos Humanos actúen para impedir que continúen las violaciones de los Derechos Humanos de las Mujeres y para sancionar a los Estados, gobernantes, organizaciones y particulares que violan éstos Derechos Humanos.