Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.
Domingo, 26 de enero de 1936: Un soplón en la Modelo (carta a la Dirección General de Seguridad)
Continuando con las tareas de vigilancia encomendadas, quien esto firma ha podido presenciar este mediodía un nuevo encuentro entre Santiago Carrillo, líder de las Juventudes Socialistas, y unos presos catalanes cercanos a Luis Companys. A lo mejor por su origen asturiano, Carrillo demuestra una clara simpatía hacia vascos y catalanes. Casi nadie entiende aquí lo que ocurre en Cataluña, pero a él le interesa; y mientras estuvo aquí Companys, antes de que lo trasladaran al penal de Santa María, procuró entablar relación con el expresidente de la Generalitat. La leyenda de Companys, que le arrebató el poder a la Lliga de Cambó, no deja de crecer con un encarcelamiento que, de líder de una ridícula rebelión barcelonesa, lo ha transformado en mártir del independentismo.
Tras la comida, los presos políticos organizan interminables partidas de mus, tute o dominó en los que a Carrillo no le gusta participar. Pero hoy se ha sentado en la mesa de los catalanes y se ha interesado por sus planes, si finalmente triunfa el Frente Popular.
Los catalanes quieren volver de inmediato a su país. Ellos consideran que desde Madrid pierden la perspectiva y que incluso a los socialistas les cuesta entender que Cataluña sea una nación. A los de Esquerra les molesta que Largo Caballero y la plana mayor del PSOE desdeñen el sentimiento de opresión que se tiene en su tierra desde que, un once de septiembre, hace dos siglos, abolieran sus fueros.
—Será porque apoyasteis al archiduque de Austria —ha replicado Carrillo—. Y lo dice alguien que no le tiene especial simpatía al centralismo. No se os da bien escoger compañeros de viaje.
Carrillo siempre dice que la revuelta de octubre en Barcelona tuvo poco de revolucionaria, y eso ha conseguido arrancarle una sonrisa a los catalanes, que han reiterado que en cualquier caso ellos seguirán luchando por un Gobierno propio. De paso han añadido que en Cataluña no fue la Esquerra quien falló en el 34, sino la CNT.
Carrillo se ha limitado a observar que, si se encuentran pronto todos en la calle, a ninguno les sobrarán apoyos y que espera seguir en contacto y que se lo transmitan a Companys; a lo que han contestado que seguro, aunque sin demasiado énfasis.
Según se alejaba Carrillo, uno de los presos caballeristas se le ha acercado y le ha preguntado que por qué pierde el tiempo con independentistas catalanes. Carrillo ha contestado que los respeta porque los nacionalistas de izquierdas son socialmente avanzados y valientes:
—Son pequeños burgueses, pero arriesgan su libertad y su vida por un ideal.
Seguramente pretendía que le llegaran sus palabras a Companys. A Carrillo le interesa ampliar al máximo su espectro de relaciones y, por el momento, sus intereses coinciden con los del líder de la Esquerra: la suerte de ambos depende de la derrota electoral de las derechas. Vista la actitud de los catalanes que siguen aquí, sin embargo, no da la impresión de que tengan intención de colaborar con nadie. Su antipatía por Largo Caballero es notoria y sospecho, por los rumores que me llegan, que ya puedan tener decidido un nuevo plan para, si vuelven en algún momento a Barcelona, declarar la independencia.


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