Detrás de muchas de las obras que admiramos cuando visitamos el Louvre, el Museo Británico o el Met de Nueva York se oculta un pasado incómodo. Son piezas que desaparecieron de su lugar de origen, arrancadas de templos, tumbas o palacios, y que hoy se siguen reclamando. Este libro sigue el rastro de seis piezas emblemáticas —de los mármoles del Partenón al penacho de Moctezuma, los bronces de Benín y el busto de Nefertiti— para contar cómo llegaron a las salas de exposición en las que reposan y para abrir el debate sobre su restitución.
En este making of una de sus autoras, Katia Fach Gómez, cuenta cómo se gestó Arte secuestrado (Península). En breve publicaremos el making of de la otra autora, Catharine Titi.
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He aquí un conjunto de historias, reales como la vida misma, profusamente documentadas y narradas con pasión y rigor. He aquí, al mismo tiempo, un conjunto de historias que, por su intensidad y dramatismo, bien podrían haberse gestado en la imaginación envolvente de Sherezade, Tolkien o García Márquez. El busto de Nefertiti, los mármoles del Partenón, el penacho de Moctezuma, los bronces de Benín, el tesoro etíope de Magdala y los dioses de piedra indonesios nos transportan a escenarios geográficos exóticos y a periodos históricos fascinantes. El libro Arte secuestrado teje estas historias con un hilo rojo que interconecta estas piezas de arte icónicas: todas ellas llevan muchas décadas exhibiéndose a miles de kilómetros de sus lugares de origen. Berlín, Londres, Viena, Paris, Hamburgo, Nueva York o Ámsterdam son los emplazamientos actuales de unos objetos que no recobrarán sus utilidades y simbolismos hasta que regresen de forma definitiva a sus hogares originarios. Este es el punto de partida de un ensayo que inspira reflexiones de largo aliento. Arte secuestrado realiza junto con sus lectores un recorrido en el que se posiciona a nuestras instituciones políticas y culturales frente a un espejo ya insoslayable. Museos universales, memoria histórica, artivismo, descolonización (¡y recolonización!), wokismo, rematriación… Estas son algunas de las estaciones de un viaje iniciático que aspira a transformar la mirada de quienes se acerquen a Arte secuestrado con una voluntad desprejuiciada de aprendizaje.
En el presente texto (“Restituir el arte, dignificar la historia”) que la revista Zenda publica, comparto las motivaciones que me han impulsado a ser coautora del libro Arte secuestrado. Asimismo, razono en primera persona sobre las características novedosas de este trabajo y vislumbro cuál es, en mi opinión, la razón de ser de esta obra, aparecida en los primeros días de un año 2026 que ha emergido de forma trágica. Mi compañera de publicación, la profesora griega Catharine Titi, también relata en Zenda sus vivencias al hilo de la elaboración de este volumen. La lectura de ambas aportaciones ofrece un paisaje caleidoscópico, que a su vez refleja la propia naturaleza de Arte secuestrado.
Escribir este libro me ha impulsado a cruzar fronteras muy diversas. A diferencia de lo que sucede en mis publicaciones académicas, en Arte secuestrado las ciencias jurídicas ya no asumen el papel de narrador omnisciente. Otras disciplinas, como la diplomacia, las relaciones internacionales, la historia del arte y las ciencias políticas han irrumpido en este nuevo escenario, creando una narrativa más polifónica. Para abonar este hermoso mestizaje, la profesora Titi y yo nos hemos sumergido en una detallada labor de consulta de fuentes académicas interdisciplinares y de diversos recursos multimedia, que aportan actualidad y frescura a la obra. Trabajar en español e inglés con mi coautora también ha supuesto un desafío. Arte secuestrado es un libro que quiere cautivar al gran público hispanoparlante, a todos los interesados en el pasado, presente y futuro de nuestras sociedades y en la manera en la que estas gestionan sus patrimonios culturales. Desde una perspectiva gramatical, ello requiere dejar atrás jergas, muletillas y estructuras propias de los textos académicos especializados. Desde una óptica lingüística, ello me ha supuesto prestarle especial atención al español de nuestro manuscrito, con el fin de que su versión final arrope sin fisuras a todos aquellos que se adentren en la lectura del libro. Por último, escribir este ensayo me ha permitido practicar simultáneamente tres de mis aficiones más gozosas: leer sin mesura, viajar allende nuestras fronteras y visitar museos. Quienes se acerquen a este libro apreciarán, no obstante, que elaborar Arte secuestrado lleva implícito el cuestionamiento de una serie de narrativas hegemónicas bajo cuya techumbre nos sentimos aparentemente cobijados. Esto es, el camino hacia Ítaca también está pavimentado con ciertas dosis de desesperanza y descreimiento. En el futuro seguiré visitando museos, de eso no me cabe duda, pero ahora soy consciente de que no todos son el edén. Y esa transformación cognitiva es ya algo irreversible, para mí y para un número creciente de ciudadanos.
Arte secuestrado se ha ido construyendo poco a poco en mi cabeza y en mi corazón, y en mi caso ha sido la consecuencia lógica e inevitable de un enamoramiento muy profundo. La protección del patrimonio cultural es un tema que me ha acompañado a lo largo de mi trayectoria como jurista. Igualmente, mi preocupación por el “patrimonio ausente” también ha quedado plasmada en varias colaboraciones a lo largo de los años con medios de comunicación españoles (Heraldo de Aragón, Altaïr Magazine, The Conversation, Zero Grados). Esas semillas han ido germinando, hasta impulsar la elaboración de este ensayo, más extenso y ambicioso, que pone su foco en la importancia de que los temas de actualidad puedan ser divulgados con rigor y con una mirada heterodoxa para llegar a una audiencia amplia. Alimentar ciudadanía crítica está en el sustrato profundo de este libro.
Me siento muy afortunada de haber podido dedicar fines de semana, festivos y abundantes noches a leer y escribir con sosiego sobre un tema tan fascinante como la restitución de patrimonio cultural. No es este, ciertamente, un tema carente de actualidad ni ajeno a los vaivenes del flujo político. De hecho, mientras yo focalizaba mi atención en los bronces de Benín, en el tesoro de Magdala, en el llamado penacho de Moctezuma o en el capítulo final del libro, el tablero geopolítico experimentaba unos terremotos globales que exceden límites propios de la escala Richter. El mundo en el que ha nacido Arte secuestrado está en llamas reales y metafóricas. Ello le confiere a esta obra una dimensión adicional, que las autoras posiblemente no vislumbramos en toda su amplitud cuando presentamos nuestro proyecto a la editorial Península.
Visto con las lentes del año 2026, Arte secuestrado es algo más que un mero libro de historia y de arte; Arte secuestrado es también una guía de resistencia cultural y humana. Frente a los horrores de las guerras (pasadas y presentes), frente a la distorsión (pasada y presente) del relato histórico, frente a las identidades culturales aplastadas (en el pasado y en el presente), frente a la abominable ley (pasada y presente) del más fuerte, Arte secuestrado nos habla de virtudes atemporales. El libro nos habla de memoria, dignidad y esperanza, nos habla en definitiva de una senda que, con mucha dificultad, algunos países han comenzado a transitar y que ojalá no abandonen. Confrontar muchas de las noticias que hoy en día acaparan nuestros diarios exige información fehaciente, confianza en los mecanismos democráticos y una testarudez inagotable para resistirse a una fuerza bruta que nos arroja al sumidero. Arte secuestrado contribuye a la esperanza en estos tiempos turbios, al ponerle cara a los múltiples guardianes de la llama de la cultura. Son activistas con perfiles muy diversos, que puede que ni se autoidentifiquen como tales, pero que han sido capaces de mantener vivas las ascuas de unas peticiones de restitución cultural insistentemente ignoradas. Magdala, Benín, Nefertiti, así como muchas piezas más que también merecerían ser recordadas en trabajos futuros, constituyen el alma de Arte secuestrado. Este libro es una forma de darles las gracias a quienes han asumido el coste amargo de no olvidar y siguen luchando por dignificar la historia.
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Autoras: Katia Fach Gómez y Catharine Titi. Título: Arte secuestrado. Editorial: Península. Venta: Todos tus libros.


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