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16 poemas de Luis Chaves (Greatest Hits Revisited)

16 poemas de Luis Chaves (Greatest Hits Revisited)

Luis Chaves es un poeta nacido en San José, Costa Rica, en 1969. Es considerado una de las figuras clave de la literatura contemporánea de su país y de Centroamérica, además de uno de los poetas latinoamericanos fundamentales de las últimas décadas. Su obra incluye poesía, narrativa y crónica. Ha recibido reconocimientos internacionales y el Premio Nacional de Poesía de Costa Rica 2012. La Akademie Sáchalos Solitude de Stuttgart le otorgó la beca Jean Jacques Rousseau del 2011. Fue residente del prestigioso Berliner Künstlerprogramm (Programa de Artistas en Berlín) en 2015 y del Institut d’Études Avancées de Nantes en 2017. Entre sus obras están la novela Salvapantallas (Seix Barral, 2015 / Los tres editores, 2024), la crónica/novela Vamos a tocar el agua (Los tres editores, 2017 / Seix Barral, 2020) y las nouvelles La marea de Noirmoutier y O.W. ambas en 2020. Algunos de sus libros de poemas más destacados son Historias Polaroid (2001), Chan Marshall (III Premio de Poesía Fray Luis de León, Visor, 2005), Asfalto. Un Road Poem (2006) Monumentos Ecuestres (2011) o Los animales que imaginamos (1998). Su obra poética está reunida en Falso Documental: Poesía Completa 1997 – 2016 (Seix Barral, 2016). En Chile Ediciones Overol publicó en 2022 su último libro de poemas, Fuera de la gravedad (Ediciones Perro Azul, 2019). La edición de 2020 de Vamos a tocar el agua, por el sello Seix Barral en Argentina, fue Libro del Año para la revista Rolling Stone. Vive en Zapote. Presentamos una selección, a modo de recopilatorio musical, de diez de sus grandes éxitos y cuatro inéditos.

***

La bajita del rincón oscuro

Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.
Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.
Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.

*** 

los animales que imaginamos

esto que ves antes no existía. dice
las personas acomodan sus sombreros.
corrigen sus posturas y sonríen desde el papel.

es agosto y llueve con la voz de nina simone.
el apartamento es una cama gigante
donde se cubren las partes duras del amor.

afuera el mundo gira como siempre.
unos viven esperando el autobús de regreso.
otros adrede dan direcciones equivocadas.

en una habitación en pleno centro de san josé.
al colchón se le salen las entrañas.
faltan sillas para las preguntas.
hay noches desbordadas en los ceniceros.

ella es una niña que crece
como la santalucía entre las ranuras de concreto.

sentado frente a la lámpara.
él junta sus manos y aparece un pájaro en la pared.
mirá cómo camina este elefante. repite ella.
él enrola otro cigarrillo y cambia de canal.

se habla de dios. la muerte.
desnudos o en ropa interior.
bajo las sábanas las rodillas como cabezas atentas.
él lee cuentos con la sangre en llamas.
ella se duerme justo antes de llorar.
es la voz de nina simone y llueve como agosto.
hay latas vacías junto a las pantuflas.
ropa tendida en el alma de los dos.
desde los extremos de la mesa.
sus miradas se encuentran
como regresando de pueblos lejanos.

ella canta el blues de la negra. confunde las estrofas.
da golpecitos con el índice a su reloj.
de noche él deja sin seguro la puerta.
para que el miedo salga a caminar.

pero el tiempo no entiende de estas cosas.
para él todos son animales.
todos tienen lecciones que aprender.
y un viernes hay una grieta en el aire.
la puerta trasera abierta de par en par.
un pájaro dibujado con tiza negra vuela en la pared.

en un cajón remoto calla nina simone.
así tuvo que ser. piensa él.
que ya no frecuenta ciertos lugares.
y a veces se queda quieto de repente
cuando escucha pasos minúsculos en el cielo raso.
recuerda el tono atropellado de sus palabras:

todo el invierno es agosto
y llueve siempre como su voz

***

Anotaciones para una cumbia

Afuera, las nubes
con forma de nubes.
Adentro, preguntas aleatorias:
¿cómo le llama una madre
al hijo que, ya adulto,
cambia de nombre?

Abrir el tubo
y que dos segundos de agua tibia
sean la única noticia
del día de sol que no disfrutamos.

Treinta y dos años con el mismo nombre
¿no será un exceso?
Demasiado tiempo para esta sola certeza:
jamás ninguna nube
será mejor que aquel globo
con figura de ratón.

Un nuevo jugo
anuncia la llegada del verano.
Los pies, el agua tibia,
la sal de Inglaterra,
sin embargo, nada anuncian.
Se fue otro bisiesto
sin mayor novedad.
De lo bueno, ma,
nos quedó lo malo.

***

20 años después

Quinientos kilómetros sin hablar
no fueron suficientes para la iluminación.
En cambio, el paisaje en retirada
como los años venideros
y el raspado del viento
en el borde de las ventanas
parecían decir algo. O lo dijeron.

Llegar adonde íbamos
fue llegar adonde iban otros.
El plural es engañoso,
no lo es sin embargo el silencio
sostenido menos por voluntad que por
economía de recursos o por
una aerodinámica de la contemplación.

Estalló la pirotecnia de las nubes
cada fin de tarde; y la lluvia tibia
de ciertas noches alisó tu pelo
mientras veías desde afuera
habitaciones en las que alguien
encendía la luz.

Los menos afortunados
se conformaron con más.

Si nadie lo ha dicho todavía, es hora:
toda rama que cae del árbol
tiene forma de pájaro.

***

Mudanzas

1.

Si vieras.
Dos semanas de temporal
borraron la huella ocre
de las macetas.

Revuelta en la lavadora,
ropa blanca y de color.

Una casa reducida a cajas de cartón
la tarde que gira sobre el eje de la lluvia.
El mentolado falso
de un Derby suave + una Halls.

Ese color de la plasticina
cuando se mezclan todas las barras.

2.

El mundo da tantas vueltas
que parece no moverse.
Pensé decirlo
pero preferí, de copiloto,
verte manejar en círculos
por el estacionamiento.

3.

Las hormigas vinieron
en las cajas de la mudanza.
El apartamento nuevo
empieza a parecer una casa.
De otro, pero una casa.

4.

En el departamento nuevo,
el albañil pica la pared buscando
dónde está la fuga de agua.

No es desorden lo que se ve,
es un orden disparejo.

Bolsas plásticas,
cartones con cursiva en pilot
Cocina / libros / baño
Si otro, en este momento, entrara,
no sabría si alguien llega o se va.

5.

Envuelto en la nicotina
de la inmovilidad,
se ablanda el cerebro
y se endurece el corazón.

Sin camisa me veo más viejo,
pensé decirlo pero preferí
recordar la vez que fui tu copiloto
y manejabas en círculos
por el estacionamiento.

6.

Francisca, silenciosa,
se mueve por cada ambiente.
Para allá con la escoba,
para acá con el balde.
Dentro de esa boca,
siempre cerrada,
brilla un diente de oro.

7.

Una pausa que amenaza
con convertirse en otra cosa.

La ropa sin tender,
el gusto del falso mentol,
el espacio libre
donde finalmente parqueaste.

8.

Rodeando latas de cerveza,
los amigos discutían
cuánto dura la juventud.
Pensaste en voz alta
“qué me importa, si nunca fui joven”.

Luego se agitó el borrador de la niebla.
Luego irrumpieron los grillos.

9.

Aquí tendría que ir una frase decisiva
pero se destiñe la camiseta
de la tarde que hablábamos
mientras crecía el pasto
y sin darte cuenta
usabas mis muletillas
cada seis palabras.

Lo que no se va a secar,
lo que brilla sin elección,
un período equivocado para la mudanza,
el cerebro: masa de plasticina,
el corazón: dos puertas de carro
que sólo saben cerrarse.

10.

Debajo de esto hay una canción,
aunque no se escucha ni se ve.

Las promesas de la casa nueva
quedaron en la casa vieja.

Del temporal va quedando ese color
de todas las barras de plasticina
que se mezclan se mezclan,
el martilleo que silencia
la tenacidad de una fuga,
esas gotas de lluvia
como las venas de la ventana.
Y el canto de los grillos
crece como otra niebla.

Debajo de esto hay algo mejor.

***

Ringside

Fue la mejor pelea de Alí
o de Cassius Clay, como él lo llamaba,
negándose a aceptar
su recién adquirido nombre musulmán.

Ese negro levantaba los guantes
y convertía el cuadrilátero
en una pista de baile.
Años después comprendí
que ese fue mi encuentro inicial con la poesía.

Entre el quinto y sexto round
papá bajó su guardia por primera y última vez,
sin dejar de ver la tv dijo:
no me iba a casar con su mama
aunque usted ya había nacido,
estaba enamorado de otra.

En el álbum familiar
tengo un viejo fotoposter de Alí
justo cuando noqueaba a Foreman en Zaire.
Es mi foto preferida de mamá.

***

Inocencia polaroid

Alguna ves hiciste un collage
con fotos de cuando éramos niños
y aún no sabíamos nada del uno del otro.

Como ahora.

***

Marino

Lo bueno del mar es
cuando nadie se ahoga.

Pasó ayer pero
lo cuento hoy
mientras escriben
ellas un nombre
en la arena
con un palo que vino
flotando entre bolsas
y hojas y pipas.
Escriben hoy
lo que conté ayer.

La monotonía tiene un borrador
que llamamos olas.

Son estas que te hacen
cosquillas en los pies
y luego se van.

Son estas que borran
los pies o lo que alcancen.
Lo que toca el mar
le pertenece.

***

Repaso

Se acelera el corazón
por medios artificiales
y los vientos alisios
son vehículo de polen y epidemias.
De la belleza de la fealdad
otros hablan mejor.

¿Con quién dormirás ahora?
es una interrogante
para los años que vienen.
Lo de hoy es la brisa
en la espalda
y todo lo que dura
menos que el plástico.

***

Las réplicas

El trayecto interminable, el interior del autobús como una sala de espera en movimiento. Inevitable, los recuerdos: vos tirando mis compactos por el balcón; yo, en una reacción bien Hammurabi, reventando los tuyos contra mi propia ventana y quedando —fácil concluir — en clara desventaja. Ahora río y me tapo la boca, gesto que fue natural aquellos tres meses que viví sin uno de los incisivos: las costumbres persisten mucho tiempo después de las razones que las originaron. Del bus bajaremos a este lado de la frontera. En él subiremos al otro. Los mismos pasajeros, el mismo equipaje, pero un sello más en el pasaporte. No me deprime reconocer mi incapacidad para el afecto duradero, me desmoraliza no encontrar otro tema sobre el cual escribir.

*** 

México D.F.

Esa foto donde ninguno sonríe:
¿quién nos creerá que fue de la época buena?

***

Música nocturna recordada en la mañana

Del lado teórico
cuando toca lo pragmático,
del lado práctico cuando
enfrento la teoría.
Suena el teléfono
y abro la refri
más o menos así.
En fin.

Desperté vocacionalmente
antes de que sonara el despertador.
En el sueño
también estabas muerta,
tuve que continuar.

Han pasado dos años,
será muy pronto para esto.
De lo poco que hablamos
queda lo que no se dijo.
La voz es lo primero que se borra.

Escribo al fondo de la casa,
en breve, afuera, se encenderán
las lámparas municipales.
Los pericos cruzan el cielo en diagonal
remolcando al mes de diciembre
y para entender algo quiero pensar
en la fantasía originaria,
en la alucinación optativa del pecho.
En cambio, se impone
el crujido específico de las gradas,
tu peso haciendo hablar a la madera
cada mañana rumbo a la cocina.

La masa de tu cabeza,
una silueta a contraluz,
atrás, ramas y hojas,
la luz intermitente
colándose también entre
el pelo rizado y negro.
Es el primer recuerdo que tengo.
¿Dónde estamos?
¿Qué me preguntás?
La brisa leve nos envuelve
en el olor de los cítricos.

Time present and time past
coinciden tal vez en time future.
Eso no te importa, quizás esto sí:
en casa enhebro yo.
“Pa, coseme estas medias”,
me dicen de salida
sin mirar y sin saber
que así te invocan.
En el pulso firme y la puntada lenta,
en la frontera del dedal, en la fuerza
exacta, ni un poco menos ni
un poco más, que tensa el hilo
para remendar lo que se rasgó.
¿Son las prendas rotas de tus nietas
dos cosas a la vez? ¿Son en simultáneo eso
y lo que evocan?
¿Que me deje ya de palabrejas?
Ese arpón minúsculo
une más que un apellido.

Una vez te vi fumar,
estirada sobre la manta de picnic,
dueña del sol y la inmanencia.
El humo por la nariz
como una diva del cine,
como una mujer que esconde
un misterio o un superpoder.
Un par de amigas o hermanas tuyas
en la imagen, distribuidas
sobre el cuadriculado del mantel,
ni un solo hombre cerca
porque el niño que te observa
no cuenta.
Siente celos del secreto que se le revela,
tiene un miedo nuevo,
se abre una grieta a sus pies:
ella es Mayra además de mamá.

Los botones, alfileres, hilos
en una caja de galletas danesas.
Dedales, broches,
acericos y abalorios,
cinta plástica de medir.
La larga tarde después de la escuela,
no llegabas nunca del trabajo
o así lo sentía:
todo hijo es un capataz.
Inventariaba el contenido sobre
el estampado del edredón,
una matriz de carretes, otra de botones, etc.
Un taxónomo de seis años
fija los insectos del monólogo interior.

Hablabas, ahora que lo pienso,
con la boca del horno,
en los grados centígrados crece
la promesa del pan.
Me invitabas a pesar la mantequilla,
a engrasar bandejas,
a comer como acto contrario a la conversación.
Las palabras hacia adentro,
en la ruta de la garganta.

Detrás de la puerta cerrada,
el cuarto a oscuras a media mañana.
Al otro lado de las cortinas, el día explota,
el martillo de la luz
contra un solo hemisferio,
la derrota convertida en anomalía vascular.

Vistos desde afuera
somos cualquier madre e hijo sentados en el bus,
la díada que es principio y negación.
Estampa antropológica de mujer
que repasa listas mentalmente
mientras hijo, párvulo,
se entrena en la lectura modular
Co o pe re con el a se o

Murió la abuela Carmen
y como si la tuviera enfrente
veo la bacinilla metálica debajo de su cama
y la mancha de sangre con
forma de mariposa
en la sábana final. Nos heredó
la cabellera densa, sana y
negra del mestizaje,
la suspicacia a las muestras físicas de afecto
y la casa del Estado benefactor
que es la página uno de nuestra mitología.

La silueta a contraluz,
las ramas, hojas, la luz intermitente,
un halo rodea tu cabeza.
Cada tanto la masa oscura
cambia de ángulo y es tu cara
de madre joven,
estás contenta sin sonreír.
¿Qué te pregunto sin lenguaje?
¿Dónde estamos? ¿Qué provincia? ¿Latitud?
¿Quién cuida la casa? ¿Ese aroma es de naranja,
mandarina? ¿Limón?

Al otro lado de cada desenlace
está el embrión de un nuevo final.
Lo dice la teoría y lo dice la praxis.
Está escrito en el reverso de la ropa
barata de la infancia, en la letra pequeña
de las recetas escritas a mano,
en el temblor de las esferas de mercurio
que como electrones buscan reunirse,
en el ritmo de la Singer
en la cuesta monoparental,
está al fondo de la crisis de los 80,
también en el idioma de la madera
y las sombras del marquiset,
lo dice el hielo envuelto en la servilleta,
la medida de una pizca de sal
entre tu pulgar e índice,
la cavidad de la piedra pómez,
la morfina, tu trazo manuscrito
y zurdo. Está escrito en esta
canción simple con hilo y aguja,
es fácil de borrar.

Sumo ahora y qué joven eras
cuando me gradué del colegio.
Esa noche bailamos por primera
y última vez. A media canción

dije “ya me tengo que ir”
y por unos segundos no supiste
dónde estaba tu mesa,
te vi de espaldas, desorientada,
“Otro día repetimos”, quise reparar.
Ya se sabe qué pasó.

¿Vas a volver?
Si pudieras, ¿vendrías como Mayra
o como mamá?
De las fotos recortá mi cabeza
y la de tu esposo,
quedate con las de tus nietas
y la del humo azul y leve
de cuando no rezabas.

Se hizo tarde y todas duermen
cabe más distancia entre cada ladrido
y viene, como un mazo, un pasaje del final:
emergiendo de las profundidades del desahucio
dijiste “ya no veo a mis nietas ni las toco”
y de inmediato volviste al lugar vedado.

Una silueta a contraluz,
atrás, ramas y hojas,
la luz intermitente.
Es el volumen de tu cabeza
y cuando cambia el ángulo y aparece tu cara
veo una mano pequeñísima
buscando tu boca, tu mejilla, tu nariz.
¿Dónde estamos? ¿Cuánto falta?
La tela suave de la brisa
nos envuelve
antes de lo que vendrá.

***

En una banca

Te vi sentada en la banca
que fue nuestra. En realidad
te confundí con otra persona.
Dividida estabas entre
el sol y el viento leve.

En la banca me di
cuenta al parpadear
no había nadie.
Es decir
sí eras vos

***

El albañil

Un ladrillo a la vez
al lado de otro,
luego una fila sobre
la mezcla fina de argamasa.

Así se reconstruye una casa
con los ladrillos de la anterior.

Otro orden pero
los mismos ladrillos
cemento arena agua.

Toda casa se construye en torno
a un ladrillo indispensable:
el albañil que busca la piedra filosofal.

Como aquel que empieza
su casa por el humo,
pongamos el ladrillo
del molde de las niñas
en cada almohada,
el del peso de la gata sobre el edredón,
encima va el de las ráfagas de romero
y el del verano en la ducha del patio.

Cada pared sostiene una ruina
o recibe la sombra del árbol.

Toda casa necesita ese ladrillo capital,
si no está puede verse
desde afuera
la luz de los veladores encendidos
en la noche.

Un ladrillo a la vez
poco a poco si vale la pena,
toda casa se construye
alrededor de ese ladrillo
que ninguna casa tiene.

***

Apotegma

La primera idea para escribir algo generalmente no sirve. La segunda tampoco. Eso lo dijo –lo escribió– Osvaldo Aguirre. Tiene razón. Lo sé porque no conozco otra manera, lo sé porque veo el resultado. Por ejemplo este mismo texto: leí la sentencia y pensé, “es un gran inicio”. Idea primera. “Después confieso que así escribo”. Idea segunda.

***

Sobremesa

Se sabe que el color
púrpura no existe decís

Lo sabrás vos y el
mundo a mis espaldas me
siento niño que descubre
lo de papá noel o
sea imbécil

¿Pero y el mimbre del
día a día traspasado por
el caudal de las vacaciones
incluso un horario laboral
diluido por sol analgésico
que no supo contener?

En la casa del que
no produce no consume y
encima interrumpe hay
hacha o sombra o fotos.
Mejor dicho, donde
queríamos vivir pero no
se pudo

Ah faltaron en la lista
mantel o distancia

De qué hablo me
desvié intento disimular

Invisible en el espectro de
luz y arco iris necesita
mezcla unión suma de dos
para darse (el púrpura)

¿Sí lo ves? No de colores
hablamos de refracción
gotas autónomas que no
retuvo el mimbre atravesadas
por la luz solar

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