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El último Claudio Rodríguez

El último Claudio Rodríguez (pero no el último último, no el último del todo, que escribiría Aventura antes de morir, sin dejarlo terminado), el Claudio del último movimiento de Casi una leyenda, habla de la muerte, a la que dedica un risueño título de sección, “Nunca vi muerte tan muerta”, que suena a cancionero y a juego de niños, a Cristobita proclamando “la muerte está muerta” por los retablos de los pueblos.

De niños había hablado precisamente justo antes de esa sección, en el “Segundo interludio de enero”, con un brindis en la noche previa al día de Reyes y con una balada en el día de su cumpleaños. Ambos son poemas de “temor sereno”, de “cuerpo en vilo”, versos sobre la inocencia de lo que nace o renace, deseos celebrados o cantados en el umbral, con fe de romance. Después de esta música de espera llega la danza de la muerte.

"En el último Claudio esta pena se ha hecho ya casi transparente: Me voy alegre"

Y es que estos últimos poemas están llenos de canción y de baile. Una melodía “pura y dolorosa” los enhebra, hecha con ecos de versos infantiles de corro y con preguntas lanzadas afuera (“¿todo es resurrección?”). Son rasgos que siempre estuvieron en su poesía pero que en la última vuelta del camino regresan al comienzo y tantean en una luz dudosa que se revela de amanecer. La muerte concreta, familiar, y la muerte universal; la muerte del folclore (el cristalero azul) y de la tradición artística (la muerte y la doncella) confluyen. A ella se dirige y de ella habla, invitándola a participar en un baile donde quedará sola o conminándola a apartarse para respetar el renacer del cuerpo (almendro florecido).

La emoción de estos últimos poemas de Claudio Rodríguez proviene de esta convivencia estrecha de la muerte y la resurrección (“de hijos a hijos”), una fe que nace de la propia sustancia musical, de una creencia encauzada a través de la poesía. En uno de sus trabajos sobre la presencia de lo mágico en las canciones infantiles evocó dos versos cantados por los niños que resumían esta idea, donde se unen el título del libro y la fuente de la imaginación: “borrada la historia, cantaba la pena”. En el último Claudio esta pena se ha hecho ya casi transparente: “Me voy alegre”.

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Nota en recuerdo del poeta Claudio Rodríguez, nacido un 30 de enero

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