Entrevistamos, en una lluviosa Málaga, a Moisés Rodríguez, catedrático de Historia y presentador del Canal 24 Horas con motivo de la celebración del II Certamen Film e Historia del Centro Cultural La Malagueta de Málaga, del que es comisario.
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—¿Cuál fue la motivación principal para crear este certamen que une cine e historia, y qué ha supuesto para usted llegar a su segunda edición?
—Film e Historia nace de mi formación como investigador de cine. En 1985, un grupo de profesores de cine, encabezados por José María Caparrós Lera, fundó en la Universidad de Barcelona el Centro de investigaciones cinematográficas film-historia, y tuve el honor de ser el miembro más joven en participar de sus actividades por toda España. 40 años después, tengo el placer de continuar con ese legado, montando por segunda vez este ciclo de películas y coloquio en torno a la historia y el cine, como un homenaje a mi profesor y tutor José María Caparrós. Así nació Film e Historia el año pasado, en Málaga.
—¿Cómo se seleccionan los temas y películas de cada edición? ¿Qué criterios siguen para equilibrar rigor histórico y valor cinematográfico?
—Junto a mi compañera profesional Mar Ortiz, gestora cultural en Málaga con su empresa Eme de Mar Cultura, decidimos las películas y los temas históricos. Primero selecciono el tema a tratar y veo qué película se adapta a la temática histórica. Después, entre los dos elaboramos una lista de posibles participantes, siempre un historiador (a veces, un escritor versado en el tema) y un cineasta. Y acotamos la propuesta para que se pueda unir coloquio y film.
—¿Qué balance hace de esta edición en comparación con la primera (en cuanto a público, repercusión y participación de profesionales)?
—El balance es muy positivo. La entrada es gratuita y el visionado del film, siempre después del coloquio, es seguido por mucha gente que, aunque ya hayan visto la película, tras la charla descubren nuevos aspectos que enriquecen el visionado. Además, la presencia de destacados ponentes, muchos de ellos caras muy conocidas, ayuda como reclamo. Cada año vamos superando el nivel anterior y estamos muy satisfechos.
—¿Qué papel juega el cine español dentro del certamen frente a producciones internacionales o películas de otros contextos?
—Este año se ha buscado que las tres temáticas a debatir en los coloquios pudieran tener una película española importante: El perro del hortelano para hablar del Siglo de Oro español, El fotógrafo de Mauthausen y los muchos españoles que murieron en los campos de exterminio nazis, y La vaquilla para reflexionar sobre esa España en guerra que tan bién retrató Berlanga. En ningún momento busco con los temas crear polémica: solo debatir y mostrar cómo el cine se ha hecho eco de los grandes acontecimientos históricos mundiales. Este año, especialmente españoles.
—¿Por qué eligieron homenajear a Luis García Berlanga y Rafael Azcona, y qué legado cree que representan para el cine histórico?
—Yo quería homenajear a ese binomio Berlanga-Azcona en el centenario del nacimiento de ese grandísimo guionista. La vaquilla, al igual que podía haber escogido cualquier film de ese maravilloso tándem (Plácido, El verdugo, La escopeta nacional…), refleja perfectamente un momento concreto de la España que reflejaron en sus películas. El legado de Berlanga y Azcona es inabarcable y eterno. Juntos formaron lo mejor del cine español, y su obra, juntos y por separado, representa la historia viva de nuestro cine. Y digo viva porque sigue siendo tan actual como si lo hubieran realizado en este momento. Clásicos imperecederos que son seña de nuestra identidad española. Muy grandes, Berlanga y Azcona.
—¿Cómo contribuye el certamen a la difusión del conocimiento histórico entre un público general más allá de la comunidad académica?
—Ése es el objetivo principal de Film e Historia: llegar al gran público. Acercar el cine a la Historia y viceversa. Contextualizar esos films que son conocidos, en un marco histórico concreto, para engrandecer la película y conocer aspectos históricos (junto a anecdotario y curiosidades meramente cinematográficas del film, por supuesto) que ayuden al espectador asistente a conocer algo más de historia y de esa película en concreto. Por eso, la ayuda del historiador/escritor es tan importante. Y por eso, el visionado del film es posterior a la charla: contextualizamos históricamente lo que vamos a ver.
—¿Han observado tendencias o cambios en la forma en que el cine aborda temas históricos en los últimos años?
—Sí, los tiempos cambian y la forma de ver cine también. Por desgracia, estamos viviendo momentos de hacer un cine mucho más manipulado en los contenidos, con mensajes claramente definidos que, en muchos casos, desvirtúan la realidad histórica y condicionan el contenido de la película. No olvidemos que el cine es una expresión artística que siempre ha estado en el punto de mira político como elemento manipulador. En estos tiempos, donde la falta de ideas y de buenos guiones cinematográficos es evidente, lo que se estrena, en muchos casos, es tendencioso. Pero no son películas que quedarán para la posteridad. Son de este momento, sin más.
—¿Qué desafío supone combinar coloquios académicos con proyecciones cinematográficas y mantener un evento accesible y atractivo para todos los públicos?
—Es un reto precioso. Mar y yo vivimos estas jornadas como espectadores de cine, pero también como espectadores de la historia. Aprendemos muchísimo de los invitados que vienen. Y yo, especialmente, al documentarme para preparar los coloquios. Es una labor de investigación maravillosa que intentamos transmitir a todo el público asistente. Y como regalo a la charla histórica (con un lenguaje cercano, nada pomposo o académico, siempre dentro del rigor), la proyección de la película en alta calidad y en pantalla grande. Un lujo que valoran mucho y agradecen.
—¿Tienen previsto ampliar en futuras ediciones la participación de estudiantes, universidades o centros educativos como público activo?
—Es un público que ya acude como espectador y que participa con preguntas, al final del coloquio. Estamos abiertos a hacerles partícipes como ponentes, por supuesto. Pero más adelante, cuando Film e Historia se consolide más.
—¿Qué proyectos futuros o nuevas secciones le gustaría integrar en ediciones venideras del Certamen Film e Historia?
—De momento, este formato es el que queremos. Una apuesta sencilla y sin más pretensiones que acercar la Historia y el Cine al gran público con películas importantes. Y con dos o tres protagonistas destacados que aporten conocimiento al coloquio.
—¿Recuerda la primera película “histórica” que le hizo mirar el pasado de otra manera, no como lección escolar, sino como experiencia vital?
—Lo recuerdo perfectamente: El acorazado Potemkin (1925, Sergei M. Eisenstein), en mi etapa escolar, tendría yo 13 años, junto al profesor José María Caparrós Lera. Ahí nació mi pasión por el cine como vehículo de la historia.
—Como espectador, ¿prefiere el cine que intenta ser fiel al dato histórico o el que se permite traicionar la historia para alcanzar una verdad más profunda?
—Creo que se puede combinar ambas cosas perfectamente. Claro que depende de quién lo haga. Los grandes cineastas lo saben hacer bien, en general: Coppola, Kubrick, Scorsese, Kurosawa, Welles, Wilder… No hace falta traicionar el rigor histórico para hacer una película importante.
—Dirigir un certamen cultural implica también tomar posiciones: ¿ha sentido alguna vez presión —política, ideológica o mediática— a la hora de programar contenidos?
—Nunca. En este caso, Mar y yo tenemos plena libertad para elegir películas y temáticas por parte de la Diputación de Málaga. Y en otros certámenes que hemos hecho en otras ciudades, incluso yo solo, no hemos sentido presión ninguna. Yo no lo permitiría y se dejaría de hacer en ese lugar, por supuesto. Libertad absoluta.
—¿Qué le gustaría que el público se llevara consigo al salir de La Malagueta después de una proyección: más conocimiento, más dudas o más incomodidad?
—Pues las tres cosas son muy válidas y positivas. Y además, con la sensación de haber disfrutado del visionado de un film que tal vez no había visto antes o que lo disfrutó en televisión y no en cine. Mientras que salga satisfecho de Film e Historia, objetivo cumplido.
—Si dentro de veinte años alguien estudiara este certamen como objeto histórico, ¿qué le gustaría que dijera de usted como director y de esta iniciativa?
—Que ese era el motivo con el que nació hace 20 años en Málaga: para que los estudiantes y el público en general disfrutara de buenas películas que reflejan un momento de la Historia, envueltas en el halo cinematográfico (emoción, risa, llanto, polémica, diversión…) para el que nació el Séptimo Arte. Esta, y no otra, es mi humilde aportación al legado de mi buen profesor Caparrós cuando fundó Film e Historia e incorporó a un joven e inquieto estudiante de periodismo que descubría la Historia y el Cine con mayúsculas.





El cine británico ha sido siempre mucho más capaz (no digo riguroso) de llevar a la gran pantalla la historia que el español o el norteamericano. Películas como “Cromwell”, “Ghandi”, “Becket”, “El joven Churchill”, “Un puente lejano”, “Zulú” o “Un hombre para la eternidad” son extraordinarias producciones de alto valor histórico, pero también literario y filosófico. Necesitamos a un Kenneth Branagh y a un Richard Attenborough y menos Amenábares, guionistas y directores que sepan comprender la complejidad de la realidad histórica dejando de lado sus filias, fobias y obsesiones personales o las de su tiempo. No es necesario estereotipar el pasado para hacer un cine de altura.