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Después del veredicto

Una acusación puede durar unos minutos. Sus consecuencias pueden ocupar una vida entera. En Aire de familia (Aria di famiglia, Mondadori, 2024), Alessandro Piperno convierte esa desproporción en el punto de partida de una novela que comienza bajo el signo del escándalo y termina preguntándose por algo más antiguo y más difícil de cancelar: la pertenencia. De ella surgirán la memoria, la familia, la identidad y, finalmente, una forma inesperada de piedad.

El profesor Sacerdoti —alter ego reconocible del autor— encarna la figura de un intelectual de cincuenta años afincado en un confortable relativismo moral. Enseña literatura francesa, habita un mundo de libros y comodidades y cultiva un escepticismo que le permite mantenerse a una distancia prudente de las grandes convicciones. Su existencia posee la placidez de quien ha aprendido a no esperar demasiado de los demás. Una clase sobre Flaubert altera esa calma. La utilización de determinados pasajes de la correspondencia del escritor provoca una acusación de misoginia y desencadena la indignación, la exposición pública y la condena.

"La literatura resulta vulnerable en ese escenario porque vive precisamente de aquello que el juicio rápido procura eliminar: la ambigüedad"

Piperno conoce bien la velocidad de ese mecanismo. La novela la reproduce con una ironía que deja que el absurdo hable por sí mismo. La universidad se convierte en escenario de una ceremonia de expiación. Las redes sociales funcionan como una plaza pública donde la complejidad carece de posibilidades de supervivencia. El acusado ya no necesita ser comprendido; necesita ser clasificado. La pregunta por el contexto queda desplazada por una pregunta mucho más cómoda: ¿de qué lado está?

La literatura resulta vulnerable en ese escenario porque vive precisamente de aquello que el juicio rápido procura eliminar: la ambigüedad. Flaubert representa aquí algo más que un escritor cuya correspondencia puede provocar controversia: la posibilidad de que una obra continúe hablando a generaciones que ya no comparten los códigos de quien la escribió. Leer supone entrar en mundos que no coinciden necesariamente con los nuestros.

Sacerdoti podría haber respondido al escándalo con indignación, pero quizá por su carácter elige otra vía. Hay en él una mezcla de perplejidad, indolencia y desdén ante la estupidez institucional que produce buena parte de la trama de la novela. Su derrota carece de épica. El profesor no parece dispuesto a fabricar una imagen heroica de sí mismo. Pierde su posición académica y vuelve a su mundo de libros, rutinas y soledad. La caída pública termina revelando una vida privada que hasta entonces permanecía protegida por el prestigio. Y es entonces cuando Aire de familia cambia de naturaleza.

"Piperno sugiere así, con una delicadeza que evita cualquier sentimentalismo, que el afecto puede nacer allí donde nadie había pensado cultivarlo"

La llegada de Noah, un niño huérfano perteneciente a una tradición judía observante, introduce una perturbación más profunda que la provocada por el escándalo universitario. El choque entre el profesor agnóstico, devoto del club sandwich, y el pequeño custodio de la tradición desencadena una farsa doméstica llena de humor yiddish y humanidad. La familia ocupa el centro de esa transformación. Piperno no la presenta como refugio sentimental. Conserva culpas, deudas, malentendidos, atavismos, pero también continuidad. Cuando desaparecen la reputación profesional y la pertenencia social, quedan los vínculos que proceden de mucho más atrás.

En Sacerdoti, la identidad judía aparece ligada a unos vínculos —la memoria, la tradición, una historia heredada— que no dependen enteramente de una elección individual. Pertenecer significa también cargar con esa historia y reconocer en los otros una parte de aquello que nos precede. Noah obliga a Sacerdoti a escuchar; y este verbo quizá explique mejor que ningún otro el movimiento de la novela. El profesor, atrapado al comienzo en un mundo donde todos hablan, juzgan y exigen respuestas, acaba confrontado con alguien que no necesita discursos, sino atención y cuidado. Ante las necesidades concretas de quien depende de nosotros, las grandes controversias pierden de pronto buena parte de su importancia. Piperno sugiere así, con una delicadeza que evita cualquier sentimentalismo, que el afecto puede nacer allí donde nadie había pensado cultivarlo.

"La literatura queda defendida por esa capacidad de mirar al ser humano. Aire de familia habla de una época que ha aprendido a condenar con rapidez"

La arquitectura de la novela responde a esa misma lógica. Piperno avanza mediante una sucesión de quiebros: la sátira da paso a la melancolía y la escena doméstica abre una reflexión sobre la memoria. Su escritura posee esa «línea mil veces quebrada», asociada a Jules Laforgue, que rehúye la monotonía y mantiene al lector en un estado de expectativa. Las filiaciones literarias enriquecen el juego. Así, mientras que el escándalo de Sacerdoti recuerda a los intelectuales perseguidos de Philip Roth o J. M. Coetzee, la dimensión kafkiana aparece en la maquinaria institucional que juzga antes de comprender.

Piperno consigue que una historia sobre la corrección moral se convierta en una novela sobre la imperfección humana. Esa es quizá su mayor inteligencia. Sus personajes no son ejemplares. Se equivocan, son egoístas, poseen prejuicios y esconden heridas. También pueden cuidar y cambiar de mirada. La literatura queda defendida por esa capacidad de mirar al ser humano. Aire de familia habla de una época que ha aprendido a condenar con rapidez. Piperno responde con una novela que obliga a demorarse. Frente al veredicto inmediato y la etiqueta, ofrece la complejidad de una historia y de un personaje; y, frente al ruido público, la intimidad. Y en esa demora descubre algo que el escándalo había ocultado: una persona puede perder su lugar en el mundo y encontrar, precisamente entonces, una forma más verdadera de pertenencia.

Quizá la familia del título sea también la literatura. Un lugar incómodo, lleno de muertos, contradicciones y herencias que no hemos elegido; un lugar del que podemos alejarnos y al que regresamos para descubrir que todavía guarda algo de nosotros.

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Autor: Alessandro Piperno. Título: Aire de familia. Traducción: Carlos Gumpert. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros.

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