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La voz quebrada: Cuatro años de trabajo que La bola negra no debe eclipsar

La voz quebrada: Cuatro años de trabajo que La bola negra no debe eclipsar

Mientras La bola negra y los Javis hacen historia, el documental La voz quebrada, también mostrado en el Festival de San Sebastián, corre el riesgo de quedar completamente eclipsado por el exuberante largometraje de ficción estrenado dos semanas antes. Y eso que el dirigido por Manuel Menchón y centrado en el último amor de Federico García Lorca, Juan Ramírez de Lucas, repite algunas de las características de la película de Ambrossi y Calvo: para empezar, la voluntad de elevar un género tan manoseado a base de imágenes, sonidos, silencios y una documentación asombrosa que convierten el filme en, a su manera, un espectáculo cultural.

"Lo más importante de todo es que La voz quebrada es un relato perfectamente desgranado del panorama político y cultural de la España de la época."

Menchón, responsable de La doble muerte de Unamuno (2021) o Palabras para un fin del mundo (2020), hace gala de contundentes documentos históricos para impulsar una historia repleta de ambigüedades y lugares oscuros. Pero lo más importante de todo es que La voz quebrada es un relato perfectamente desgranado del panorama político y cultural de la España de la época, pero también un largometraje evocador, sensorial, poético y visual. El realizador de documentales recurre a actores populares como Álvaro Morte, Pedro Casablanc o Víctor Clavijo para dramatizar los eventos, pero logra que el flujo de información del documental no se base en preceptos o doctrinas, sino hechos puntuales pero contundentes.

Una paradoja fácilmente resuelta con hallazgos relevantes en forma de imágenes cinematográficas inéditas de Lorca provenientes del archivo privado de la familia Menéndez-Pidal, dentro de una antigua lata de betún. Las imágenes muestran a Lorca durante un viaje de La Barraca, probablemente en 1932, y tras su restauración forman parte de la película. Una persona real que mira al espectador a través de la pantalla.

"Llama la atención que La voz quebrada no avanza a golpe de entrevista sino de palabras reales, recitadas y escritas, artísticas o puramente notariales"

Con todas las preguntas que puede suscitar el relato de los últimos días de Lorca, esos vacíos permiten preguntas sobre la maraña de prejuicios, trabas e interpretaciones que definen la masculinidad, la cultura y los prejuicios sobre la homosexualidad o tendencias políticas del hombre. Llama la atención que La voz quebrada no avanza a golpe de entrevista sino de palabras reales, recitadas y escritas, artísticas o puramente notariales, pero son las imágenes las que logran evocar el ambiente a jazmín y rosales, los sonidos —o su ausencia— los que crean la sensación de habitar habitaciones en silencio o penumbra. En trasladar, en definitiva, al espectador a las fechas del romance.

La voz quebrada es, por eso, un relato real pero fundamentado en un recuerdo. Lo que podría resultar contradictorio o paradójico, Menchón lo resuelve con pura narrativa, sin distraerse en doctrinas más o menos epidérmicas para efectuar la consabida denuncia política. Las imágenes hablan por sí mismas en una panorámica cultural más interesada en los libros, historia y sentimientos, en la evocadora sensación de ausencia, que en mandatos políticos o intereses espurios. Es la mejor reivindicación de Lorca que podría esperarse.

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