El humor nos salvará. Al menos, hasta cierto punto. Arriba tutto es una película que cree ciegamente en su tesis, y su tesis está depositada de una manera pura y directa en su superficie. Superficie que es, por cierto, bien pulida: no hay cartón piedra en sus escenarios castellanos ni forzado blanco y negro en la estupenda fotografía de Kiko de la Rica, que parece desafiar el modus operandi habitual del drama de época patrio con imágenes coloridas y preciosas, de estirpe abiertamente clasicista. Pero a pesar de todo esto, el film de José Mota exige al cínico y avispado espectador una serie de sacrificios, a cambio, eso sí, de recompensarle ampliamente.
La de Mota no es una película henchida de gravedad, pero sí una que evita con denuedo cierto miserabilismo asociado al género. Una iniciativa que resulta valiente e inusual. A veces resulta voluntariamente anacrónica en su elegido clasicismo y, en alguna ocasión, por pura ingenuidad a la hora de congraciar la tragedia con una cierta visión del cine familiar o por puro exceso. Pero el trazo claro y rotundo del film, formalmente impecable, con pulso tremendamente solvente en tantos aspectos, hace por teñir de cierta ligereza el género guerracivilesco español sin tampoco pretender descargar de gravedad el asunto.
Y esa iniciativa resulta, a su manera, fresca. Falta esa revelación final de gran cine, perjudicado por cierto exceso sentimental en algunos pasajes clave y la falta de pudor a la hora de pasar de un registro a otro. Pero el humor de Mota sigue resultando divertido, como entrañable la voluntad de explotar los paisajes y la mitología manchegos que siempre han enmarcado el humor del cómico. En conjunto, el film trata de desafiar el cinismo, pesimismo y otros -ismos actuales con cierto buen rollo que resulta más racional que coetáneo.
Arriba tutto es también un film ambicioso por escala y tremendamente complicado, pese a su clara vocación popular. Contiene una alegoría, pero no es política. O sí, pero a Mota no le interesa tanto. Lo que sí desea ante todo es reivindicar el arte, el humor (resulta incluso una carta de amor al propio cine, al fin y al cabo) frente a la barbarie. No faltará quien tilde de crédulo al film, que introduce comedia popular en un contexto de falta de libertad sin pedir perdón por ello. Pero Arriba tutto solo peca de cierta falta de entidad a la hora de enfrentar algún elemento forzado de guion, un híbrido de confusión de identidad y cine de escapadas con el clásico drama de la guerra civil.
Todo lo demás resulta válido en un drama cómico, o comedia dramática, que va al descubierto durante hora y media, y donde Mota tiene encima la valentía de buscar la poesía en paradojas, en planos y secuencias concretas que evocan su labor en los escenarios. Es tan difícil como quitarle tres pelos al diablo, utilizando motivos del film, pero lo logra en demasiadas ocasiones como para no alabarlo.



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