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Ayer transcurrió el futuro

Ayer transcurrió el futuro

A mediados de los años sesenta del siglo pasado, y antes de alcanzar mi primera década, comencé a desarrollar una pasión, más que un mero interés, por el genero fantacientífico. Esta afición, que voluntariamente no he convertido en especialización a pesar de conocer y tratar a lo largo de los años a autores varios, editores, libreros, eruditos destacados y críticos no me ha abandonado en la actualidad. Eso me ha permitido tomar contacto, la mayor parte de las veces superficial, quien busque una justificación de este tipo de conocimiento o de trato con las personas y las cosas lo encontrará en Nietzsche, de toda una corriente de temas, estilos y modos de expresión muy variados con relación a este segmento decisivo, como lo es también la Filosofía, de la literatura fantástica.

La antología de Juan Herrero Senés, esta en concreto consagrada a la paleo ciencia-ficción patria (hay otra que empieza donde termina la presente (1898-1936), que se ocupa de materiales procedentes del primer tercio del siglo XX ), me ha recordado muchas cosas situándome ante la necesidad de imaginar nuevas preguntas para conseguir otro género de respuestas. Esta parcela de la literatura ha conocido y conocerá aun acá, en esta autoctonía tan peculiar que nos concierne, sin duda mutaciones sustantivas. Muchas de ellas inesperadas.

"La ciencia-ficción esta íntimamente vinculada al reencantamiento de un mundo donde los valores y las significaciones religiosas han ido perdiendo vigor y presencia, cuando no han desaparecido directamente"

La compilación que nos ocupa, compuesta por veinticinco historias de veinticinco autores diferentes, habla mucho más del espíritu del tiempo en que fueron publicadas que de cuestiones literarias, especulativas o de otro tipo en estado puro. Nos encontramos en el magma de los comienzos de un subgénero literario, que con el tiempo proliferará como la hiedra. Resaltar que ninguna de las historias está escrita con posterioridad a 1898, fecha decisiva desde el punto de vista político histórico que tuvo impacto decisivo entre otras cosas en nuestra literatura. Solo una de ellas procede del siglo precedente, el XVIII, de un autor fallecido en 1798, y curiosamente resulta en muchos aspectos bastante más madura, literaria e ideológicamente, que una parte significativa de las procedentes de décadas posteriores. Factor a tener en cuenta: nuestra Guerra de la Independencia y la accidentada, quizá fallida, construcción de nuestra nación política. Menos la narración citada, que parece proceder de otro imaginario, todas las historias contenidas en la recopilación son posteriores a 1866. En los albores de una grave crisis política y económica que culminaría con la implantación de una República efímera.

Frecuentemente la ciencia-ficción, aquí y en el espacio exterior: la extranjería, se supone se ocupa de cuestiones como el futuro, la evolución de la ciencia y la tecnología y su impacto en la vida humana, los habitantes de otros planetas y los consecuentes viajes extraordinarios para acceder o que accedan a nosotros, también de las sociedades ideales y sus grotescas materializaciones. Aquí aún no estamos en la edad de las distopías. Incluso tratan de cuestiones metafísicas, contempladas con ojos “razonables”: brazos que empuñan instrumentos de laboratorio, bisturíes… actividades portadoras de sentido mediante metáforas especulativas fuertemente desacralizadas, al menos en la superficie. La ciencia-ficción esta íntimamente vinculada al reencantamiento de un mundo donde los valores y las significaciones religiosas han ido perdiendo vigor y presencia, cuando no han desaparecido directamente. Citando la introducción del antólogo: “Fueron fundamentalmente el progreso tecnocientífico y la expansión del hombre (tacho el paréntesis donde se añade “blanco”) por todos los rincones del globo los dos factores que ampliaron el ámbito de lo posible de forma desorbitada, que invitaban a explorar y soñar con las novedades que el futuro pudiera proveer.”

"Estamos hoy en lo que nuestros predecesores decimonónicos hubieran considerado remoto futuro y no cumplimos con sus casi siempre infundadas expectativas"

Mientras escribo esta crítica echo vistazos entrecortados y solapados a diversos momentos de la Gala de los Goya de 2026. El cine español también fue y es, con diversa fortuna, repositorio limitado de objetos imaginarios que se ocupan de lo mentado anteriormente. E intuyo en los flashback experimentados, desengáñense: las redes sociales son útiles, que el país ha cambiado poquísimo con relación a la decimonónica circunstancia que aflora leyendo las narraciones de esta recopilación. Y si lo ha hecho no ha sido para mejor. Reina hoy un desequilibrio similar, una ausencia de encaje entre proporciones, vinculadas quizá ambas anomalías a vivir con religiosidad demediada una vida política absorbente confusa y deleznable. Todo ello envuelto en un infantilismo de masas, programado y excesivo, sin duda relacionado con la visión roma (muy de Sancho sin el Quijote) que inunda nuestro frágil escenario histórico y cultural en el siglo XXI.

Estamos hoy en lo que nuestros predecesores decimonónicos hubieran considerado remoto futuro y no cumplimos con sus casi siempre infundadas expectativas. El sustituto laico de la esperanza. Un lugar geométrico, este mañana, donde poder proyectar especulaciones intersubjetivas sobre los más variados desarrollos… Si estuvieran aquí los que nos prologaron y a quienes prolongamos, a través de algún artificio hechicero o artilugio ingenioso, temblarían.

"Hay buenas narraciones en esta antología, que si bien son una minoría tienen consistencia para poder afirmar que el género fue y es posible en nuestro país"

El lector encontrará bastantes relatos en esta línea, relatos que consiguen mediante la sátira o la comicidad desprenderse, involuntariamente en la mayor parte de las ocasiones, de la ganga “progresista” de su tiempo. No mucho mejor, como les mostrarían pronto acontecimientos futuros, que la obsesión apostólica de tiempos pasados aun más remotos. Dos relatos, firmados con las iniciales de autores desconocidos, confirmarán, desde la “derecha” y la “izquierda”, estos asertos con dos ucronías fechadas en 1890. La política no es buena compañera de cama de la literatura ni del cine, salvo para los farsantes.

Hay buenas narraciones en esta antología, que si bien son una minoría tienen consistencia para poder afirmar que el género fue y es posible en nuestro país. Cuento futuro (1886) de Leopoldo Alas Clarín (1852-1901) o En el planeta Marte (1890) de Nilo María Fabra (1843-1903) serían dos de ellos. El autor de La regenta (1884), zamorano y catedrático, no hizo muchas incursiones en el género fantástico pero esta en concreto constituye una aportación genial a lo que podríamos llamar ciencia-ficción escatológica; donde se acaricia la idea seminal del suicidio universal. Nilo María Fabra fue periodista, diputado y uno de los fundadores por derecho propio de nuestra paleo ciencia-ficción con tres compilaciones de relatos, entre los que se encuentran: “viajes extraordinarios”, anticipaciones y ucronías políticas. La aportación de Benito Pérez Galdós (1843-1920), Revista de la semana (1866), demasiado temprana y lastrada por pasiones políticas del momento, en este caso vinculadas a las finanzas, decepciona. Siendo autor de una consistente aportación, aunque breve con relación a la parte naturalista de su obra, al género fantástico. También L. Frank Baum (1856-1919) aprovechó sus historias del mago de Oz para comentar críticamente cuestiones monetarias del momento en los Estados Unidos. Sin embargo curiosamente un relato como Los habitantes del espacio (1884), que como señala Senés “quizá sea el primero en lengua española en el que se presenta un caso de contacto en la Tierra entre humanos y seres de otro planeta”, sorprende por su calidad e imaginación. Octavio Lois Amado (1857-1888), su autor, gallego para más señas, no era un utopista sino un positivista y un científico que murió a edad muy temprana. Quizá Robert Anton Wilson (1932-2007) oyera hablar de este relato entresacando de él su referencia a la importancia de la isla de Fernando Poo en los desarrollos de la trilogía “Iluminatus!”(1975) coescrita con Robert Shea (1933-1994).

Y es que bastantes narraciones están enfocadas a hablar de cuestiones políticas del momento. El siglo XIX, más este ultimo tercio del que proceden la mayor parte de los textos seleccionados, fue extraordinariamente agitado en la historia de nuestro país.

"Varios relatos, quizá demasiados, al menos visto el asunto desde el comienzo del segundo cuarto del siglo XXI, especulan con mejoras posibles en el género humano adquiridas mediante la reforma social"

Los anteojos de color (1897) de José Echegaray (1832-1916), Nobel de literatura de 1904, es un buen relato de corte fantástico como lo es el “cuento estrafalario” de Fernando Costa (1843-1893), fallecido en Cuba, que entonces era aún España, sobre cabezas trocadas que requieren previamente ser cortadas; en la línea de un género de terror dotado con una dosis eficaz de humor negro. Ernesto García Ladevese (1850-1914) ofrece un relato poético romántico que sublima, con destreza literaria, un hallazgo científico en poesía. Formio XXVI (1890), producto de la imaginación de Sinesio Delgado (1859-1928), polifacético creador que aportó a la música popular, la revista, elementos fantásticos, combina también aquí la especulación de manera eficaz con la sátira. No es fácil resultar persuasivo con una trama basada en la conversión, por medios científicos, de un ser humano en hormiga.

Varios relatos, quizá demasiados, al menos visto el asunto desde el comienzo del segundo cuarto del siglo XXI, especulan con mejoras posibles en el género humano adquiridas mediante la reforma social. Son los que se leen, porqué no señalarlo hoy, con mayor incredulidad. En los setenta del siglo XX, cuando realicé las lecturas más intensas y entusiastas, había un interés renovado en las utopías y las distopías. Hoy no se habla más que de distopías, al menos en literatura, cómic y series de televisión. Como ejemplos contrapuestos, por su enfoque y relacionados con esta cuestión, encontramos en esta antología relatos muy significativos de lectura absorbente como El siglo de oro (1889) de Marià Burgues Serra (1851-1932) y el genial La nivelación social (1891) de Magdalena de Santiago-Fuentes (1873-1922). Esta última autora, pedagoga, tuvo acceso muy probablemente al relato de Margaret Oliphant (1828-1897): Una ciudad asediada (1880) Un indiano que regresa a su patria de origen resulta más convincente como critico social y reformador oficial que el meloso futuro imaginado de abundancia oficial, amor libre algo cómico y evocaciones de entornos similares obra de Burgues Serra, a los que postulaba la estética de la propaganda del socialismo español a lo largo de los años 80 del siglo XX. Vivir, avanzado el siglo XXI, nos permite mirar hacia atrás no sólo con escepticismo sino con el más cruel y justificado de los sarcasmos.

Inteligente y a la vez patética historia de una retrogresión vital, producto de la búsqueda de la inmortalidad, es El recién nacido (1871) de Ricardo Becerro de Bengoa (1845-1902). Cómica peripecia, adelantándose al espíritu de “La Codorniz” (1941-1978): Un casamiento en 1959 de Javier de Palacio (1840-1902).

"Como señala Senés en su Introducción: esta antología es una vía de entrada al universo textual de la primera ciencia ficción en castellano, contemporánea a la producida en el extranjero y mucho más conocida"

La Internacional y las españolas (1872) de Juan Bravo Murillo (1803-1873), político destacado que ocupó diversos cargos ministeriales y que ha dado nombre a una de las calles más populares de Madrid, especula con el triunfo político de la izquierda y la consiguiente tiranía impuesta sobre nuestro país; todo ello desde el punto de vista femenino y prediciendo ominosamente, en más de medio siglo, luctuosos acontecimientos futuros. Futuros entonces, pasados ya para nosotros.

Como señala Senés en su Introducción: “esta antología es una vía de entrada al universo textual de la primera ciencia ficción en castellano, contemporánea a la producida en el extranjero y mucho más conocida.”

Terminamos nuestra reseña hablando de un relato, al que no resulta inadecuado calificar como “demencial” por su corte visionario y metafísico, obra de Dolores Gómez de Cádiz (1818-1881): La soledad del alma. Psicología y cuadro fantástico. Ruego al lector que tenga en mente, mientras lee las siguientes palabras procedentes de esta narración, las imágenes de recientes campañas gubernamentales y corporativas, televisivas y callejeras, elaboradas “para combatir la soledad”:

“¿Pues qué, haremos de la escabrosa corteza del globo una inmensa planicie?¿pues qué, poseeremos una sola lengua?
Sí, las comunicaciones rápidas harán del mundo un sólo pueblo.
El telégrafo es la lengua universal. La ciencia formará un solo espíritu.”

Esa línea telefónica para combatir la soledad, icónicamente ppropuesta por la propaganda institucional, se asemeja demasiado a “la cabina” (1972) de Antonio Mercero y José Luís Garci para no sentir una justificada inquietud.

Ayer transcurrió el futuro, querido lector, hoy reina sobre todos y todo la tiniebla de una gran farsa.

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Autor: Juan Herrero Senés (ed.). Título: Más allá. Antología de ciencia-ficción española del siglo XIX. Editorial: Espuela de Plata. Venta: Todos tus libros.

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