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Casi todo arde

Disponer de un par de hornos crematorios y saber cómo usar el cremulador para filtrar los restos es muy útil si se trata de eliminar pruebas incriminatorias. Es un recurso que se ve obligado a usar Roman Carruthers para salvar a su familia, aunque de esa forma el respetable negocio que con gran esfuerzo construyeron sus padres adquiera una función oscura y macabra. Roman es el protagonista de El rey de las cenizas (Salamandra, 2026) cuarta novela de S. A. Cosby editada en España y su consagración como una de las voces más potentes del southern noir contemporáneo. Una mezcla de thriller y drama familiar con trasfondo ético que plantea inquietantes preguntas: ¿es posible vencer el mal sin dejarse contaminar por él? ¿Cuántas líneas rojas se pueden cruzar por el bien de los tuyos sin pagar peaje al demonio? En resumen, la sempiterna cuestión: ¿el fin justifica los medios? Pero habla también de otros asuntos sensibles, como el peligro de los secretos familiares, que pueden estallar como granadas de mano, destruyendo la confianza y la convivencia entre los de la misma sangre, o de la necesidad de proteger a los niños de las movidas paternas, porque ellos los contemplan como si fueran dioses.

Roman es un tío listo que triunfa en Atlanta como gestor financiero de ricos y famosos que desean todavía más de lo mucho que poseen. Se hace las camisas a medida, una manga más corta para lucir un peluco de miles de euros, y va de dandy. Pero lleva la carga de una culpa que debe expiar mediante singular terapia. Cuando su hermana Neveah le comunica que su padre está en coma tras haber sido atropellado regresa a Jefferson Run, prototipo de ciudad sureña (Virginia) en declive debido al cierre de las industrias que daban trabajo a sus habitantes, invadida por la marginalidad y la delincuencia. Este entorno le sirve a Cosby para incluir unas buenas pinceladas de crítica social desde el desierto alimentario a la cobertura sanitaria insuficiente.

"El atropello del padre es la punta del iceberg, consecuencia de un problema mucho más gordo"

Neveah es la hermana mediana, la buena hija sacrificada que ayuda al padre en el crematorio y se lía con hombres poco recomendables. Dante es el benjamín, el más frágil, una calamidad andante, sumido en un constante estupor por el consumo de alcohol y todo tipo de drogas. Los tres hermanos Carruthers están marcados por la misteriosa desaparición de su madre, que se esfumó sin dejar rastro cuando eran adolescentes en circunstancias escabrosas que fueron piedra de escándalo y comidilla local. «Para los habitantes de Jefferson Run recordar a Bonita Carruthers era un pasatiempo. Para él (Roman) una penitencia». Su fantasma planea sobre el relato y solo al final sabremos lo que le pasó. Para los hermanos ella era «un faro en la oscuridad que les indicaba el camino de vuelta a casa. Un faro que era también un fuego que les daba calor y brindaba seguridad como solo pueden hacerlo los brazos de una madre».

El atropello del padre es la punta del iceberg, consecuencia de un problema mucho más gordo. Dante ha contraído una gran deuda con los líderes de la banda que controla el crimen en la zona, los Black Baron Boys (BBB), Torrent y Tranquil, que exigen recuperar su pasta. Roman se aprieta los machos y, como macho alfa de la manada, se lanza a proteger a su tribu, aunque sus enemigos sean muchos más y muchísimo más peligrosos, con la única ayuda de Khalil, un ex soldado de élite reciclado a guardaespaldas de VIPs que con sus expeditivos métodos le saca las castañas del fuego más de una vez.

"Al final Roman ya luce la corona cenicienta, aunque su reino es de una naturaleza muy distinta al gobernado por su progenitor"

Comienza así un auténtico carrusel de adrenalina y testosterona, una girándula de sangre y fuego. Los encuentros entre el genio de las finanzas y sus adversarios recuerdan un espectáculo que detesto, el duelo entre un ágil diestro y una bestia, bicéfala en este caso, a la que trata de controlar con un capote no rojo sino de color verde. «Trabajo a diario con dinero y puedo asegurar que es como el ácido: todo lo corroe», dice Roman. «Sea cual sea el vínculo que creas tener, el dinero se lo cargará como si tal cosa. Es corrosivo». Y a golpes de billetes, lucrativas inversiones, negocios inmobiliarios, capea el temporal. Aparentemente. Mimetizado de reptil, Roman se dispone a destruir el nido de serpientes, pero en el proceso va a perder lo que da sentido a su lucha. La primera mitad de la novela es espléndida, como adentrarse en un tornado. Luego amaina y se hace algo predecible y reiterativa, pero mantiene el interés por seguir la evolución del protagonista en su descenso a los infiernos y los argumentos que esgrime para estar allí. «Todo arde», el lema Carruthers, o más propiamente: casi todo arde. Al principio de la historia al primogénito no le interesa ser «el rey de las cenizas»: ese título corresponde a su padre, el gran proveedor familiar que fundó un crematorio después de trabajar en una funeraria con muy buenas razones. «Si diriges una funeraria tienes que hacer de consejero, abogado y agente de seguros», decía Keith Carruthers. «Pero aquí dejamos que el fuego haga todo el trabajo (…). Todo arde». Al final Roman ya luce la corona cenicienta, aunque su reino es de una naturaleza muy distinta al gobernado por su progenitor.

Es la primera novela de Cosby que leo y me ha dado ganas de conocer sus anteriores títulos: Maldito asfalto,  Lágrimas como puñales y Todos los pecadores sangran. Su habilidad para armonizar las escenas de acción y la introspección psicológica me recuerda a Jo Nesbø y a Dennis Lehane. Roman tiene también algo de aquel inolvidable profesor de química conocido como Heisenberg.

De origen humilde, Cosby tuvo empleos muy variados antes de dedicarse a la literatura, en una ferretería y un crematorio entre otros, pero es indudable que dedicó su tiempo libre a la lectura. Sigue el consejo que le dio un amigo y pone a sus personajes a prueba, en la rama de un árbol y les lanza piedras, a ver cuánto resisten. Con los femeninos no se ensaña, es tierno e indulgente, al menos en esta historia. La traducción de Rita da Costa hace honor a su prosa precisa y contundente nacida en el profundo sur que aúna ecos de todo el orbe.

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Autor: S. A. Cosby. Título: El rey de las cenizasTraducción: Rita Da Costa García. Editorial: Salamandra. Venta: Todos tus libros.

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