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Cervantes sonriéndose sus lágrimas

Cervantes sonriéndose sus lágrimas

No se equivoca Eduardo Aguirre Romero al decir que los estudios sobre la dimensión humorística de la obra de Miguel de Cervantes son escasos, lo que en principio puede parecer sorprendente si se piensa en las tan considerables dosis de humor que impregna El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Sin embargo, la afirmación del autor de Cervantes y la ternura humorística es atinada si se considera la enorme bibliografía cervantina que ha ido generando el hispanismo filológico y la tan parca en torno a la que es una de las claves que empapa la escritura más adentrada del alcalaíno. En la obra de Cervantes se había estudiado, sí, y nada menos que por un especialista tan solvente como Anthony J. Close, un muy particular tipo de comicidad de risa “sana” que tiene apenas que ver con la clase de cariñoso sentimiento teñido de humor que nos ha puesto de manifiesto Eduardo Aguirre Romero, y que tampoco se deja asimilar demasiado con el tipo de ludismo talentoso y artístico que nos explicó Gonzalo Torrente Ballester en su ensayo El Quijote como juego.

A sabiendas de que iba a adentrarse por un territorio escasamente transitado, el periodista madrileño Eduardo Aguirre Romero, que echó raíces en León desde hace décadas, firma la referida monografía, cuyos veintisiete capítulos constituyen un aporte muy valioso en un área que de entrada no era propiamente la suya, aunque heredó la afición cervantina de su padre, el periodista Joaquín Aguirre Bellver, nacido en Madrid también. En el cervantismo su libro y los argumentos personales que contiene han sido muy bien aceptados, y gratamente difundidos, como lo prueban entrevistas, reseñas, y la presentación de la obra a través de la Asociación de Cervantistas a fines de noviembre de 2025, en el en un acto que fue presentado por Alicia Villar Lecumberri y que puede visionarse en el canal de YouTube de dicha Asociación, y en el cual el autor habló de su obra conversando con Adrián J. Saez y Jordi Aladro. Esa receptividad la atribuyo en no poca medida a que el autor ha expuesto sus disquisiciones con osadía ponderada, con gran agudeza sicológica, con garra discursiva contagiosa, con un impulso irrefrenable para desmontar lugares comunes revolviéndolos. Estos rasgos los ha ofrecido con la pluma amenísima que distingue a este habitual columnista del Diario de León, que en Cervantes y la ternura humorística nos lee el Quijote desde una perspectiva que nos habilita para degustar muchas de sus páginas desde un ángulo distinto.

"Enfoca y escruta Eduardo Aguirre Romero a Cervantes como el creador de un humorismo alimentado por una comicidad popular de experiencias andaluzas"

A través de su ensayo, entiendo que la pluma de Eduardo Aguirre se ha visto impregnada de esa misma ternura humorística cervantina que en el libro se nos desvela con tanta capacidad de adentrarse uno en sí mismo, en los demás, y específicamente en el Quijote y en la vida de Cervantes. Puso prólogo a esa aportación, y por consiguiente avalándola, Luis Gómez Canseco, catedrático de Literatura española en la universidad de Huelva, un estudioso tan impuesto en Cervantes como versado en humorismo del bueno, aunque es verdad también que debió entender que su prefacio no era el sitio más idóneo para darle a su magín tanta rienda suelta como le caracteriza. El libro, que lleva ilustraciones procedentes del banco de imágenes del Quijote: 1605-1915, ha visto la luz en ese 2025 que recién hemos dejado atrás bajo el sello madrileño Pimentel & Palmero, dentro de su colección Fragmenta Mundi.

Enfoca y escruta Eduardo Aguirre Romero a Cervantes como el creador de un humorismo alimentado por una comicidad popular cuyas experiencias andaluzas habrían contribuido a que su propio genio lo acabase asimilando y consolidando. La clase de humor destilado sería de carácter sapiencial, y su fuente más directa fue el trato y observación perspicaz de múltiples comportamientos de personas de diversos sectores e idiosincrasias, tanto foráneas como de diferentes lares españoles, los comarcanos y los de otras regiones, y aun de su familia misma, y por supuesto de tantas como fueron sus lecturas escogidas, de diversa índole.

"El humor que nutre los hallazgos narrativos de la ternura humorística y de la sonrilágrima sería de índole religiosa y a la vez sapiencial"

En su libro nos brinda Eduardo Aguirre Romero dos hallazgos conceptuales que permiten ir avanzando en un mejor conocimiento del perfil cervantino, a fin de completarlo un poco más. Se trata de la ternura humorística, un humor que se da la mano con el dolor, y se trata también de la sonrilágrima, expresión esta que no había sido establecida hasta que él la ha propuesto y que condice, a su entender, con uno de los estados de ánimo que serían más representativos de Cervantes, el de encontrarse a veces, como dice él mismo, “entre triste y alegre”. Las dos plasmaciones, la ternura humorística y la sonrilágrima, resultan perceptibles en el Quijote, pero asimismo en otras obras cervantinas, merced en especial a un registro clave del autor, también acuñado por el periodista madrileño transmutado en ensayista, el de los que llama gag personalidad, consistentes en lograr que los lectores nos riamos con ellos, porque “nos descubren quién es Cervantes…y también quienes somos nosotros” (27).

Esta denominación de gag personalidad, de raigambre cinéfila, no extraña nada en quien de continuo acude a diferentes escenas de películas para abonar su sagaz hermenéutica de tantos lugares cervantinos, y considera a Woody Allen como uno de los cineastas que en la actualidad porta la antorcha que en este sentido prendió Cervantes de manera restallante y sin haber sido el primero en tratar de encenderla, pues en la compasión empática de Lázaro de Tormes ya se alumbraba. Otro de los cineastas que también se turna portando la antorcha sería Roberto Benigni, oscarizado por La vida es bella. El humor que nutre los hallazgos narrativos de la ternura humorística y de la sonrilágrima sería de índole religiosa y a la vez sapiencial, vocablo que se emplea en el sentido de un humor “que no consiste en ir alternando lo cómico con lo serio, sino en fusionarlos en una sola mirada” (128).

Una clase de humorismo así se habría ido adquiriendo en aras de tantas vicisitudes como atravesó Cervantes, muchas de ellas muy desgraciadas, y a la altura de una edad provecta que le había permitido metabolizarlas sin caer en amargarse la vida, sino en adquirir el sensato arte de no amargársela, ofreciéndonos en el Quijote “un libro sobre la felicidad y sobre la alegría de estar vivos” (168).

"A buen seguro que todo aquel que lea el Quijote tendrá sus preferencias en materia de ternura humorística, como las tiene obviamente el propio Eduardo Aguirre Romero"

En el transcurso de su ensayo nos va regalando Eduardo Aguirre Romero varias perlas conceptuales para enmarcar, entre ellas las tres siguientes, y aplicables a buena parte de la obra de Cervantes, aunque preferentemente al Quijote: “Cervantes rio al escribirlo. Y quizá también lloró al acabarlo” (42); “Cervantes rechaza la risa de la superioridad, pero logró la risa superior que a todos nos iguala” (70); en Cervantes “el dolor enseña no solo a sufrir, sino a reír” (192).

A buen seguro que todo aquel que lea el Quijote tendrá sus preferencias en materia de ternura humorística, como las tiene obviamente el propio Eduardo Aguirre Romero, quien a mi entender se decanta, quieras que no, por un gag personalidad bien irónico que no figura en dicha novela, sino en el prólogo al Persiles, obra predilecta del autor, y dedicada a su esposa, Catalina. Me refiero al preliminar que el novelista sexagenario sabía que era su despedida de la vida, y que dirigía a tutti quanti con estas palabras: “Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos, que yo ya me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida”.

Este pasaje le lleva al ensayista a hacerse la pregunta retórica de si hay mejor manera de marcharse que “dando las gracias y dejando de propina un gran gag personalidad.” (210). A mí el pasaje me lleva a acordarme del filósofo barcelonés Francesc Pujols, ensalzado por Josep Pla, que tal vez se hacía eco de este adiós cervantino cuando, según es fama, hizo una despedida más o menos de ese tenor en su propio lecho de muerte, pero sellándola con un apretón de manos a los compungidos circunstantes. Y si pudiéramos pedirle a la polifacética escritora riojana María Teresa León qué ejemplo ad hoc quisiera que pusiésemos aquí como cierre de nuestro comentario, lo más probable es que nos remitiese a aquel que ella misma recordaba sobre Ramón Gómez de la Serna en Memoria de la melancolía, de donde entresaco este pasaje: “Sufrió Ramón una larga agonía, a la que dicen quiso burlar un poco poniendo sobre su cabecera un cartel avisador de reto muy español: peligro de muerte”.

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Autor: Eduardo Aguirre Romero. Título: Cervantes y la ternura humorística. Editorial: Marciano Sonoro. Venta: Todos tus libros.

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