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Cien años de aburrimiento

Cien años de aburrimiento

Hay libros que se leen por deber, otros por gusto y algunos, como este Cien años de soledad, por ese embrujo colectivo que se apodera de los pueblos cuando deciden alzar un título a la categoría de reliquia sagrada. Y ya se sabe que cuando la multitud reverencia algo, uno, que ha recibido de la naturaleza el ingrato don de pensar, siente la obligación moral de desconfiar. Fue así como me adentré en Macondo: no por entusiasmo —que ya me gustaría a mí conservarlo intacto a estas alturas— sino por responder a la pregunta del millón de dólares: ¿Será esto realmente la obra maestra que me han prometido, o me espera otra velada de tedio encuadernado?

No bien pasadas las primeras páginas, comprendí que la empresa iba a ser ardua. A Macondo, como a tantos pueblos de esta tierra nuestra, no le faltan personajes, pero sí orden, claridad y hasta un poco de misericordia hacia el lector que intenta recordar quién es quién entre este ejército de Aurelianos y Josés Arcadios que pululan como si el nombre fuese moneda escasa. El empeño de recordar cuál personaje es hijo, tío, sobrino o primo del otro exigiría un árbol genealógico tamaño mural, y aun así sospecho que el escritor, en un rapto de humor, cambiaría las ramas cuando uno se distrajera. ¡Y luego dicen que la literatura es un placer!

"Macondo podría haberse ahorrado tantas páginas y enviarnos directamente a una oficina pública en hora punta. Allí también reina la magia, y los sucesos carecen de toda explicación lógica"

Se me dirá que la confusión es parte del encanto, que el caos es el espejo del mundo. Muy bien, pero en ese caso, ¿para qué escribir novelas? Para caos ya tenemos la vida. Si el propósito era extraviarnos, Macondo podría haberse ahorrado tantas páginas y enviarnos directamente a una oficina pública en hora punta. Allí también reina la magia, y los sucesos carecen de toda explicación lógica.

Y hablando de magia: he ahí otro de los puntos que tantos ponderan y que, sin embargo, a mí me dejó con la misma sensación que produce un mago cuyo truco ya se ha repetido demasiadas veces. Al principio, el hielo que asombra, la lluvia interminable, la levitación ocasional, todo eso provoca una sonrisa cómplice. Pero cuando cada suceso extraordinario se convierte en moneda corriente, más que fascinación causa fatiga. Macondo es un lugar donde lo insólito es tan frecuente que termina por ser vulgar; y nadie ha dicho jamás que la vulgaridad sea un camino hacia la belleza.

Diré entonces que esa constante acumulación de prodigios produce el efecto contrario al deseado. Quien pretendía despertar maravilla solo consigue anestesiarla. No niego que el autor posea imaginación —que la tiene en exceso, como la sal en los guisos del cocinero novato—, pero incluso la imaginación requiere administración prudente, como los recursos de un erario que, si se despilfarran, acaban en bancarrota. Y aquí, en esta novela, la magia se reparte con tanto derroche que al cabo uno la recibe con la indiferencia de quien mira por la ventana un día más de lluvia.

"Parece como si Macondo hubiese sido escrito por un profeta cansado que ya no espera nada del mundo"

Pero vayamos al fondo, que no es cosa de quedarnos en los adornos. Se ha dicho —¡hasta la saciedad!— que Cien años de soledad es un retrato de América Latina, de su historia cíclica, de sus frustraciones. A mí, sin embargo, me pareció más bien un testimonio involuntario de su desesperación. La repetición de destinos, la fatalidad hereditaria, el retorno constante al punto de partida… Todo ello configura una visión del mundo tan pesimista que ni el mismísimo autor la habría soportado de estar escrita por otros. Porque una cosa es denunciar los vicios ancestro-nacionales —lo cual es noble y necesario— y otra muy distinta es afirmar que estamos condenados por naturaleza, como si la historia fuese un castigo bíblico.

Y aquí debo detenerme para señalar otro aspecto que casi me provoca melancolía: la implacable seriedad con que la novela, detrás de sus prodigios, insiste en la idea de que el hombre está preso en su destino, incapaz de aprender ni de corregirse. ¡Qué falta de fe en la educación, en la reforma, en la misma razón humana! Parece como si Macondo hubiese sido escrito por un profeta cansado que ya no espera nada del mundo. Otros autores pesimistas, con todo su desengaño, al menos conservan la esperanza de que una crítica bien dirigida podía enderezar un error. En Cien años de soledad, en cambio, hasta la crítica es inútil: nadie cambiará, nadie escuchará, nadie aprenderá. ¿Y no es eso, precisamente, lo contrario de la literatura?

"Y entonces pensé: quizá la soledad de estos cien años no es la de los personajes, sino la del lector"

Me atrevo a afirmar que el libro peca de un exceso mortal para cualquier obra: la autocomplacencia. Cada episodio parece decirle al lector: “Admira mi ingenio, extasíate con mi invención”. Y uno, que busca emoción sincera, claridad y hondura humana, acaba preguntándose si no habría sido mejor un poco menos de genialidad aparente y un poco más de humanidad palpable.

No quiero exagerar —aunque la tentación es grande—, pero debo confesar que, al cerrar el libro, no sentí la celebración que otros proclaman, sino un alivio semejante al que experimenta quien sale de un sueño excesivamente largo y poblado de fantasmas caprichosos. Macondo dejó de girar, y yo recuperé mis coordenadas. Y entonces pensé: quizá la soledad de estos cien años no es la de los personajes, sino la del lector, obligado a caminar entre prodigios sin asidero, deseando una verdad menos vistosa pero más habitable.

En fin, que me perdonen los devotos. Pero si esta obra es un templo, yo he entrado en él, lo he recorrido, y he salido igual que entré: con la convicción de que la grandeza proclamada no siempre coincide con la grandeza experimentada. Y que, a veces, la verdadera hazaña es atreverse a decirlo. Por eso lo digo: con Cien años de soledad me he aburrido como una ostra.

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Raoul
Raoul
1 mes hace

Ya estaba tardando…

ricarrob
ricarrob
1 mes hace

Se construyen mitos. Entre unos y otros. Si. Esta obra es la típica en la que la gente que habla de ella se divide en dos: aquellos que ensalzan y la veneran sin haberla leído ni tener intención de hacerlo (esto es una especificidad de lo políticamente correcto) y aquellos que habiéndola leído (no sé si aguantando mecha hasta el final) están obligados a mentir y decir que les ha encantado.

Yo no he leído esta obra ya que solamente el título me produce urticaria. Pero, por ejemplo, leí ya hace tiempo, “El coronel no tiene quien le escriba”. Nunca me he aburrido tanto.

Pero, bueno, si te llaman Gabo y, además, eres de izquierdas, pues ya lo tienes todo hecho.

Pedro Picapiedra
Pedro Picapiedra
1 mes hace
Responder a  ricarrob

No has leído cien años de soledad, pero te crees con autoridad para clasificar en distintas categorías a los que han leído el libro y a los que no la han leído.

Bravo, chaval!!

ricarrob
ricarrob
1 mes hace
Responder a  Pedro Picapiedra

Señor Picapiedra, muchas gracias por lo de chaval. Agradecido le estoy. Alguien con una edad provecta como la mía, no tiene la ocasión de que lo llamen así. Me hace ilusión. Sí.

Bueno, no es cierto del todo. Lo he intentado leer algunas veces pero me duermo en el intento. Lo siento.

En el otro sentido, si usted lee bien lo que he puesto y no lo interpreta en sentido negativo, verá que no hago sino establecer dos categorías. Pero con ello, ni mucho menos hago una clasificación exhaustiva. Solamente es una crítica a los que alardean. Ese sector que siempre están pontificando y excomulgando al que se pone por delante.

Como la lectura, la música, la pintura, etc., va de gustos, también respeto a aquellas personas que leen estas obras y les gusta, sin necesidad de crear paradigmas obligados a todo el resto. Como en política, lo que voy es en contra del dogmatismo, de comulgar con las sempiternas ruedas de molino. Y también hay dogmatismo literario.

Y no me creo nada. Simplemente, con la libertad de opinión y de expresión, he dado mi modesta opinión en este caso. Igual que todo el resto de contertulios.

Bueno, ¡chaval! te lo he puesto fácil esta vez. A huevo, que se dice.

Saludos.

ricarrob
ricarrob
1 mes hace
Responder a  Pedro Picapiedra

Me acabo de acordar de algo.

A pesar de sus desabridas palabras hacia mí, le voy a comentar algo de mi experiencia, si le place leerlo. Y es que los juicio superficiales sobre los demás, pecan siempre de erróneos.

Después de muchos, muchos, muchos años de lecturas de todo tipo, por mi parte he creído averiguar que nuestro estado anímico, nuestra situación personal, es importante a la hora de encarar una lectura, Con el texto y con el autor, se tiene que establecer un cierto vínculo.

En mi caso, no sé si seré especial en esto o no, hay obras que en un momento determinado de mi vida las he dejado abandonadas porque no podía con ellas. Años más tarde, las he retomado y me han causado placer. Es muy curioso. En mi caso es así.

Por ello, prometo intentar, de nuevo, leer los 100 años. Quizás en un momento anímico diferente cambie de opinión.

Y, por favor, sr. Picapiedra, modere un poco sus comentarios. El respeto es importante. Para todo.

Saludos.

Pablo75
Pablo75
1 mes hace

Esperamos el próximo artículo de Alex Joyce: “El ingenioso hidalgo don Aburrido de la Mancha”.

Andrea Avirama
Andrea Avirama
1 mes hace
Responder a  Pablo75

Alex tiene tooooda la razón, 100 años de aburriniento!! Y yo le agrego: de incesto!!

Pedro Picapiedra
Pedro Picapiedra
1 mes hace
Responder a  Andrea Avirama

Que te duermas escuchando ópera no es razón para decir que es aburrida.

Pablo75
Pablo75
1 mes hace

No había leído hasta ahora ningún artículo de Alex Joyce ni había visto su serie “Clásicos a la parrilla”, caracterizada por utilizar, para denunciar el aburrimiento literario, una manera muy aburrida de titular :

“Cien años de ABURRIMIENTO”
“Moby Dick: ABURRIR con estilo marinero”
“Madame Bovary: el TEDIO en provincias”
“La montaña mágica… y ABURRIDÍSIMA”

Sergio
Sergio
1 mes hace

¿Qué le gusta a este pavo? To le aburre, lavin.

Camilo
Camilo
1 mes hace
Responder a  Sergio

Qué se puede esperar de alguien que no sabe ni qué es un chinchorro??

Roberto Arizpe Larenas

Concuerdo, no la leí completa. Disfrute mucho leyendo “Pabellón del cáncer”, o “El tambor de hojalata”.

Felipe Solano Fitzgerald

La fascinación por esa literatura viene, quizá o para mí, de encontrarla sugerida en el día a día de nuestros pueblos, que quizá le convendría visitar. Como la poesía, en ese libro la palabra despierta el sentimiento, la experiencia corporal, la memoria narrada. También la entiendo como un relato mítico, en el que la explicación sobre el origen del mundo, cómo una explicación cosmogónica, anula el devenir del tiempo, que se solapa en, para ti, un presente tedioso, en la repetición de lo igual. En fin, genial que lo hayas leído y que nos compartas tu posición, pese a las críticas que pueden llegarte.

José R
José R
1 mes hace

Hacía tiempo que no leía tantas tonterías.
Todo lo que dice puede ser lo contrario..y viceversa

María Isabel Flórez
María Isabel Flórez
1 mes hace

He leído algunos artículos de este personaje lloviendo y salta a la vista la envidia que le produce no poder ser escritor, tampoco crítico creo que más bien podria ser un comentarista de paracaídas

Francisco
Francisco
1 mes hace

O de pronto en el artículo se refiera a el sentir de alguien al medrar en un oficio aburrido

Manuel Rodríguez
Manuel Rodríguez
1 mes hace

A mí me pasó algo parecido con el libro de Uclés La península de las casas vacías. Acabé del realismo mágico hasta las narices. Pues ahí está. Todo el mundo diciendo que es la mejor novela sobre nuestra guerra civil. Hay que fastidiarse. Menudo montaje publicitario.

Lucy
Lucy
1 mes hace

He leído y disfrutado “Cien años de soledad”, por lo menos cuatro veces. Hace poco la he leído con mis estudiantes de secundaria. La mayoría de ellas la ha disfrutado. Las conversaciones que los sorprendentes hechos generaban me han demostrado que esta novela sigue impactando a las nuevas generaciones.

Pablo75
Pablo75
1 mes hace

Yo lo que no veo es el interés de Alex Joyce por venir a decir a un sitio literario que a él no le gusta la literatura o a mostrar que tiene el gusto literario averiado o que es tan nervioso que detesta las obras lentas. Si fuera un gran escritor, sus textos tendrían algún peso más, pero siendo un perfecto desconocido, ¿a quién puede interesarle su opinión?

Es verdad que, como dice el refrán, “hay gente pa tó”, y que en internet se pueden leer toda clase de disparates. Hace años había un blog francés de un melómano (sordo probablemente) que un día intentó demostrar que Bach era un compositor de tercera zona.

Shirley
1 mes hace
Responder a  Pablo75

Imagínate

Pablo75
Pablo75
1 mes hace

Yo recomendaría a nuestro amigo “Joyce” que si quiere tener razón y que todo el mundo le aplauda, haga un artículo sobre la obra más aburrida (por no decir sencillamente ilegible) escrita en el siglo XX: “Finnegans Wake”, de su homónimo James.

Germán Narváez
Germán Narváez
1 mes hace

Cualquiera tiene derecho a entrar a misa y no comerse el cuento, pero sería muy interesante saber que le gusta al señor Joyce como para saber si también me contagio o sigo refundido en lo común de la gente

Jesús
Jesús
1 mes hace

Que fácil es demoler para quien no es capaz de atreverse a construir. La crítica literaria es otra cosa

Sandra
Sandra
1 mes hace

Parafraseando a Borges ” Más fácil que escribir una página es criticarla” …

Jesús Antonio Gutierrez R.
Jesús Antonio Gutierrez R.
1 mes hace

Se respeta el comentario sobre la obra. En todo caso es maravillosa en todos los aspectos. No hay que olvidar. Que ha sido traducida a muchos idiomas, las críticas positivas en bocas de grandes eruditos en la materia, sus ventas han sido mayúsculas e incluso situada a la par del Quijote, y es una alegría real maravillosa leerla.

Maria Irene
Maria Irene
1 mes hace

Pensé que era la única persona que se aburrió soberanamente con esa novela, completa.ente de acuerdo contigo Alex

jopé
jopé
1 mes hace

Ya que por fortuna “no tiene intención de escribir jamás una novela”, ¿no podría ampliar tan loable deseo a no escribir nunca más un artículo, o incluso ya puestos, a no escribir nunca nada más?

Gabriel Galvan
Gabriel Galvan
1 mes hace

Hola. Soy mexicano. Tengo 54 años, cuando tenia 15 me hicieron en mi bachillerato leer esta novela para poder acreditar una asignatura semestral. Durante la lectura siempre espere que esta me entretuviera y/o me emocionara como otros trabajos literarios que habia leido de autores diferentes, pero nunca lo logro; fue una gran perdida de tiempo. Agradezco al articulista tan completo analisis literario de esta sobrevalorada, al menos aca en Mrxico, obra.

Samueru
Samueru
1 mes hace

Y mientras esta reseña se quede en palabras más que un Twitt que algún que otro lea, Cien años de soledad seguirá y seguirá fascinando a generaciones por más de cien años.

ElWalterPalaciosII
ElWalterPalaciosII
1 mes hace

Marx dijo alguna vez -o quizá fue el aburrido Marx, según la óptica del autor de estas columnas- que «la historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa». Bien, esta es la segunda vez que leo a este personaje – y lo digo así: per-son-na-je, en espera de que lo suyo responda más a una estrategia de publicidad y manejo de redes, y no tanto al llano terreno de lo patológico- y me parece que después de leer este tanteo intelectual sobre “Cien años de soledad” ahora soy capaz -no sin rebuscado atrevimiento, ya que circunstancias y altura van de la mano- de resumir todas sus columnas: el fino arte de escribir todo, decir nada y esperar el máximo alcance posible. Así es, se trata del beneficio de la duda en pos de la económica táctica del ragebait.

Eso sí, quiero hacer pública mi admiración por la tremendísima capacidad que tiene el autor para lograr que la soledad y el aburrimiento, superando con creces a ese vil y atrevido novato de Márquez, se perciba ya no en el cuerpo del texto, sino de lleno en el título.

En fin. Ese personaje ya lo tiene aquel primer crítico, estudioso demoledor, hispanista y cervantista nativo, llamado Jesús G. Maestro.

(Ok, sí. Pero él lo hace con gracia)

Última edición 1 mes hace por ElWalterPalaciosII
Andrés
Andrés
1 mes hace

Alex Jois, que inútil tu existencia…

Andrea Avirama
Andrea Avirama
1 mes hace

Por fin alguien lo dijo !! Soy Colombiana y admiradora de Gabo por otras obras, pero pienso igual Cien años de Soledad que aburrido!!! He intentado darle la oportunidad varias veces y noooo, luego como último recurso intento con Netflix y tampoco!!

JuanDepunto
JuanDepunto
1 mes hace

Muy de acuerdo con este Joyce recién descubierto. Para mí lo que dice es equiparable a la obra del otro Joyce, el irlandés, y de Proust. Escriben los cuatro de maravilla pero los tres grandes se me hacen pesados y repetitivos. Este iconoclasta en cambio me ha encantado y divertido. Lo seguiré.

Miguel Marzana
Miguel Marzana
1 mes hace

Esta novela tiene uno de los personajes más ridículos que encontrado en mucho tiempo, creo que el patriarca de la familia es un capricho mal justificado, porque en mi opinión, hace un salto muy lejano a su caracterización y a su realidad cuando de pronto se convierte un alquimista sabio y culto gracias a la visita de los gitanos. Qué flojera…

ElWalterPalaciosII
ElWalterPalaciosII
1 mes hace
Responder a  Miguel Marzana

Salvo que nunca fue el patriarca al estilo cacique tirano. Es más, ni siquiera se puede hablar de ese personaje sin referirse también a Melquiades! Aún peor ¡Toda su existencia recae en esa caída hacia el misticismo!
Parece que a quien te refieres es al personaje del resumen de Netflix

Miguel
Miguel
1 mes hace

Su apreciación es la de un “crítico literario” de centro comercial. Te recomiendo una segunda pero ahora dejando fuera al adolescente caprichoso tirado a sabelotodo. He leído varias de sus obras y algo que puedo decir con propiedad es que es de esos autores que se leen de un tirón.

Shirley
1 mes hace

Cada persona tiene su punto de vista y se le tiene que respetar, no se trata de endiosar al escritor o a la obra. Personalmente me he leído muchos libros y cuentos de Gabriel García y me han resultado muy buenos , 100 años de soledad es de mis favoritos tengo 4 años comenzando mi año lector con esa obra;junto con amor en tiempos del cólera libros excelentes, lo único qué podría refutar de sus obras es la fascinación de gabo por amores de niñas con personas adultas ( me resulta catastrófico)son cosas que en cierto punto me revuelve el estómago, aún así no puedo dejar de leer sus escritos ya que simplemente es un buen escritor y me gustan sus libros

Defabioni
Defabioni
1 mes hace

Por nefasta casualidad de internet, llegó este escrito a mi res…. Y me hizo recordar el día que le dijeron a un mafioso narco que comprara obras de Van Gogh pues era una buena forma de invertir y lavar dinero… Y al ver una de sus obras dijo que él no era tan guevon de comprar un cuadro que su hija de 7 años podía pintar mejor…. El día que ese crítico de pacotilla – bastante mediocre para mí concepto – gane un novel… O que tan siquiera su limitado IQ le permita diagramar y entender un árbol genealógico… Quizá mal gaste un par de minutos leyendo su pobre producción crítica….. Saludos

Pedro Picapiedra
Pedro Picapiedra
1 mes hace

Es una pena que no puedas disfrutar de esta maravillosa novela. No se si la has podido leer en castellano. Con las traducciones se pierde inevitablemente la belleza del lenguaje y la poesía empleados por García Márquez. Lo que tú llamas don de pensar, yo lo llamo incapacidad para emocionarte con un texto que está por encima de tú nivel de comprensión y sensibilidad. Como decimos en España, no está hecha la miel para la boca del asno.

Marisa
Marisa
1 mes hace

Jorge Luis y yo pensamos lo mismo cuando se editó. Me lo prestó un pariente loco de contento y creo que llegué a la quinta página. La vida es corta.

Alejandro Ramírez
Alejandro Ramírez
1 mes hace

Artículo firmado por alguien que “por originalidad intelectual no tiene intención de escribir jamás una novela”… Madre mía, cuando la inseguridad, la incapacidad y la esterilidad artística se disfrazan de intelectualidad. ¿No ha pensado en lo triste que es su vida cuando no puede disfrutar de una obra por pura envidia al talento ajeno?
Y encima se tiene que conformar con publicar artículos exponiendo su propia miseria. Más que nada, siento una profunda lastima.

Juan Riccetto
Juan Riccetto
1 mes hace

Inmenso placer experimenté al terminar el libro: ¡había acabado el suplicio!

Paula
Paula
1 mes hace

Los libro son a veces como ciertos amores: hace falta “timing”; tienen que encontrarnos bien dispuestos, en el momendo adecuado, con disponibilidad para la entrega. – Un libro que nos ha cautivado en la adolescencia… nos parece, al releerlo décadas más tarde, tedioso. Y lo mismo al revé: un libro que nos ha parecido críptico y farragoso… al cabo de unos años, si le damos una segunda oportunidad, nos atrapa.

Cesar
Cesar
1 mes hace

Gallinazo no come alpiste

Carme
Carme
1 mes hace

Con todos mis respetos, no acabo de entender a las personas que atacan verbalmente a quien da su opinión sobre una obra de entretenimiento y ficticia. Sea positiva o negativa, cualquier opinión basada en un gusto personal, es lícita. Lo contrario es censura y aunque leo bastante al cabo del año, por placer y por trabajo, jamás pienso en la literatura como “buena” o “mala”, eso corresponde a otro sector (a quien se juega el dinero en la apuesta y tiene que promocionarla, sin encontrar otro recurso que el de la comparativa con obras o autores anteriores). Los libros nos acompañan en momentos de nuestra vida y no siempre estamos abiertos a que ese texto nos seduzca. Simple y llanamente, con la oferta que hay (más libros que lectores y más ventas que lecturas), no estamos obligados a que algo nos guste. La revisión de ciertos títulos con nuestros ojos del siglo XXI es complicada; las conductas humanas y los actos no se entienden siempre de la misma forma. La capacidad de darle tiempo y voz a un texto no se tiene siempre. Somos personas adultas y nos podemos incluso permitir no acabar un libro, guardarlo y decir que no es para nosotros. Aunque resulta complejo separar obra de artista, no seré yo quien me parta la cara (figuradamente) por un texto o un autor. Hay títulos que “cumplen” un bonito cometido en un momento concreto de la historia y luego hay que dejarlos que vayan encontrando un lugar en la memoria, que es selectiva.

ricarrob
ricarrob
1 mes hace
Responder a  Carme

Mis felicitaciones por tan acertadas palabras. Vivimos tiempos en los que se impone el pensamiento único y lo políticamente correcto y entre estos dos parámetros se mueve sin descanso el dogmatismo. Ya no se puede opinar, no solamente de la política sino tampoco de la literatura.

Saludos.

ElWalterPalaciosII
ElWalterPalaciosII
1 mes hace
Responder a  Carme

Difiero. Lo incomprensible es suponer que la literatura se limita a si una obra es entretenida o no. Eso le corresponde a la industria de venta de papel impreso y a los creativos de marketing. El arte no está obligado a entretener. Y sí, como el texto nada en en ese terreno, en el de lo superficial, entonces deducimos que se trata de una simple opinión y, como tal, es susceptible a críticas. Otra cosa, aquí no veo censura ni en los comentarios más agresivos. Recordemos que una cosa es desacreditar y reprobar, y otra muy diferente es censurar.

Efrain Diaz
Efrain Diaz
1 mes hace

Al leerla por primera vez, de adolescente, no entendi ni papa. Luego la lei de adulto y algo entendi. Pero concurro contigo. Es una oda al aburrimiento.

Mario
Mario
1 mes hace

De acuerdo. Qué bueno que al fin se haya divulgado queese libro es un desperdicio de tiempo

Ezequiel
Ezequiel
1 mes hace

Novela cursi suprema…superada por El Amor en Tiempos del Cólera…

Fer
Fer
1 mes hace

Quizás debiera intentar escribir una novela. Así, mientras se entretiene, nos deja en paz, y podemos olvidarnos de sus críticas, sin profundidad, sin fundamento y con muchas ganas de hacerse oír, aunque para ello tenga que descalificar libros excepcionales.
Como decía algún comentario, solo le falta calificar de aburrido al Quijote, ánimo Mr. Joyce, pero solo para usted, por favor.

Emilys
Emilys
27 ddís hace

Expresaste de la forma más bella y genuina lo que me había causado este libro: la ensordedora soledad de pasar páginas sin conectar con ningún personaje ni con el enigmático Macondo.