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Del silencio a la palabra hecha carne

Del silencio a la palabra hecha carne

Murió Dios, pero antes, y muy oportunamente, le precedió en su sepelio el Arte. No fue esta última muerte que precedió a la del Supremo una muerte verdadera, ni tan siquiera simulada: fue una muerte significante. La Humanidad, recluida en la cáscara de la Historia como el soldadito de plomo del relato camino del desagüe, alcanzó tras ello la ralentización propia de los cuerpos que se conservan casi crionizados en los depósitos. Todo como subproducto de las “guerras por el progreso” del siglo XX. Ahora se nos promete a los “supervivientes”, gente dejada para la “última cena” y curiosamente numerosísimos, el “fin de la muerte” en sí misma mediante la Singularidad y las imprescindibles IA que la canalizan. El mundo entero, nuestro pequeño planeta azul, se ha transformado en una ingente mesa circular donde convocan cada vez más dotados espiritistas. Ni Ortega (1883-1955), ni Heidegger (1889-1976) han envejecido bien con el último giro histórico-cósmico hacia la fusión gozosa de mamíferos y humanos. Un nuevo y renovado punto Omega, “vigilado por máquinas de amorosa gracia”. Quién iba a soñar que nos dirigíamos a un mundo así; sólo Lovecraft (1890-1937) pudo tantear algo de esto por haberse aclimatado perfectamente durante su martirologio vital a las más feraces pesadillas. ¿Qué va a ser del Arte en estos escenarios?

Contra el experto en Arte, de Alberto Adsuara, recopila unas cuantas “reminiscencias después del Fin del Arte”, organizadas en 33 breves pero muy consistentes entradas. Concentradas en la cadena de despropósitos, catástrofes, horrores o etapas de un rito iniciático terminal irremediable, provocados por las susodichas “muertes”, hablarán también desde nuestro presente a un inmediato futuro. A los hijos de nuestros hijos… No creo que haya tiempo para mucho más, aunque podría equivocarme, para posible desgracia de los que pudieran descender a habitar en una nueva y prolongada extensión de la Línea… Mind at the End of its Tether (1945), que declamaba H. G. Wells (1866-1946) en su última y muy breve pero significativa obra. No precisamente optimista.

"Ahora en la era Digital, dejando atrás ya lo analógico como hicimos con el tabaco y ajenos a toda sacralidad, el arte está ya fundido a lo cotidiano y al ordenador"

El libro se compone de materiales no demasiado heteróclitos pero sí diversos, centrados en esta experiencia de muerte sin resurrección, la que nos provee el Arte de Hoy. La erudición y la ironía son vehiculadas por un estilo ameno y respetuoso con el lector. Grandes figurones, expertos y espectadores acobardados, artistas intocables y geniales, con frecuencia demasiado humanos incluso algo asquerosillos, políticos y millonarios (sin ellos poco o nada habría que hacer), recorren sus amenas y eruditas páginas. Y el Estado, que otorga la necesaria institucionalización.

Hubo un tiempo lejano, antes de que naciera hace 250 años lo que denominamos hoy Arte, durante ese siglo XVIII bien vendido pero mal comprendido, que “el criterio estético se fundamentaba en la maestría y la excelencia” (Adsuara), pero saltaron al carruaje en una curva del camino “lo genial y lo autentico”, y el mundo experimentó un cortocircuito que duró hasta ahora, trabada la pelota rotante sobre la que nos deslizamos como especie, en “una Historia que no puede ser otra cosa que secuela de la contingencia productora de falsos discursos”. Uno de estos es el que nuestros contemporáneos llaman “filosofía”.

Ahora en la era Digital, dejando atrás ya lo analógico como hicimos con el tabaco y ajenos a toda sacralidad, el arte está ya fundido a lo cotidiano y al ordenador. Atrás quedarán, como morrenas de un glaciar que se disuelve, el tiburón de Damien Hirst (La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo) o el Guernica (1937) de Picasso (1881-1973). Se evidencia como nuestro fabuloso y festivo barco fluvial se dirige, sin demora y a todo ritmo, al remolino y abismo definitivos.

"Durante más de una década colaboró con la revista Archipiélago, donde publicó numerosas aportaciones sobre temas estéticos. También es un crítico sagaz del popular impostor Žižek"

El libro contiene tres entrevistas y treinta artículos. Pequeñas piezas incisivas en las que, como en Alicia a través del espejo, se habla de muchas cosas del mundo al que pertenece el Arte de Hoy. De artistas, expertos, exposiciones concretas, museos, cuestiones estéticas capitales… También de sexualidad, fotografía, miedos, mentiras, libros y basura.

«Ha llegado la hora», dijo la Morsa, «de hablar de muchas cosas: de barcos, de lacre y de zapatos, de repollos y de reyes, y de por qué el mar hierve tanto, y de si las cerdas tienen alas». También de Muñoz Molina, los dioses me perdonen, Bill Viola y sus vídeos para retardados (esto es de mi exclusiva responsabilidad), de cómo Nueva York robó el arte moderno para que la CIA le diera mejor uso, o de la profundidad simbólica que llegó a nosotros, por el azar de un número indeterminado de polvos apasionados de una millonaria norteamericana con muy concretos artistas.

Alberto Adsuara nació en Valencia en 1961, el año que el primer homo sovieticus salió al espacio exterior, aunque no, como algunos suponen, a la búsqueda de la perrita Laika. Es profesor de la Escuela Superior de Arte y Tecnología y, como Arthur C. Danto (1924-2013), también experimentó en su momento la tentación de ser artista. Es autor de varios libros sobre arte, percepción y estética. Algunos de ellos sobre su gran pasión, el cine, donde realiza largos y cortos. Valga como muestra: De un espectador cansado (Krausse, 2009), prologado por Félix de Azúa, o Qué [no] es el cine (Archivos Vola, 2026). Otros, la mayoría, sobre cuestiones estéticas varias. Como botones de muestra: Del arte y su obsolescencia (Casimiro, 2020), donde hace hincapié en el impacto de la pandemia sobre los habitantes españoles de la madriguera del Arte de Hoy, o Lo patético del Arte (Casimiro, 2023), donde profundiza en el distanciamiento y la incomprensión que “a menudo” se genera entre el público y las manifestaciones del arte actual.

Durante más de una década colaboró con la revista Archipiélago (1988-2008), donde publicó numerosas aportaciones sobre temas estéticos. También es un crítico sagaz del popular impostor Žižek, ese señor mal afeitado que viene a España, entre otras cosas, a cantar a dúo con Angela Davis en el Círculo de Bellas Artes.

"Queda claro tras la lectura que el fin último de la Modernidad era que el Arte pudiese ser cualquier cosa. El artista, que sin buenos contactos es nada, se convierte en un subproducto de la contingencia"

A mí me han gustado esencialmente las referencias a un experto tan respetado como Francisco Calvo Serraller (1948-2018), el “cerrajero calvo”, que diría Ionesco (1909-1994), o al artista chino Ai Weiwei. Este último, cuyo nombre seleccionado de manera muy personal por él mismo significa algo así como “eterno futuro”, cara y cruz, el experto y el artista, de un tinglado post mortem que, como bien expone en varios lugares Adsuara, se decanta en un proceso de metamorfosis hacia algo muy posiblemente definitivo. Dos mandarines (uno de ellos chino) del Arte de Hoy.

El experto es fundamentalmente un emisor de opiniones verdaderas (sic) que luego se concensúan. ¿Quién podría reflexionar mejor sobre las posibilidades de la representación, que día y día, a través de “lo nuevo y lo original”, propulsan, roturando terrenos salvajes como honestos colonos (sí, de ahí), nuestros amados y ponderados artistas? En la época de los comparsas se ha pasado del uso de la Técnica a la preponderancia de la Idea y de la Belleza a la Historia Universal. Queda claro tras la lectura que el fin último de la Modernidad era que el Arte pudiese ser cualquier cosa. El artista, que sin buenos contactos es nada, se convierte en un subproducto de la contingencia. El “pensamiento único” y el arte contemporáneo están inextricablemente unidos, como lo estaban, si se me permite la impertinencia, en un pasado demasiado cercano el “arte proletario” con el Partido. Del público que tiene o tuvo exigencias hemos pasado, gracias a la Escuela, la Universidad y la Prensa al comprador que tiene dinero. Y es que en otro plano nos hemos trasladado de los pensadores a los encantadores de serpientes. La producción simbólica consecuentemente ha generado un profundo desencantamiento del mundo estético.

"Pensé titular este texto De la caverna al frigorífico. Haciendo hincapié en el desarrollo histórico de los espacios expositivos. De Lascaux a la Tate y más allá"

Hoy incluso, sigo a Adsuara, tras la aparición de las redes sociales sincronizada con la caída de Lehman Brothers (2008), asistimos a la disolucion del poder de los mismísimos expertos. La seriedad pseudomística y la circunspección mesiánica del arte contemporanero comienzan a fallar… “Lehman” significa “hombre que tiene un feudo”. Pero no es el nombre del Amo.

Estamos al borde de una reivindicación de la libertad ante la experiencia estética que dará cuenta, probablemente, no solo de los fríos y obtusos mausoleos en que se han convertido los espacios expositivos, también de la fealdad omnipresente en los espacios urbanos con la que los jóvenes cachorros de quienes se benefician de estos simulacros envuelven, con sus sentadas y manifestaciones de “desacuerdo progresista”, las plazas y calles de las grandes ciudades. Hablo de fealdad inducida, os hablo de “la cutresfera”.

Pensé titular este texto “De la caverna al frigorífico”. Haciendo hincapié en el desarrollo histórico (?) de los espacios expositivos. De Lascaux a la Tate y más allá. Pero una frase de Paul Valery (1871-1945), “la acción de lo bello sobre alguien consiste en dejarle mudo”, y el visionado de la película Backrooms (Kane Parsons, 2026, EEUU), en cuya banda musical se encuentra una canción con el título “The Word Becomes Flesh”, me convencieron de la necesidad de la sustitución. El título del álbum del dúo escocés de música electrónica que la perpetró, Boards of Canada, curiosamente es Inferno.

¿Qué podría pasar si no se cede al miedo?

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Autor: Alberto Adsuara. Título: Contra el experto en Arte. Editorial: Casimiro. Venta: Todos tus libros.

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