Candidata al Nobel, Concha Espina fue la primera escritora española que vivió de su obra, de las primeras españolas en divorciarse —con la asesoría de su amiga Clara Campoamor—, saludó la llegada de la República y escribió en favor de los desamparados, y ahora su rescate literario se inicia con su testimonio sobre la Guerra Civil como “prisionera”.
Sus diarios de guerra los escribió entre el inicio del estallido bélico, que la sorprendió en su casa de vacaciones de Cantabria —en Luzmela (Mazcuerras)—, y agosto de 1937, que se produjo la entrada del ejército franquista, periodo durante el cual estuvo retenida en su domicilio —tenía a dos hijos luchando contra los republicanos— y fue sometida a varios interrogatorios en una checa santanderina.
Concha Espina, además de ser traducida en vida a todas las lenguas cultas, defendió el sufragio femenino y mantuvo en su casa madrileña tertulias a las que asistían Federico García Lorca, José Antonio Primo de Rivera, Antonio Machado y Ortega y Gasset, entre otros escritores de agudo ojo crítico que valoraron su obra como Cansinos Assens, Menéndez Pelayo y Gregorio Marañón.
El director de Ediciones 98, Jesús Blázquez, califica a Concha Espina como “un caso único entre los escritores españoles” por el número de ocasiones en que fue propuesta al Premio Nobel de Literatura desde Francia Suecia y Estados Unidos, país en el que dictó numerosas conferencias en universidades y acaparó reconocimientos como el de adjunta a la presidencia de la Hispanic Society de Nueva York. “Es una escritora que tiene una voz propia y una calidad literaria indiscutibles; además de ser una mujer que defendió a las demás mujeres y a los desfavorecidos procurando que se reconocieran derechos a los mineros, el voto femenino y el divorcio“, ha dicho a Efe Jesús Blázquez, para añadir: “La calidad de su prosa, la hondura de los perfiles psicológicos de sus personajes, particularmente de los femeninos que solían protagonizar sus novelas, y la riqueza de su vocabulario ofrecen un disfrute seguro a quienes la lean; y en cuanto a lo que escribió sobre la Guerra Civil, que estalló cuando ella tenía 67 años, considero que es de lo más interesante de su obra por la profundidad de su análisis”.
La pentalogía de Concha Espina sobre la Guerra Civil —los siguientes títulos que se reeditarán serán Retaguardia (1937) y Luna roja (1939)— supone para el editor “una auténtica memoria histórica escrita por una testigo que vivió en propias carnes aquellos trágicos sucesos que merece la pena dar a conocer a los lectores para que se formen una opinión fundada sobre lo que sucedió, y espero que ello contribuya a que nunca se repita”.



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