Inicio > Actualidad > Entrevistas > Félix G. Modroño: “El pueblo mexicano es único gracias a su maravilloso mestizaje”

Félix G. Modroño: “El pueblo mexicano es único gracias a su maravilloso mestizaje”

Félix G. Modroño: “El pueblo mexicano es único gracias a su maravilloso mestizaje”

Amor y oro. Dos historias de amor entrelazadas que conectan dos épocas y dos continentes. Un barco lleno de niños que huyen de una guerra fratricida y un yate que transporta un tesoro atraviesan el Atlántico en la misma dirección con un par de años de diferencia. Una pareja de arqueólogos enamorados localiza una valiosa pieza de arte precolombino. Tras recorrer las calles de una ciudad de ojos grises, piel de plata y alma dormida, y recrear su historia en su trilogía sobre Bilbao, Félix G. Modroño aterrizó en otro planeta colmado de colores, sonidos y sabores: México. Su historia de amor con este país «inabarcable», como él lo define, fue un flechazo y no tardó en encontrar la forma de transmitir las emociones que le inspira como mejor sabe hacer, combinando la realidad histórica con grandes dosis de imaginación. Tierra de sueños (Destino, 2026) invita al lector a adentrarse en el México de finales de los años treinta, destino de acogida de republicanos españoles exiliados, y en el de 2005 a través de la mirada de David Quijano, un joven arqueólogo que llega a San Luis Potosí en pos de una atractiva mexicana que le ha robado el corazón, además de un valioso objeto que compromete su futuro profesional. La entusiasta bienvenida que recibieron en Veracruz los niños españoles que llegaron con el Mexique, luego trasladados a la ciudad de Morelia, arranca un relato que prosigue con la odisea del Vita y culmina con el feliz rencuentro del santanderino Mateo Llamazares, que sueña con ser escritor, y su novia, Ana Cossío. Modroño siempre ha cuidado mucho el lenguaje y en este libro da un salto cualitativo, con una prosa sensorial y sonora «que reivindica una lectura desapresurada sin urgencia por pasar la página», dice el autor vizcaíno que hace unos años vive entre Sevilla y San Luis Potosí de México. «Los mexicanos me han enseñado que vale la pena tomarse un tiempo para la amabilidad y la empatía, a ver el lado bonito de las cosas y quedarse en lo positivo. Me han abierto la mente y el corazón».

*****

Tierra de sueños es una novela histórica, de viajes, de misterio, de amor… Pero sobre todo sobre los vínculos que existen entre México y España.

—Ese fue el motivo por el que la escribí: acercar México a España y viceversa. En unos tiempos en que la política está empeñada en manipular la historia, me pareció oportuno tratar de narrar la esencia de México y todo lo que nos hermana. En el fondo es una novela de aventuras, cuyo hilo conductor es el amor.

—Un país tan “inabarcable” como México contiene infinidad de historias. ¿Por qué elegiste la del tesoro del Vita?

"Aquellos exiliados al final tuvieron dos patrias: de la que tuvieron que marcharse y la que le acogió con los brazos abiertos"

—Necesitaba un hecho histórico importante que relacionase a los dos países. Y, sin duda, el exilio republicano tras la Guerra Civil me pareció el adecuado porque aquellos exiliados al final tuvieron dos patrias: de la que tuvieron que marcharse y la que le acogió con los brazos abiertos. Y entre esa infinidad de historias, se me ocurrió la de una jovencita, Ana Cossío, que formó parte de aquel contingente que se convirtió en el primer grupo de refugiados españoles, los Niños de Morelia, y la de su joven enamorado enrolado en el Vita para ir a buscarla. Ello me permitía relatar hechos históricos sin olvidarme del trasfondo emocional.

—Solo con la epopeya del Vita se pueden escribir muchos libros. Sin embargo, decidiste crear otra trama que te obligaría a un mayor trabajo de documentación sobre arqueología precolombina.

—Siempre me pareció un tema muy interesante. Nada mejor que algo que permanece en el tiempo para unir épocas. Reconozco que el aprendizaje ha sido fascinante porque, más allá del arte, he podido adentrarme en el mundo indígena precolombino.

—¿Cuánto tiempo dedicaste a acopiar datos y qué fue lo más complejo y fatigoso de ese proceso?

"Me encanta descubrir en las hemerotecas documentos que corroboren lo que ya imaginaba cuando hay vacíos en los libros de historia"

—Normalmente, el trabajo de investigación en mis novelas, entre documentación y viajes, me lleva algo más de un año. Y el proceso de redacción unos nueve meses. Disfruto mucho de ese proceso de creación porque me sirve para ir sumergiéndome en la novela y hasta para trasladarme de época. Soy capaz de ir a la casa donde vivió Indalecio Prieto en México o de ir a los chalets donde estuvo escondido el tesoro del Vita, solo por experimentar sensaciones, aunque la fisonomía urbanística haya cambiado. También me encanta descubrir en las hemerotecas documentos que corroboren lo que ya imaginaba cuando hay vacíos en los libros de historia. Cuando creo que estoy preparado para sentarme a escribir, paso unos días de incertidumbre. Ese es el peor momento.

—Realidad y ficción se mezclan en el relato, pero tengo la impresión que has inventado más en la trama de los arqueólogos. ¿Es así?

—Quizá, aunque no demasiado, porque la trama de los arqueólogos es actual y narra muchas de mis experiencias en México, así que puedo decir que se acerca bastante a la realidad (Risas).

—En el libro aparecen decenas de personajes históricos, sobre todo políticos y artistas. Me llamó la atención la vitalista Bandida y la tragedia del juez Elío. ¿Tienes algunos preferidos?

—A medida que me documentaba iban apareciendo personajes que merecerían su propia novela. El de la Bandida es fascinante y sí que me costó encontrar referencias sobre ella porque era bastante discreta y a las entrevistas que le hacían respondía con evasivas. Representa, sin duda, el México de la época. Y por supuesto, el juez Elío representa a su vez la tragedia de los exiliados españoles. Llego a él a través de las lecturas de su hija, María Luisa Elío, otra de las muchas artistas olvidadas en este país. 

—La peripecia del tesoro del Vita no ofrece muy buena imagen de los gobernantes de la República. ¿La enemistad entre Prieto y Negrín tuvo algo que ver con su mala gestión?

"Al final, el tesoro del Vita se convirtió en un instrumento de poder político"

—Fue determinante. Al final, el tesoro del Vita se convirtió en un instrumento de poder político. Por supuesto que en gran parte se usó para financiar a los exiliados, si bien los métodos con que se obtuvo no fueron muy ortodoxos. Pero también sirvió para atender intereses personales. De todos modos, yo me he limitado a narrar los hechos históricos contrastados. No siempre se puede juzgar el pasado con los ojos de hoy.

—Con la figura de Karla introduces un elemento mágico imprescindible para entender la atmósfera que se respira en un lugar de religión sincrética donde los vivos conviven con los muertos.

—Es una de las cosas que más me cautivan de México. Empecé a entenderlo con la lectura de Pedro Páramo, pero comprobar en el día a día cómo lo que para los españoles es paranormal para los mexicanos es absolutamente normal me abrió la mente.

—El habla propia de los mexicanos es un aliciente por sus vocablos sonoros y expresiones que salpican el texto. ¿Te costó mucho adoptar ese lenguaje?

—Llevo mucho tiempo residiendo en México, y siempre fui un enamorado de la etimología de las palabras. Es un disfrute escuchar en México muchos de los vocablos que se han ido perdiendo en España. Y por supuesto, cómo de una misma raíz han ido evolucionando algunas palabras de manera distinta en un lugar u otro. En México hay muchas expresiones que derivan del castellano antiguo, y eso aporta mucha riqueza léxica. Era obligado hacerme eco. De todos modos, otra de las cosas que procuré a la hora de escribir fue la de adoptar un lenguaje perfectamente comprensible por todos los hispanohablantes.

—También la música y la gastronomía tienen un papel importante. Recomienda una canción y un menú para entrar de lleno en el alma mexicana.

"Si hay que elegir comida, unos buenos tacos de arrachera con una costrita de queso asadero de cualquier taquería tradicional"

—Aquí no soy imparcial. Siempre fui un enamorado de la música de José Alfredo Jiménez y lo primero que hice cuando llegué a México fue acercarme al cementerio donde está enterrado, en Dolores Hidalgo, su pueblo natal. Ahora se han cumplido 100 años de su nacimiento. Y entre sus canciones me quedo con  Ella, y con el pasaje que dice: “Era el último brindis de un bohemio por una reina”. Luego ha sido algo así como un augurio de lo que me sucedería. Si hay que elegir comida, unos buenos tacos de arrachera con una costrita de queso asadero de cualquier taquería tradicional.

—Aunque algunas tribus se burlaran de los españoles, México es uno de los países con los que tenemos mejor rollo. ¿Qué opinas al respecto? ¿Y de su lado oscuro, me refiero a la inseguridad y violencia?

—Si la seguridad en México fuese mayor sería el paraíso. Es evidente que guardamos ciertas cautelas, pero yo no me siento inseguro en el día a día. Sí que he vivido algún episodio complicado, como cuando nos encontramos en la carretera con un control de policías armados (o a saber qué) y mi pareja me indicó que no atendiera al alto y que acelerara (cosa que hice, tras unos instantes de duda). No creo que nunca olvide ese susto. En cuanto a la relación cotidiana entre mexicanos y españoles yo creo que es más que cordial, ya que sentimos una admiración recíproca. Para mí el pueblo mexicano es único gracias a su maravilloso mestizaje.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios