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Jacobo Bergareche: “Lo fácil es decir que tus problemas son culpa del otro”

Jacobo Bergareche: “Lo fácil es decir que tus problemas son culpa del otro”

Jacobo Bergareche tiene un vínculo trágico con África: su hermano Roque fue asesinado en Angola en 2012; trece años después, el escritor se embarcó en un viaje de vuelta a Guinea-Conakry junto a Amadou, un joven que había emigrado a España y cuenta esa “odisea” en Tío grande (Libros del Asteroide).

El libro, dos viajes que se cruzan en el tiempo, llega en un momento de auge de la estrategia de deshumanizar al inmigrante desde algunos sectores a raíz de la crisis de Ceuta. “Es la estrategia del miedo”, dice a Efe el escritor. “Lo más fácil es decir que tus problemas son culpa del otro. O sea, que los inmigrantes son tu problema y si les echamos tendrás una casa, como decía el otro día [el portavoz económico de Vox, José María] Figaredo. Pero también pasa en Cataluña: los nacionalistas te dicen que todo el problema son los españoles, y si les echamos se acaban los problemas”.

La literatura, apunta Bergareche, hace todo lo contrario. Frente a palabras como “invasores”, “menas”, o incluso números como “los 80.000”, la literatura “se fija en personas” y “convierte la historia de uno en la de muchos”.

Tío grande arranca con un multitudinario torneo de mus que Bergareche celebra cada año en memoria de su hermano. Allí conoció a Amadou, el joven encargado del local, y su historia: un niño de doce años que huyó de Guinea-Conakri junto con cinco amigos para intentar llegar a Europa. El viaje duró cuatro años; solo dos de ellos lo lograron. Cuando Bergareche preparaba otro libro, Amistad (Siruela), que escribió junto al neurocientífico Mariano Sigman, se acordó de Amadou y le dedicó un capítulo del libro y del podcast que lo acompañó. Su editor, Luis Solano, escuchó ese capítulo y pensó que ahí había una novela. “A veces buscas las historias y otras veces las historias te llegan. En este caso me gustó que me dijeran: “Deja de mirar aquello a lo que estás mirando todo el rato y mira por ahí”.

 

Consciente de su lugar de privilegio —español blanco, familia de empresarios vascos por parte de padre y, en la rama materna, su abuelo fue Ramón Mendoza, expresidente del Real Madrid— Bergareche dice haber abordado esta historia con un gran sentido de la responsabilidad. “Lo que me da legitimidad para contar esta historia es mi vínculo trágico con África. Las dos historias hacen de espejo: Amadou hace su viaje, con amigos de clase, hacia el país de los blancos, y mi hermano hizo su viaje al país de los negros, también con los amigos de clase. En ambos casos con expectativas un poco fantasiosas y no viendo los peligros”. Bergareche abordó el duelo por su hermano en su primera novela, Estaciones de regreso (2019).

En Los días perfectos (2021), su mayor éxito hasta ahora, habló del contraste entre el enamoramiento y el deseo y la rutina de pareja, y en Las despedidas (2023) siguió indagando en la insatisfacción vital y el matrimonio. La idea de embarcarse en una aventura como la que le proponía su editor le parecía un cambio de rumbo interesante hacia “la narrativa fundacional” de la literatura, la del viaje. “Es la Odisea, es la Anábasis, la Eneida, es Jasón y los argonautas, es el primer libro de la humanidad, la épica de Gilgamesh. Hoy la literatura es una cosa como más de Proust: te quedas mirando una magdalena y viajas en el tiempo mentalmente. Son cosas más mínimas, más psicológicas, más delicadas: salir del armario, el matrimonio, el pueblo, tu abuela, esas cosas, pero ya no hay grandes épicas”.

Sobre el viaje, cree que para ser llamado así debe cambiar en algo al que lo emprende. En su caso, destaca haber conocido a Amadou y a su amigo Hamada, ver su fortaleza y su confianza en el futuro. “Nosotros vivimos con un terror hacia el futuro y una desconfianza de todo. La gente no tiene hijos porque les da miedo, y estos son los locos que tienen hijos y viven en un parque sin techo, pero se las arreglan y consiguen salir adelante. Tienen fe, juzgan poco y no están amargados”.

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