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Marimonda: una fábula automitológica

Marimonda: una fábula automitológica

De acuerdo, existe un autor del libro que tenemos entre manos, pero ¿quién es en realidad? ¿Cómo ha llegado al centro de la narrativa que nos mantiene en vilo? Se despliega para explicar todo lo anterior una pesquisa tan literal como metafórica: “Nunca tenía un rumbo determinado, una casa: ella misma era la casa. Siempre era selva a donde llegaba más tarde o después”.

Se desenvuelve la trama de la novela Marimonda (1985; Muñeca infinita editorial, 2025) en un mar de encuentros aleatorios con la alteración espaciotemporal, justo después del cambio sísmico que provoca el reconocimiento de que lo que nos rodea está abocado a desaparecer: “Tiene que generarse un vínculo de amor entre la sirviente y el servido, que suele conseguirse estimulando su celo laboral con dulces”.

"El cuentista y novelista colombiano entrelaza una comedia sobre las máscaras que usamos, un misterio esencial que se abre a uno existencial"

Salpicadas de pistas falsas, chocan las certezas en la saga de Mario Escobar Velásquez (Támesis, 1928 – Medellín 2007) que cumplió el año pasado cuatro décadas reabriendo viejas heridas, acumulando las mentiras y recriminaciones de la narración, mientras una íntima sospecha impide cualquier atisbo de respuesta al enigma central: “Los monos desarrollan cualidades para contrarrestar el silencio y la paciencia de la culebra”.

Con la excusa de abordar las anécdotas de una manada de marimondas o monos araña en la selva de Urabá, a merced de la colonización del ser humano, el cuentista y novelista colombiano entrelaza una comedia sobre las máscaras que usamos, un misterio esencial que se abre a uno existencial: ¿es posible saber alguna vez cuál de nuestros alter ego actúa a nuestro favor?

Cuarenta (y un) años después haber sido concebido, seguimos recreando un ente que se mantiene en pie a duras penas, aunque sabemos que el colapso anda cerca: “En las noches miraba el pueblo de ascuas (…) Luces acá y allá, prendiéndose y apagándose”. Fluye la peripecia a su antojo, confiando en encontrar significados por el camino: “Todo estaba solo. Y él, el hombre, cuidaría de ese éxodo. El mono miraba”.

"Lúdicas consideraciones se deleitan con las travesuras del Premio Internacional de Cuento Fernando González. ¿Cuántos yoes albergamos? ¿Son uno y el mismo?"

Describiría este texto enigmático, desconcertante pero siempre divertido, como una fábula sobre la automitología consistente en construirnos mediante las historias que nos contamos, solo para tropezarnos con ellas o sentirnos obligados a reescribirlas: “Se veía hombre, también, mirando al mono: era las dos cosas, mono en el sueño y hombre dormido. Pero eran también una sola cosa”.

Lúdicas consideraciones se deleitan con las travesuras del Premio Internacional de Cuento Fernando González. ¿Cuántos yoes albergamos? ¿Son uno y el mismo? Nuestros avatares ostentan nombres, biografías, mentalidades y visiones propias y distintivas: “Escobar piensa narrando (…) y consigue crear un relato magistralmente tensado entre meandros, espirales y trazos curvilíneos”, sostiene el escritor Juan Sebastián Cárdenas Cerón (Popayán, Cauca, 1978) en el posfacio.

Nacidos de él, aunque operando de forma independiente, nuestros egos se subdividen en el compendio narrativo del Premio de las Artes y las Letras del Departamento de Antioquia 2000, aunque nunca hay dos que estén completamente de acuerdo, prueba de que las superficies que construimos sobre la faz de la Tierra para sustentarnos se agrietan con la intención de mostrarnos lo que se agita debajo.

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Autor: Mario Escobar Velásquez. Título: Marimonda. Editorial: Muñeca Infinita. Venta: Todos tus libros.

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