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Marty Supreme es histérica, agotadora y genial

Marty Supreme es histérica, agotadora y genial

Marty Supreme tiene algo de la ambigüedad de las grandes obras. Por mucho que Josh Safdie asegure que su película refleja el brutal individualismo que se promueve en EEUU, la historia del pícaro jugador de ping-pong y estafador crónico interpretado por Thimotée Chalamet también tiene lo suyo de clásico relato americano de Hombre contra el Sistema. Un ansia, cierto que enfermiza, por destacar en una pecera pequeña; un ego descontrolado fruto de la desesperación y el vacío existencial… o, quizá, un retrato de la lucha enojada, exasperante, histriónica, por representar algo en un mundo crecientemente caótico, que la película observa con perpetua curiosidad.

"La película parece mirar con un ojo a Scorsese y con otro a esas hilarantes parodias que protagonizó Will Ferrell y demás integrantes del Saturday Night Live"

Todo sucede con el volumen amplificado de las películas de los hermanos Safdie, ese mismo que su hermano Bennie decidió dejar atrás en The Smashing Machine, con trágicas consecuencias para su taquilla. Marty Supreme es, al contrario pero en el fondo igual, y desde luego a su manera, una película futurista, con un héroe incómodo y rocambolesco tratando de progresar a toda costa. Aunque a los de la vanguardia del XX (muy poco antes de los principios de los 50, en los que transcurre el film) les costó la vida en las trincheras, la película de Safdie es como ellos: enérgica hasta extremos violentos, hilarante como biopic y agotadora en todo lo demás.

Marty Supreme, cuyo comienzo —por cierto y pese a quien pese— no dista demasiado del de Mira quién habla, es tan histórica como histérica. Como drama de época linda con esa clase particular de comedias deportivas de Adam McKay, desde Patinazo a la gloria a Talladega Nights, o intensos (falsos) biopics musicales como Dewey Cox a la hora de retratar la grandeza de un deporte anecdótico pero que representa el perpetuo movimiento de Marty. Desconozco si el ping-pong es una alegoría de los ideales de EEUU o los estados del hombre, pero la película de Safdie parece mirar con un ojo a Scorsese y con otro a esas hilarantes parodias que protagonizó Will Ferrell y demás integrantes del Saturday Night Live. La peripecia absurda, entre rural y urbana e internacional, y casi en tiempo real, de Marty así lo corrobora.

"Quizá esa desesperación de fondo, aunque sin la nostalgia de Spielberg, aproxime la película a la excelente y célebre Atrápame si puedes, con Leonardo DiCaprio"

Quizá esa desesperación de fondo, aunque sin la nostalgia de Spielberg, aproxime la película a la excelente y célebre Atrápame si puedes, con Leonardo DiCaprio encarnando a un sujeto algo más flemático, Frank Abagnale Jr., y con el propio film adoptando esa textura más improvisatoria y áspera de su director. Entre el drama de superación deportivo y la comedia negra criminal, Safdie acierta haciendo latir como thriller mientras el músico Daniel Lopatin, o Oneohtrix Point Never, realiza una banda sonora experimental que linda con los sonidos de sintetizador de Stranger Things y se convierte en uno de los puntales del (largo) largometraje.

Al final, y tras tanta palabrería, la de aquí y la del propio Marty, queda el placer cinematográfico de ver a Chalamet camelándose a una cincuentona (Gwyneth Paltrow enciende la pantalla) o esa ya famoso, divertido y extremo monólogo del empresario encarnado por Milton Rockwell en el que adquiere la forma de “vampiro” en plena competición final.

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