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Mátame psicosis, de Dolors Miquel

Mátame psicosis, de Dolors Miquel

Dolors Miquel es una poeta nacida en Lleida en 1960. Es una de las voces poéticas más reconocidas de la literatura contemporánea en catalán y ha sido galardonada con diversos reconocimientos, como el Premio Ciutat de Barcelona de Poesia (2005) o el Premio Alfons el Magnànim de Poesia (2011 y 2012). Presentamos una muestra de Mátame psicosis, uno de los textos más aclamados de la autora, que gracias a Temporal Casa Editora, se traduce por primera vez al castellano de la mano de Corina Oproae y será publicado en marzo de 2026. Además, viene acompañado de un epílogo de Lucia Del Greco, quien dirigió su puesta en escena en Barcelona en 2025, cuando se estrenó en la Fundació Joan Brossa, con dramaturgia de Albert Roig y con Alba Pujol como protagonista. Es un texto híbrido en el que la autora hace de la transformación un ejercicio poético en el que reflexiona sobre qué espacio le quedan a la ternura y al amor en un mundo donde la catástrofe y el terror están a la orden del día. Mediante una voz que se va transformando según pasan las páginas, y cuyo discurso solo se interrumpe por el aluvión de noticias que van llegando desde el exterior, la autora reflexiona sobre cómo pensar nuestra identidad en un mundo marcado por la violencia.

***

Hotel en São Paulo

Veo el mundo desde unos cincuenta metros de altura. Y pienso obsesivamente. Giro sobre el eje central del tabú indisoluble.

Pienso en desflorar su virginidad mortuo­ria. La de mi hija.

Sacrificar en el altar de la nada mi semen hecho carne. Hecho Ella.

Ofrecerla al olvido, empujarla desde los pensamientos más remotos de los confines de la humanidad hacia un banco de medusas de la es­pecie Rhizostoma pulmo, también llamada aca­lefo azul, las algas más grandes del Mediterrá­neo. Viscosas como un sexo ardiente penetrado por un pene de lava y de inocencia.

Pienso en invadir la recámara pelágica de sus ojos de sueño azul. Idénticos a los míos. Ser en los ojos de mi hija, yo. Ser yo a través de los ojos de mi hija.

Y que ella esté en los míos, por el azul. Solo por el azul. Destruir la alteridad. Desde el piso catorce de un viejo hotel en São Paulo.

¿Qué hago en un hotel de São Paulo?

*

Padre, ¿qué haces en un hotel de São Paulo?

He atravesado la fosa atlántica de los sueños con mi hija abrazada al pecho, como si entre un pecho y otro hundiéramos ternura en la ternura del otro. Silenciosamente. En una muerte de la palabra ruidosa que sube y se detiene en las cuer­das vocales de labios cartilaginosos y en la sangre que nos riega la tráquea, áspera, rugosa tierra de nuestros antepasados, sílex y metáforas del cielo.

Cavo en sus recuerdos que aún no han aflo­rado, sin dejar de mirar de reojo el móvil, que está sobre la mesita de noche. La he vestido de domingo. Como si fuera a llevarla de la mano a pasear por la calle Mayor. Y luego, a casa de la familia. Vestida tan bonita, me sonríe coqueta antes de tiempo (lo habrá heredado de la madre, que lo era, y mucho) y luego se olvida y juega. Yo miro por la ventana el gran vacío, espero la señal de un pájaro, como un milagro alzándose por encima de la contaminación de esta desbordada ciudad extranjera.

Todas las ciudades son absurdas.

Pero su madre todavía no está muerta. Fal­tan treinta y seis años para que agonice, con esa cara azul de cuadro de Goya de la época negra. Con los ojos vueltos hacia dentro, como si ya no quisiera ver nunca más el mundo. ¿Por qué ha­bría de querer ver tanta maldad y tanta cruel­dad? No le bastaba con cerrar los ojos para mo­rir, tenía que girarlos hacia dentro, donde jamás cauterizarían sus heridas de eternidad.

*

Madre, llegas tarde. Y yo soy demasiado pequeña.

Y tú, padre, miras un móvil que aún no existe. Faltan unos treinta años para que esas maquinitas lleguen como una lacra a las manos de la masa social. Las cosas no pueden hacer ruido si no han sido creadas. ¿Me oyes? Ahora estoy en aquella plana abisal del libro de la me­tamorfosis, cuando K. se pregunta si realmente desea que su vida sea transformada en una gruta donde podrá pasear en todas las direcciones, pero a expensas de olvidar en un instante su pa­sado humano.

¿De verdad me ofrecerás a la muerte? ¿A la gruta? ¿De verdad olvidaré un pasado que toda­vía me ha de nacer?

Violento y oscuro es el desasosiego que me habita y me empuja, hija mía, incontrolable la salida del sol, inexorable la llegada de la noche. Persecución de lo irracional violento que desga­rra mi civilización y la tuya, pequeña, mi peque­ña amada.

¿Cómo quieres, cómo puedo dejarte vesti­da de domingo, con apenas seis añitos recién cumplidos, en medio de esta indignidad en que se ha convertido la raza humana? Mírame. Soy tu padre. Tengo que protegerte. No puedo aban­donarte al circo de la crueldad y de la miseria con tu pequeño corazón brillante que late solo, tu corazoncito de vidrio transparente y musical. No puedo irme sin ti. Y saber que serás devora­da. Aplastada antes que devorada. Violada antes de ser aplastada. Violentada antes que violada. Te quiero demasiado. Cuando las algas azules hayan invadido por completo la recámara pelá­gica. Abrázate fuerte a mí.

Padre, todo esto lo estás soñando. En reali­dad, no hemos muerto. Solo hemos cambiado li­geramente de forma, de manera imperceptible mientras me abrazabas.

Ni siquiera el amor puede detener el cam­bio.

***

Un hombre de cuarenta años se ha lanzado al vacío con su hija de seis, y ambos han muerto en el acto. El hombre llevaba días esperando una llamada por una oferta de trabajo que nunca llegó y por la cual había abandonado su país y se había trasladado a São Paulo, donde vivía, de forma ilegal, en la planta catorce de un hotel. Por ahora se desconoce su nom­bre. El hombre ha dejado una carta en la que pedía disculpas por los perjuicios que su acción pudiera haber causado. Ha dejado escrito que no quería ver­se, con su hija tan pequeña, durmiendo en la calle, porque ya sabía que ni aquí ni allá nadie alzaba la voz ni hacía justicia para defender a los pobres y a los necesitados. Y quien tenía dos camisas no las compartía con quien las necesitaba, sino que robaba otras dos y se las quedaba, y así, una y otra vez, en todos los lugares del mundo.

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Autora: Dolors Miquel. Título: Mátame Psicosis. Editorial: Temporal Casa Editora.

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