El título del libro de Augusto Monterroso que vengo a comentar, Literatura y vida, no deja de representar para alguien como yo, declarado letraherido, un pleonasmo, por cuanto me resultan inseparables ambos conceptos: literatura y vida. Ante todo, quiero expresar la admiración que siento por este escritor hondureño / guatemalteco / mexicano, notoriamente cosmopolita, perteneciente al ámbito de las letras en castellano propias del siglo XX, lo que no es poca cosa. Permítaseme añadir el sorprendente hecho de que parte de su legado literario, compuesto por no pocos tesoros, haya recaído, tras su muerte, en Oviedo —en concreto en la Biblioteca de Humanidades del Campus de El Milán—, ciudad en la que el escritor recibió el Premio Príncipe de Asturias y a donde llegó, en diferente ocasión, para participar en los inolvidables Encuentros Literarios dirigidos con extraordinario éxito por mi querido amigo Miguel Munárriz.
En fin. Que se me va la mano entre la admiración y las nostalgias.
Pero he prometido hablar de Literatura y vida, conque a ello voy.
Literatura y vida configura una estimulante trilogía de ensayos literarios junto a La vaca y Pájaros de Hispanoamérica. Lo principal, en los tres títulos, no es tanto la erudición en torno al desarrollo de una o varias ideas sobre tal o cual asunto, como sin duda lo es la literatura misma. Me explico: en esos tres libros sucintos encontramos la señal más genuina del estilo Monterroso, que según el crítico mexicano Antonio Marimón representan el florecimiento de dos tonos de humor (de humor inteligente, añado yo): el epicúreo o sensual y el erudito o literario; unido (sigo añadiendo) a la irónica parquedad de los textos; concisión que según ha confesado el autor este tomó leyendo, en la adolescencia, a Baltasar Gracián (ya se sabe: lo bueno, si breve…) y los clásicos que el aragonés iba citando en sus escritos. A ello hay que sumar el buen gusto literario, el instinto y la vasta información libresca que nuestro escritor atesoraba.
A eso que hace Monterroso, y no solo en los tres libros citados —aparte quedan sus cuentos y su única novela, titulada Y lo demás es silencio, en la que los avatares del protagonista, doctor Eduardo Torres, no dejan de merodear la figura y vicisitudes del autor—, deberíamos llamarlo ensayo sin más, si nos atenemos a la detallada distinción que de este género literario —no inventado pero sí normalizado por Montaigne— nos ofrece el autor, siempre apoyado en eruditas y jugosas sorpresas, como hace en el capítulo donde nos descubre al Cervantes ensayista a partir de los prólogos que el creador del Quijote acostumbraba a escribir para sus propias obras.
La permanente presencia del fenómeno literario en la obra de Monterroso la hallamos en cada esquina de sus escritos, en cada frase, en cada guiño y hasta en todos sus silencios. Por ejemplo, hemos citado el título de su única novela, Y lo demás es silencio; pues bien, yo siempre he pensado que dicho rótulo —hermoso, por otra parte— fue elegido en tanto paráfrasis del famoso verso de Paul Verlaine «et tout le reste est littérature», hasta descubrir que la frase en cuestión la pone Shakespeare en boca de Hamlet cuando este cae herido por la espada de Laertes. Otro guiño, o broma literaria, lo veo en el título que Monterroso eligió para su primer libro publicado: Obras completas (y otros cuentos).
Por supuesto, la característica más vistosa de sus trabajos es la brevedad, con lo que inevitablemente nos invita a buscarle hueco, si bien paradójico, dentro de un género por lo general tendente a la extensión. Digamos el ensayo conciso. Conciso y aun así digresivo; oh, maravilla. De modo que, en su caso, podríamos hablar de pequeño ensayo, artículo, reseña, confesión, autobiografía paródica, fábula, epigrama, anecdotario o short story. Todo eso, o nada de eso, sirve para definir el peculiar estilo monterrosiano.
Brevedad, humor y también originalidad en cuanto a la anécdota elegida para elaborar sus disquisiciones, en las que disimula magistralmente su amplia cultura acudiendo a lo anecdótico, lo sorprendente y lo impactante. Como cuando da en el clavo al hablar de la extraña sensación que a todos nos embarga al escuchar nuestra voz grabada en una cinta, comentario traído a propósito de una casete que cierta amiga le trajo desde Italia y donde quedaban recogidas las voces de grandes autores como Tolstoi, Joyce, Huxley, Pound, Sartre, D’Annunzio, Mann. Calvino… Una joya.
Pues bien, sin más, del embauco causado por la voz de tales figuras, Monterroso pasa a contarnos la gratísima sorpresa que le produjo el ver por primera vez una versión cinematográfica del Quijote hecha en España; es decir, cuando tuvo la oportunidad de escuchar a Alonso de Quijano expresándose en su castellano natural.
Asimismo nos explica lo que entiende por literatura fantástica, y es que afronta el reto con tan sobrada solvencia, capacidad de síntesis y eficacia que valdría afirmar que lo que en el fondo nos está diciendo es, nada más y nada menos, de qué hablamos cuando hablamos de eso, de literatura fantástica. Parece mentira que en su breve exposición quepan incluso las opiniones autorizadas de otros, como cuando resume lo que Alfonso Reyes opinaba al respecto: «La literatura (novela) fantástica representa un esfuerzo de emancipación de lo histórico hacia lo puramente literario».
A continuación nos obsequia con una muy ingeniosa manera de reclamar los libros prestados y casi nunca recuperados.
Damos con otra característica monterrosiana que ampara su predilección por la parquedad cuando añade textos propios pertenecientes a libros suyos anteriores. Así, se cita a sí mismo en varias ocasiones intercalando párrafos enteros de La vaca. ¿Para qué repetirse? ¿Para qué más?
Su fiabilidad, adornada con un estilo directo y embaucador, queda demostrada línea a línea. Como cuando escribe: «La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. Es un movimiento perpetuo».
Lo cual nos demuestra que, al contrario de lo que él aconseja hacer con los textos de Onetti (agitarlos antes de usar), sus textos ya nos llegan agitados, listos para usar y guardar.
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Autor: Augusto Monterroso. Título: Literatura y vida. Editorial: Alianza. Venta: Todos tus libros.


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