Inicio > Blogs > Ruritania > Umberto Eco, la rosa, el péndulo y un videojuego

Umberto Eco, la rosa, el péndulo y un videojuego

Umberto Eco, la rosa, el péndulo y un videojuego

Creo que el primer recuerdo que tengo de El nombre de la rosa, la historia imaginada por Umberto Eco, es el de una comida en casa de unos amigos de mis padres. Una especie de fiesta. Es el recuerdo de una conversación sobre la película de Jean-Jacques Annaud, que debía de haberse estrenado recientemente. Estaríamos, pues, en 1986 o 1987. Yo era un niño de diez u once años. Recuerdo que a las personas que hablaban, gente joven, les había llamado mucho la atención la escena en que matan a un cerdo, escena que yo luego he visto muchas veces, así como el resto de la película, una de mis películas favoritas. Yo diría que la novela también es uno de mis libros favoritos, y que Umberto Eco como escritor también lo es.

Desde el momento en que Eco llegó a mi vida, por entonces, ya se quedó, y he podido leer muchos de sus libros, novelas y ensayos, aunque todavía me faltan bastantes. El nombre de la rosa lo he leído por lo menos dos veces completas, y por partes me he sumergido muchas veces en ella. Es una novela que me gusta e interesa tanto que ya la estudio, algo que por supuesto no excluye el juego y la diversión. La leo y la releo. La subrayo. La paladeo; es una buena forma de expresarlo.

Al igual que disfruté mucho de un videojuego que hicieron basándose en el libro, La abadía del crimen, de 1987, de la compañía Opera Soft, que ya es un clásico de los videojuegos y que recuerdo que era una maravilla. Uno de los mejores juegos que disfruté. Siempre recuerdo que este juego lo compré sólo para jugarlo en casa de un amigo, porque mi ordenador no tenía la potencia, o la capacidad, necesaria para poder cargarlo. Pero merecía la pena. Sólo hice eso con este juego.

"Otro recuerdo que me une con Umberto Eco es el de El péndulo de Foucault, su segunda novela"

Otro recuerdo que me une con Umberto Eco es el de El péndulo de Foucault, su segunda novela. Este libro lo acabé leyendo en un viaje que hice con unos compañeros de colegio, me parece que en tercero de BUP, quizá en COU, en verano, a Benalmádena. Lo pasamos muy bien y Eco me acompañó en la mochila. Y en la cabeza, por supuesto, porque es un libro para pensar mucho.

Recientemente mi amiga María del Pilar Couceiro, a la que le acabo de presentar su novela Una trobairitz del siglo XXI, me ha dicho que le encanta El péndulo de Foucault, más todavía que El nombre de la rosa, y que la ha leído seis veces hasta la fecha.

Pero yo había oído hablar de El péndulo de Foucault mucho antes, cuando lo estaba leyendo una profesora de francés magnífica que tenía aproximadamente cuando salió el libro. Recuerdo que mi profesora, que era cultísima, me hablaba maravillas de la novela de Eco, me contaba su historia de tal manera que me intrigó profundamente.

Yo no era consciente de que era la novela de Eco, que ya era muy famoso por El nombre de la rosa. De hecho El péndulo de Foucault fue un gran lanzamiento porque se trataba de su esperada segunda novela, aunque ya era muy prestigioso por sus ensayos. Pero yo pensaba que mi profesora me hablaba de otro libro, y yo tardaría en comprar El péndulo de Foucault, cuando salió la edición de bolsillo. La primera salió en 1989, en español (1988 en italiano), y yo compré mi edición, ya la de bolsillo, colección “Palabra Menor”, en 1993, en enero. Hasta lo escribí en una de las primeras páginas.

"Sinceramente, tengo la sensación de que cuando leí El nombre de la rosa por primera vez, allá por 1990, no me enteré de mucho"

Sinceramente, tengo la sensación de que cuando leí El nombre de la rosa por primera vez, allá por 1990, no me enteré de mucho. Aunque disfruté de muchas cosas, todo hay que decirlo. Por supuesto, me encantó la película, que es excelente (las dos obras son excelentes, incluso el videojuego, como he dicho). Tampoco creo que me enterara de mucho de El péndulo de Foucault, aunque lo leí con mucho interés, y casi se podría decir que religiosamente (hay libros que si no se leen con una fe especial no se leen). Pero ahora tengo la satisfacción, tantos años después, y tras una formación, toda una vida, tantas lecturas y escrituras, de que ahora sí que entiendo bien estos libros, de que los entiendo plenamente, si esto se puede decir de algún libro, o por lo menos de una obra de cierta complejidad. Es posible que haya fragmentos que se me pueden escapar, pero el conjunto de estos libros de Umberto Eco sí que lo “aprehendo”, como diría el pódcast de mi amigo César López, El aprehendedor, donde el “aprehendedor” es el que ve y escucha el pódcast, mucho más que el que lo hace, como una vez me explicó el propio César.

En fin, leyendo a Eco, y no sólo estos dos libros, se aprehende y se aprende mucho.

Además, hoy pienso lo que en el fondo siempre he pensado, que en la lectura hay que coger lo que se pueda, gozando lo más posible, y que naturalmente no hay por qué entenderlo todo para divertirnos, incluso para divertirnos mucho.

Ya digo que Umberto Eco se quedó en mi vida ya para siempre, y que leí algunos ensayos suyos, como Obra abierta, mientras hacía la tesis, porque lo citaba mucho en sus artículos Francisco Umbral, que era mi tema de tesis doctoral, o Apocalípticos e integrados, que era un ensayo famoso del semiólogo italiano. Y para la propia realización de mi tesis fue una guía estupenda su Cómo se hace una tesis, que leí y disfruté varias veces en aquellos años.

"La Facultad era el ambiente para leer a Eco, sus ensayos y sus novelas, y el mejor complemento para estudiar la carrera y el doctorado"

Ahora pienso todo lo que escribió este hombre, y de qué calidad, todo lo que trabajó, lo que le dio tiempo a hacer. Me parece increíble. Le debemos gratitud, aunque sin duda él se divirtió mucho haciéndolo, pero eso no debe hacer menor esa gratitud nuestra de lectores, y el lector es una forma de amigo del escritor, como el tiempo me ha enseñado a comprender.

También leí Baudolino, comprado en mi Facultad de Filología, en la Complutense de Madrid (recuerdo), que me gustó, y alguna obra más, aunque ya digo que tengo otras pendientes, incluso leer otra vez El péndulo de Foucault, que me atrae mucho, o de nuevas La isla del día de antes, que salió más o menos cuando empecé la carrera, y que yo se la veía leer a alguno de mis preparados compañeros.

Porque mis compañeros vocacionales solían leer grandes libros, como La muerte de Virgilio, de Hermann Broch, que fue la novela que Antonio Prieto me recomendó cuando cierto día le pedí en su despacho que me recomendara un libro. Luego le dije que me recomendara uno suyo y me dijo: La enfermedad del amor. “Porque aquí no la han entendido”. Me parece que “allí”, en sus palabras, o en su mente, era Italia y “aquí” España.

La Facultad era el ambiente para leer a Eco, sus ensayos y sus novelas, y el mejor complemento para estudiar la carrera y el doctorado. De hecho, su libro Cómo se hace una tesis lo tenía la biblioteca en varios ejemplares muy usados, muy prestados. Yo lo cogí varias veces y luego, cuando ya era doctor, lo compré por el mero placer de tenerlo.

Eco es un escritor que pide varias lecturas, y en cada nueva se disfruta más, entre otras cosas porque uno tiene la sensación de que la vida, en todas sus dimensiones, enseña, y todo lo aprendido es clave para disfrutar las páginas de este autor.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios