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1 poema de Aníbal Cristobo

1 poema de Aníbal Cristobo

Aníbal Cristobo fue un poeta, traductor y editor nacido en Lanús, Buenos Aires, en septiembre​ de 1971. Entre 1996 y 2001 vivió en Río de Janeiro, Brasil, donde publicó Teste da Iguana (1997), jet-lag (2002), Minaturas kinéticas (2005) y Minha vida como bactéria (2014). En Argentina publicó Krill (2002), Krakatoa (2012) y Una premonición queer (2016), y en España, La ruta de la tos (2018) y El descampado de las urracas (RIL Editores, 2024). Tradujo a diversos autores del inglés y portugués, entre ellos a Gonçalo M. Tavares, Fernando Pessoa, Rae Armantrout, Mary Jo Bang y Edward Hirsch. Pero si Aníbal era conocido por algo era por dirigir desde 2012 la editorial Kriller71, un proyecto fundamental en el ámbito de la poesía publicada en nuestro país durante los últimos años y también en el de la narrativa independiente con la colección Mula Plateada. Gracias a su trabajo, muchos lectores pudimos disfrutar de autores de múltiples nacionalidades traducidos e insertados por primera vez en España. Hablo de nombres estadounidenses como Matthew Dickman, Ron Padgett, Richard Brautigan, Heather Christle, Ted Berrigan, Gary Snyder, Frank O’Hara (del que solo había circulado hasta ese momento por las librerías españolas la mítica edición de Poemas a la hora de comer de DVD), Mary Jo Bang, Ben Lerner, Mary Ruefle o Robin Myers. Hablo también de brasileñas como Ana Martins Marques o Angélica Freitas o de portuguesas como Matilde Campliho por citar unos cuantos de forma rápida. Sigo: hablo del trabajo que hizo con libros de autores latinoamericanos imprescindibles, actuales, como Maricela Guerrero, y ya desaparecidos, como el de Antonio Cisneros. Por llevar a nuestras manos joyas literarias como Se vive y se traduce, ese hermoso diario sobre traducción, escritura y vida de Laura Wittner o ensayos en los que Mario Montalbetti apuntalaba algunas de las ideas más interesantes y destacadas del pensamiento literario, del lenguaje y su función en la propia concepción de “lo poético” en la actualidad. Hablo, en definitiva, de esa galaxia rica y particular que generó y que tanta falta hacía a este lado del océano, en la que la calidad de las traducciones brillaba, a menudo, por encima de las publicadas por el resto. Presentamos, a modo de pequeño homenaje, un poema del autor cuya muerte se confirmó en Barcelona el pasado martes 19 de marzo.

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Los animales viejos


Inmóviles, como ramas secas
al sol, los animales viejos.

Los veo caer, iluminarse
con un rayo antes de la tormenta. Caer
vaciando sus pulmones con
un soplo: lanzan
un aire negro que los quema por dentro.

Cuero mal preparado, ese cuerpo
no ha de llevarlos más: al
arroyo. A las estaciones
buenas.

No quieren, ni
saben pensar en redención. La muerte
no los hace diferentes, apenas
indefensos frente a las moscas y el
polvo. Miran

sin pestañear, pero nadie
los llama, ni elogia sus virtudes. Pasan
los días: por qué
la tierra habría de curarlos? Sería mejor
así? Si en el fuego
las patas se retuercen y

quiebran; cómo saber
que se encuentran a salvo?.-

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