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15 aforismos de José Bergamín

José Bergamín fue un aforista, ensayista, dramaturgo y poeta español, nacido en Madrid en 1895. Su obra se encuadra dentro de las propuestas estéticas de la generación del 27. Fue contertulio del Café Pombo, colaborador de La Gaceta Literaria y Revista de Occidente, fundó y dirigió la revista Cruz y Raya (1934-1936). Se dio a conocer con el libro de aforismos El cohete y la estrella (1923), género que trabajó y dominó durante toda su vida. Cabe ver en ellos resonancias barrocas de Baltasar Gracián o de prosistas afines como Ramón Gómez de la Serna. En el transcurso de la Guerra Civil española apoyó a la República. Partió como exiliado durante el régimen de Franco y residió en diversos países de Latinoamérica, especialmente en México —donde publicó y colaboró en revistas culturales y políticas del exilio republicano— y en París. En esta etapa produjo numerosos ensayos como Detrás de la cruz (1941) o Fronteras infernales de la poesía (1959). Su faceta teatral era casi desconocida, pero escribió obras como La hija de Dios (1938), La niña guerrillera (estrenada en Montevideo en 1953), Medea la encantadora (estrenada en Barcelona en 1962) y Melusina y el espejo (representada por la televisión francesa en 1969). A su vuelta a España, se convirtió en uno de los primeros intelectuales disidentes de la «Transición», lo que fue radicalizando su postura, marchándose al final de su vida a morir al País Vasco, situándose políticamente en la izquierda abertzale.

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En la oscura noche de agosto el lucero tiene taquicardia.

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El aburrimiento de la ostra produce perlas.

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Detrás de un patriota hay siempre un comerciante.

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Mira que rara verdad:
el que da lo que no tiene
se queda con la mitad.

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Copla andaluza:

De noche, en tu alcoba,
¡quién fuera la luz,
que se apaga y se queda
donde duermes tú!

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El arte verdadero procura no llamar la atención, para que se fijen en él.

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El escepticismo es provisional aunque dure toda la vida.

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Se pueden medir las palabras, pero no se pueden medir los pensamientos.

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El aforismo no es breve: es inconmensurable.

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El perdón es una ratificación moral del olvido.

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La poesía es siempre pensamiento porque no puede ser nunca extensión.

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El manantial piensa, el arroyo discurre.
Pensar no es discurrir: discurrir es huir del pensamiento.

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La mano del poeta no tiembla: tiembla su corazón.

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Las cosas como son. ¿Cómo son las cosas?

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La primera obligación es la devoción.

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