Inicio > Historia > 1936 día a día > 23 de enero de 1936: En el palacio de Cañete

23 de enero de 1936: En el palacio de Cañete

23 de enero de 1936: En el palacio de Cañete

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Jueves, 23 de enero de 1936: En el palacio de Cañete

¡Es un atropello, una afrenta a los derechos de los españoles!

El vociferante funcionario se encontró al punto rodeado por cuatro periodistas que andaban siempre apostados a aquella altura de la calle Mayor. La escena no habría despertado interés en otro lugar. Era muy normal en esos días escuchar declaraciones de indignación de las derechas y las izquierdas. Obreros y señoritos, industriales y funcionarios, monárquicos y sindicalistas, todos entendían que sus derechos eran pisoteados por alguien. Pero el hecho de realizarlas a la sombra de las sobrias torres del palacio de Cañete, sede del Gobierno Civil, despertaba el interés de los reporteros.

—¿Se ha reunido con el gobernador? ¿Ha recibido alguna consigna para las elecciones?

Las preguntas se atropellaban tras el revuelo causado por aquella salida a la puerta del Gobierno Civil y el interpelado se tomó un momento para asegurarse la atención del auditorio. Los periodistas en la calle Mayor seguían sobre ascuas, lápiz en mano.

—Mi nombre poco importa. Importa que estoy al servicio de una institución elegida gracias al sagrado derecho de sufragio universal que nuestra Constitución garantiza a los españoles. Y si hablo ahora aquí con los distinguidos miembros de la prensa, es porque hay nubes borrascosas amenazando ese derecho a elegir a nuestros representantes. Como secretario de un ayuntamiento cercano a esta capital de España, en mí descansa la responsabilidad de hacer que todos mis convecinos puedan ejercer en unas condiciones dignas su derecho al voto. Y por eso quiero denunciar las maniobras de este Gobierno Civil, bajo las órdenes del señor Portela, para falsear las próximas elecciones…

El miedo al pucherazo era tan antiguo como real. Desde los tejemanejes de Sagasta como ministro de la Gobernación durante el sexenio revolucionario, la sombra del amaño se cernía sobre las urnas cada vez que se acercaba una consulta. El procedimiento era siempre piramidal. Todo comenzaba con una llamada del Ministerio de la Gobernación a los gobernadores civiles indicándoles quién debía ganar. Después, los gobernadores se ponían en contacto con los ayuntamientos de la provincia y transmitían las órdenes ministeriales. Por último, en los ayuntamientos se hablaba con los caciques de cada localidad, para que ellos entregaran a sus asalariados las papeletas que debían introducir en las urnas. El sistema se cimentaba en el miedo a los señoritos y en el analfabetismo de los campesinos. Ni que decir tiene que era terriblemente efectivo.

—Yo también soy secretario de ayuntamiento —intervino otro hombre, que también salía del Gobierno Civil, con una sonrisa tranquilizadora—, y puedo asegurarles que todo eso es una falsedad. Salgo de la misma reunión en la que ha estado este señor con el gobernador civil de Madrid, y en ningún momento se nos ha sugerido que preparemos ningún pucherazo para las próximas elecciones…

—¡Eso es mentira! —bramó el primer secretario. Pero ya había perdido la atención de los periodistas.

—Si no se les ha sugerido ningún partido para darlo por ganador en las elecciones, ¿cómo se explica entonces esta reunión con el gobernador civil?

—Es muy sencillo. El gobernador solo se ha preocupado de la organización de la cita electoral —indicó el hombre, con total tranquilidad—. Ha recabado datos de varios secretarios de ayuntamiento para el correcto desarrollo de la consulta. Es absolutamente falso que el señor Portela, ni nadie, pretenda influir en el resultado de los próximos comicios. Este tipo de declaraciones interesadas y falaces, hechas a la ligera, solo quieren empañar la honradez de nuestro Gobierno y, por ende, de nuestra República. ¡Viva la República, señores!

Todas las entradas de 1936 día a día

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios