Llegando casi al final de esta historia de lo que los europeos fuimos y somos, no puedo despacharla sin hablar de cultura: de una segunda mitad del siglo XX en la que Europa siguió siendo referencia del mundo. Fue un canto del cisne, pero sonoro y bellísimo. También aquellas décadas tuvieron un lado oscuro para sus principales protagonistas, los jóvenes. El consumo de drogas (la heroína segó como una guadaña) dio lugar a serios problemas sanitarios y sociales, y la aparición del Sida en los años 80 produjo miedo, estigmatización e introdujo en la forma de entender el sexo palabras como prevención, educación sexual y responsabilidad colectiva. Pero de lo que hoy quiero hablar es de cultura, porque se acaba la serie y ése es un aspecto muy interesante en aquella Europa que se dedicó con empeño a hacer dos cosas a la vez: rehacerse de la Segunda Guerra Mundial y fingir que había aprendido algo de la catástrofe que ella misma había provocado. En ese contexto, la cultura fue desde el primer momento una interesante combinación de confesonario, tribunal, cuarto de los niños y diván de psicoanalista. Tras la segunda gran matanza del siglo, atormentada por sus guerras coloniales (conflictos de baja intensidad, los llamaban los técnicos del asunto) y con una resaca moral de proporciones bíblicas, el viejo continente se miró en el espejo y no le gustó lo que vio. Así que puso manos a la obra para explicar lo que al mismo tiempo era obvio e inexplicable (Primo Levi, Günter Grass). Escritores, filósofos, cineastas, músicos, artistas, lo tomaron en serio, y Europa se convirtió en fascinante laboratorio cultural donde el talento y el cuento chino se alternaron de manera asombrosa. Los existencialistas (Camus, Sartre, Simone de Beauvoir), con aire grave, pitillo en la boca y una mano en la rodilla de las alumnas jovencitas, afirmaron que la vida no tenía sentido y que el mundo era una puñetera mierda (lo que, por otra parte, cualquier europeo superviviente a Hitler, Mussolini y Stalin sabía de sobra). En las artes plásticas ocurrió lo mismo: después de tanta bandera, tanto uniforme y tanto hijo de puta, pintores y escultores decidieron romper formas, manchar lienzos y reciclar materiales de vertedero (Dubuffet, Tàpies) con el claro mensaje de que si todo era un desastre, o se caminaba siempre junto al abismo, el arte no tenía por qué fingir lo contrario. Pero también en eso la división de Europa en dos bloques marcó mucho. Más allá del Telón de Acero se planteó como cuento de hadas socialista: héroes del pueblo, obreros felices, campesinos guapos y tal. Pero fuera de los cauces oficiales, el talento de escritores (Milan Kundera, Václav Havel), músicos, dramaturgos y artistas plásticos se las ingenió para colar críticas disfrazadas, silencios elocuentes o humor negro para ir tirando. A este otro lado de Europa, con más pasta y menos censura, prosperaron el cine de autor, la literatura y una industria cultural impresionante. El neorrealismo italiano, combinando como sólo son capaces de hacer allí la miseria, el humor y la tragedia, alumbró obras maestras (Ladrón de bicicletas, Roma ciudad abierta, La dolce vita, Rufufú), la Nouvelle Vague francesa decidió que las reglas cinematográficas estaban para reventarlas, y directores como Bergman, Visconti, Fellini o Truffaut pusieron el cine patas arriba. Sin embargo, los verdaderos protagonistas fueron los jóvenes, y no dejarían de serlo hasta hoy. A partir de 1968 lo cuestionaron todo: la autoridad, la moral sexual y cuanto olía a naftalina. Unas cosas cambiaron y otras se recuperaron con nombres nuevos, pero el estrépito fue formidable: supuso un punto de inflexión, una mirada nueva que marcó, de rebote, la concepción de la cultura en todo el mundo. El último gran estallido de fulgor europeo antes de la decadencia final. Treinta siglos cuajaron en aquel espectáculo soberbio, y pese a la cada vez mayor influencia norteamericana, Europa aún siguió siendo ella misma. Su cultura sobre todo juvenil, demográficamente poderosa, impulsada por los medios de comunicación, lo impregnó y transformó todo. El rock, el pop y otros géneros musicales (la Inglaterra de los Beatles y los Rolling Stones lideró mucho tiempo ese aspecto) se convirtieron en signos de identidad para varias generaciones; la televisión y los primeros medios digitales difundieron otras formas de vida. Venía un mundo nuevo y otra manera de entenderlo. El continente iba a aturdirse en la globalización, en sus propios fallos y contradicciones, en las tragedias que aún le quedaban por vivir repitiendo errores, miserias y rencores del pasado. A dejar de ser lo que había sido, para ser otra cosa. Pero aquellas décadas prodigiosas de finales de siglo, cuando una Europa todavía digna de su reputación asombró por última vez al mundo, fueron extraordinarias.
[Continuará].
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Publicado el 13 de febrero de 2026 en XL Semanal.
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Se está superando a sí mismo don Arturo. Es una pena que termine esta serie de historia. Realmente, espectacular hoy.
Y no dejo de estar de acuerdo aunque, puntualmente, con algunas cosas concretas, no lo haya estado.
Porque, por ejemplo, su juicio sobre los existencialistas es muy certero. El vomitivo Sartre con su náusea nauseabunda, se hizo famoso con sus gilipolleces incomprensibles. Y no olvidemos su respaldo al régimen cubano. Pertenecía al establishment marxista e intelectualoide de la posguerra, los que jaleaban a Stalin y a su mundo de utopía comunista.
Y del arte, su juicio sobre lo de manchar cuadros es impecable. Como ejemplo, el pollo Pollock se dedicó a embarruznar lienzos tal que si Velázquez resucitara y viera sus cuadros se volvería rápidamente a la tumba desesperado. No, sí, si hasta miras uno de esos lienzos y tiene una cierta armonía de colores obtenida de forma caótica y arbitratia. Pero en el buen pensar progre de los 60 y 70, había que decir que eso era arte. Sobre todo si habías pagado una millonada por unas manchas de color. Porque para manchas, como siempre la naturaleza nos supera: imprimir el conjunto de Mandelbrot y admirarlo, generado por una fórmula matemática, tiene mucha más estética.
Y sí, hay arte en esos años y buenos escritores. Algunos como Primo Leví que usted menciona, que removieron conciencias y las siguen removiendo al que lee sus letras. No voy a transcribir aquí la poesía entera que figura en su “Si esto es un hombre”, sólo unas pocas palabras que podrían aplicarse hoy perfectamente:
“Meditad si esto es un hombre / que trabaja en el fango / que no conoce la paz / que lucha por la mitad de un pan / que muere por un sí o por un no”.
Y algunas otras palabras que nos definen como humanos cuando nos dedicamos a autoanalizarnos con valentía:
“Todo el mundo descubre, tarde o temprano, que la felicidad perfecta no es posible, pero pocos hay que se detengan en la consideración opuesta de que lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno y otro estado limite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana, que es enemiga de cualquier infinitud”.
Si. Los 60 y 70 fueron soberbios. La ruptura generacional quizás fue la mayor de la historia. Aquellos jóvenes no querían saber nada de las guerras mundiales, ni de ninguna guerra. Tampoco aquí, queríamos saber nada de las guerras de nuestro padres y abuelos. La juventud miraba hacia el futuro esperanzador no hacia el pasado como la de ahora.
La no violencia era el dogma y se resumía en dos palabras que hoy están denostadas y que incitan a la risa por los que desprecian todo aquello:
El “flower power”.
Mucho se puede hablar de aquellos años, también del nacimiento de aquellas ideologías que hoy inundan nuestra sociedad impregnándolas de decadencia y de desintegración: las filosofías deconstructoras y las postmodernistas. Así, el relativismo se ha adueñado de todo. No creer en nada y pensar que todo es falso, que es un constructo de las gentes del pasado. La filosofía anterior, la ciencia, la historia, todo es falso y hay que deconstruirlo. Y, como hija de todo este despelote mental (este sí es vomitivo de verdad) llega la postverdad. A esto último es a lo que la nueva política imperante hoy se ha agarrado para confeccionar los “relatos”.
Saludos a todos.
El malogrado Jorge Martínez dijo en una entrevista, hace décadas, que Europa perdió la II Guerra Mundial y entonces empezó ¡Coca-Cola!, la era Coca-Cola. Algunos se escandalizaron al creer que había identificado Europa con el Eje. No merece la pena explicarlo, porque la idiotez es incurable. A mí me sigue pareciendo uno de los nombres más acertados del periodo que va desde 1945 hasta la fecha.
Efectivamente Europa perdió la guerra aunque jocosamente celebren el día de la victoria el chauvinismo francés y la flema británica…
Unos perdieron Argelia y los otros la India, la joya de la corona, pero lo peor es que ambos perdieron la dignidad reculando en el 56 en Suez.
Pese a De Gaulle la “grandeur” era una farsa como la “comanguel de los guiris”
Saludos
Sí, Suez 1956 fue el último acto. Los dos nuevos amos del mundo les pararon en seco, aunque pronto se darían el trastazo en Vietnam y Afganistán.
Ciertamente, el karma existe…
Claro, es que es muy difícil ser un imperio. Debe haber unos beneficios, llamémosle fines superiores, que justifiquen la sangre, el gasto y las inevitables derrotas. En el caso de los imperios clásicos había una mentalidad antigua, aristocrática, de mirar más allá; la fama, el honor, la eternudad o simplemente, el afán de aventuras de los temperamento heroicos, cotizaban alto. En el imperio soviético y yanqui, esos valores están a la baja, y el bienestar, la libertad abstracta y la revolución han demostrado ser mitos muy débiles, incapaces de competir. USA y URSS tenían tecnología, dinero y poder, pero carecen de lo demás. Sabemos lo que pensaban los soviéticos de la Europa libre (decadencia, corrupción, explotación, debilidad), y cuando cayó el telón (el de acero y el de la función) quedó claro que había mucha más decadencia, corrupción, explotación y debilidad (social, moral y económica) en la patria del proletariado que en nuestras oprimidas y reprimidas democracias.
Los yanquis han construido su visión de sí mismos oponiéndola a una visión estereotipada de Europa que compraron a la Revolución francesa, lo cual es muy curioso, porque USA siempre ha recibido lo europeo por el filtro británico, que es mucho más equilibrado y realista. USA se percibe como el país de las oportunidades, la paz y la igualdad frente a una Europa feudal, dividida y oprimida, en la que los reyes se hacían la guerra por un pedazo de tierra y el pueblo miserable pagaba con su sangre. Está bien la introspección de la cultura europea, el fijar la mirada en el detalle y en nosotros mismos. Ahora bien, cuando miremos con ojos de científico nuestro pasado, algún día nos daremos cuenta de que no somos tan malos ni los demás tan buenos. Y que en todo caso, lo enriquecedor, lo que producirá una síntesis, es que las generaciones jóvenes perciban olor a naftalina en el desarreglo mental de oponerse por sistema a valores e instituciones tradicionales que funcionaban, arraigaban y transmitían ordenadamente un conocimiento, un anclaje y una personalidad moral paciente y laboriosamebte adquiridos durante milenios. En Europa, donde aún nos reunimos para comer y conversar, donde aún creemos en el amor eterno, donde aún rigen las leyes de la amistad y la hospitalidad, donde aún no hemos dejado al Poder decidirlo todo por nosotros, hay esperanza.
Magnífico análisis.
Me uno al sr. A. En calificar de excelente su análisis. Remarcar, lo único, con que la visión anglicana de Europa quizàs tiene que ver con que las élites y la alta burguesìa, o sea el capital, que componían el origen de los Usa, era el puritanismo calvinista inglés. O sea, una clase social dirigente de meapilas.
Por supuesto que no somos tan malos y los demás tan buenos. El eurocentrismo es un invento de escritores pseudointelectuales como Edward Said, educado en Occidente y mamandurriando de Occidente.
Es cierto que los calvinistas, llamados presbiterianos en USA y puritanos en UK, son quienes modelaron la visión de sí mismos que tienen los dos pueblos. Lo que pasa es que en UK siempre ha quedado un poso antiguo, de empirismo y sentido común, tal vez porque muchos anglicanos siempre han tenido la morriña de volver a Roma y a la Cristiandad latina: Newman, Belloc, Chesterton, etc. Y luego, los ingleses no mitificaron su revolución como los franceses; de hecho, el regicidio y la dictadura sanguinaria de Cromwell son consideradas un error y una anormalidad. En cambio, para los franceses, el tarado de Robespierre, la guillotina y el Hitler decimonónico que fue Napoleón son glorias nacionales. Eso dice mucho de la impostura de la ideología nacional francesa.
Para obtener una visión de uno mismo lo más objetiva posible, no hay que hacerlo de una forma aislada. También hay que tirar de un ejercicio de comparación con otros, o nos la volarán los oportunistas de turno. Es una asignatura pendiente. Por ejemplo, comparar el estatus social de la mujer en el mundo cristiano occidental con el de las culturas africanas, con el mundo musulmán o el japonés. O el valor de la filosofía. O la esclavitud. O la dominación política de otros territorios. Por poner algunos ejemplos. Si se hiciera esto por profesionales solventes e independientes, habría muchas sorpresas, un buen debate y una mejor comprensión de nosotros mismos. Y menos complejos.
Originales sus puntos de vista y certeros.
Cuando hablamos de la situación de los enfermos mentales, por poner un ejemplo, en la Europa cristiana medieval, habrá que compararla con la India o el Egipto de su tiempo, o con la Europa de la Antigüedad, para ver la evolución, pero no con la Europa actual.
Saludos.
Quizás la única excepción fuera la carrera espacial, respecto al afán de superación, eternidad y heroicidad. Un saludo.
Hara un libro como el de una historia de Europa …
Don Arturo, sigo con genuino interés esta serie, y este capítulo me ha parecido sugerente. No solo por lo que cuenta, la Europa de posguerra que se mira al espejo y no le gusta lo que ve, sino por la manera en que lo cuenta. Su tono, entre la erudición sin aspavientos y la ironía justa, consigue que décadas lejanas resulten tangibles.
Me quedo, sobre todo, con la idea de la cultura como «confesonario, tribunal, cuarto de los niños y diván de psicoanalista». Definición redonda, que explica no solo aquel tiempo, sino también algo de lo que hoy nos pasa. Porque, a mi entender, el problema actual no es que la cultura haya dejado de hacer esas funciones, sino que las hace mal, o las hace en bucle, sin llegar a ninguna parte.
Desde mi perspectiva (soy de una generación muy posterior, que no vivió aquellos años pero los ha leído, visto en cine y escuchado por transmisión oral de quien sí los vivió, como mi padre), echo de menos en el relato un apunte sobre lo que vino después. Usted lo anuncia con «venía un mundo nuevo», y promete continuar. Pero me pregunto, ¿aquella energía creativa, aquella capacidad de asombro y de ruptura, tenía ya entonces la semilla de su propia disolución? ¿O fue, como tantas cosas, engullida por el mismo sistema que criticaba?
Dicho esto, confesaré que estas entregas dejarán un vacío cuando decida ponerles fin. Pero también comprendo que, como ha navegado tanto, necesite, llegado a puerto, mirar a otros horizontes. Me queda al menos el consuelo de saber que, cuando se escribe como usted lo hace, lo que termina no es la historia, sino solo una forma de contarla.
Gracias por esta mirada tan lúcida a unas décadas que, para quienes llegamos después, siguen siendo un enigma fascinante y que pocos enseñan. Quedo a la espera del próximo capítulo.
Un saludo pensante.
Y sin embargo podríamos decir que la cultura que nos viene a partir de los sesenta, tenía el sello indiscutible del imperio norteamericano. El mayo francés del 68, tuvo toda la pinta de ser una operación política dirigida desde Washington, contra un general díscolo con la política americana en Europa. La cultura woke, que algunos creen erróneamente que es novedosa y propio del siglo XXI, en realidad vio la luz en los años setenta, en los Estados Unidos.
En general, hasta finales de la década de los ochenta, vivimos una irrealidad: El capitalismo se dedicó a portarse bien con los trabajadores de Europa Occidental, a cambio de que estos no cayeran en manos del ogro soviético. Una vez caído este imperio soviet, ya no hizo falta performance alguna, y se reculó hacia atrás, como los cangrejos, hasta justo antes de la Segunda Guerra Mundial, con Alemania cautiva y desarmada, Rusia desorientada, y Europa Occidental drogada.
En los noventa nos empezamos a dar cuenta de que los Reyes Magos eran los padres, de que la social democracia era mentira, de que el capitalismo no estaba dispuesto a dejar escapar un solo derecho social sin lucha. Sin saberlo, los liberales en economía que empezaron a salir como babosas tras una tarde de lluvia, le daban la razón a don Carlos Marx. “Tu trabajo tiene un valor, y ese valor me lo voy a quedar yo”, decían sin cortarse un pelo. Atrás quedó el estado de bienestar, atrás quedó el crecimiento limitado, atrás quedó el estado nación. “¡Viva el mal! ¡Viva el capital!”, que diría la Bruja Avería.
Ahora, los estados nación tratan de sobrevivir, tratan de mantener sus estados de bienestar a base de endeudarse. Los prestatarios: los mismos que decretaron la vuelta al periodo de entreguerras, con una nueva generación Swing indolente y agilipollada que despertará, si o sí, en el peor de los mundos posibles, comandados por una élite criminal y sin escrúpulos, que controla a tipos que ya no se esconden, ni falta que les hace, que llaman al pan, pan, y al vino, vino. Y no solo me refiero a Trump.
Pero alegraos, mis queridos sufrientes de la clase media consumista que habíaisesta jaula dorada. El fin de esta historia está cerca. Ya está aquí el falso profeta, el elefante en la cacharrería que con su ceguera y su avaricia, que con su maldad y ignominia, se cargará el sistema que dice defender. No sabe que en este mundo, solo la paciencia de Dios, es infinita.
Alea jacta est.
Saludos.
Eso de que los Reyes Magos son los padres no es cierto. Mitos absurdos. Son los departamentos de juguetes de empresas jugueteras y grandes almacenes que, en esa primera semana de enero de cada año, se vuelven buenos y no cobran a los Magos de oriente los juguetes que dejan en sus casas a los niños. Sí, esos Magos de oriente que durante el resto del año compran montones y montones de acciones de esas mismas empresas para que sigan siendo generosas en las donaciones de juguetes y los pongan a su disposición para regalarlos a las niñas y niños; ayudados en esa noche por todos los repartidores de empresas de mensajería y venta electrónica de cada país por el mismo motivo.
Y he de confesar que, cuando vi por televisión que los alemanes estaban destrozando el muro de Berlín a mazazos, ciertamente pensé: ya no hay contrapesos, ya nada parará a la avaricia y al dinero; se acabó el estado del bienestar y la clase media en Europa. Fue entonces cuando mis queridos Reyes magos de oriente empezaron a comprar acciones de empresas jugueteras a través de fondos buitre. Pero ¡Chissst! No lo divulguéis, la bolsa colapsaría…
Los Reyes Magos, Papá Noel, el nacionalista periférico Olentzero, Santa Claus, Don Carnal, Doña Cuaresma, San Valentín, San Black Friday, Santa Rebaja de Enero, Santa Ídem de Agosto, Semana Santa, son, no digo ya los padres, son el capitalismo, explotador, consumista, estúpido, absurdo, detractor.
“Mi casa es casa de oración y la habéis convertido en cueva de ladrones”, dijo Nuestro Señor Jesucristo cuando estuvo entre nosotros, minutos antes de liarse a golpes con los puestos de los cambistas que campaban a la entrada del templo. Esa sería su sentencia de cruz, que no de muerte, porque Dios, la razón y la lógica no pueden morir, aunque se conjuren contra ellos todos los fariseos del mundo.
Sin saberlo, los alemanes, rompiendo a matamos el muro, estaban sembrando su actual estado de postración, y estaban soltando de su celda al capitalismo financiero depredador que impera hoy en Occidente, el mismo que hizo que la guerra volviera a la vieja Europa, a lomos del ultranacionalismo en Yugoslavia, en Ucrania, en el Caucaso.
Pero no se apure, en esta historia, aún por finalizar, también ganan los buenos…
¡Pero que precio!
Feliz despertar.
Pues mire, tengo una percepción muy diferente de usted. Soy de clase trabajadora, pero no de esos trabajadores ‘white neck’, como dicen los yanquis, sino de los que se ensucian las manos de grasa a diario. Desde que empecé mi vida laboral, todo ha ido mejorando, no sólo por nivel salarial, sino también por las condiciones laborales. He conocido empresarios ineficientes, que buscan el beneficio en el chanchullo, arrancando migajas (con las que al final hacen un pan) al trabajador y subvenciones al Estado, pero también he conocido empresas orientadas al negocio y a los beneficios. Esas empresas no han dejado de subir mi salario y mejorar mis condiciones laborales (seguridad, conciliación, flexibilidad, vacaciones, promoción, etc.). Lo que he visto en mi nómina desde que empecé es que cada vez pago más cotizaciones por unos servicios públicos cada vez más ineficientes, y más impuestos sin que la mejora del sector público lo justifique. Gasto desbocado e ineficiente, es decir, despilfarro. Todo lo contrario de lo que he hecho yo y hace la empresa para la que trabajo, que mira muy mucho donde se gasta un euro.
Afortunadamente, en España tenemos aún cultura capitalista y mentalidad responsable, y lo mismo que hay gente eficiente que sale adelante, paga sus impuestos y prospera a base de trabajo, ahorro y sacrificio, hay empresas que obtienen beneficios, dan empleo de calidad y sirven a toda la sociedad con su eficiencia. Gracias a los bancos españoles, he podido obtener crédito barato y en condiciones favorables; gracias a las cadenas de supermercados españoles, he podido comer bien y a precio mucho mejor que en otros países de la UE; gracias a las eléctricas, he tenido luz y agua caliente baratas en casa sin problemas de suministro; gracias a la industria turística, he podido viajar y hospedarme bien y barato, y así, suma y sigue. Las empresas no son mi enemigo.
Hace usted un comentario alabatorio con el capitalismo, particularizando, no generalizando. Esto es: pone usted su caso como ejemplo, su experiencia vital, en este país nuestro, Primer Mundo, Europa; lo cual no me parece mal. No sé en qué sector ha desarrollado su vida laboral, y si es usted veterano o bisoño.
Si me hablara usted desde, por ejemplo, (No me voy muy lejos), Marruecos, estará usted de acuerdo conmigo en que su relatos sería diferente.
También imagino que las personas jóvenes que se incorporan a su empresa, y acaban haciendo la labor que lleva haciendo usted desde hace años, no hablarán tan positivamente como usted de este sistema.
Habla usted de los bancos españoles, y su propensión a darle crédito barato…verá, ¿de verdad me dice usted eso en serio? Los bancos españoles son famosos por saltarse las reglas de buena praxis de la UE, y por haber perdido varias pleitos ante el Tribunal de Estrasburgo por ello. No me lo tome a irrespetuosidad, pero si viera usted las prácticas bancarias de cualquier banco de cualquier país, más o menos serio, se le quedaría usted cara de, en fin, ya sabe.
Lo de las eléctricas, mejor no le comento nada…
Algún día, y ese día puede que no lo llegue usted a conocer, este capitalismo de estado, financiado con dinero deuda, caerá. Si llega usted a verlo, no se turbe, no se ponga violento. Sencillamente tenía que pasar.
Saludos, y si lo ve, feliz caída del guindo. (Con perdón)
Hablo de mi experiencia como trabajador. Estoy muy cansado de gentes que hablan por los trabajadores cuando, ni por sus orígenes familiares ni por su vida laboral, han formado parte jamás de la clase trabajadora. No me refiero a usted, a quien no conozco, sino a todos los que, en nombre de los trabajadores, defienden el crecimiento del poder del Estado y la lucha de clases. No hace falta dar nombres.
Por supuesto que hablo de mi experiencia particular. Es lo que he visto y vivido, y eso tiene más valor que las teorías. Seguramente, si esos personajes y personajas que defienden más poder para el Estado hubieran tenido que currar en serio y abrirse paso desde jóvenes con sus manos, en vez de medrar en la política, otro gallo nos cantaría.
En algunos trabajos, no cobra igual quien está aprendiendo que quien cuenta con una experiencia. En otros sí, porque la experiencia sirve para que te contraten, pero no para cobrar más. Eso lo sabe cualquiera que haya empezado desde 0.
Tengo muchos compañeros marroquíes, del Sur, de Norte y de Rabat, y la inmensa mayoría volverá a Marruecos en cuanto tengan la oportunidad, y eso que ya tienen la nacionalidad española. Una buena casa, unos ahorros y alguna paguita, y de vuelta. Los hijos son otro cantar. Se han criado aquí, hablan castellano y no quieren ser marroquíes. Por lo que me dicen, Marruecos se está desarrollando mucho. Ya nos venden el tomate, las judías verdes y las royalties de un montón de variedades que han desarrollado con ayuda israelí. En el turismo y la logística, ya nos comen terreno y espérese unos años.
No sé a qué prácticas de los bancos españoles se refiere, lo que sé es que me han dado crédito cuando lo he necesitado y a un interés muy bajo.
Y sobre las eléctricas, no es necesario comentar nada si no hay nada que comentar. ¿Capitalismo de Estado? En efecto, es un sector muy intervenido, lo cual ha hecho que Repsol paralice sus inversiones o Iberdrola se las lleve a USA, por poner dos casos. De eso precisamente me quejo, del intervencionismo.
El crecimiento del poder del estado y la lucha de clases llevan caminos opuestos. El estado, más que opresor debe ser mediador, árbitro, y por supuesto actor en aquellos campos que sean de interes general, tanto en el aspecto económico como en el social. La lucha de clases es la que le ha permitido a usted, o a mí, tener unas condiciones de trabajo mínimamente dignas, y que ahora estan poniendo en duda algún que otro iluminado neo liberal.
Si los que defienden a los trabajadores, según usted, son los que, están adcritos a los partidos de la denominada izquierda española (Yolandas, Pedros, Rufianes, Irenes, Pablos Iglesias y demás), entonces yo ahi me bajo del carro, en marcha.
Si no le apetece el ejemplo de Marruecos, nos podemos ir más al sur. De todos modos Marruecos, aparte de tiranía, es un narcoestado, ejemplo perfecto de como el capitalismo es capaz de crecer, sin escrúpulos, y sin sentido de culpa, partiendo de la más abyecta miseria moral.
Saludos.
En primer lugar, las adscripciones a etiquetas ideológicas no son lo mío. Supongo que mis ideas pueden etiquetarse, pero eso es evadir la cuestión.
El Estado tiene un papel y no debe salirse de él. Lo del interés general está muy bien, pero es un coladero de transgresiones. Por ejemplo, como el cine es un tema de interés general, yo, gobierno de papá Estado, me pongo a subvencionar cientos de películas que no recaudan en taquilla ni los gastos de gestoría y que, ¡oh, casualidad!, dan el enfoque que yo quiero, por la gente que yo quiero. Luego, si hay accidentes en infraestructuras moderna por falta de inversión en mantenimiento, ¿cómo lo llamamos?
No he secundado una huelga en mi puñetera vida. No niego absolutamente que tengan su importancia, pero no en esta fase. Le aseguro que si me han subido el sueldo y mejorado condiciones es porque la empresa produce beneficios. No es una perogrullada, es una de las bases de la economía de mercado. Los beneficios permiten a la empresa invertir en muchas otras cosas, incluido recursos humanos, que es parte fundamental de una empresa que funciona. Cuando interviene el Estado con subvenciones por una parte, y trabas por otra, el funcionamiento del mercado queda distorsionado por asuntos ajenos a la economía y, a la larga, se perjudica a lo que funciona en favor de lo que no, y el euro que debería dedicarse al mantenimiento de una vía acaba en el bolsillo de un director de cine que no produce beneficios, pero es amigo de alguien.
El ejemplo de Marruecos y otros países africanos no me sirve. En otra ocasión le dije que, para que haya mercado y capitalismo, debe haber seguridad jurídica y niveles bajos de corrupción. Eso significa mantener al poder, al Estado, en su lugar, y en esos países, el Estado no suele estarlo. Igual da que un Estado tenga una estrella roja que blanca en su escudo. No hay economía libre donde no hay libre concurrencia, donde el soborno sustituye a la ley y los criterios económicos, donde el Estado sustituye al mercado, etc.
Verá, yo no quiero que esto se convierta en un diálogo sordo, donde cada uno de los dos saque a colación argumentos repetidos y sobados.
El tener o no una ideología no es en sí ni malo ni bueno. Para mí una ideología es consecuencia de una experiencia vital, de una serie de conocimientos adquiridos, de lecturas, de aprendizaje….etc No es algo que se herede de padres a hijos.
Dice usted que en su vida ha secundado una huelga. Yo sí. La huelga es un arma legítima. Si usted no la ha hecho, otros la habrán hecho por usted.
Se equivoca usted en lo de que su sueldo y sus condiciones laborales mejoran solo por los beneficios obtenidos por la empresa, y por la generosidad posterior de su empleador. No, no es así.
Verá, África es una vaca ordeñada desde hace siglos por el capitalismo, que no se ha parado a mirar si la consecuencia de su modo de actuar es el actual estado de las personas que habitan ese continente.
El capitalismo es un caballo salvaje y desbocado que necesita un domador. Ese domador puede ser el estado. O no.
Para terminar, le pondré un ejemplo:
Chile, años 70. Allende, socialista, votado por el pueblo. El liberalismo económico vino de la mano de Pinochet, a quien no votó nadie, e impuso su modelo económico a la fuerza. ¿Se da cuenta de la diferencia?
Saludos.
No, no es generosidad ni altruismo de mi empleador el que me suba el sueldo. Tampoco lo ha hecho por ninguna huelga, empezando porque yo no he conocido huelgas en esta empresa, excepto una huelga general (creo recordar) para que los sindicatos justifiquen las subvenciones. La mejora de mis condiciones se da porque mi trabajo produce un beneficio mayor, y menor incertidumbre, que otras alternativas. Esa es la razón, y me parece muy bien. Si a la empresa le produjera mayor beneficio despedirme y contratar a otro, lo haría. A mí me sentaría como un tiro, pero la razón es puramente económica. Pero la realidad es que no se despide a un trabajador productivo y con experiencia, porque es un activo. El trabajador es parte de la competitividad de la empresa. Más bien me sube el salario para que me quede, porque si yo me despido, también será pensando en mis beneficios.
El capitalismo ordeña África. Bien, y también Europa. De eso se trata, de que produzcamos beneficios. Porque si no lo hiciéramos, habrá que salir a comerse la hierba. Tienes un pedazo de tierra. Habrá que ponerlo en explotación, pongas cereal, chopos o lo dejes para pastos. Por supuesto que hay que ordeñar a la vaca. El hombre tiene necesidades, y los medicamentos, la educación y el bienestar no son frutos silvestres. Ahora bien, habrá que ver cómo. Habría que empezar por coger la lupa y ver porqué Zimbabwe se hundió en la inflación, la miseria y el hambre, cuando había sido un país que exportaba alimentos y ahora no. Por ejemplo. O cómo un país desértico como Namibia rentabiliza sus recursos y cómo países feraces como el susodicho Zimbabwe destrozaron lo que funcionaba. O ver cómo crece un país y cómo el crecimiento mejora la vida de las personas, como le sucede a todos los países, sean africanos o no. O porqué en un país mejora la vida de sus habitantes y en otro empeora, cuando ambos disfrutan del mismo recurso natural. Por ejemplo, el caso de Guyana y Venezuela.
Trabajé para un tipo que logró que su empresa fuera muy rentable. Después se jubiló y su hijo no sólo quemó los beneficios, es que consiguió que no fuera rentable. Lo mismo sucede con los países. El Estado puede ser el padre o el hijo.
No me parece que no comprar sus argumentos implique que esto sea in diálogo de sordos. Simplemente, no estoy de acuerdo con usted. Tengo jefes, pero su autoridad está limitada a una determinada cuestión, a un determinado horario y con unas determinadas formas. No tengo porqué darle la razón si no creo que la tenga. Es más, soy muy capaz de defender de las más diversas maneras mi derecho a disentir.
Perdón, igual no me expliqué bien. No quería decir con lo del diálogo de sordos, que me tuviese usted que dar razón alguna, ¡faltaría más!. Usted puede pensar lo que le dé la gana. Me refería a que no nos llevaba a ningún lado, a ninguno de los dos.
Usted piensa que está bien generar un valor para su empleador, a cambio de su tiempo y esfuerzo, y que sea él el que valore ese esfuerzo, y por tanto ponga él la cifra a pagar. Yo no. Así de simple.
Y así nos podemos tirar hasta el día del juicio…o hasta que el tiempo nos dé la razón a uno de los dos.
Saludos.
Ciertamente. Y lo malo es que sean tan pocos los padres y madres de la Patria que procedan o tengan experiencia y currículo de gestión empresarial. Curiosamente fue un tal Engels el que afirmó que no hay tanta diferencia entre administrar una casa y administrar un estado. Pues administrar una empresa es aún más dificil.
Cultura del siglo XX
Serán representativos
Los nombres que se mencionan
Mas, por diversos motivos,
A mí ninguno me mola.
Quizá Camus y por ser
Lo de “La peste” en Orán…
No cambia mi parecer
Ninguno de los demás.
Del arte no voy a hablar
Pero esos que cita usted
Sirven para incrementar
Mi aversión a ese “soufflé”.
En cuanto a la “british fan”
Yo prefiero un le Carré,
Un Forsyth o un Tom Sharpe
A Lennon, Jagger y “troupé”.
De los gabachos ya hablé
Paso de su “cinemá”,
Del italiano también,
Mas Guareschi no está mal.
Y en la música después
De la nuestra, de verdad,
Franco Battiato era un ser
Con un registro a envidiar.
Y bueno, por terminar
Con mis gustos propondré
Que Alfred Hichcock es genial,
Aunque un poco descortés.
Si no pasa el filtro woke
Realmente me da igual
Lo importante es respetar
El gusto de cada cual.
Aguijón: Su poema me ha parecido genial, de verdad. Me ha hecho sonreír y me gusta el final, pues lo importante es respetar el gusto de cada cual. Dicho lo cual, y ya puestos a compartir preferencias, yo también tengo las mías. Pero lo bueno de estos foros es que caben todas, siempre que haya respeto. Y aquí parece haber mucho respeto.
Un saludo.
Efectivamente, por los gustos se venden los géneros…
Saludos.
Que bueno era Franco Battiato. D.e.P.
A mí me gustaba hasta en italiano.
Sí, señor. En mi juventud lo tenía como un plasta, pero lo he redescubierto hace poco y es genial.
¡Y bueno!
Una vez terminada “Una Historia de Europa”, y después de “Una Historia de España”, tendremos que esperar “Una Historia del Mundo”, digo yo.
Acabo de leer y me dicen que es el último, luego miro mejor y me doy cuenta de que hay muchos más
¿Honestidad, combatiendo al lado del Rey que más pagara?
Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro del Cid…
La frase es de Joaquín Costa (un hombre absolutamente brillante, por si no conoce su obra y legado), y hace una metáfora para dejar atrás los mitos de España y modernizar de una vez nuestra sociedad, por ejemplo para que los niños aprendieran a escribir correctamente ganzúa…
Ah, casi se me olvida: disculpe usted y los lectores mi ascendencia vasca pues de allí, curiosamente, es de donde proviene la palabra original ganzua. Allí no lleva acento. Pero claro, Don Joaquín Costa era, creo, aragonés no vasco y enseñaria , según ese origen, de forma coherente la palabra a sus posibles discípulos.
¿No da risa, como ocurrió con los criollos hispanoamericanos frente a España, criticar la cultura estadounidense, como si no fuese un producto europeo supersincrético? ¿O vino de otra galaxia? ¿Roma sin Grecia? Salvo que el arte de mezclar sea el rasgo que deslinda la hamburguesa. Y por favor, estire el chicle, que no es gringo, deben faltar una tonga de crónicas, para solaz y esparcimiento de nosotros, los humildes lectores.
¡Cierto!
Solo pido que todo esto sea libro !!
No sé en qué me he confundido, usted sabrá los carnets que tiene, ¿lo cuenta para que le demos un premio?
“Llegando casi al final …” espero que eso no signifique que este ejercicio se queda entre años 70s y 80s. La historia reciente, contemporánea necesita unas letras ácidas y brutalmente honestas como las suyas Don Arturo.
Ah, y aprovecho para hacer publicidad de uno de los libros “Sidi” del maestro Pérez-Reverte: es buenísimo, aunque sólo por el bofetón glorioso que le da el Vivar al Conde de Barcelona, ya merecía la pena la obra. Eso, desde luego, no se podría esperar del falso cid, ahora aliadísimo con los independentistas y delincuentes amnistiados catalanes.