Inicio > Historia > 1936 día a día > 25 de enero de 1936: La calma que precede a la tormenta

25 de enero de 1936: La calma que precede a la tormenta

25 de enero de 1936: La calma que precede a la tormenta

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.

Sábado, 25 de enero de 1936: La calma que precede a la tormenta

El señor Portela ha recibido esta mañana más de doscientas visitas de carácter electoral. A medida que la campaña electoral avanza se ve que el señor Portela tiene un plan que funciona según flaqueen las derechas o las izquierdas. En todo caso, parece cierto que el señor Portela pretende equilibrar las fuerzas parlamentarias a base de centrar la política del país. Se van concretando las candidaturas, pero, con todo, no hay en estos momentos nada de concreto ni en la derecha ni en la izquierda. Y es que pasa una cosa que no se había visto nunca, y es que en la calle, en las tertulias, en el interior de las casas, no se observa apenas movimiento electoral…

Adi levantó la vista. Tenía entre las manos el ejemplar de La Veu que había abandonado Josep Pla sobre la mesa del comedor de su domicilio en Marqués de Cubas. Acababa de llegar a casa, después de un día de trabajo. Josep estaba leyendo en el comedor y liándose un cigarrillo. Encima de la mesa seguían los recortes que había sacado de varios periódicos: todo noticias relacionadas con Azaña. También se veía, entre los papeles, la novela El jardín de los frailes y un ejemplar de la obra de teatro La corona que había encontrado recientemente en la Cuesta de Moyano.

—¿Tú crees que está todo tan tranquilo como dices, Josep?

—Yo entiendo que sí, Adi. ¿Tú no?

"Es la calma que precede a la tempestad y las cosas están empeorando. A lo mejor no hay muertos, pero hay multitud de heridos"

—Siento que hay mucha tensión latente. Y la gente en mi oficina opina lo mismo. Poco a poco se va encrespando la cosa. Hay puñaladas entre obreros, hace unos días dispararon a un guardia civil en la plaza Mariano de Cavia. Y luego están los incidentes en la universidad y los tiroteos de los sindicalistas en el puente de Vallecas y en la Ciudad Jardín…

—Eso, para lo que es Madrid, no es mucho.

—Sabes perfectamente, Josep, que es la calma que precede a la tempestad y que las cosas están empeorando. A lo mejor no hay muertos, pero hay multitud de heridos. ¿Por qué no describes esa inquietud que se palpa en la calle? ¿Por qué insistes tanto en trasladar una sensación de tranquilidad?

—Es lo que me ha pedido Cambó. Son las consignas gubernamentales —dijo Pla, encendiendo un cigarrillo. El Gobierno quería el menor ruido posible y entre otras cosas había prohibido la propaganda electoral por radio, para calmar los ánimos.

—¿Y tú te pliegas?

Pla se encogió de hombros.

—Hay que vivir.

—¿Y no sientes el miedo que hay en el aire?

—Supongo que sí, Adi. Pero no veo nada claro. Tanta incertidumbre es como una bruma. No se ve bien el perfil de las cosas ni de las gentes. Creo que nadie, en estos momentos, y menos el Gobierno, puede predecir cuál será el resultado de las elecciones. Ha sido una apuesta arriesgada por parte de Portela y de Alcalá-Zamora. Cambó mismo no sabe si ha hecho bien en respaldarles.

—¿Y no piensas hacer nada?

—Pienso escribir sobre lo que ocurre. ¿Qué otra cosa puedo hacer?

—Pues si es manipulando la verdad, como has hecho hoy, me parece insuficiente —dijo Adi.

Y salió de la habitación.

Todas las entradas de 1936 día a día

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios