Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Jueves, 5 de marzo de 1936: Sobre la libertad de prensa
Yo creo que te vendría bien echarle un ojo a Gracia y Justicia. Tengo todos los ejemplares. Si te interesa, te puedes acercar a verlos.
Pedro J. me esperaba ante la puerta acristalada de su despacho. Llevaba una de sus características camisas a rayas con tirantes, el pelo todavía negro, raya a un lado. Me dio la mano. Sobre la mesa de la salita de reuniones vi un mamotreto encuadernado con los ejemplares que la revista satírica publicó a lo largo de 1935 y hasta febrero de 1936, fecha del cierre.
—Aquí está. He puesto un post-it en las ilustraciones que me han parecido más interesantes. Tómate el tiempo que necesites.
En la mesa de su despacho hojeé los primeros números. Gracia y Justicia era un semanario de humor salvaje de una quincena de páginas. Tenía una caricatura en la portada, otra en la contra del dibujante Joaquín de Alba, Kin, y dentro dibujos y textos tan irreverentes como los de El Jueves o Charlie Hebdo. Sus víctimas eran los líderes de la izquierda, y muy especialmente Manuel Azaña e Indalecio Prieto. A Azaña, siempre con sus verrugas, se le satirizaba sin piedad. En una viñeta exclamaba: «Este es mi proyecto. Primero: ¡el poder!, ¡el poder! Segundo: ¡a la barriga!, ¡a la barriga!». El incidente de Casas Viejas formaba parte de su leyenda negra.
—Una de las cosas más interesantes —dijo Pedro J.— es que la figura de Alcalá-Zamora no se toca jamás. Es como si, pese a todo, hubiera un pacto implícito de que el presidente de la República debía permanecer por encima. Aunque la revista cerró en febrero, creo que todavía deberías mencionarla, porque está en el candelero. Es una de las primeras acciones del Gobierno del Frente Popular: arremeter contra la prensa de derechas. No solo prohibieron Gracia y Justicia, sino que a principios de marzo es cuando Juan Ignacio Luca de Tena, a quien obligaron a readmitir a los trabajadores que le habían bloqueado el rotativo, deja la dirección de ABC y dimite de la presidencia del Consejo de Administración de Prensa Española. Hay una carta abierta que apareció el día cinco de marzo en su periódico. Te la voy a buscar —dijo, tecleando por internet. Leyó en voz alta—: «Cuando en la guerra los triunfadores ocupan una ciudad, a los vencidos les quedan dos caminos: salir por una puerta al tiempo que por la otra entran los vencedores, o entregarse a ellos como prisioneros. A mí no me faltaron fuerzas para sufrir en el primer bienio dos largas prisiones gubernativas en la cárcel, pero estoy seguro de que me faltarán ahora para ser prisionero en mi propia casa (por llamarla así, que me disculpen los socialistas)…». Eso es Luca de Tena.
”Es importante mencionar esa política revanchista de Azaña hacia la prensa, en su vuelta al poder. Lo que se está dando desde la revolución de Asturias, aunque todavía se guarden mínimamente las formas, es una guerra sin cuartel entre izquierdas y derechas, en la que cada vez hay menos lugar para el compromiso. Este periodo entre el 34 y el 36, que en realidad no se conoce demasiado, es para mí, si te soy sincero, el más interesante de la Segunda República. Y, como siempre, los hombres de derechas, cuando estuvieron en el poder, se mostraron timoratos por miedo a que los tacharan de fascistas. Ese sigue siendo su defecto incluso hoy en día, ¿no te parece?
Me le quedé mirando y, tras pensarlo, asentí. No había nadie que conociera tan bien los entresijos de ese periodo como Pedro J. Ramírez.


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