El primer poemario de esta venezolana afincada en Madrid se enmarca en la corriente de la poesía del silencio. Un libro de exilio, aunque no solo eso, que susurra bajito, pero contundente. Lo mejor que se puede hacer con él es leerlo y, al hacerlo, aprehender su potencia.
En Zenda reproducimos cinco poemas de Agua sin voz (Piezas Azules), de Ana Meucci.
***
abrazar al agua
pedirle palabras
que nos enseñe
la pericia del río
la liviandad de la lluvia
el desapego del mar
nos devele
el lenguaje oculto
de la orilla
***
salta la casa grande
la pequeña, la mediana
la de zapatos vacíos
vacíos
llenos de puertas
las raíces
como mástiles
caídos hacia el cielo
increpando a los dioses
lactando la intemperie
los ojos buscan
por el suelo
sus cuencas perdidas
***
pasaron eras
de hielo, de pólvora, la era inacabada del uranio
y nos veo, ovillos minúsculos
de papel mojado
latiendo
***
son dos las caras
que me cuentan del amanecer
en este cuarto
asisten al amanecer
en esta casa
que no pisa tierra
dos y sólo dos
pétreas caras
dioses de barro y marfil
ajenos a los árboles, distraídos
ignorando el horizonte
mi rostro de ave
evita
mirar al mar
***
borde piel
orilla cambiante
umbral que se hace voz, palabra, huella
después sólo esa ráfaga deleble
que llamábamos
presencia
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Autora: Ana Meucci. Título: Agua sin voz. Editorial: Piezas azules. Venta: Todos tus libros.
BIO
Ana Meucci (Caracas, 1978) es ex arquitecto, arquitecto, fotógrafo. Repartida entre la serenidad distraída de Madrid, la compañía de las piedras de Toscana, y la visión a contraluz de los yagrumos de Caracas. Y entre otras ciudades, visibles e invisibles. Actualmente realiza un doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid. Por aquello del pan, se dedica al diseño interior.



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