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5 poemas de ‘Cuaderno de septiembre’, de Juan Gabriel Vásquez

5 poemas de ‘Cuaderno de septiembre’, de Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) es uno de los escritores latinoamericanos más importantes de su generación. Entre sus novelas destacan El ruido de las cosas al caer (2011, Premio Alfaguara e IMPAC International Dublin Literary Award), Las reputaciones (2013, Premio Real Academia Española), La forma de las ruinas (2015, Premio Casino da Póvoa) y Volver la vista atrás (2020, Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa). También es autor de dos libros de ensayos literarios y una recopilación de artículos políticos. Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas.

El poeta Luis García Montero apunta, en el prólogo de este libro: «Juan Gabriel Vásquez ha mostrado con frecuencia su amistad con la poesía. Por eso quiero precisar que, aunque Juan Gabriel sea un gran novelista, lo que publica ahora no es un libro de poemas escrito por un novelista, sino un libro escrito por un poeta. Cuaderno de septiembre nació como una necesidad con la intención de que la poesía hiciese sus preguntas sobre lo que decimos cuando decimos soy yo, sobre lo que dicen las cosas y sobre lo que saben de nosotros las palabras».

Zenda adelanta cinco poemas de Cuaderno de septiembre.

***

Ven conmigo, mujer que me acompañas,
déjame que te llame con las voces
de todos los que a veces hemos sido.
Baja las escaleras de la noche,
despójate de tus cansadas ropas
y tócame la espalda como un ave,
señal de que empecemos. Es septiembre
en mi vientre enervado y memorioso,
y en las calles de la ciudad incógnita
somos una vez más recién llegados.
Ven conmigo, mujer sin abalorios,
quiero invitarte a trajinar el aire
según el método que ya es el nuestro
después de tantos años de comienzos.
Así hemos navegado otros lugares:
en este oficio de la extranjería
ya somos para siempre veteranos.

Salgamos a invadir estas aceras,
descalzos inventores de murmullos,
animales de paso, piel furtiva
alerta a las traiciones de la noche,
los párpados temblando como anuncios
de neón en los techos de la cuadra.

Nadie nos espera en ninguna calle,
ni hay bocas en el túnel que nos muerdan
los pasos despoblados, pero es cierto:
nos han seguido como sigue el tiempo
a los enfermos. (No es de sorprenderse,
porque la enfermedad sale de noche).
¿No sientes que nos miran? Yo lo siento.
Lancemos una sonda a la tristeza,
juguémonos la vida por un rato,
y que alguien pase a recoger los restos.
Los dioses derrotados ya se han ido.
En cambio tú, mujer, sigues conmigo:
cuidándome, celosa centinela,
con la grave fiereza de un suicida.

Permite que esta noche me refugie
en los cóncavos puertos de tus brazos,
orgulloso de miedo y de deseo,
o al menos que recuerde ese escondite
y me pierda contigo horas enteras
en la selva de los otros infernales,
sintiendo en los zapatos el asfalto
y en el brazo tu roce de metrónomo.

***

CUANDO ESO PASE

Cuando haya comenzado la guerra que nos busca
desde hace tanto tiempo, cuando haya comenzado

la inquina de la fiebre, cuando los odios cándidos
nos consuman los miembros como la terca lepra,

cuando nos den alcance los rápidos rencores
y los resentimientos, cuando nos den alcance

el hambre y los dolores en el vientre profundo,
y hayan muerto los versos de los poetas muertos,

y sepan los alféizares el nombre del suicida,
y no haya nadie en las calles, como en una pandemia,

y los viejos recuerden las pandemias de antaño
y les parezca triste que los niños no tosan,

entonces buscaré mi refugio en tu memoria,
y cortaré los cantos de las voces queridas
y pediré a mis hijas que cuenten nuestra historia.

***

SECRETO

Yo no soy el que guarda la llave de tu frente
ni el esforzado intérprete de tu larga música,
ni sé corresponderte cuando vienes de noche
y encuentras en mi cuerpo cansado una atalaya.
No subas a mi cuerpo tratando de ver lejos.
La noche no está clara y en la ciudad se han muerto
las mascotas de los otros, de hambre y de tristeza.
Yo no soy el que guarda la llave de tu frente
ni soy el alfabeto perdido de los vándalos
que asolan tu piel blanca con su grito de guerra.
No quiero rescatarte ni ser el que protege
los frágiles secretos cuando tu voz delira.
Aunque sea más difícil, quiero ser el delirio:
quiero ser el secreto de tu frente cerrada.

***

CONTAR EL PASADO

El pasado es un barrio peligroso:
en sus calles se quiebra el pavimento,
se funde el alumbrado con frecuencia,
pasan siluetas y quieren robarnos
el teléfono móvil y la calma,
pero de alguna forma hay que llegar
a la casa donde nos esperamos.
Te propongo, la mano sobre el léxico
de nuestras alegrías y desdichas,
que salgamos con las primeras luces.
Llueven las culpas, soplan las mentiras,
y en la calle ladina un perro ciego
rasga el cielo con gritos diamantinos.
Empieza a hablar, mujer, que yo te escucho.

***

EL HUÉSPED

Te preguntaba tarde la otra noche
de dónde brotan las violencias del mundo
y tú abriste tus ojos de faro en reposo
y me invitaste a hospedarme en tu silencio.

Hay tantas cosas, amor, que no he entendido,
pero tu hospitalidad no es una de ellas.

—————————————

Autor: Juan Gabriel Vásquez. Título: Cuaderno de septiembre. Editorial: Visor. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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