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5 poemas de Intervalo en la montaña, de Robert Frost

5 poemas de Intervalo en la montaña, de Robert Frost

Pocos poetas supieron representar en sus versos pequeños sucesos que generaran grandes pensamientos como Robert Frost. Intervalo en la montaña es una de sus obras más representativas, dado que se trata de un libro con el que empezó a explorar el lenguaje poético que lo significó entre sus coetáneos.

En Zenda reproducimos cinco poemas de Intervalo en la montaña, de Robert Frost (Averso).

*** 

El camino sin tomar

Dos caminos se bifurcaron en un ocre bosque,
y lamento no haber podido andar ambos
y al ser un viajante, un largo tiempo permanecí
y bajé la mirada tan lejos como pude
hasta el punto de doblez en la maleza;
entonces tomé el otro, igual de luminoso,
y teniendo tal vez una mejor declaración,
porque estaba herboso y quería desgastarse,
aunque al pasar por ahí
se había desgastado casi igual,
y ambos poniendo la mañana por igual,
en hojas sin pasos oscuros caminados.
Ah, ¡dejé el primero para otro día!
aun sabiendo que el camino lleva al camino,
dudé si algún día debería regresar.
Debería decir esto con un suspiro
en donde siglos y siglos, por tanto:
dos caminos se bifurcaron en un bosque, y yo
tomé el menos transitado,
y eso ha marcado toda la diferencia.

***

El arroyo Hyla

En junio nuestro arroyo corría sin canción ni velocidad.
Buscado por mucho, será hallado
por irse acariciando el subsuel
(y llevar consigo la raza Hyla
que cantaba en la niebla hace un mes
como campanas fantasma en la nieve)—
o brotando en maleza lujosa,
follaje frágil se dobla y asciende
incluso en contra de la corriente.
Su cama es un lienzo desteñido
de hojas muertas unidas por el fervor—
un arroyo para quienes copioso recuerdan.
Esto se verá cómo algo más
que otros arroyos tomados en canción.
Amamos lo que amamos por lo que es.

***

Al poner la semilla

Me vienes a buscar al trabajo esta noche
con la cena sobre la mesa, y veremos
si puedo dejar de enterrar los blancos
suaves pétalos caídos del manzano.
(Sí, suaves pétalos, pero no tan estériles,
mezclados con estos, el suave grano y el guisante arrugado);
y van contigo antes de que pierdas de vista
eso por lo que vienes y seas como yo,
esclavo de la pasión de primavera por la tierra.
Como Amor quema al poner la semilla
y al observar el nacimiento temprano,
cuando, mientras el suelo se empaña con hierba,
el robusto semillero con forma arqueada viene
asumiendo su camino y deshaciendo las migajas de tierra.

***

Encerradas fuera

Como se lo dijeron a un niño

Cuando cerramos la llave por la noche,
siempre encerramos las flores afuera
y las dejamos apartadas de la luz de las ventanas.
La vez que soñé que alguien agitaba la puerta
y la cepillaba con los botones de la manga,
las flores estaban afuera con los ladrones.
¡Sin embargo nadie las molestó!
Nosotros encontramos un agrón
sobre los escalones con el tallo mordisqueado.
Posiblemente yo tuviera la culpa de ello:
siempre pensé que debía haber sido
alguna flor con la que jugué mientras me sentaba
al anochecer a observar la luna cayendo temprano.

***

El sonido de los árboles

Me pregunto por los árboles.
¿Por qué deseamos soportar
siempre sus sonidos
más que otro sonido
tan cerca de nuestra morada?
Los sufrimos día tras día
hasta que perdemos toda medida del ritmo,
y la fuerza de nuestras alegrías,
y adquirimos el aire del que escucha.
Son eso que habla de marcharse
pero nunca se escapa;
y no dejan de hablar pese a aprender,
según se hacen viejos y más y más sabios,
que no habrá otra elección sino quedarse.
Mis pies tiran del suelo
y a veces mi cabeza se oscila entre mis hombros
cuando veo los árboles balancearse,
desde la ventana o la puerta.
Partiré hacia alguna parte,
tomaré la imprudente decisión
algún día cuando estén hablando
y dando vueltas para asustar
las nubes blancas que tienen sobre ellos.
Tendré menos que decir,
pero me iré.

—————————————

Autor: Robert Frost. Título: Intervalo en la montaña. Traducción: Paola Trujillo. Editorial: Averso. Venta: Todos tus libros.

BIO

El pronto fallecimiento de su padre, maestro y editor de un periódico, forzó a Robert Frost a asumir modestos empleos para sostener la economía familiar; una precariedad que se extendió hasta su etapa matrimonial. Habiendo vendido su primer poema con catorce años, sus versos despegarán tras emigrar a Inglaterra en 1912, país en el que conoció a grandes poetas como Edward Thomas o Ezra Pound y en el que adquirió un éxito inmediato con la publicación de sus dos primeras obras. Volvería a Estados Unidos tres años después, ya convertido en un reputado poeta, para dedicarse a la enseñanza y la escritura, alumbrando ilustres poemarios entre los que se pueden destacar Mountain Interval (1916), West-Running Brook (1928) o A Witness Tree (1942). Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Pulitzer por su profunda lírica de estética sencilla y expresión coloquial, fallecería en 1963 a causa de su edad; tres años antes había recibido la Medalla de Oro del Congreso de los Estados Unidos por su labor poética.

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Danilo
Danilo
3 meses hace

Ni que decir, muy blandos

don dumas
don dumas
3 meses hace

Pésima poesía