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5 poemas de Juan de Tassis

5 poemas de Juan de Tassis

Ejerció de noble y de poeta. Fue el primer Conde de Villamediana y un destacado miembro del movimiento culteranista. A continuación reproduzco 5 poemas de Juan de Tassis.

A la casa de una cortesana donde entró a vivir un pretendiente

Aquí vivió la Chenca, aquella joya
por las hechuras cara; este aposento
fue túmulo del sexto mandamiento
y galera en que Amor fue buena boya.

¡Viva Dios que esta sala que le apoya
centellas de lujuria arroja al viento!
Esta trampa inventó su atrevimiento
para jugar al hombre con tramoya.

Desde aquella ventana, la insolencia
de sus cabellos afrentó al oriente,
y en ésta fue su vista una estocada.

Mas, ¡oh cruel, a entrambos penitencia!
hoy la casa es albergue a un pretendiente,
y la célebre Chenca está casada.

Silencio, en tu sepulcro deposito

Silencio, en tu sepulcro deposito
ronca voz, pluma ciega y triste mano,
para que mi dolor no cante en vano
al viento dado y en la arena escrito.

Tumba y muerte de olvido solicito,
aunque de avisos más que de años cano,
donde hoy más que a la razón me allano,
y al tiempo le daré cuanto me quito.

Limitaré deseos y esperanzas,
y en el orbe de un claro desengaño
márgenes pondré breves a mi vida,

para que no me venzan asechanzas
de quien intenta procurar mi daño
y ocasionó tan próvida huida.

A un beso de una dama

Divina boca de dulzores llena,
dichoso el labio que te besa y toca,
que no hay en cuantas hay tan dulce boca,
ni para aprisionarme tal cadena.

No el sabroso panal de la colmena
a tanto gusto y suavidad provoca,
que está el dulzor en ti y el suyo apoca
el ámbar, el clavel, el azucena.

Mas dentro de la miel está escondido
el aguijón crüel con que me hieres,
y nadie de la vida ve este signo;

boca tierna y pecho empedernido,
no, ni jamás en todas las mujeres
boca tan blanda y corazón tan digno.

A una mujer que ponía los cuernos al conde

Lágrimas de embuste
más me endurecen,
pues regados con ellas
mis cuernos crecen.

Niña del negro cabello
y de muchos corazones,
lloras los cuernos que pones,
aquí te caigan en ello.

Quieres que vuelva mi cuello
al yugo de tus engaños,
cuando me avisan mis daños
y desengaños me ofrecen,
que con lágrimas falsas
mis cuernos crecen.

Viví un tiempo enamorado,
mas ya sin culpa o castigo,
cuanto escribo y cuanto digo
es efecto recatado;
que un cuerno ratificado
con embustes, y de su dueño,
dará que sentir a un leño,
que lágrimas no merecen
cuando riegan cuerno,
mis cuernos crecen.

Glosa

Un nuevo jinete vi
del tribu de Zabulón,
no sabe de garrochón,
de lanza y esponja sí.

Cuando al monarca español
recibe alegre Castilla,
en su poderosa silla
cuya águila pudo al sol,
ser la octava maravilla
a la plaza que atendí,
según su ser, a Dios vi,
que era la esfera corintia,
no me engañando la pinta
un nuevo jinete vi.

Nunca en África lidió
contra moros de Alá veces,
ni cual Aníbal perdió
el ojo cuando se vio
sobre los Alpes franceses;
mas del torrente cedrón,
vino después de Nerón
por el incendio descrito,
y es según se ha hallado escrito
del tribu de Zabulón.

Éste, pues, desvanecido,
porque el tiempo le prestó,
desque con pluma se vio,
quiso ser tan atrevido
que su propio ser negó;
y subido en un frisón,
sin verse como pavón,
quiso dar su pavonada,
y aunque ha entrado estocada,
no sabe de garrachón.

De la ganancia y usura
sabe tanto que me espanto,
como no ha robado cuanto
el sol descubrir procura,
que la tierra encubre tanto;
pero no ha faltado allí
el natural de rabí
que luego no le dijese
que en garrochón no entendiese
de lanza y de esponja sí.

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