“Enhorabuena, acaba de abrir usted un libro de poesía. Espero que no venga aquí con prisas, con ambición de suspense, de largas historias o de romances caballerescos. Este es un libro para la emoción. En este poemario se va usted a encontrar la nostalgia, la alegría, la añoranza, la señaldá, la carnosidad y la euforia; todas las emociones en modo ringlera, como el propio Carlos dice. Es un libro para tomar notas, hacer fotos, guardar en favoritos, copiar y pegar… Un poemario pantone: para cada momento su verso, su estrofa.
Para catalizar cada rabia y cada injusticia, pero también para comprender cada sublimidad y cada belleza. Todas ellas contradicciones que se pueden encontrar en cada momento de la vida, y también en cada poema de este libro. Así que téngalo usted siempre a mano, disponible, para disfrutar lento, como quien hace una fabada sin olla exprés, como quien prepara la urdimbre de un telar y se pasea lenta y esmeradamente por su trama. Bienvenido”. —Rodrigo Cuevas
Zenda comparte cinco poemas de La vida corriendo hermosa hacia los desagües, de Carlos Barral Álvarez (Eolas).
***
Muero contigo, estío
Al verte morir año tras año, estío,
contigo me voy muriendo.
Muero añorando esa luz que se despeña contra las ortigas,
bañando las mareas, desarbolando las almas ávidas de libertad.
Y ante la más que cantada senectud de una algarabía
que venía rompiendo las rutinas, de manera sibilina
comienza el tiempo como a derrumbarse,
como a disolverse,
a dispersarse como árbol que se inmola,
como amor agonizante,
como carrusel apolillado.
Muero contigo, estío;
cada año más atónito y entristecido
al verte girar hacia el abismo otoñal el cual,
aún siendo hogar y matria,
me ahoga en su intolerancia, en su mermar,
en la distancia que expandiendo se va
entre la derrota de nuestros sueños y la ambición
de un futuro que zarpa hacia lo menguante.
Mueres, estío, y yo contigo.
***
Los olvidados
Uno va desnortado escribiendo
por entre la memoria
de los olvidados.
Uno camina taciturno
entre la poesía de la tristeza
merodeando por las tumbas sin nombre,
allá donde la vida emerge desvergonzada.
Como las ráfagas de viento,
las tumbas sin nombre susurran
a las ramas y a los que en silencio
demoran un instante
su rumbo.
***
La vida corriendo hermosa hacia los desagües
Si no claudican las flores,
tampoco la pasión se ahoga
ante los delirios del mal.
Con los labios rojos de emoción
y con el viento a favor,
principian algunas tonadas que ponen los vellos de punta
a los que hostigan.
¿Escucháis?
¿Sentís la sangre agolpándose tan joven?
¡Yo también estoy liado con la fiebre de la belleza
y con el ardor de la vida que hace poesía de lo más sencillo!
¿Escucháis?
¿Sentís la emoción corriendo
absurda y feliz por nuestras venas?
Toda esperanza naciendo solitaria en cada amanecer
aguarda por nosotras
sentida y generosamente.
Escucho la sangre y oigo la canción
mientras la vida corre hermosa hacia los desagües.
***
Sin útero
Desde que abandonaste lo corporal
y me quedé sin útero
me acerco hasta aquí para ganar el tiempo.
Ha salido el sol en el parque que antaño fuera camposanto
cuando, de improviso, un instante de paz llega sigiloso
y se acoda a mi lado;
bien pudiera tener un nombre,
tender puentes,
consolidar horizontes:
volar.
Toda esta paz que ahora se convoca
podría tener su cátedra,
podría tener su jardín,
podría ser una república o un tributo a lo que se añora.
El cielo, ahora sin mácula,
que siempre marcha en su estatismo hacia la eternidad;
el aire, apenas perceptible;
los pequeños insectos que fulguran y que se apresuran
mientras las aves se enredan, ajenas,
a lo que un rumor sostiene entre las manos.
Toda esa paz en suspensión daría yo,
en este instante,
por verte de nuevo,
por darte la mano,
por escucharte reír,
por una conversación contigo, como tantas veces,
como ya nunca.
***
XXX
Ni sería apenas nada, ni estaría bendecido,
probablemente mis alas se habrían plegado
absurdamente, mi vuelo sería inútil,
como gesto de piedra,
y mis ojos verían cosas apagadas
porque la luz estaría suspensa,
enjaulada en un obscuro espacio,
en un altillo inalcanzable, y las camelias
se habrían manchado de dolor
derrotadas como milicianos pobres,
mientras los dioses soñarían con la jubilación
y mis manos acariciarían un cuerpo equivocado.
Pero la vida ha sido espléndida; así,
con tus ojos de miel y de almendra
sirvo a las estirpes del futuro y penetro en los rigores del frío
con cautela, pero feliz.
Con tu vientre he tenido la magia a mi alcance,
hemos traído al mundo, y sin permiso,
dos criaturas de belleza asombrosa, de caudal amplio,
y hemos labrado los campos de su vida,
y seguimos guardando el pan, y la manzana,
sus ruegos, nuestra dicha.
Así que no me faltes, amor, porque sin ti
apenas sería nada.
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Autor: Carlos Barral Álvarez. Título: La vida corriendo hermosa hacia los desagües. Editorial: Eolas. Venta: Todos tus libros.
BIO
Carlos Barral Álvarez (Oviedo, 1969) desde siempre anda enamorado del arte de alta alcurnia y del de baja estofa, de la cultura en su vastedad. Es de formación, y deformación, autodidacta. Dirige la productora El Cohete Internacional. Desde 2016 es mánager de Rodrigo Cuevas. Ha coordinado para el Centro Niemeyer varias ediciones del ciclo Entre versos y acordes. Dirige el festival asturiano sobre comunidad cultural “Fiasco”, en Mieres. En 2009 presentó el recital Performance Lírica, recital trifásico en el Teatro de La Laboral de Gijón, el cual posteriormente mutó en la exposición Performance Lírica: 24 poemas audiovisuales. En 2019 publica en la editorial Canalla Oxidación, compilación de su poesía entre 2000 y 2010. “Asfixia”, mejor cortometraje experimental en el Celaya Experimental Film Fest mexicano, es un poema visual escrito y dirigido por Asur Fuente, protagonizado por él e inspirado en varios de sus poemas. En 2021, con fotografías de José Ramón Cuesta y poemas de su cosecha, ve la luz El dulce encanto de lo inadvertido, un libro objeto editado con primor por Eolas. Un día inolvidable, que se nutre de El dulce encanto de lo inadvertido y de Asfixia, es una instalación transversal, híbrida, performática, en la que unos cuantos poemas suyos atraviesan diversas disciplinas artísticas para hacerlas confluir en el lenguaje de la poesía.

Carlos Barral x Pablo de Lillo.


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