Inicio > Poesía > 5 poemas de Reiniel Pérez
5 poemas de Reiniel Pérez

Reiniel Pérez es un poeta nacido en Santa Clara, Cuba, en 1999. Es poeta y estudiante de lengua inglesa y francesa en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas. Recibió el Premio Extraordinario Centenario de Carilda Oliver Labra en Cuba en el 2022. Obtuvo el Premio Loewe en el mismo año.

***

ELEGÍA PARA ADONAIS

Para Sergio García Zamora

¡Qué pena que hayas muerto y nadie haya escrito tu elegía!
A veces la muerte calla para que su hijo espantado duerma en paz.
¿Pero qué es la vida del poeta sino la respiración del mundo?
¿Qué es la muerte del poeta sino una mano que acaricia la nada?
Todo halla nuestra boca para revelarse,
A través de mí cantan todas las cosas
Nos tocan para descifrar el mundo, callado,
Nos abren la boca como si fuera un nido
De donde sale tu alondra que no se posará más sino en la muerte.
Por mí han de pasar los colores callados,
Y rugirán en los bancos, en las casas de préstamo,
En la callada vigilia del dinero.
Porque mientras tu país vagaba en un sueño de cadalsos
tú te atreviste a percatarte de los pobres,
bajaste la vista del monte le Blanc,
Bajaste la vista de la belleza, de las colinas italianas
Y viste la vegetación de hombres, los dolorosos hombres de tu patria
Que morían de hambre adorando el nombre de sus asesinos.
Tu pueblo, hijo del aire celta que nacía del centro de los árboles,
Tu pueblo marchando con la piel dormida.
¡Qué pena que nadie hizo tu elegía!
¡Y qué pena morir sin una propia!
Cuánta pena el silencio, la prisión humana, el dolor,
La marea que inunda los huesos y otra vez nos moja,
Cuánta pena la nada que somos cuando nos niegan la voz del poema.
No escuches tu tiempo ni tu sangre,
Porque el canto puro es siempre ajeno,
El canto puro siempre nos destroza,
El canto puro nunca baja la cabeza.

Arriba canta, arriba, levanta los árboles de tu tumba,
levanta el nervio de los planetas contigo,
junto a tu garganta llena de palabras recónditas,
sube entre las cosas y los relámpagos de la vida,
Sube por mi elegía que es la elegía del mundo,
sube amigo, sube entre los presos y sus carceleros,
entre las víctimas y sus confesores,
sube entre la carne y la espada, entre el beso y la condena,
Sube entre la humanidad hermanada y la humanidad dormida,
Abre un camino de ceniza, álzate digo,
ven a buscarte, ven a buscar la poesía que es siempre de este mundo.
Habrás de volver en el eterno cuerpo de la belleza,
habrás de ser un pedazo de mundo que muere
mientras nos nace el dolor en el pecho cada mañana.

Qué pena que nadie escribió tu elegía,
pero tu voz se alzará con todos los ignorados,
Con los pobres, con los dolidos.
Por ti hablarán los árboles, las casas, las viudas, los cementerios,
Las cárceles de Inglaterra, los huesos de Byron,
los manuscritos indefensos de Coleridge,
la blanca tez de Keats que será la negra tierra del futuro,
el sueño de una noche de verano y la pesadilla de los días de invierno,
un árbol que crece sobre la tumba de tu hijo
y uno que crece sobre tu propia tumba.

Por ti hablarán los sencillos campesinos
Porque escribiste para los que te aman y te ignoran,
Los que viven buscándote en la dura realidad.
A dónde has ido que ya no necesitas la palabra ni la adoración.
Nadie escribió tu elegía, ni siquiera tú mismo,
Nadie pudo hacer semejante traición.
Nadie se atreverá, desdichado amigo,
Porque toda elegía es la vanidad de los vivos,
Porque la muerte nunca responde en el fondo de las cosas.

***

RECORDATORIO DE ALBERT WLODZIMIERZ

Te dejaron vivir para escucharte,
Te perdonaron porque nadie puede robar la Mona Lisa
Y ser juzgado por los hombres.
En aquel tiempo el arte vivía en la cabeza de los hombres,
Y salía al mundo para robar arlequines y caballos.
Hoy los poetas te pronuncian despacio como un poema dadá
O como la palabra surrealismo que aterraba a los banqueros.
Por ti todos los puentes recuerdan el amor de las prostitutas
Y que la noche es una navaja afeitando al sol cada mañana.
Por ti las tetas de Tiresias eran los ojos de la época.

Amo el tiempo donde los poetas eran más grandes que la poesía,
Donde cada uno fundaba la religión
Y tenía un enjambre para escucharlo.
Nadie quería ser el gran poeta sino el gran descubridor.
La tierra era un paño sobre el ojo de la humanidad,
La tierra reclamaba verse de nuevo rodeada de acólitos
mientras los grandes poetas jugaban en Paris a asombrarse
con un cuchillo de sórdidas sílabas.

Pero yo nací marcado por la nada,
Yo que repito mi idioma como un goteo encima de las cosas,
Nací para escucharte, para entenderte debajo de mi sombra,
Nací para repetir la señal sobre la puerta del verso,
Pero solo se abría para negar,
Solo se abría para golpearme el rostro.
Ya el arte es más grande que los hombres
Y nos aplasta, ya somos demasiados pequeños para gritar,
Para cabalgar el poema hasta el aplauso.
Tu nombre sigue anclado al poema,
Tu nombre sigue percutiendo el tambor de la guerra,
Y sonando en los salones y los conventos.
Yo que escribo como amputando a un herido,
Yo que siento lo invisible desnudarse ante el alcohol
nunca tuve el amor de las palomas
ni la venganza de los prestamistas arrojando oficinas al pecho.
Tu canto huye de los funcionarios y las lavanderas,
Sale como una camisa del pecho de Europa.
¡Qué será del mundo donde la cabeza del poeta es golpeada por la violencia!
¡Qué será del mundo si lo único que canta es el dolor!
Guillaume, fuiste a la guerra sin poder escapar de la poesía,
Fuiste a la guerra con todos los poetas en el pecho,
Pero aún mueres de una herida invisible,
Aún los poetas mueren de lo mismo y nadie se asombra.
Nadie regresa del horror para condenarlo.
El horror tiene manos y tiene dientes
Y camina entre los hombres y los despierta con disparos.
Todavía vive el hombre asesinando lo verdadero,
Todavía vivo en la época, en tu época, Guillaume,
Donde la violencia termina triunfando sobre la belleza.

***

SALUTACIÓN POR WHITMAN

Quisiera decir contigo que no sé explicar la yerba.
Ella crece para que nosotros la notemos
Y se esconde cuando el niño viene a reconocer al hombre que somos.
Tú te sientas, dices: Todo esto es el pañuelo de dios,
Porque él ha llorado para que nosotros podamos llorar
Porque él baja hacia los enfermos para que nosotros estemos enfermos.
Y al final nos lleva a su bolsillo como un insecto, un trozo de piedra brillante.
la yerba, padre Whitman, la yerba que nos rodea.

Debajo de la yerba crece el asombro del hombre,
Debes arrancarla para entenderla,
Debes dejar al hombre ser malvado para salvarlo.
Todas las generaciones futuras vienen a ti,
Recién nacidas para que tú los bautizaras con el mundo.
Vienen los niños, los poetas que elevarán la yerba hacia el cielo.
Un coro de recién nacidos se reparte tu voz.
Uno termina por venerar lo que no puede temer.
Vienen los niños ante ti con sus actitudes enemistadas.
No como te idealizó Lorca, como te vio Pessoa,
No como te soñó Darío sin leerte, como te palpó Martí
No como te veneró Borges, como te combatió Neruda.
Yo solo te escucho como el puro pecho del día,
Como el aire debajo de las piedras que calla ante las ambiciones.
Yo me llevo el nombre a la espalda como si me fueran a regañar.
Todas las generaciones futuras vienen a ti creciendo en la ciudad desolada,
Como hollín lleno de ojos, como destrozados brazos sujetando tu silencio
Para que nunca caiga.
Las futuras generaciones, que habitan las ciudades
Donde la hierba solo crece en los cementerios.

***

NOCTURNO PARA VINCENT

Tu cielo es el ojo donde el mundo se mira,
Condenándonos, viejo Vincent.
Es una soga y nuestra inocencia es una cabeza desnuda.
Esta vida tan amarga como Tahití a los ojos de tu amigo Gaugin,
Esta vida te da la locura
para que tú le des tus ojos
Y tu delirio lleno de estrellas inhumanas
Y de cometas rondando la noche
Como moscas sin ojos.
Quiénes somos sino los que condenan a sus mejores hijos
Y deben amarlos cuando mueren.
Nadie es culpable de tu tormento, Vincent,
Sino la culpable humanidad que no te elevó
Hacia su pecho lleno de noches.
Eras el silencioso pastor de las estrellas
Y ellas te susurraban una melodía amarilla al oído
Porque la noche lleva tu nombre
Y el día es una cuna para aterrar a tus verdugos.
Es primavera y en Saint-Rémy-de-Provence,
el viento y los símbolos lloran de silencio.
Das el miedo del padre que vuelve a acostar a su hijo para que descanse
Y cierra la noche como un puño debajo de su cabeza.
Tu cielo es el ojo donde el mundo grita nuestra condena,
Tu cielo es la piel de Giordano Bruno ardiendo en la hoguera.

***

ORACIÓN POR EL POETA EN LA MUERTE

El hombre debería avergonzarse por respirar,
Debería inclinarse despacio ante tu nombre
Porque el poeta que ahora habita la tierra tuvo miedo.

El tiempo perdona a los muertos
Para que sufran los vivos,
El tiempo es una nana que mece a la humanidad hasta que duerma destrozada.

Qué lugar nos queda, que espacio para habitar
Si la tierra te ha matado, si el hombre te ha silenciado
Tan bárbaramente
Como si nosotros naciéramos de tus pulmones destrozados
Y el futuro fuera la sangre de todas tus heridas.

Los ríos de la muerte hinchan tus venas de piedra y llegan murmurando,
Llegan más humanos que tus asesinos.
Quédate quieto sobre la mesa destrozada de tus órganos
Para escuchar la sangre de los verdugos caer por tus ojos.
Quien pudiera callar de la emoción y vivir gritando del dolor,
Quien puede detener la muerte que llega sonámbula
Por los nombres y los deja mudo sobre las cosas.
Dios arranca la espalda de los caminos
Y manda un potro de sombra que teme a la muerte,
Manda un nido de ojos,
Un ave abierta con una brújula en el corazón.

Entrarás cantando al fondo de los olivos,
Entrarás al tiempo con el tambor en el pecho
Y el sonido de las balas que nunca tocan la eternidad
Porque de ti viene lentamente un duro signo de senos dormidos,
Una persistencia inútil en una piedra que sangra,
el beso dormido de las madres eternas,
Viene la voz cadenciosa de una gitana durmiendo a un niño sin brazos,
España sin cuerpo y el cuerpo del Generalísimo,
de ti se aproxima una inexorable revelación de punzones desvelados,
una cadencia extenuada y llena de risa,
las altas ciudades del dolor,
las duras adelfas, el silencioso piano de la memoria,
la Residencia de estudiantes,
La Barraca,
el toro de la sangre que te hablaba
cuando la madrugada te henchía el alma,
A ti vienen todas las cosas, cabizbajas, eternas, arrepentidas,
Para que las perdones para siempre.

3.5/5 (45 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

5 Comentarios
Antiguos
Recientes Más votados
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios
Abraham
Abraham
1 año hace

Muy buenos estos poemas Reiniel, me han alegrado el día.

Ernesto Delgado
Ernesto Delgado
1 año hace

Descomunal, hermano mío

Rafael
Rafael
1 año hace

Poemas discretos y mucha metaliteratura.

Delmira
Delmira
1 año hace
Responder a  Rafael

No creo que esos poemas sean discretos. A nivel de imagen son sólidos y bien construidos. Ahora, son Elegías, claro que tienen que ser referenciales. Pero metaliteratura? No lo creo.

Diego Torres
Diego Torres
1 año hace

Horribles.