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5 poemas de Robert Burns

5 poemas de Robert Burns

Bardo inagotable, Robert Burns pasa por ser el poeta más importante de la historia de Escocia, enraizando su tesis poética en la cultura de su país y ascendiendo, en espirales apasionadas, hacia lo divino.

La lágrima

Mi corazón es angustia, y lágrimas caen de mis ojos;
Hace largo, largo tiempo que la alegría me es extraña:
Olvidado y sin amigos soporto mil montañas,
Sin una voz dulce que suene en mis oídos.

Amarte es mi placer, y profundo lastima tu encanto;
Amarte es mi desdicha, y esta pena lo ha demostrado;
Pero el corazón herido que ahora sangra en mi pecho
Se siente como un flujo incansable que pronto será deshecho.

Oh, si yo fuese —si acariciar la felicidad yo pudiese—
Abajo en el arroyo joven, en el cansado castillo verde;
Pues allí deambula entre melodías permanentes
Aquella lágrima seca de tus ojos.

A través del centeno

A través del centeno, pobre chica,
A través del centeno,
Arrastraba las enaguas.
A través del centeno.

Si dos personas se encuentran
A través del centeno,
Si dos personas se besan.
¿Tiene alguien que llorar?

Si dos personas se encuentran
A través de la cañada;
Si dos personas se besan,
¿Tiene el mundo que saberlo?

Jenny es una pobre chica empapada;
Jenny casi nunca está seca;
Arrastraba las enaguas,
A través del centeno.

Por los viejos tiempos

¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y nunca recordarse?
¿Deberían olvidarse las viejas amistades
y los viejos tiempos?

Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.

Los dos hemos correteado por las laderas
y recogido las hermosas margaritas,
pero hemos errado mucho con los pies doloridos
desde los viejos tiempos.

Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.

Los dos hemos vadeado la corriente
desde el mediodía hasta la cena,
pero anchos mares han rugido entre nosotros
desde los viejos tiempos.

Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.

Y he aquí una mano, mi fiel amigo,
y danos una de tus manos,
y ¡echemos un cordial trago de cerveza
por los viejos tiempos!

Por los viejos tiempos, amigo mío,
por los viejos tiempos:
tomaremos una copa de cordialidad
por los viejos tiempos.

El epitafio del bardo

Existe un inocente inspirado,
Un pensamiento hambriento de gloria,
Un buscador incesante y orgulloso,
Deja que se acerque,
Y así como canta la hierba húmeda
Derrama tu lágrima.

Existe un bardo de rústicas melodías
Robando las multitudes con su sinfonía,
Que cada semana se reúnen para oírlo,
¡Oh, no pases de largo!
Con un fuerte sentimiento altivo
Exhala aquí tu suspiro.

Existe un hombre cuya sentencia clara
Enseña a otros a dirigir el curso,
Sin embargo, él corre una vida incansable,
Salvaje como las olas,
Pasa por aquí y vuelca tu lágrima
Sobre la terrosa tumba.

El pobre que habita debajo
Se apresuró a aprender de los sabios,
Cálido sintió de la amistad el rayo
Y su llama suave;
¡Irreflexivas locuras lo cubren ahora
Y manchan su nombre!

¡Escúchame lector! Si tu alma
Dispara los vuelos de la fantasía,
Larvas oscuras consumen esta tierra
Mientras descienden en el sepulcro:
Recuerda que la cautela y la prudencia
Son las raíces de la sabiduría.

A un ratón, al deshacerle el nido con un arado

Tierno animal, inerme y despavorido
¡cuan gran susto en exiguo ser metido!
No es menester que huyas tan aturdido
con carrera alocada.
¡No pienso perseguirte enfurecido
con letal aguijada!

Siento que el poder del hombre, fatal,
haya roto el vínculo natural,
haciendo que me culpes de tu mal,
y mires con recelo
a un compañero ¡como tú mortal
e hijo de un mismo cielo!

Sin duda, alguna vez sueles robar,
¡acaso el sustento no has de buscar!
Y una mísera espiga entre un millar
¡poco pedir sería!
El resto bien me podría bastar:
¡cuentas no pediría!

¡Tu frágil casa, rota en un momento,
sus paredes dispersadas por el viento!
Para otra ya no hay nada, y ya siento
¡cercanos y dañinos!
de diciembre los crueles elementos
¡cortantes, asesinos!

Viendo que el campo quedaba desnudo,
que veloz llegaba el invierno crudo,
pensaste al abrigo del viento rudo,
fijar tu habitación;
mas ¡zas! el cruel arado agudo
trajo esta aflicción.

¡Las hojas y el rastrojo amontonado
laboriosos mordisqueos te han costado!
y pese a tus esfuerzos te has quedado
sin casa ni morada,
¡en el aguanieve del invierno bañado
bajo la escarcha helada!

Uno más eres de los desdichados
que ven todos sus planes anulados:
del hombre y del ratón quedan truncados,
los proyectos mejores,
¡y en vez de los éxitos anhelados,
nos quedan sinsabores!

Mas ¡bien estás comparado conmigo!
Es el presente tu único enemigo:
pero ¡ay! ¡yo miro hacia atrás y veo, amigo,
un sombrío camino!
Y, si miro adelante a oscuras sigo,
porque miedo me da cuanto adivino.

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