Inicio > Libros > Poesía > 5 poemas de Juan Eduardo Cirlot

5 poemas de Juan Eduardo Cirlot

5 poemas de Juan Eduardo Cirlot

El surrealismo y el simbolismo guiaron su obra, poco reconocida en su época, y que empieza a ser revisada y valorada en las últimas décadas. A continuación reproduzco 5 poemas de Juan Eduardo Cirlot.

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo

Contemplo entre las aguas de tu cuerpo
la celeste blancura del pantano
desnudo bajo el campo con relieves
y circundado por el verde fuego.

No muy lejos el mar y las estrellas
en las arenas grises de las nubes.
Manos entre las piedras con las olas
y tus ojos azules en las hierbas.

Las alas se aproximan. Descomponen,
perdidas en las páginas del bosque,
Bronwyn, mi corazón, y cenicienta
sobre la tierra negra y en los cielos.

Triste, mi corazón, como los ángeles

Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.

Ángeles

Ángeles con coronas de yerba
Ángeles como inmensos paisajes.

Ángeles como rayos erguidos.
Ángeles con vestidos de llamas.

Ángeles en el muro del odio.
Ángeles como rosas azules.

Ángeles de los lagos profundos.
Ángeles con los pies encendidos.

Ángeles con cabellos de hielo.
Ángeles con rumor de manzano.

Ángeles en la flor de los días.
Ángeles golpeando las frentes.

Ángeles de cristal y de aire.
Ángeles como manos de plata.

Ángeles con los brazos de humo.
Ángeles, o sonrisas, o ausencias.

Ángeles como lámparas de oro.
Ángeles recogiendo las brisas,

Dulcemente.

Ángeles, llorando en mi ventana.
Ángeles violetas y desnudos.

Ángeles con pálidas heridas
Ángeles ardiendo como flores,

Ángeles surgidos de la sombra.
Ángeles del fondo de las piedras.

Ángeles de vidrio sonrosado.
Ángeles parados en el aire.

Ángeles cayendo hasta mis luchas.
Ángeles con hoces de diamantes.

Ángeles de pie sobre la lluvia.
Ángeles de hierro transparente.

Ángeles severos como águilas.
Ángeles altísimos y mudos.

Ángeles con alas de paloma.
Ángeles de las horas glaciales.

Ángeles o círculos radiantes.
Ángeles cantando entre mis labios,

Dulcemente.

Ángeles abiertos como cisnes.
Ángeles sobre un mar de ceniza.

Ángeles como nubes lejanas.
Ángeles, o miradas, o besos.

Ángeles temblorosos y puros.
Ángeles de jazmines y lirios.

Ángeles con violines de fuego.
Ángeles de rubíes celestes.

Ángeles como un éxtasis rojo.
Ángeles de mi sangre infinita.

Ángeles con espadas de niebla.
Ángeles del final de los tiempos.

Ángeles: conjunciones rugientes.
Ángeles como fuentes de perlas.

Ángeles de la calma absoluta.
Ángeles de la furia amorosa.

Ángeles de color amarillo.
Ángeles abrasando mis párpados,

Dulcemente.

67 Versos en recuerdo de Dadá

El uno se arrodilla dulcemente
el dos tiene las trenzas de papel,
el tres llena de plata los triángulos,
el cuatro no solloza,
el cinco no devora el Firmamento,
el seis no dice nada a las serpientes,
el siete se recoge en las miradas,
el ocho tiene casas y ciudades,
el nueve canta a veces con voz triste,
el diez abre sus ojos en el mar,
el once sabe música,
el doce alienta lámparas,
el trece vive sólo en los desvanes,
el catorce suplica,
el quince llama y grita,
el dieciséis escucha,
el diecisiete busca,
el dieciocho quema,
el diecinueve sube,
el veinte vuela ardiendo por el aire,
el veintiuno cae,
el veintidós espera,
el veintitrés adora los vestidos,
el veinticuatro sabe matemáticas,
el veinticinco magia,
el veintiséis amor,
el veintisiete guerra,
el veintiocho estrellas,
el veintinueve luna,
el treinta tiene garras de cerezo,
el treinta y uno flota,
el treinta y dos destruye los anillos,
el treinta y tres anula los espacios,
el treinta y cuatro ruge,
el treinta y cinco vive lejos,
el treinta y seis conoce la amargura,
el treinta y siete fulge,
el treinta y ocho baja,
el treinta y nueve quiebra torres,
el cuarenta se expresa,
pero el cuarenta y uno tiene páginas,
donde el cuarenta y dos halla su espejo,
donde el cuarenta y tres se desmenuza,
en el cuarenta y cuatro anidan tigres,
en el cuarenta y cinco monumentos,
en el cuarenta y seis hay una espiga,
en el cuarenta y siete distracciones,
detrás vienen cuarenta y ocho pensamientos,
cuarenta y nueve signos,
cincuenta cruces,
cincuenta y una lágrimas,
cincuenta y dos mujeres,
cincuenta y tres desiertos,
cincuenta y cuatro pianos,
para cincuenta y cinco partituras,
para cincuenta y seis sonidos,
cincuenta y siete soles,
cincuenta y ocho perlas,
cincuenta y nueve bocas,
sesenta muertes,
sesenta y una llagas,
sesenta y dos pirámides,
sesenta y tres adioses,
sesenta y cuatro diccionarios,
sesenta y cinco sentimientos,
sesenta y seis recuerdos,
sesenta y siete flores.

A Gaudí

Relámpago de carne hecha de roca,
gesto de invocación incorporada;
anciano de cristal cuya mirada
parece un girasol de doble boca.

En tu oración la luz se ha vuelto loca
llena de mansedumbre exasperada;
y una tormenta azul, paralizada
se postra a ese alarido que convoca.

Tu arquitectura gime como un bosque
crucificado en furia que no mengua
bajo las destrucciones cenitales.

Yo pido a ese sarmiento que me enrosque
con brasas y zafiros esta lengua
de pecados y cantos capitales.

4.3/5 (4 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)