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5 poemas (más) de Tomás Valladolid Bueno

5 poemas (más) de Tomás Valladolid Bueno

Zenda acoge una nueva selección de poemas de Tomás Valladolid Bueno. Tanto estos como los anteriores publicados tienen una misma intención expresiva: avivar un pensamiento filosófico, darle aire a una filosofía crítica de la distancia.

El autor va detrás de pensar (la vida, la muerte y el amor) en modo de gerundio, tal que la existencia misma se le desvela en unas quebradas voces del camino: existencia en tanto que irremediable comienzo de la pérdida de sí y de la presencia de los otros. Desde su inicio, eso de ir saliendo uno a la vida es ya —en su acontecer— un ir retirándose en sucesivas fugas de compañía (propia y propiamente ajena).

Lenguaje poético, pues, para pensar y expresar existencias de amor y muerte, las de unos de seres de humanidad que viven itinerantes. Seres más humanos (entre humanos) cuanto más van viviendo conforme a la desgarradora errancia: andan haciéndose espíritu a fuerza de descarnarse la carne. Transeúntes siempre expuestos y amenazados por el extravío del existir. Y, sin embargo, viven semillando esperanzas para sí, el mundo y los otros.

Entre ellos, sintiendo su común ser de amor y muerte, se convocan con la voz de un salmo de huérfanos: «Me acuerdo de los días de antaño, medito en todas tus acciones, pondero las obras de tus manos; hacia ti mis manos tiendo, mi alma es como una tierra que tiene sed de ti». Entre ellos, en medio de la errática esperanza, sienten con certero dolor humano de dónde les viene el espanto de la compasión: cada uno siente (y lo padece) que a su propia vida la va mordiendo cada una de esas muertes que son el ir muriéndose las vidas de los demás.

***

TRANSEÚNTE

Al final de su largo trayecto,

cuando ya la vida le trazaba
suaves curvas de guadaña,

se detuvo a mirar el camino
a mirar su camino de miseria

y vio señales de unos pasos
cubiertos de heces resecas,

y comprendió que la nieve
no se derrite blanca y bella.

***

SUEÑOS EN RAMA

Y tú regresas a la vida
con el viento de los sueños,
misterios de la memoria
silenciosa. Yo, en mi retiro,
voy ciego al encuentro.

Y al fondo, aquel árbol seco
que aún allí nos espera.
En la tierra, descubro huellas
de mis pies cercenados.

***

DINTORNO SOMBRÍO

Mi sombra fantasmal
me visitó de nuevo
con formas suaves
en su saludo de muerte,
pétalos fríos de metal;

y me ofreció un plan:
su plan de muerte
apenas dibujado,
pero muy claro y rotundo.

***

UNIVERSO DUAL

¡Ay si a la vida, un ánfora de barro,
mis débiles manos la sostuvieran
hasta la fuente del universo!

¡Ay si a la muerte, frío cubo de cinc,
mis fogosas manos la fundieran
en el pozo negro del universo!

***

VITA ET VERITAS, o de la espera.

Aquí estoy, sí, como de paso,
en el vivo recuerdo de un futuro
que nos hacía soñar, como si nada,
en nuestras bravas ilusiones
ya muertas al nacer.

En las imágenes de un ojo vago,
recuerdo lo aún del ayer no vivido:
un pasado que a la vista del amor
nos asustaba y animaba,
a ti y a mí,
en su simple posibilidad de ser.

Y con la llegada de la noche
de este largo día que es la vida,
dejo caer mi memoria
sobre las lejanas esperanzas,
que aún luchan por salir a flote
-en medio del embravecido mar-
sobre olas del tiempo imaginado
en aquel lejano y quedo porvenir.

A cualquier hora, bienvenida
en estos días de mustia vida,
veré pasar por mi puerta
un estridente cortejo de sabios,
que roen con incisiva andadura
al viejo manto de la verdad.

Cualquier día de muerte serena,
cerraré los ojos frente al río
para oír en silencio pasar
los llorosos cantos de un niño,
al son del toque de queda.

Y con esta suerte, todos los días
de esta vida muerta
esperaré a verla llegar
junto a la fuente, ante la puerta
sí, al igual que un día cualquiera.

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