Portada: Gabriela Vargas Aguirre. Fotografía de Flo Luna.
Este viernes, dentro de la sección No son todos los que están, presentamos la primera lista de cinco poetas contemporáneos de la costa de Ecuador que complementa a la publicada hace unas semanas de cinco grandes poetas del mismo país. Pasen y lean. Estos son los que están esta semana, y los que no, ya llegarán.
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MARÍA AUXILIADORA BALLADARES
María Auxiliadora Balladares es una poeta nacida en Guayaquil, Ecuador, en 1980. Profesora de Literatura en la Universidad San Francisco de Quito, obtuvo su PhD en la Universidad de Pittsburgh. Estudia la obra de poetas latinoamericanos del siglo XX y del XXI, así como la teoría crítica contemporánea. Ha publicado el libro de cuentos Las vergüenzas (Antropófago, 2013), el ensayo Todos creados en un abrir y cerrar de ojos (Centro de Publicaciones de la PUCE, 2015) acerca de la obra de Blanca Varela y los poemarios Animal (La caída, 2017), URUX Una correspondencia (Pirata Cartonera, 2018), escrito junto a Sebastián Urli, Guayaquil (Prefectura de Pichincha, 2019), caballo y arveja (Severo Editorial), Acantile duerme piloto (Funes editora, 2022) y Atraviesa venado el angosto pasillo (Funes editora, 2026). Es parte del comité editorial de la revista en línea Sycorax.
Guayaquil
Si salimos de El coleccionista tomadas de la mano, caminamos por Loja tomadas de la mano y pasan los autos y las caras de los hombres pasan y las palomas cagan y los niños ladran,
si seguimos caminando, subimos el paso a desnivel, nos gritan con efecto doppler: “locas y lesbianas”, rodeamos el cementerio y con la otra mano, la que no tomas, saludo alegre a mis abuelas
Vicenta y Clara,
si seguimos caminando, tomadas de la mano, tu cuerpo se acerca al mío y me besas en el cuello porque vamos rápido y no alcanzo a poner mi lengua entre tus labios,
si seguimos caminando, tomadas de la mano, vemos Solca, bajas la cabeza, yo también la bajo, pero te sonrío para que sonrías y me trago de un suspiro tres mariposas blancas,
si seguimos caminando, llegamos al aeropuerto, levanto una valla con la fuerza brutal de mariposas, nos introducimos en la pista y empezamos a bailar porque desde el altavoz de un carro de bomberos suena, de bowie, let’s dance, si seguimos bailando y seguimos bailando y seguimos bailando, tú con tus zapatos rojos y yo con mi blusa a rayas, se detiene un avión y atrás otro y otro y otro,
de pronto, cuando los pacos amenazan con sus pistolas y sus balas, nos convertimos en personas de papel que el viento levanta, mi mano ya no puede sostenerte, y miro con mis nuevos ojos cómo te alejas, cómo el viento que nos salvó ahora te aleja y te deposita en el río y te mojas toda y te desintegras, si sigo volando, me inserto en una nube
y la hago llorar y la cuidad se moja y se desbarata,
ya para qué Guayaquil, si te tragó su río, ya para qué Guayaquil
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ROXANA LANDÍVAR
Roxana Landívar es una poeta nacida en Guayaquil, Ecuador, en 1997. Escribe, hace música y coordina talleres de escritura. Publicó Otro colosal desencanto (Tanto, 2025) y Fractura primaria (La Caída, 2020), traducido al portugués por Editora Rua do Sabão (2023). Sus textos han sido publicados en revistas y antologías digitales e impresas de Ecuador, Argentina, Colombia, Estados Unidos, España, Inglaterra, Brasil, y México. Ha participado en distintas ferias y festivales nacionales e internacionales.
domingo
recoges limones mientras la tarde cae tibia y estéril
menciono la luz dorada
respondes sí, la luz dorada de la tarde
siento que de pronto nos convertimos en un par de ancianos
sentados en el pórtico de su casa en los suburbios
no te lo digo
traes una silla te trepas y golpeas las ramas con un
palo los limones se resisten a caer
te clavas una espina
la gota de sangre es una pequeña lágrima
tragada por la tierra
al fin alcanzas uno me lo arrojas
lo atrapo parece podrido amarillo deforme
pienso que tienen que estar
verdes no te lo digo
notamos la prematura muerte de un
árbol ya no le queda una sola hoja
pregunto si está muerto
respondes sí, está muerto
cae la tarde tibia y espesa el río corre acelerado
rodeando nuestra pequeña cabaña en medio de la
nada
el viento sopla fuerte me ofreces abrigo
lo acepto mientras observo los últimos
rayos de sol golpear nuestro césped seco
me pregunto si seré la única
que no cuida nada demasiado

María Auxiliadora Balladares
FABIÁN DARÍO MOSQUERA
Fabián Darío Mosquera es un poeta nacido en el Urabá colombiano en 1983 y que creció en Ecuador. Vive en Buenos Aires. Hizo estudios comparados de literatura, arte y pensamiento en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, de teoría crítica en 17, Instituto de Estudios Críticos de México, y de letras y estudios latinoamericanos en Pittsburgh, Pensilvania, donde se doctoró. Como crítico de poesía es autor de Motricidad fina: El poema como hogar extraño, conversación con Eduardo Milán sobre el concepto de crítica (Ruido Blanco, 2013, 2014, Libros de la Resistencia, 2017, La Cleta Cartonera, 2017), Paul Celan, cripta de agua, fuente que murmura: Recepción filosófica de su poesía en el ámbito hispánico (Gilboa and Halpern Award for Jewish Studies, 2020). Es autor de los libros de poemas A sorbos la desmesura (Editorial Turbina, 2025, Sol Negro, 2026) que reúne dos poemarios: Parque nupcial (2014) y El abominable hombre de las nieves (2022).
Neonatología
Mi mujer me dice: “tengamos un hijo”. ¿Cómo habremos de llamarlo? ¿Y cómo habremos de sostener la alegoría en que un salmón se enfrenta, limpio como el fuego, al morbo silencioso del mundo? Contra la noche, apenas el bagazo del café apenas la bosta del curandero. ¿Te llega mi sangre?; ¿la pulcra colmena, el ojo fenicio en su tenue atrocidad? He buscado nervios en el cerro mantras en el agua que percute el domo vasto y atroz: la escritura. He buscado leyes, códigos en quirófanos de farragosa luz: te he buscado. Tú, el ascua de la reverberación lejana. Tú, amor. Recuerdo el sueño: islas con lagartos que lamen un brote de piedra, lo infectan al tiempo que lo dignifican. Aquí la ciudad podría ser cañada podría ser pasto de rufianes pero es simplemente
tu nombre.
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FRANCISCO SANTANA
Francisco Santana es un poeta, narrador y cronista nacido en Guayaquil, Ecuador, en 1968. Estudió Periodismo, Diseño y Literatura. Trabajó como albañil, diseñador, redactor creativo, periodista y bartender. Ha escrito para los diarios El Universo y El Telégrafo, y para las revistas SoHo y Mundo Diners de Ecuador. Es autor de los libros Historia sucia de Guayaquil, Pequeñas historias cochinas y La piel es un veneno. También de Ecuador escondido: Crónicas. Fue profesor de Redacción Creativa en la Universidad Casa Grande de Guayaquil. Escribe poesía y durante algunos años mantuvo el espacio Poeticanto, en el bar galería Barricaña de Guayaquil.
Sobre todo en verano amor
Yo estaré en el campo o en la playa
tampoco importa mucho porque habrá comida en tu mesa
y en las noches licor bueno
Sobre todo en verano amor
cuando en la ciudad ya no llueve
yo estaré en el campo o en la playa
tampoco importa mucho porque seguro alguien bailará contigo en tu casa de paredes verdes
Sobre todo en verano amor
cuando los días son más fríos en tu puerto
Ése puerto donde no se pueden ver los barcos en el río gris
yo dejaré el campo y la playa y viajaré hacia el sur
para ver las tierras antiguas que cantaban en las canciones
Sobre todo en verano amor
yo estaré en el sur y escucharé las canciones
ahí donde el agua baja de la montaña y llega casi hasta la puerta de tu jardín
tampoco importa mucho porque en verano no hay canto de grillos en la ciudad del río gris
Sobre todo en verano amor
cuando nuestro sol amanece más temprano potente y claro
yo estaré todavía en algún pueblo del sur
porque una tormenta no me deja salir de mi habitación hecha de madera y caos
tampoco importa mucho porque el vino es barato y se deja beber amable
O quizá sí importa porque estaré pensando en ti y también en como llegar hasta ti
aunque este pueblo del sur está más lejos que las montañas por donde baja el río que llega casi hasta la puerta de tu jardín
Sobre todo en verano amor
seguiré atrapado dentro de la habitación de madera y caos
y el vino ya no será tan amable aunque igual lo beberé
y pensaré que soy una hoja volando dentro de la tormenta
y sentiré que algunas cosas no tienen sentido porque soy un hombre frágil
pero tampoco importa mucho
porque las tormentas siempre pasan y se acaban
Sobre todo en verano amor
luego de la tormenta,
volveré al campo y a la playa y tendré más dudas
tampoco importa mucho porque un hombre frágil también puede construir un jardín
cuando sobrevive a una tormenta
Sobre todo en verano amor

Roxana Landívar. Foto: Paula Jarrín.
GABRIELA VARGAS AGUIRRE
Gabriela Vargas Aguirre es una poeta nacida en Guayaquil, Ecuador, en 1984. Mención en el V Premio Nacional de Poesía Joven Ileana Espinel Cedeño. Ha publicado La Ruta de la Ceniza (Ganadora de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio, La Caída, 2017), Lugares que no existen en las guías turísticas (II Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro, Valparaíso, 2021) y Borderline (Severo Editorial, 2026). Aparece en publicaciones y antologías como Memorias del Festival Internacional Desembarco Poético (Rastro de la Iguana; 2012, 2013, 2014), Bandada: Actualidad de la Poesía Ecuatoriana (Campaña de Lectura Eugenio Espejo; 2014), Mujeres que Hablan (Dirección de Cultura de Pichincha; 2015), Antología del Tea Party, Muestra Dinámica de Poesía Latinoamericana (Cinosargo; Chile 2016) y País imaginario: Escrituras y transtextos: Poesía latinoamericana 1980-1992 (Ay del seis; España 2018). Publicó además Un punto rojo en la ventana: Antología personal (La Caracola, 2021). Textos suyos han aparecido en revistas nacionales e internacionales. Ama el cine, la música, el fútbol y el anime. Reprobó japonés.
Un mendigo llamado David Foster Wallace
Tengo, en las manos, un sol partido:
ojos que se interrumpen con el recuerdo de una casa.
Mi niño se desploma, cruza y acaba las vías,
como queriendo volverse un camino,
como si caminar fuera su marcha
o una guerra o, simplemente,
perder las manos buscando una llave en los bolsillos
o la válvula de un escondite de niebla.
La mirada en las puertas, en los ladrillos de las casas,
de cientos de casas y de mesas que no lo esperan,
que no sostienen sus piernas en las sillas.
Mi niño con su pan duro, los zapatos de siempre:
niño más alas que algodón o lino.
Niño frío y cemento: vereda de tierra.
Cualquier árbol es tu casa.
Cualquier árbol es tu casa, repites.
Pero casa es un traspié, una habitación que se esconde.
Entonces la calle, otra vez el hambre
y tú en silencio como un toro derrotado,
una fila de trenes arrastrándose hacia un puente que se cierra.
No mires, ya no tendrás el aire,
no mires, no hay puerto, ni guerra, ni casa.
Mi niño sostiene un papel en blanco,
un espejo porque ahora el mar es mudo, blanco.
Niño que vuela, gira como un planeta frío,
muy frío, solo, muy solo.
Ya no el pan ni el hambre que caen
como la escritura de algo que fue urgente y no se dijo.
Entonces sostengo en mi mano
el sol partido de un día cualquiera,
en una casa ajena, cualquiera,
que lo vio abrir la boca,
soltar los dedos.
Colgarse.


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