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7 poemas de Juan Antonio Bermúdez

Juan Antonio Bermúdez fue un poeta nacido en Jerez de los Caballeros, Badajoz, en 1970. Se dio a conocer con Compañero enemigo (Libros de la Herida, Sevilla, 2007), título al que luego le han seguido Lumbres, vislumbres (Palimpsesto 2.0, Sevilla, 2013), Sesión continua en el Salon Indien (De la Luna Libros, Mérida, 2015) y Calle lenta (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2018). Una muestra de su obra literaria ha sido traducida al italiano, el portugués y el inglés, quedando recogida además en numerosas plaquettes, antologías y publicaciones colectivas. Se licenció en Periodismo por la universidad de Sevilla, ciudad en la que residió desde 1989. Su trayectoria profesional estuvo vinculada en diferentes facetas al periodismo, la literatura y el cine, y en su obra poética es fácil identificar su interés por la fotografía y los lenguajes audiovisuales. Falleció en noviembre de 2022 en Sevilla.

***

COMPAÑERO ENEMIGO

Compañero enemigo, nos convocan
los bárbaros tambores, las sirenas
leprosas de la guerra, el olor acre
que reclama genética venganza.

Desobedeceremos, cruzaremos
los cuchillos delante de la lumbre
en la tierra de nadie, que es mi tierra,
nuestra tierra sin planos ni alambradas.

Y allí compartiremos el arroz
y la perplejidad de estar tan vivos
entre tanto cadáver contagioso.

Compañero enemigo, no te mueras,
ni me mates, ni huyas, ni te rindas,
que tenemos que hablar de muchas cosas.

***

CANCIÓN SENSATA PARA UNA CHICA SERIA

Es extraña la vida y es extraña
la vida irrepetible de cada uno,
ese zumbido cósmico y la breve
caricia de una piel sobre sus huesos,
sobre la esponja, el barro, las naranjas.

Es extraña la vida, sus trayectos.
El compás de millones de moléculas
(lo que fueron o son, lo que serán)
desemboca en nosotros y aquí estamos,
de repente y desnudos. Todo encaja:
las huidas encuentran su sentido,
tus cicatrices tachan mis fracasos
y con miedo y con ansia y con torpeza
inventamos el mundo una vez más.

***

TODO ESTO ERA CAMPO

A estrenar, luminosos, primeras calidades,
setenta y cinco metros cuadrados de nirvana
a tres cuartos de hora en línea recta
del centro de un mandala en el que giran
manzanas de cemento,
veloces peces de cemento,
hamburguesas de carne de cemento,
avestruces que entierran su vista en el cemento.

Y todo esto era campo, qué derroche,
una pampa infestada de cardos y amapolas,
una ociosa comarca de chicharras,
un corredor de lagartijas.

Menos mal que las grúas han llegado
para alzar implacables su gobierno de ruido
y desbrozar
tanta vida salvaje, tanta vida.

***

LA DESAPARICIÓN

La doméstica hazaña de superar el vértigo
ante el túnel que se abre cada año, cada día,
en cada encrucijada, bajo nuestros zapatos.

La empinada tarea de aprender a no ser,
a no sufrir, a estar solo en la flaca sombra
que los demás encarnen. Vivir también es eso.

Aprender a emprender la desaparición
como un llano sendero de ceguedad y calma.

***

ESCOBAS Y ESCOBAS VOLADORAS

Hay negocios que traman el dolor,
prestidigitadores distinguidos
que entre manos se traen la desgracia,
lejos de los dolientes, sin saber
o sin querer saber, sin ensuciarse
con la podrida miel de las pocilgas,
la tizne de las minas o el febril
aliento del peón sobre el tablero.

Hay sombreros de copa de cicuta.

Hay desesperación y excavadoras
nocturnas y alevosas, que en la fecha
raspan el corazón de los suburbios.

Hay técnicos del daño que trafican
con sangre y con deseos.

Contra eso,

¿qué imágenes?, ¿qué trazos?, ¿qué palabras?

Hay actas notariales, hay padrones
de verdugos y mártires ilustres.

Hay la severa ofrenda del olvido.

Hay lupas, rayos equis, telescopios,
máquinas que prometen la certeza,
bocas de la verdad, oídos mecánicos,
papel de calca y timbres que compulsan
cada palpitación del caos.

È là,

la realidad è là, manipular
la piel de su apariencia no es mentir
ni traicionar, ni huir, ni retractarse;
sus senderos son siempre sinuosos
y referir lo vivo es recorrer
un dédalo de muros movedizos
en el que no hay una salida única.

Y hay ángeles mendigos, hay lecheras
que bailan a la orilla de un río blanco.

Hay dignas avenidas de latón
con algebraicos rótulos en tiza,
hay estatuas de hielo que reviven
al modesto compás de una charanga.

Hay batallones anchos que se rengan
ante gente que sopla con coraje.

Hay conflicto y hay tregua en cada uno,
hay asombro, hay negrura, hay mucho frío
y hay una fiesta al sol esta mañana.

Hay escobas y escobas voladoras.

***

EL TIEMPO DE LA VIDA NO SE RINDE AL TIEMPO DE LA FURIA

Las mujeres, los hombres
estornudan y ríen también hoy.

Una canción subleva con dulzura
las alargadas horas del colegio.

Los peluqueros barren
y la flor del carbón brota en las fraguas.

Vendada la cabeza, alguno silba;
otro da lentos pasos hacia el bar.

Habrá luz cuando la noche asome.

Una alegre sospecha va calando
a los supervivientes:
esta es la verdadera épica, la única;
la de la fina brisa que, tenaz,
va dispersando el humo.

***

LAS CALLES MÁS LENTAS

Por las calles más lentas, un ronco acordeón
se desmadeja y resucita.
Alguien teje un patuco
con la serenidad de un tótem,
alguien siembra albahaca, alguien pasea.

Por las calles más lentas, raspa un grillo
alguien aviva el horno, alguien amasa,
alguien cerca el seis doble
como si descifrase el cosmos.

Por las calles más lentas, gorjean los amantes
por su inmortalidad horizontal.
Alguien regala rimas y detiene
el sol para que crucen los murciélagos.

Por las calles más lentas, se saludan
los ciclistas más torpes.
Alguien juega a esconderse tras la esquina,
alguien dibuja una sirena.
Desde las calles lentas, la charanga
de los amantes inmortales,
de los saludos, los insectos
y los acordeones destemplados,
baja las pulsaciones de la noche
y permite que el mundo siga vivo.

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